RETAZOS DE UNA VIDA

RETAZOS DE UNA VIDA

Como otros muchos niños, el protagonista de esta historia, junto a su hermana, fue testigo presencial, protagonista y víctima de una época en la que la sinrazón, las intrigas y la violencia cabalgaban tanto de norte a sur, como de este a oeste del país.

Por aquel entonces, era difícil encontrar algo con que llenar el estómago, si pertenecías a la clase humilde de la sociedad. Pero en un momento dado, el destino sorprendió a la familia ofreciéndole la oportunidad de hacerse cargo de la barca de un pequeño pueblo, hecho que supuso una tregua a la difícil situación por la que estaban atravesando.

Si hasta ese momento, poco más que el miedo, el hambre, la incertidumbre y la soledad fueron sus compañeros, en esta época de bonanza, una frondosa arboleda, un caudaloso río y cientos de pájaros que habitaban en el entorno se convirtieron en sus amigos.

De vez en cuando, algún juego compartido con otros niños del cercano pueblo, pero lo cotidiano, lo habitual era la incomunicación humana en medio de un idílico lugar.

Con apenas ocho años, tuvo que hacerse cargo de un pontón para pasar al otro lado del río a las personas que lo solicitaban, por ser el camino más corto entre dos pueblos. Su hermana cuidaba de la madre enferma y de la casa; su padre pasaba la barca y hacía algún esporádico trabajo, cuando alguien lo solicitaba.

El amanecer llegaba cada mañana acompañado del canto de los pájaros que marcaba el ritmo de sus infantiles jornadas.

Cuando llegaba la noche, caían rendidos en un colchón de paja y eran los sonidos de las aves e insectos de hábitos nocturnos quienes los acunaban.

La falta de otros estímulos o quizás el entorno privilegiado permitieron al niño desarrollar su fantasía.

Un día se sorprendió imaginando que se comunicaba con todos aquellos pájaros que diariamente le acompañaban. Ellos le contaban sus experiencias y el niño se adentraba en un mundo que le gustaba más que aquel que la vida le había mostrado.

Había pájaros que migraban a lugares lejanos y, cuando regresaban, le contaban vivencias difíciles de aceptar.

Los que permanecían en el lugar, unos anidaban a ras de suelo y allí tenían sus experiencias; otros anidaban en árboles o en lugares altos y, curiosamente, sus vivencias se diferenciaban de los anteriores mucho más que sus trinos.

Él escuchaba a todos y de todos aprendía, pero con el tiempo comprendió que cada pájaro le contaba la realidad que había vivido y fue aprendiendo que en la vida todo es relativo y que nadie está en total posesión de la verdad.

El niño fue creciendo, las circunstancias que rodearon su infancia forjaron su carácter solitario e inconformista y en su interior fue germinando la semilla del idealismo.

Más tarde, descubrió con cierto dolor, que la práctica siempre es más difícil que la teoría, que los hombres no siempre viven conforme a las ideas de las que hablan y quizás comenzó a intuir que la vida no es un fin, sino un camino.

Sus dos grandes aficiones fueron la música y el ciclismo.

No podía ser de otra manera, porque música al fin y al cabo era lo que los pájaros ofrecían diariamente a sus infantiles oídos.

Si por aquel entonces hubiera existido el vuelo libre seguramente lo hubiera practicado; pero, como esto no existía, le gustaba correr en bicicleta, pues tenía aptitudes para ello y el deporte le ofrecía libertad; pero un grave accidente le quitó la oportunidad.

En otro momento de su vida y con cierta nostalgia volvió a recurrir a su imaginación y pensó en construir un espacio en su jardín-huerto para que múltiples aves pudiesen cobijarse en él y, tal vez, volver a comunicarse con ellas.

Su fantasía, por razones evidentes, no pudo llevarse a cabo y entonces, cuando su cabello negro azabache ya no poblaba su cabeza, cuando de nuevo la soledad se convirtió en su inseparable compañera, encontró tiempo para leer y reflexionar sobre ciertos matices de su accidentada vida y descubrir la diferencia que hay entre causa y efecto, entre filosofía y práctica, entre creencia e hipótesis, entre la inconsciencia y la reflexión.

Hoy, la compañera de vida del protagonista de esta historia ya pasó a otra dimensión y él espera que llegue su momento en la sobria habitación de una buena residencia de ancianos, al otro lado de los Pirineos, porque le faltan las fuerzas para alzar el vuelo y atravesarlos.

Curiosamente, para su cumpleaños le han regalado un comedero de aves con el que da de comer a los pájaros que se acercan a su ventana y pasa los días escribiendo versos a su esposa para decirle, tal vez, lo que nunca le dijo en vida; también toca el laúd, lee y escucha música en una tablet y está aprendiendo a utilizar un ordenador y, cuando le queda tiempo, entra en mi humilde blog.

Os dejo estos versos salidos del corazón de un idealista de 87 años. ¡Mi tío!

A Laura

Un día me levanté
con el corazón partido
al ver que con quién soñé
ya no estaba conmigo.

***

Soñé que estaba aquí
sentada al lado mío
y cuando abrí los ojos
vi el espacio vacío.

***

Te imagino diciendo:
arregla la cama,
cierra la puerta del baño
y así, mientras te obedezco,
pienso que estás a mi lado.

LA LUCIÉRNAGA Y EL CARACOL

LA LUCIÉRNAGA Y EL CARACOL

La noche estaba próxima a llegar. Una ráfaga de aire alivió los efectos producidos por los estivales rayos del sol; la flora y la fauna de aquel hermoso lugar lo agradecieron. Los animales diurnos se recogían, al tiempo que los nocturnos hacían su aparición. Todo ocurría de forma tan natural que los movimientos apenas resultaban perceptibles.

En un momento dado, pequeñas nubes asomaron por el horizonte. Poco a poco los pequeños grumos de aire y agua se convirtieron en grandes y negruzcas masas acuosas que ganaban terreno. Los primeros relámpagos cruzaron el cielo, después llegaron los truenos, lentos en su propagación, pero impresionantes por sus rugidos. Cayeron las primeras gotas, a las que siguieron muchas más, cada vez con más fuerza. La tierra parecía reclamar el valioso líquido, sin él la vida era impensable.

Y, como es de suponer, las nubes pasaron, la lluvia cesó y, poco a poco, todo fue recuperado la calma, o casi todo, porque algunos pequeños animales sufrieron los efectos devastadores de la tormenta.

Un pequeño insecto hacía lo imposible por mover sus alas impregnadas de barro; su fin parecía inmediato. Por suerte, acertó a pasar por allí otro insecto con forma de gusano; no lo pensó, fue en su ayuda, conocedor de que el dolor de un hermano era su propio dolor.

No estuvo solo en la hazaña, en el recorrido otro pequeño animal intervino; era un experto en deslizarse por el terreno húmedo, por los barrizales. Además, en el hueco del árbol donde lo arrastraron, él podía deslizarse más fácilmente, gracias al moco que podía segregar. Con el valor que otorga la confianza, y no sin esfuerzo, culminaron su misión. ¡El insecto volador se había salvado!

Dicen que a partir de aquel día, los descendientes de nuestros héroes protagonistas sufrieron una sustanciosa transformación. El cuerpo del insecto, adquirió la particularidad de emitir una tenue luz verde y hoy lo conocemos con el nombre de luciérnaga. En cuanto al otro animal, con el paso del tiempo, le fue apareciendo un caparazón para cobijar su delicado cuerpo y se convirtió en lo que hoy llamamos caracol.

***

La confianza en la Vida es la base del desarrollo y la clave de nuestra seguridad.

“Se tienen menos necesidades cuanto más se sienten las ajenas”. Doris Lessing

 

“COSAS INNECESARIAS”

 

Ana Palacios

COSAS INNECESARIAS

Ya es primavera según el calendario y el Corte Inglés, pese a ello, el frío invierno se resiste a marchar y se aferra como puede en forma de viento, lluvia, hielo o nieve; no obstante, todos sabemos que pronto terminará rendido ante el  encanto de la colorida primavera.

Yo, que siempre presumo de ser puntual, he querido aprovechar estos días de la fiesta para hacer el cambio de ropa de los armarios, pero cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que el viejo baúl donde pensaba guardar los nórdicos estaba lleno a rebosar.

—¿Qué ha pasado aquí? —me pregunté asombrada.

—Abre la ventana y ponte las gafas —dijo una voz que parecía salir del interior del baúl.

Decidí hacerlo porque quería ver bien lo que había dentro, más que por la misteriosa indicación.

—¡Santo cielo! —exclamé al ver el montón de cosas innecesarias allí guardadas.

—Por eso dije que abrieras la ventana y te pusieras las gafas.

—Es que no entiendo por qué guardé todas estas cosas aquí.

—Porque es muy fácil sucumbir a la tentación —susurró de nuevo la voz.

—Tal vez tengas razón pero te advierto que, después de ver esto, no tengo el ánimo para sermones.

—¡Disculpa que insista! pero mira con detalle porque soporto mucho más peso del que parece.

Sin saber por qué seguía respondiendo a aquella suave, insistente y diáfana voz.

He de decir que al viejo baúl, restaurado por las manos expertas de una amiga, le tengo un cariño especial porque perteneció a mi padre desde sus años de juventud.

Lo primero que sentí al acercarme a él fue el perfume de las flores de lavanda que suelo poner para que todo adquiera su fragancia, pero cuando levanté la tapa, aparecieron mantas bien dobladas ¡faltaría más! que, al parecer, había guardado  “por si…” llegaba alguna visita a casa; también un saco de montaña de cuando yo era joven y hasta un colchón hinchable y unas chirucas  “por si…”  alguna vez las necesitaba.

La verdad es que no recordaba que conservaba todas estas cosas, pero ese día, impulsada tal vez por la fuerza primaveral, me levanté con ganas de  remover a fondo la casa.

Mi sorpresa fue mayor cuando, entre las cosas tangibles, encontré otras que a primera vista no se percibían.

—¿Qué es esto que apenas se ve, pero se engancha como el chicle y mancha como el betún?

—A esto me refería, es imperceptible pero ejerce una pesada carga —respondió la voz, pese a que  mi diálogo era interno.

No, no estoy loca ni hablo de brujerías, os hablo de una cruda realidad: allí se encontraban ocultos entre las cosas guardadas:

* Miedos que oprimían mi libertad.

* Patrones mentales heredados y faltos de actualizar.

* Sufrimiento innecesario por esperar de la vida y de los demás cosas que nadie prometió que me iba a dar.

* Más de una crítica hecha sin conocimiento de causa.

* Hasta alguna pequeña expresión de odio había camuflada entre los pliegue de una manta.

—Pero ¿qué haces aquí, si yo pensaba que estas cosas ya no tenían cabida en mi casa? —pregunté un poco mosqueada.

—No te enfades y sigue buscando —dijo de nuevo la voz.

—Pero… ¡si también hay pequeñas partículas de racismo y pensamientos y emociones negativas en mi viejo baúl!

¿Racismo he dicho? ¡Por favor! ¿Cómo voy a tener eso yo?

—Se cuelan con la facilidad del viento o del agua —respondió de nuevo la voz del baúl.

—¿Cómo puedo presumir de limpia y ordenada teniendo tanta porquería en casa?

Esta vez la voz no respondió.

Humildemente reconocí que es mejor no presumir, pues como bien dice el refrán: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” y, a mi edad, ya he descubierto que acercándome un poco más a la “Luz” siempre puedo encontrar algo de “suciedad” escondida entre los sinuosos pliegues del cerebro.

Dejé el baúl abierto al lado de la ventana para que el sol purificara su interior; llevé al “Punto Verde” cercano las cosas aprovechables para reciclar y después me dirigí a un contenedor. Uf!! Hubo cosas que no querían desprenderse, se enganchaban como lapas.

Libre de cargas o al menos eso creí, me fui a pasear para que también me diera el sol, al tiempo que reflexionaba…

Ya de regreso a casa lo tenía decidido, poco a poco iría revisando las diferentes habitaciones, porque hay emociones y pensamientos que adoptan formas tan sutiles que entran en nuestra casa y, fácilmente, se quedan en ella camufladas.

En esa labor estoy y cada día me siento un poco más ligera y llena de vitalidad ¿Será por la primavera?

¡Feliz reflexión!

EL SUEÑO DE SOPHIE

 

El sueño de Sophie

Sophie deseaba ser protagonista de un libro, pero como éste tal vez nunca vea la luz y ahora dispongo de un blog, aprovechando que hoy estamos de celebración de cumpleaños en la familia, le ha parecido que era un buen momento para presentarla “en sociedad”

Sophie es sensible y mordaz, comprensiva y crítica, buscadora de respuestas que la conduzcan a la verdad. Le duele la injusticia, no comprende las guerras, trasgrede los convencionalismos y a ambas nos une una relación especial.

***

—Sophie, ¿por qué tanto interés en ser protagonista de un libro?

—Me gusta que me abracen.

—Si esa es la razón, te puedo abrazar yo.

—Tu trabajo es escribir. Los lectores al leerlo, me abrazarán.

—¿Y si no te abrazan?

—Lo volveremos a intentar.

—Sophie, tu vida es muy sencilla ¿qué voy a contar? —le digo con cariño, asombrada por su rotundidad.

—No cuentes anécdotas; no cuentes lo que todos ven; cuenta mis sueños, mis reflexiones, penetra en mi interior.

—¿Puedo? —le pregunté.

—Me pongo en tus manos —contestó.

—No sé si seré capaz de hacer posible tu sueño —dije un poco indecisa.

Y Sophie, muy sagaz, con una sonrisa en los labios, me susurró:

—Si no lo intentas, nunca lo sabrás.

Empecé a escribir con bastantes dudas, algunas todavía me acompañan, pero Sophie tenía un sueño y asumí la responsabilidad de que, a través de la lectura, la pudieran abrazar.

Los encuentros con Sophie tratan sobre sueños y reflexiones, éste, aunque pueda parecer inapropiado para publicarlo el día de su presentación, lo hago por un motivo especial y cuando determinadas personas lean la entrada lo entenderán.

El pequeño y querido Rex

—Sophie, en este sueño, soñaste que eras la muerte. Debió de ser difícil.

—Estaba deprimida, todos me rechazaban.

—¿Qué sentiste?

—Mucha soledad.

—Es normal Sophie, nadie se quiere marchar.

—Cuando se nace, incluso antes de nacer, ya se empieza a morir. La muerte no arrebata la vida a nadie, es la enfermedad, los accidentes, la vejez lo que causa el desenlace, en el sueño yo estaba allí para ofrecer mis brazos y que pudieran descansar.

—Visto así, Sophie, tienes razón y entiendo tu desazón. ¿Qué ocurrió en el sueño? ¿Te rechazaron?

—Varias veces, pero en este caso concreto no. Solo los que rodeaban al pequeño Yorkshire, que debía partir por enfermedad. Él estaba preparado, pero los que le cuidaban no.

—¿Qué ocurrió?

—Tuve que soportar una gran presión. Les dolía perder al pequeño animal y además tenían remordimiento por aplicarle la eutanasia.

—¿Tú crees que procedía tenerlos?

—No, porque no había solución. El pequeño Rex, como así se llamaba, los miraba a todos para hacerles comprender, pero ellos no podían, sus emociones lo impedían.

—¿Lloraban?

—Sí, le querían mucho y pasó por los brazos de todos en una interminable rueda de abrazos y despedidas.

—Y ¿ qué hacías tú?

—La emoción cortaba la respiración y allí estaba yo, callada, viéndolos sufrir y sin poder hacer nada. Suerte que él estaba preparado y sabía que yo lo esperaba.

—¿Finalmente pasó?

—Sí, cuando le inyectaron la solución, su joven dueña lo tenía en brazos. De pronto ella dijo, ya no está aquí, y en aquellos momentos fui yo quien lo abrazó.

—Me ha emocionado el sueño, Sophie.

—Hay que estar preparado para el último viaje, pocos lo están. Todos festejas nacer y es ahí cuando empezamos a morir.

***

—Sophie, a propósito del sueño ¿qué es para ti la vida?

—La vida es flujo y movimiento. También la podríamos definir como un camino de evolución, aunque para muchos, más que un camino, la vida es una noria que gira en torno a lo que se puede tener, obtener o adquirir y, si es posible, sin esfuerzo.

—¿Por qué crees que hay tanto egoísmo y tantos apegos?

—Porque la atención se dirige erróneamente hacia el aspecto materia, en lugar de hacia el aspecto conciencia. Existe un gran apego a lo inferior, como si ésto fuera la única realidad.

—¿Podrías explicar un poco más el tema de la evolución de la conciencia?

—Evolucionar consiste en una serie de liberaciones de lo inferior para alcanzar lo superior.

—Sophie, si la vida es un camino, ¿qué es para ti la muerte?

—Es el tránsito de un tramo, en apariencia conocido, hacia otro tramo desconocido. Hasta donde yo sé, la muerte, como generalmente se entiende, no existe. La muerte es una transición de un estado de conciencia a otro y en ella nos despojamos de las envolturas gastadas en encarnación. La vida es una continuidad ininterrumpida.

—¿Por qué en nuestra cultura se teme tanto a la muerte?

—Tememos en la medida en que estamos identificados con las envolturas, vivimos mecánicamente y sin haber descubierto nuestro verdadero Ser.

—Sophie, esta visión tan profunda no todo el mundo la comparte.

—Tampoco hemos de esperarlo, porque una visión más profunda siempre parece ilógica a una lógica más simple. Reflexiona sobre ésto.

—Lo haré, —respondí y así terminó nuestro encuentro.

EL BANCO DEL PARQUE

EL BANCO DEL PARQUE

No dejen que mi imagen les engañe, hoy solo soy un banco, pero ayer fui un ser vivo y todavía conservo cierta sensibilidad.

Ocupo un lugar privilegiado dentro de un tranquilo parque; a mi lado un esbelto árbol proporciona la sombra necesaria y una papelera ofrece la oportunidad de mantener limpio el espacio.

Recibo múltiples visitas y soy testigo de promesas, confesiones y silencios, pero añoro a un amigo que llegaba casi a diario, apoyándose en su bastón, por el sinuoso camino que conduce hasta mí.

El último día, acudió a la cita a la hora acostumbrada y, cuando le vi, intuí que aquello era una despedida.

Apenas llegó, se dejó caer como si llevara una pesada carga sobre su espalda; hacía tiempo que no hablaba con nadie, tal vez, porque lo impedía el nudo que anidaba en su garganta.

Antes me visitaba con su esposa y en mi presencia se cogían de la mano y hablaban con los amigos, pero de aquel entonces solo quedan los recuerdos, los pajarillos y un servidor. Yo siempre le esperaba en el mismo lugar, forzado por las circunstancias; las aves se acercaban al verle llegar emitiendo gorjeos, mientras él las obsequiaba con unas miguitas de pan.

Aquel día, antes de partir, unas lágrimas rebeldes cayeron por sus mejillas. No pude hacer nada salvo ofrecerle mi apoyo, remedando el gesto de un amigo. Se levantó con la ayuda del bastón y el temblor de su mano sobre mi respaldo hizo que me emocionara.

Le vi marchar con la espalda encorvada y tuve claro que no le vería más. Así fue, días más tarde me enteré que una noche mientras dormía, en el asilo al que lo llevaron, había hecho el tránsito para reunirse con su amada.

Cuando el relente y la oscuridad de la noche proporcionan el ambiente adecuado, desde mi fija posición, observo el firmamento e imagino a mi amigo convertido en polvo de estrellas.

Este sencillo relato está inspirado en la fotografía que lo ilustra y, además, debía contener las tres palabras que he señalado en negrita: relente, remedar y nudo.

Deseo que os haya gustado.

¿DE QUÉ SE HABLA EN EL CIELO?

REFLEXIONES A MI MANERA

Cuando era niña (de eso hace ya muchos años) había cuentos de hadas, de princesas y también de monstruos y de brujas malvadas. Sinceramente, diré que unos me parecían cursis y los otros me producían miedo, así que prefería leer los tebeos que me dejaba mi primo, como los de: “Roberto Alcázar y Pedrín”, “El Jabato”, “El Guerrero del Antifaz” y otros similares; en ellos había acción y además pensaba que si alguien peleaba o mataba era por una razón justificada.

Hoy, con el paso del tiempo, mi forma de pensar ha cambiado y no encuentro justificación para hacer una guerra ni para matar, aunque sea en nombre de un dios.

Mientras demos rienda suelta a nuestros más bajos instintos, la vida será una jungla o tal vez peor, porque es lógico que los animales se comporten como lo que son, pero que los humanos nos comportemos como animales, eso, ya es harina de otro costal.

Si has llegado hasta aquí, detente un momento y párate a pensar, no lapides a la ligera, porque ¡hay tantas formas de matar…! que quizás nadie podamos tirar la primera piedra.

Dicho esto, visto lo visto y leído lo leído, aún sabiendo que puedo parecer cursi, voy a compartir estas líneas, porque lo bueno de cumplir años es que vas perdiendo el miedo al ridículo y cada vez importa menos lo que piensen los demás.

…….

Imagino que estos días en el Cielo se hablará de girasoles, de pececitos, de hombres y mujeres buenos y valientes, de empatía, de generosidad, de los que buscan la paz, de los que protegen a otros seres y saben amar. De esa gran ola de humanidad que se desplegó en un gran acto de solidaridad.

Y suponiendo que en el Cielo se hable de esto ¿qué hacemos en la Tierra hablando de monstruos y de brujas y llenando las redes de improperios? ¿Por qué se disfruta tanto dando de comer al mal?

Hoy he soñado que en un océano una familia de peces estaba preocupada; una pequeña cría se había tragado un trozo de plástico de esos que, generosamente, los humanos repartimos por el Planeta.

El pequeño pez iba perdiendo energía y sabían que poco o nada podían hacer por él, pues, desde hacía años era una causa muy común de mortalidad.

En un momento dado el pececito descendió hasta el fondo y se puso a descansar.

Cuando su familia fue a ver como estaba les contó que estaba mejor y que había tenido un sueño: un Pescaíto con una amplia sonrisa y con cara y alas de ángel le había visitado y con sus caricias lo había curado.

La familia del pequeño pez derrochaba alegría, pues desde hacía un tiempo los delfines comentaban que había seres dedicados a investigar la flora y fauna marina, los agentes contaminantes y cómo éstos afectan a las especies que habitan sus aguas.

Y el mar tiene la esperanza puesta en ellos y tú, amigo lector ¿de qué parte estás? Si tu respuesta ha sido la que sería de esperar no contamines con tus palabras y no abones las malas hierbas con pensamientos perniciosos ni con emociones negativas.

Hagamos como los girasoles, busquemos siempre la Luz del Sol para que las tinieblas desaparezcan.

MARCANDO LA DIFERENCIA

 

Hoy el mar está de luto, ha perdido a Pescaíto; él quería ser biólogo, pero los celos y el odio arrebataron su sueño.

MARCANDO LA DIFERENCIA

Ante determinados hechos es difícil permanecer en silencio; nos sacuden de tal manera que nos arrastran como un vendaval y, aún sabiendo que las palabras no devuelven los sueños y que poco o nada puedo añadir a todo lo ya dicho, quiero dejar mi testimonio en este humilde blog.

Dice un proverbio chino que “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tsunami en el otro lado del mundo” y sobre esto es sobre lo que hoy deseo hacer hincapié.

Cierto que cuando se conocen ciertas atrocidades dan ganas de desatar los demonios y permitirles salir para que equilibren la balanza, pero ellos no pueden equilibrarla,  solo pueden añadir peso al odio, la venganza, la ira o la rabia.

¿Es esto lo que necesitamos? Evidentemente no, sino todo lo contrario; nuestra sociedad ya está sobrecargada de un lodo que nos envuelve y nos arrastra.

Quiero sumarme al gran número de personas, la mayoría desconocidas, que se han volcado en apoyar a la familia de Gabriel con la esperanza de encontrarlo con vida, y también quiero recordar a otras familias que ante su desgracia no consiguen tener la repercusión de éste y otros casos y han de soportar su dolor casi en soledad.

Mi única intención es felicitar a Patricia, la mamá de Pescaíto que ya no será biólogo marino, pero, tal vez, desde la dimensión en la que esté, pueda gestionar mejor que nosotros la marea de emociones desatadas.

Patricia has dado un ejemplo de lo que es ser persona y no una fiera cegada por el odio o la sed de venganza.

Estoy contigo en cuanto a que no podemos manchar con odio y rabia algo tan bello como la ola de amor, colaboración y entusiasmo que se generó para encontrar a tu hijo.

Si fuésemos capaces de hacer esto, con toda seguridad el mundo sería diferente y quienes lo poblamos seríamos más humanos y menos animales.

Termino con unas palabras tuyas:

“No quiero que todo termine con la rabia que esta mujer ha sembrado. Me gustaría que terminara en ese mar de gente que se ha movido: todos por Gabriel”

¡Qué así sea Patricia!

Mis condolencias a la familia y amistades.

Las pequeñas aletas de Pescaíto, sin duda alguna, ya se habrán convertido en alas de arcángel, que por algo su nombre era Gabriel.

Descansa en paz, pequeño.

LA GALLINA Y SUS POLLUELOS

LA GALLINA Y SUS POLLUELOS

Había una vez una singular gallina que vivía con otros animales en una confortable corraliza. Participaba en los típicos juegos del corral, disfrutaba con el canto de los gallos anunciando el nuevo día y hacía saber a todos, con su escandaloso cacareo, la alegría que sentía cuando se desprendía de uno de sus huevos.

Pero, aparte de las tareas y juegos cotidianos, la protagonista de la historia intentaba aprender todo lo que podía. Su esfuerzo era comprendido y elogiado por muchos de sus compañeros, pero la gran mayoría no entendía para qué quería aprender, si nunca dejaría de ser una gallina de corral.

A nuestra amiga, esto la dejaba indiferente, sabía que tenía una misión en la vida y ella deseaba cumplirla lo mejor posible.

Un día sintió la llamada de la maternidad, sería difícil, pero se sentía feliz, pues iba a colaborar en la perpetuación de su especie.

Empezó dando calor y protección a los huevos, a la vez que reflexionaba sobre su decisión y se fortalecía emocionalmente.

Cuando llevaba veintiún días de recogimiento, algo se movió bajo su regazo, el corazón se aceleró. ¡Su primer hijo pedía paso a la vida!

El amor que ya sentía por ellos y la impaciencia por conocerles le impulsaba a ayudarles, pero no lo hizo, sabía que no debía hacerlo, salvo que ellos se retrasaran más de lo normal y éste no era el caso.

En las horas siguientes nacieron todos los demás ¡qué orgullosa se sentía!

Les enseñó a asearse, a comer, a compartir sus juegos, a respetar a los demás, a dar amor y a saber recibirlo; sus hijos aprendían con rapidez, porque sus enseñanzas no eran meras teorías, sino la forma de vida que ella había adoptado y que ellos aprendían por pura y simple imitación.

Un día comprobó que apenas cabían bajo su regazo; ya no eran las pequeñas bolitas de algodón, suaves y temblorosas, que un día fueron. Junto a una gran satisfacción, un ligero dolor cruzó su corazón. Pronto no la necesitarían…

Finalmente llegó el momento, ya no podía cobijarlos bajo sus alas y ellos reclamaban ocupar su propio lugar en el gallinero. Todavía estaría vigilante por si algún peligro les acechaba, pero entendía que deseasen estrenar su independencia, pues formaba parte del proceso de la vida.

Con estos pensamientos ocupando su mente y con el corazón henchido de amor se dispuso a dormir, no sin antes comprobar que aquellos a los que un día cobijó bajo su regazo ya dormitaban en brazos de Morfeo.

..…..

Este sencillo cuento, está dedicado a todas las mujeres que han de conciliar su vida familiar y laboral y que, en la mayoría de los casos, su esfuerzo no es valorado en su justa medida.

Aprovecho la oportunidad para recordar que, desde mi humilde punto de vista,  celebrar el “día de la mujer trabajadora” o el “día de la madre”, es significativo pero no suficiente, pues una madre nunca deja de velar por sus hijos y es difícil imaginar un solo día en el que una mujer no trabaje dentro o fuera de casa.

Por un mundo más justo y mejor.

HABLANDO A UNA FOTOGRAFÍA

De nuevo ante el reto de escribir algo sobre un instante captado con acierto por la cámara de Rubén Hernández.

Pido disculpas al fotógrafo y a la pequeña desconocida por no haber sabido plasmar lo que refleja su mirada.

HABLANDO A UNA FOTOGRAFÍA

Pequeña desconocida,

Me gustaría ser escritora para abrir mi alma y volcar su contenido en esta entrada; para romper el silencio de la imagen y con palabras adecuadas acertar a describir lo que dice tu mirada.

Si yo supiera escribir sería capaz de plasmar los detalles que te envuelven y las cadenas que te amarran.

Pero no soy escritora, sino mera aficionada y solo soy capaz de percibir los desgastados zapatos que calzas; la ropa que cubre tu cuerpo, que parece no ser de tu talla; el improvisado puesto de fruta, al que sin cadenas estás atada y tu oscuro cabello, peinado al estilo de Pippi Calzaslargas.

Si yo supiera escribir, crearía con mis letras algún pequeño juego para que tu tiempo llenaras, pero ni siquiera sé decir por qué, en lugar de un juguete, te acompaña la responsabilidad de vender unas frutas para ayudar con unas “migajas” en casa.

Sí, desearía ser escritora y no solo aficionada, porque siento que te debo algo y no lo puedo expresar porque me faltan palabras. No soy capaz de explicar qué es lo que te debo ni de verbalizar el sentimiento que me embarga.

Si yo supiera escribir plasmaría en esta página el temor, el enfado y la soledad que a tu tierno corazón se enganchan.

Si yo supiera escribir crearía una realidad más justa que la que tienes ahora, para arrancar una sonrisa a tus labios y alejar la tristeza de tu cara.

¡Discúlpame pequeña! No soy escritora, soy una mera aficionada y ni tan solo puedo exponer por qué siento que te debo algo, si no te conozco de nada.

 

¡VAYA SUSTO!

Hoy comparto con vosotros un escrito con el que Sol y Luna subieron al podio, junto con dos personas más. Me presenté a un reto en el que pedían hacer un escrito de menos de 350 palabras, tres de ellas obligatorias: iconoclasia, tren y fermentar. Este fue el resultado: 

 

¡VAYA SUSTO!

 

Sesteábamos felices en el regazo de nuestra amita, cuando el mundo pareció venirse abajo. ¡Casi morimos del susto!

Una tremenda sacudida y un fuerte estallido nos sorprendió; espantados, dimos un salto y corrimos para ponernos a salvo.

Ahora estamos escondidos hasta que pase el peligro y no hay nada nuevo que olisquear, así que aprovecharé para contaros que somos dos gatos que nacimos en un lugar próximo a unas vías de tren lleno de basura fermentada y allí, a los pocos días, quedamos huérfanos.

Tuvimos la suerte de ser rescatados y más tarde adoptados por una buena persona. Cuando nos conoció, acercó su mano para tocarnos y percibí un corazón sobrado de amor.

—¡Qué hermosos gatitos! —dijo ilusionada, tomándome entre sus manos— y adoptó a mi hermana con el nombre de Luna y a mí con el nombre de Sol.

Nuestra vida es envidiable, pese a sus tremendos estornudos y a otros retos que hemos tenido que superar; como cuando empecé a sentir una fuerza que me impulsaba a montar a mi hermana, sujetándola del cuello.

Luna maullaba desaprobando mi acción y terminábamos jugando los dos, hasta que me volvía el impulso incontrolable.

Ante esta actitud, nuestra amita nos llevó al veterinario.

Cuando volvimos a casa yo tenía mis partes íntimas doloridas y mi hermana una herida en la barriga y un artilugio alrededor del cuello.

Superados esos momentos, ahora potenciamos el vínculo de sangre y el de la amistad lamiéndonos el uno al otro.

—Sol, Luna, no tengáis miedo, salid del escondite.

—Vamos a salir Luna, nos está llamando y parece que no hay peligro.

Y riendo nos ha llevado ante el rastro hecho en nuestra desesperada huida: al San Pancracio que adornaba un pequeño estante lo hemos dejado sin brazo.

No hemos incurrido en iconoclasia porque somos gatos y no pretendíamos romper la figura del santo, pero tendrá que arreglarlo porque, al parecer, es el patrón de la salud y el trabajo.