AHORA O NUNCA

AHORA O NUNCA

Desde hacía unos días sobrellevaba las naúseas en silencio; conocía su significado y deseaba ocultarlo. Aquella mañana, a los síntomas de su incipiente embarazo se añadió la sensación de llevar en su garganta un volcán a punto de lanzar sus piroclastos y, junto a ellos, las vejaciones que ocultaba.

Aprovechando la tranquilidad del momento se dejó caer sobre el sofá, cerró los ojos y comenzó a respirar de forma pausada. Estaba dispuesta a todo con tal de preservar el fruto de sus entrañas.

***

Llegó bravo cual semental, tras unos días sin aparecer por casa. Ella sabía lo que le esperaba, pues su característico olor y su turbia mirada lo presagiaban.

Creo que tengo fiebre y me duele la garganta —se atrevió a decir, por si esta vez le servía de algo, pero su voz no fue escuchada.

Como otras veces, intentó convertirse en una marioneta de trapo y esperó a que todo terminara. ¿Qué otra cosa podía hacer? se preguntaba, una y otra vez, al borde de la locura,

Su madre la dejó huérfana de forma extraña y su padre ocupaba un cargo de elevada responsabilidad en la sociedad.

Creció rodeada de hombres importantes, al menos de esos que aparentan serlo y visten bien. En una fiesta de alta sociedad, a la que fue invitada por ser hija de quien era, se lo presentaron como un joven cualificado y con un futuro prometedor.

Cuando el recién llegado consideró que ya no quedaba una gota más de fluido en su interior dejó de sodomizarla o de ejercer su derecho, según él; se incorporó y tras darle unas palmaditas en la cara se dirigió al baño canturreando.

Ella quedó agazapada a los pies de la cama recuperándose de la agresión, abrazando su vientre y privando de libertad a las lágrimas que reclamaban ser liberadas.

Sintió que los pasos de su flamante pareja se dirigían hacia la puerta de entrada, el perfume que la sedujo en su primera cita la envolvió, aunque esta vez le provocó una reacción distinta. Tras cerciorarse que solo el sonido de su llanto ahogado la acompañaba, pudo llegar al inodoro donde vomitó con ganas.

El ambiente le era hostil para pedir ayuda, así que decidió que esta vez no sería ella quien doblegara su voluntad; por primera y última vez los vencería.

Corrió las cortinas y abrió la ventana quedamente; no había prisa. Recordó al pequeño petirrojo que la visitaba a diario para picotear unas miguitas de pan, mientras ella lo observaba sentada en el alféizar de la ventana envidiando su libertad.

La noche había extendido su negro manto; no sentía miedo, tan solo una gran soledad. Una estrella fugaz cruzó el firmamento y ella aprovechó la invitación. Junto a ella viajaba un pequeño mensaje enrollado a su dedo anular y sujeto por la alianza: “Mi opinión cuenta en las urnas, pero en mi familia no”.

***

Se despertó alterada por aquel sueño premonitorio que parecía llegar del más allá. Miró el reloj y comprobó que el tiempo jugaba a su favor.

Marcó un teléfono de tres cifras que guardaba en su memoria y cogiendo lo imprescindible abandonó la casa.

Los ángeles en este mundo andan escasos y, tal vez fuera ésta su última oportunidad —se dijo para sus adentros.

***

Añoraba a su madre aunque fueran pocos los momentos que vivieron juntas. Aquel día, tal vez por ser su aniversario evocó su serena belleza, sus abrazos y su armoniosa voz.

¡Cuánto la echó a faltar en su adolescencia y durante su época de sumisa esclavitud…!

Mami, mami, mira que ángel he dibujado para ti —la voz de su hija la volvió a la realidad.

Qué bien dibujas, cariño, ¿por qué has dibujado un ángel?

Mami, tu siempre dices que todos tenemos un ángel que nos protege.

Abrazó a su hija y, emocionada, le dio gracias.

MANUAL DE INSTRUCCIONES

MANUAL DE INSTRUCCIONES

Este manual de instrucciones trata sobre algunos de los obstáculos que hay que superar para aprender a caminar y sobre los apoyos que permiten sacar los pies del pedestal que los sujeta.

¿Por qué deseo compartir este manual? ¿Acaso creo que tengo algo qué enseñar?

Humildemente, no. No tengo nada que enseñar, pese a ello y, aunque la respuesta parezca clara, algo me impulsa a compartir ese ”nada”.

Durante muchos años apenas fui algo más que un bloque de material que se podía moldear. Necesitaba una base para mantenerme en pie y pensaba que permanecería ad eternum sin movilidad.

En la difícil tarea de “avanzar” surge la duda y aparecen los miedos, porque hay que soltar los apoyos que durante años han otorgado estabilidad.

Cuando alguien decide dar un paso ha que abandonar el espacio que ocupaba uno de sus pies con anterioridad y, en ese momento, la duda se hará escuchar.

—¡Cuidado! ¿Qué ocurrirá si pisas una piedra o el asfalto está quebrado?

Si aun así te atreves a dar el paso, no olvides que la duda nunca enmudece y pronto te dirá:

—Tal vez hayas dado un paso, pero ¿acaso sabes a dónde vas?

No le prestes atención, porque su voz es como un canto de sirenas, es mejor taparse los oídos o hacerse la desentendida. Tampoco se aconseja volver la vista atrás. Es preferible mantener el equilibrio agarrando con una mano el valor y con otra la confianza y servirte de ellas como dos bastones de travesía.

Sorprendida por tu actitud, la duda preguntará:

—¿Confianza? ¿Qué sabes tú de la confianza?

Continúa sin responder, porque, como sabes y si no lo sabes te lo digo, la confianza surge de la evidencia que percibimos sobre ciertas cosas que no se ven.

He de decir que al comienzo del camino es fácil que se presenten dos peligrosas sensaciones: a) añoranza de la seguridad que ofrecía la endurecida base acabada de abandonar y b) no saber utilizar la libertad recién estrenada.

La duda lo sabe y de nuevo aparecerá diciendo.

—¿Para qué moverte? Puede que en el camino aparezca algún nuevo pedestal, en el que te desees quedar.

En estos casos aprieta un poco más fuerte las manos y sentirás que tanto el valor, como la confianza te sugiere bajito: “Nunca te detengas, avanza, avanza… “.

Si, como yo, todavía eres de los que necesitas apoyarte en algo puedes escribir y así tus pies se irán apoyando en el poder de las palabras.

Avanzar no es una marcha rápida ni una maratón, tampoco es ir avasallando a los que encuentres a tu lado; avanzar es dar pequeños pasos con determinación, manteniendo la mirada en el objetivo final: ser consciente del camino y alcanzar la auténtica libertad.

Finalmente, te sugiero que mantengas cerca este manual para poder leerlo siempre que en tu vida aparezca la duda o surjan los miedos.

Este blog se alimenta de vuestros comentarios.

EL VIEJO DESVÁN

EL VIEJO DESVÁN

Aquella tarde tediosa de verano Sophie pudo acceder al desván de su abuela. Nunca le permitían subir sola y su imaginación infantil le hacía presentir que aquella estancia escondia secretos que debía descubrir.

Se sentía feliz por la oportunidad y durante un tiempo indeterminado, la niña pudo ser la reina de aquel pequeño imperio.

Con cierta excitación levantó la tapa del primer arcón y tomando en sus manos la concha de una caracola marina se la aproximó al oído; siempre le decían que en su interior guardaba el sonido del mar al que un día perteneció y, para ella, eso era todo un enigma.

En un momento dado, los viejos trastos cobraron vida, el desván agrandó sus dimensiones y Sophie, a sus anchas, pudo contemplar todos los rincones.

Como nada es solo lo que parece, ante la inocencia de la niña y la atención que les prestaba, los olvidados objetos se sinceraron con ella, permitiendo que afloraran las emociones que durante tanto tiempo mantuvieron silenciadas.

Con cara de asombro fue directa hacia el lugar donde permanecían los muñecos ¡nunca había visto tantos dormilones y peponas juntas! pronto se dio cuenta que tenían los rostros marchitos, los ojos llorosos y las miradas sin esperanza.

—¿Tenéis nombre? —les preguntó, tras mirarles con atención.

Pero la mayoría no recordaba el nombre, de tanto tiempo que hacía que nadie lo pronunciaba.

Algunos recordaban vivencia del pasado; otros preferían no recordar, pues el recuerdo hacía más dura su triste realidad.

—¿Cómo habéis llegado hasta aquí?

—Creemos que nuestro pecado es tener demasiada edad —se permitió decir uno; los otros no pudieron contestar.

La protagonista, tras dedicarles un tiempo de atención, se despidió prometiendo regresar. Ellos ilusionados le dieron las gracias.

En otro rincón estaban los peluches. Pronto Sophie se vio rodeada por multitud de animales, entre otros: perros de diferentes razas, gatitos sin apenas voz para maullar, caballos, elefantes, osos, todos con ojos tristes por el dolor que produce el maltrato y el abandono.

Y, sin poderlo evitar, la niña volvió a preguntar:

—¿Por qué estáis aquí?

—Porque nos hicimos viejos —dijo un galgo de cuerpo esbelto y largas patas.

—Yo no soy viejo, pero, al parecer, daba trabajo y gasto —maulló un gato mientras restregaba su cuerpo por las piernas de la niña buscando afecto.

Uno tras otro o todos a la vez, explicaban sus duras experiencias, sus miedos y sus decepciones. Y Sophie, que amaba a los animales, prometió volver otro día para jugar. Ellos, con sus mejores sonidos, la corearon.

La niña con cara de estupor observó en otro lugar multitud de objetos arrinconados. Se acercó a ellos y, antes de darle tiempo a preguntar, un envejecido libro, que no había perdido detalle de lo ocurrido, exclamó:

—Observa como dejaron mis hojas de tanto usarme. Conmigo aprendieron a leer.

—Si ya no nos necesitan, podrían darnos para que otros nos usaran; nos tienen aquí abandonados y hay muchas personas que no nos pueden comprar —exponían quejosos otros objetos.

La niña escuchaba en silencio mientras se preguntaba cómo era posible que existiera tanta insensibilidad.

El tacto de una húmeda y fría nariz rozando su mejilla la despertó. Sophie  abrazó a su gato, que ronroneaba a su alrededor, al tiempo que le prometía que en su casa nunca habría desván.

Siempre cumplió su palabra.

………………….

LA BLOGOSFERA

LA BLOGOSFERA

Según dice “San Google” el término blogosfera se utiliza para describir el mundo de los weblogs como comunidad o red social.

Como ya he dicho otras veces, soy muy nueva en las redes y frecuento alguna desde que tengo el blog, es decir, desde hace menos de un año.

Empezaré por dar las gracias a todas las personas que leen mis escritos, a las que utilizan parte de su tiempo en hacer algún comentario, así como a los que le dan al “me gusta” o al “G+”.

Algunas veces me gustaría poder darles las gracias mirándoles a los ojos, cosa imposible en un mundo virtual, pero quiero que sepan que agradezco su dedicación. Yo no puedo corresponder tanto como me gustaría, pero de vez en cuando también les voy visitando.

Quiero decir que he conocido personas fantásticas, que me animan, me sugieren retos o incluso me han enseñado a dar los primeros pasos en un mundo en el que iba más perdida que una gamba en el desierto.

Éste es el caso de mi “maestro particular”, Pedro Fabelo; no lo busqué, porque como ya sabéis: “Cuando el alumno está preparado aparece el maestro”; aunque también hay quien dice que es justo lo contrario, es decir que “cuando el maestro está preparado aparecen los alumnos”. En cualquier caso, mi amigo Pedro apareció por sorpresa y es gracias a él que el fondo de mi blog se ha llenado de margaritas. ¡Me encantan las margaritas!

Un día recibí un mensaje que más o menos decía:

—Vilma ¿te gustaría cambiar un poco el aspecto de tu blog?

—Claro que me gustaría, Pedro, pero no sé como hacerlo.

—No te preocupes que para esto están los amigos —me respondió.

Dicho y hecho, a los pocos días recibí otro mensaje con un corto y sencillo “manual de instrucciones”.

Me puse frente al ordenador y empecé a ejecutar sus directrices. No salió a la primera, he de reconocerlo, pero al final lo conseguí.

—Pedroooo! Ya se ha llenado de flores mi blog.

—Vilmaaaa! ¡Qué bonito te ha quedado!

Y así andamos los dos, a gritos desde la distancia, imitando a los dibujos animados  Los Picapiedra.

Alguien puede preguntarse si se puede hacer amistad en la blogosfera, incluso yo hubiera dudado hace apenas un año, pero hoy presumo de tener amigos que no conozco, pero que se prestan a orientarme en labores que para mi son irrealizables. ¡Perdón! Eran irrealizables.

Le compré a Pedro los dos tomos de humor absurdo que ha publicado, cuyas fotos ilustran esta portada, y me propuso, como a todos los que se los compran y tienen un blog, que si le daba mi opinión sobre su obra y le mandaba una foto me dedicaría una entrada. Así que, aunque no soy mucho de fotos, le mandé dos composiciones. Os invito a que entréis en Absurdamente, de Pedro Fabelo y allí nos veréis.

Y ya no voy a decir más, salvo enviaros su enlace y esperar que le visitéis, para ver lo guapos que estamos, pero sobre todo para leer sus escritos de un humor que tiene tanto de absurdo como de inteligente.

Éste es el enlace de un maestro de las letras cuyo corazón rebosa generosidad.

Absurdamente, Pedro Fabelo

https://pedrofabelo.blogspot.com.es/

¡Gracias a todos por estar ahí!

No hay personas desconocidas, sino amigos que aún te quedan por conocer. -William Butler Yeats.

ESCRIBIENDO MI PROPIA HISTORIA

Aprovechando que mañana se celebra el Día Internacional del Libro, así como la festividad de San Jorge (Diada de Sant Jordi en Catalunya, donde existe una hermosa y conocida tradición y que San Jorge -San Chorche en aragonés- es el patrón de Aragón) en esta entrada os regalo un tomo de mi vida y una rosa. Deseo que os gusten.

….

Hizo falta que la vida me pusiera ante una difícil situación para que descubriera a mi particular dragón. Esta peligrosa bestia que habitaba en mi interior, se nutría de bajas emociones y expresiones negativas y tan habituada estaba a convivir con ella, que desconocía que era su prisionera.

….

Como desde mi punto de vista, la actual existencia representa un eslabón en la larga cadena de la evolución humana, tan solo os puedo mostrar el presente tomo, cuyo primer capítulo comienza con el azaroso movimiento de dos intrépidos gametos, que ávidos de experiencias, comienzan un juego amoroso, se funden y generosamente me permiten entrar en escena.

Mi primer nombre fue “cigoto”, poco después fui un “embrión” y más tarde un “feto”. ¡Vaya nombres! —pensé yo. Pero no voy a opinar, la ciencia es la ciencia y el nombre ¿qué más da?

Tras nueve meses de acogedora cautividad, decidí aventurarme, no dejé pasar ni un día más; necesitaba luz, llenar mis pulmones de aire, explorar el exterior.

Fue más fácil de lo que esperaba, tuve que esforzarme pero el propio entorno me ayudó; sus paredes se contraían y se aflojaban y eso facilitó el recorrido. Finalmente lo conseguí.

Cuando por fin vi la luz estaba algo confusa, pero comprobé que me estaban esperando y que mi llegada les alegraba. Pero, ¡ay, señor! de pronto, sin tiempo para adaptarme al medio, me cogieron, me zarandearon y mis pequeñas nalgas calentaron.

Nada pude decir, salvo llorar, ¡no era justo tratar así a quien acababa de llegar!

Al escuchar mi llanto todo cambió. ¡Quizás les impresione! Me limpiaron y con mi desnudez ya cubierta, tras acariciarme un poco, me dejaron descansar. Uf!, por fin algo de calma.

….

Mientras me sumergía en la lectura de mis propias vivencias, fui recordando algunas cosas y se hicieron evidentes otras. No faltaban momentos divertidos, momentos de encuentros, de amores y de esperanza, pero también momentos de desamores, de llanto y de soledad; momentos inolvidables y otros, sin esencia para recordar.

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En mi lucha contra la feroz alimaña, humildemente, reconozco que he perdido muchas batallas, pero hoy puedo decir que, aunque nuestra particular guerra continúa, la situación ha cambiado porque está muy debilitada por inanición.

No ha sido un trabajo fácil, sino un largo camino de esfuerzos y tropezones, de superación de obstáculos y endulzar sinsabores, pero la historia cambio de rumbo y, ya con cierto grado de emancipación, voy escribiendo las páginas de este libro desde una nueva perspectiva.

La redacción se hizo menos jocosa, pero más veraz. Ya no habla de culpables, sino de responsabilidad.

Las pasiones más fuertes, dieron paso a sentimientos de amor y el pensamiento crítico, en comprensión derivó.

Soy consciente que en la actualidad el feroz dragón solo está debilitado, pero también que si no le proporciono alimento algún día desaparecerá y yo podré alcanzar mi ansiada libertad.

Como ya he dicho, mi historia no empezó en este libro ni en él acabará, porque se han de escribir muchos tomos para que un ser pueda desarrollar todo su potencial.

Y cuando deba acabar el tomo que hoy os ofrezco, me daré por satisfecha si algún tramo logré avanzar y con la mente fija en la cumbre, mostraré mis manos vacías, cerraré lentamente mis ojos y quedamente diré, por si alguien puede escuchar, “continuará”.

Tres palabras concluirán el libro: “Soltar, silencio y paz”.

 

La rosa de la amistad

RETAZOS DE UNA VIDA

RETAZOS DE UNA VIDA

Como otros muchos niños, el protagonista de esta historia, junto a su hermana, fue testigo presencial, protagonista y víctima de una época en la que la sinrazón, las intrigas y la violencia cabalgaban tanto de norte a sur, como de este a oeste del país.

Por aquel entonces, era difícil encontrar algo con que llenar el estómago, si pertenecías a la clase humilde de la sociedad. Pero en un momento dado, el destino sorprendió a la familia ofreciéndole la oportunidad de hacerse cargo de la barca de un pequeño pueblo, hecho que supuso una tregua a la difícil situación por la que estaban atravesando.

Si hasta ese momento, poco más que el miedo, el hambre, la incertidumbre y la soledad fueron sus compañeros, en esta época de bonanza, una frondosa arboleda, un caudaloso río y cientos de pájaros que habitaban en el entorno se convirtieron en sus amigos.

De vez en cuando, algún juego compartido con otros niños del cercano pueblo, pero lo cotidiano, lo habitual era la incomunicación humana en medio de un idílico lugar.

Con apenas ocho años, tuvo que hacerse cargo de un pontón para pasar al otro lado del río a las personas que lo solicitaban, por ser el camino más corto entre dos pueblos. Su hermana cuidaba de la madre enferma y de la casa; su padre pasaba la barca y hacía algún esporádico trabajo, cuando alguien lo solicitaba.

El amanecer llegaba cada mañana acompañado del canto de los pájaros que marcaba el ritmo de sus infantiles jornadas.

Cuando llegaba la noche, caían rendidos en un colchón de paja y eran los sonidos de las aves e insectos de hábitos nocturnos quienes los acunaban.

La falta de otros estímulos o quizás el entorno privilegiado permitieron al niño desarrollar su fantasía.

Un día se sorprendió imaginando que se comunicaba con todos aquellos pájaros que diariamente le acompañaban. Ellos le contaban sus experiencias y el niño se adentraba en un mundo que le gustaba más que aquel que la vida le había mostrado.

Había pájaros que migraban a lugares lejanos y, cuando regresaban, le contaban vivencias difíciles de aceptar.

Los que permanecían en el lugar, unos anidaban a ras de suelo y allí tenían sus experiencias; otros anidaban en árboles o en lugares altos y, curiosamente, sus vivencias se diferenciaban de los anteriores mucho más que sus trinos.

Él escuchaba a todos y de todos aprendía, pero con el tiempo comprendió que cada pájaro le contaba la realidad que había vivido y fue aprendiendo que en la vida todo es relativo y que nadie está en total posesión de la verdad.

El niño fue creciendo, las circunstancias que rodearon su infancia forjaron su carácter solitario e inconformista y en su interior fue germinando la semilla del idealismo.

Más tarde, descubrió con cierto dolor, que la práctica siempre es más difícil que la teoría, que los hombres no siempre viven conforme a las ideas de las que hablan y quizás comenzó a intuir que la vida no es un fin, sino un camino.

Sus dos grandes aficiones fueron la música y el ciclismo.

No podía ser de otra manera, porque música al fin y al cabo era lo que los pájaros ofrecían diariamente a sus infantiles oídos.

Si por aquel entonces hubiera existido el vuelo libre seguramente lo hubiera practicado; pero, como esto no existía, le gustaba correr en bicicleta, pues tenía aptitudes para ello y el deporte le ofrecía libertad; pero un grave accidente le quitó la oportunidad.

En otro momento de su vida y con cierta nostalgia volvió a recurrir a su imaginación y pensó en construir un espacio en su jardín-huerto para que múltiples aves pudiesen cobijarse en él y, tal vez, volver a comunicarse con ellas.

Su fantasía, por razones evidentes, no pudo llevarse a cabo y entonces, cuando su cabello negro azabache ya no poblaba su cabeza, cuando de nuevo la soledad se convirtió en su inseparable compañera, encontró tiempo para leer y reflexionar sobre ciertos matices de su accidentada vida y descubrir la diferencia que hay entre causa y efecto, entre filosofía y práctica, entre creencia e hipótesis, entre la inconsciencia y la reflexión.

Hoy, la compañera de vida del protagonista de esta historia ya pasó a otra dimensión y él espera que llegue su momento en la sobria habitación de una buena residencia de ancianos, al otro lado de los Pirineos, porque le faltan las fuerzas para alzar el vuelo y atravesarlos.

Curiosamente, para su cumpleaños le han regalado un comedero de aves con el que da de comer a los pájaros que se acercan a su ventana y pasa los días escribiendo versos a su esposa para decirle, tal vez, lo que nunca le dijo en vida; también toca el laúd, lee y escucha música en una tablet y está aprendiendo a utilizar un ordenador y, cuando le queda tiempo, entra en mi humilde blog.

Os dejo estos versos salidos del corazón de un idealista de 87 años. ¡Mi tío!

A Laura

Un día me levanté
con el corazón partido
al ver que con quién soñé
ya no estaba conmigo.

***

Soñé que estaba aquí
sentada al lado mío
y cuando abrí los ojos
vi el espacio vacío.

***

Te imagino diciendo:
arregla la cama,
cierra la puerta del baño
y así, mientras te obedezco,
pienso que estás a mi lado.

LA LUCIÉRNAGA Y EL CARACOL

LA LUCIÉRNAGA Y EL CARACOL

La noche estaba próxima a llegar. Una ráfaga de aire alivió los efectos producidos por los estivales rayos del sol; la flora y la fauna de aquel hermoso lugar lo agradecieron. Los animales diurnos se recogían, al tiempo que los nocturnos hacían su aparición. Todo ocurría de forma tan natural que los movimientos apenas resultaban perceptibles.

En un momento dado, pequeñas nubes asomaron por el horizonte. Poco a poco los pequeños grumos de aire y agua se convirtieron en grandes y negruzcas masas acuosas que ganaban terreno. Los primeros relámpagos cruzaron el cielo, después llegaron los truenos, lentos en su propagación, pero impresionantes por sus rugidos. Cayeron las primeras gotas, a las que siguieron muchas más, cada vez con más fuerza. La tierra parecía reclamar el valioso líquido, sin él la vida era impensable.

Y, como es de suponer, las nubes pasaron, la lluvia cesó y, poco a poco, todo fue recuperado la calma, o casi todo, porque algunos pequeños animales sufrieron los efectos devastadores de la tormenta.

Un pequeño insecto hacía lo imposible por mover sus alas impregnadas de barro; su fin parecía inmediato. Por suerte, acertó a pasar por allí otro insecto con forma de gusano; no lo pensó, fue en su ayuda, conocedor de que el dolor de un hermano era su propio dolor.

No estuvo solo en la hazaña, en el recorrido otro pequeño animal intervino; era un experto en deslizarse por el terreno húmedo, por los barrizales. Además, en el hueco del árbol donde lo arrastraron, él podía deslizarse más fácilmente, gracias al moco que podía segregar. Con el valor que otorga la confianza, y no sin esfuerzo, culminaron su misión. ¡El insecto volador se había salvado!

Dicen que a partir de aquel día, los descendientes de nuestros héroes protagonistas sufrieron una sustanciosa transformación. El cuerpo del insecto, adquirió la particularidad de emitir una tenue luz verde y hoy lo conocemos con el nombre de luciérnaga. En cuanto al otro animal, con el paso del tiempo, le fue apareciendo un caparazón para cobijar su delicado cuerpo y se convirtió en lo que hoy llamamos caracol.

***

La confianza en la Vida es la base del desarrollo y la clave de nuestra seguridad.

“Se tienen menos necesidades cuanto más se sienten las ajenas”. Doris Lessing

 

“COSAS INNECESARIAS”

 

Ana Palacios

COSAS INNECESARIAS

Ya es primavera según el calendario y el Corte Inglés, pese a ello, el frío invierno se resiste a marchar y se aferra como puede en forma de viento, lluvia, hielo o nieve; no obstante, todos sabemos que pronto terminará rendido ante el  encanto de la colorida primavera.

Yo, que siempre presumo de ser puntual, he querido aprovechar estos días de la fiesta para hacer el cambio de ropa de los armarios, pero cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que el viejo baúl donde pensaba guardar los nórdicos estaba lleno a rebosar.

—¿Qué ha pasado aquí? —me pregunté asombrada.

—Abre la ventana y ponte las gafas —dijo una voz que parecía salir del interior del baúl.

Decidí hacerlo porque quería ver bien lo que había dentro, más que por la misteriosa indicación.

—¡Santo cielo! —exclamé al ver el montón de cosas innecesarias allí guardadas.

—Por eso dije que abrieras la ventana y te pusieras las gafas.

—Es que no entiendo por qué guardé todas estas cosas aquí.

—Porque es muy fácil sucumbir a la tentación —susurró de nuevo la voz.

—Tal vez tengas razón pero te advierto que, después de ver esto, no tengo el ánimo para sermones.

—¡Disculpa que insista! pero mira con detalle porque soporto mucho más peso del que parece.

Sin saber por qué seguía respondiendo a aquella suave, insistente y diáfana voz.

He de decir que al viejo baúl, restaurado por las manos expertas de una amiga, le tengo un cariño especial porque perteneció a mi padre desde sus años de juventud.

Lo primero que sentí al acercarme a él fue el perfume de las flores de lavanda que suelo poner para que todo adquiera su fragancia, pero cuando levanté la tapa, aparecieron mantas bien dobladas ¡faltaría más! que, al parecer, había guardado  “por si…” llegaba alguna visita a casa; también un saco de montaña de cuando yo era joven y hasta un colchón hinchable y unas chirucas  “por si…”  alguna vez las necesitaba.

La verdad es que no recordaba que conservaba todas estas cosas, pero ese día, impulsada tal vez por la fuerza primaveral, me levanté con ganas de  remover a fondo la casa.

Mi sorpresa fue mayor cuando, entre las cosas tangibles, encontré otras que a primera vista no se percibían.

—¿Qué es esto que apenas se ve, pero se engancha como el chicle y mancha como el betún?

—A esto me refería, es imperceptible pero ejerce una pesada carga —respondió la voz, pese a que  mi diálogo era interno.

No, no estoy loca ni hablo de brujerías, os hablo de una cruda realidad: allí se encontraban ocultos entre las cosas guardadas:

* Miedos que oprimían mi libertad.

* Patrones mentales heredados y faltos de actualizar.

* Sufrimiento innecesario por esperar de la vida y de los demás cosas que nadie prometió que me iba a dar.

* Más de una crítica hecha sin conocimiento de causa.

* Hasta alguna pequeña expresión de odio había camuflada entre los pliegue de una manta.

—Pero ¿qué haces aquí, si yo pensaba que estas cosas ya no tenían cabida en mi casa? —pregunté un poco mosqueada.

—No te enfades y sigue buscando —dijo de nuevo la voz.

—Pero… ¡si también hay pequeñas partículas de racismo y pensamientos y emociones negativas en mi viejo baúl!

¿Racismo he dicho? ¡Por favor! ¿Cómo voy a tener eso yo?

—Se cuelan con la facilidad del viento o del agua —respondió de nuevo la voz del baúl.

—¿Cómo puedo presumir de limpia y ordenada teniendo tanta porquería en casa?

Esta vez la voz no respondió.

Humildemente reconocí que es mejor no presumir, pues como bien dice el refrán: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” y, a mi edad, ya he descubierto que acercándome un poco más a la “Luz” siempre puedo encontrar algo de “suciedad” escondida entre los sinuosos pliegues del cerebro.

Dejé el baúl abierto al lado de la ventana para que el sol purificara su interior; llevé al “Punto Verde” cercano las cosas aprovechables para reciclar y después me dirigí a un contenedor. Uf!! Hubo cosas que no querían desprenderse, se enganchaban como lapas.

Libre de cargas o al menos eso creí, me fui a pasear para que también me diera el sol, al tiempo que reflexionaba…

Ya de regreso a casa lo tenía decidido, poco a poco iría revisando las diferentes habitaciones, porque hay emociones y pensamientos que adoptan formas tan sutiles que entran en nuestra casa y, fácilmente, se quedan en ella camufladas.

En esa labor estoy y cada día me siento un poco más ligera y llena de vitalidad ¿Será por la primavera?

¡Feliz reflexión!

EL SUEÑO DE SOPHIE

 

El sueño de Sophie

Sophie deseaba ser protagonista de un libro, pero como éste tal vez nunca vea la luz y ahora dispongo de un blog, aprovechando que hoy estamos de celebración de cumpleaños en la familia, le ha parecido que era un buen momento para presentarla “en sociedad”

Sophie es sensible y mordaz, comprensiva y crítica, buscadora de respuestas que la conduzcan a la verdad. Le duele la injusticia, no comprende las guerras, trasgrede los convencionalismos y a ambas nos une una relación especial.

***

—Sophie, ¿por qué tanto interés en ser protagonista de un libro?

—Me gusta que me abracen.

—Si esa es la razón, te puedo abrazar yo.

—Tu trabajo es escribir. Los lectores al leerlo, me abrazarán.

—¿Y si no te abrazan?

—Lo volveremos a intentar.

—Sophie, tu vida es muy sencilla ¿qué voy a contar? —le digo con cariño, asombrada por su rotundidad.

—No cuentes anécdotas; no cuentes lo que todos ven; cuenta mis sueños, mis reflexiones, penetra en mi interior.

—¿Puedo? —le pregunté.

—Me pongo en tus manos —contestó.

—No sé si seré capaz de hacer posible tu sueño —dije un poco indecisa.

Y Sophie, muy sagaz, con una sonrisa en los labios, me susurró:

—Si no lo intentas, nunca lo sabrás.

***

Empecé a escribir con bastantes dudas, algunas todavía me acompañan, pero Sophie tenía un sueño y asumí la responsabilidad de que, a través de la lectura, la pudieran abrazar.

Los encuentros con Sophie tratan sobre sueños y reflexiones, éste, aunque pueda parecer inapropiado para publicarlo el día de su presentación, lo hago por un motivo especial y cuando determinadas personas lean la entrada lo entenderán.

***

—Sophie, en este sueño, soñaste que eras la muerte. Debió de ser difícil.

—Estaba deprimida, todos me rechazaban.

—¿Qué sentiste?

—Mucha soledad.

—Es normal Sophie, nadie se quiere marchar.

—Cuando se nace, incluso antes de nacer, ya se empieza a morir. La muerte no arrebata la vida a nadie, es la enfermedad, los accidentes, la vejez lo que causa el desenlace, en el sueño yo estaba allí para ofrecer mis brazos y que pudieran descansar.

—Visto así, Sophie, tienes razón y entiendo tu desazón. ¿Qué ocurrió en el sueño? ¿Te rechazaron?

—Varias veces, pero en este caso concreto no. Solo los que rodeaban al pequeño Yorkshire, que debía partir por enfermedad. Él estaba preparado, pero los que le cuidaban no.

—¿Qué ocurrió?

El pequeño y querido Rex

—Tuve que soportar una gran presión. Les dolía perder al pequeño animal y además tenían remordimiento por aplicarle la eutanasia.

—¿Tú crees que procedía tenerlos?

—No, porque no había solución. El pequeño Rex, como así se llamaba, los miraba a todos para hacerles comprender, pero ellos no podían, sus emociones lo impedían.

—¿Lloraban?

—Sí, le querían mucho y pasó por los brazos de todos en una interminable rueda de abrazos y despedidas.

—Y ¿ qué hacías tú?

—La emoción cortaba la respiración y allí estaba yo, callada, viéndolos sufrir y sin poder hacer nada. Suerte que él estaba preparado y sabía que yo lo esperaba.

—¿Finalmente pasó?

—Sí, cuando le inyectaron la solución, su joven dueña lo tenía en brazos. De pronto ella dijo, ya no está aquí, y en aquellos momentos fui yo quien lo abrazó.

—Me ha emocionado el sueño, Sophie.

—Hay que estar preparado para el último viaje, pocos lo están. Todos festejas nacer y es ahí cuando empezamos a morir.

***

—Sophie, a propósito del sueño ¿qué es para ti la vida?

—La vida es flujo y movimiento. También la podríamos definir como un camino de evolución, aunque para muchos, más que un camino, la vida es una noria que gira en torno a lo que se puede tener, obtener o adquirir y, si es posible, sin esfuerzo.

—¿Por qué crees que hay tanto egoísmo y tantos apegos?

—Porque la atención se dirige erróneamente hacia el aspecto materia, en lugar de hacia el aspecto conciencia. Existe un gran apego a lo inferior, como si ésto fuera la única realidad.

—¿Podrías explicar un poco más el tema de la evolución de la conciencia?

—Evolucionar consiste en una serie de liberaciones de lo inferior para alcanzar lo superior.

—Sophie, si la vida es un camino, ¿qué es para ti la muerte?

—Es el tránsito de un tramo, en apariencia conocido, hacia otro tramo desconocido. Hasta donde yo sé, la muerte, como generalmente se entiende, no existe. La muerte es una transición de un estado de conciencia a otro y en ella nos despojamos de las envolturas gastadas en encarnación. La vida es una continuidad ininterrumpida.

—¿Por qué en nuestra cultura se teme tanto a la muerte?

—Tememos en la medida en que estamos identificados con las envolturas, vivimos mecánicamente y sin haber descubierto nuestro verdadero Ser.

—Sophie, esta visión tan profunda no todo el mundo la comparte.

—Tampoco hemos de esperarlo, porque una visión más profunda siempre parece ilógica a una lógica más simple. Reflexiona sobre ésto.

—Lo haré, —respondí y así terminó nuestro encuentro.

EL BANCO DEL PARQUE

EL BANCO DEL PARQUE

No dejen que mi imagen les engañe, hoy solo soy un banco, pero ayer fui un ser vivo y todavía conservo cierta sensibilidad.

Ocupo un lugar privilegiado dentro de un tranquilo parque; a mi lado un esbelto árbol proporciona la sombra necesaria y una papelera ofrece la oportunidad de mantener limpio el espacio.

Recibo múltiples visitas y soy testigo de promesas, confesiones y silencios, pero añoro a un amigo que llegaba casi a diario, apoyándose en su bastón, por el sinuoso camino que conduce hasta mí.

El último día, acudió a la cita a la hora acostumbrada y, cuando le vi, intuí que aquello era una despedida.

Apenas llegó, se dejó caer como si llevara una pesada carga sobre su espalda; hacía tiempo que no hablaba con nadie, tal vez, porque lo impedía el nudo que anidaba en su garganta.

Antes me visitaba con su esposa y en mi presencia se cogían de la mano y hablaban con los amigos, pero de aquel entonces solo quedan los recuerdos, los pajarillos y un servidor. Yo siempre le esperaba en el mismo lugar, forzado por las circunstancias; las aves se acercaban al verle llegar emitiendo gorjeos, mientras él las obsequiaba con unas miguitas de pan.

Aquel día, antes de partir, unas lágrimas rebeldes cayeron por sus mejillas. No pude hacer nada salvo ofrecerle mi apoyo, remedando el gesto de un amigo. Se levantó con la ayuda del bastón y el temblor de su mano sobre mi respaldo hizo que me emocionara.

Le vi marchar con la espalda encorvada y tuve claro que no le vería más. Así fue, días más tarde me enteré que una noche mientras dormía, en el asilo al que lo llevaron, había hecho el tránsito para reunirse con su amada.

Cuando el relente y la oscuridad de la noche proporcionan el ambiente adecuado, desde mi fija posición, observo el firmamento e imagino a mi amigo convertido en polvo de estrellas.

Este sencillo relato está inspirado en la fotografía que lo ilustra y, además, debía contener las tres palabras que he señalado en negrita: relente, remedar y nudo.

Deseo que os haya gustado.