“Compuesta y sin novio”

COMPUESTA Y SIN NOVIO

Nadie ha dicho que reflexionar esté reñido con el sentido del humor, así que hoy aparco la escritura seria y me pongo a describir lo que me ha ocurrido esta tarde, no porque sea nada especial sino porque me apetece compartirlo en el blog.

Bien, pues hacía una semana que tenía reservada esta tarde para hacerme una entrevista y grabarla en vídeo ¡mi primera entrevista y mi primer vídeo!

Me he levantado temprano como habitualmente, para mí es la mejor hora para “jugar con las palabras”. De pronto, he recordado que hoy me iban a grabar un vídeo y he decidido que haría una visita a la peluquería. La ocasión lo merecía.

Mi peluquera ha puesto todo el empeño posible en dejarme favorecida y además, por el mismo precio, me ha regalado un comentario en el blog ¿se puede pedir más?

Llegado el momento, muy bien peinada y arregladita he salido de casa, dispuesta a llevar a cabo mi primera entrevista. No voy a negar que me hacía ilusión, aunque a mi edad las cosas ya se toman con calma…

Cuando he llegado al lugar de la cita mi entrevistadora no estaba. Habrá ido a tomar un café -he pensado, pero no, le había surgido un imprevisto y se había marchado a casa.

¿Qué hago ahora? Había dos opciones: improvisar una entrevista y grabarla con un móvil o posponer la entrevista para otro día. A la primera opción me he apuntado yo para aprovechar el corte de cabello y el bonito peinado; la segunda ha sido defendida por mis consejeras y amigas. No se por qué, pero han ganado ellas.

Tras estar un ratito allí, haciendo bromas y decidiendo la jugada, ha llegado el momento de regresar a casa. Por el camino se debatían en mi mente varias ideas, a saber: dormir sentada el fin de semana para que la almohada no me convirtiera en “Espinete”; marcharme esta noche de parranda, ya que estaba “compuesta” y podría encontrar novio o bien compartir mi “compostura”, en la intimidad, con los dos amores que tengo en casa. Y, por eso de que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, he decidido volver a casa y aquí estamos los tres, en el sofá, yo embelesada mirándoles y ellos ofreciéndome sus arrumacos y mostrándome a su manera que les gusta mi peinado.

La entrevista llegará, pero habrá que esperar un poco, y como yo no soy de las que piensan que “antes muerta que sencilla”, cuando llegue el momento espero estar vivita, pero peinada con sencillez. Lo siento María José, con lo bien que te había quedado…

Una sonrisa por favor. Gracias!

Buen fin de semana a tod@s.

Mis dos amores

LOS NO INVITADOS

LOS NO INVITADOS

La fiesta ya había empezado cuando llegué. Nada más bajar de la limusina que me transportaba un precioso edificio me recibió.

Traspasada la puerta principal fui conducida a un amplio salón. Magníficos floreros adornaban una estancia, coronada de brillantes luces que se reflejaban en las joyas de damas elegantemente vestidas. Sus parejas, adinerados señores, cuya honorabilidad se presumía sin necesidad de ser acreditada, vestían de rigurosa etiqueta, como manda el protocolo.

Música ambiental, conversaciones banales, miradas de complicidad. Todos los allí presentes “sabían”, incluida yo que, aunque de forma inconsciente, algo también “sabía”.

Grandes mesas, preparadas con gusto, ofrecían, sobre manteles de un blanco inmaculado, los mejores manjares y bebidas que jamás había degustado.

Todos comían y bebían, yo también lo hacía. Todos sonreían y todos sabían que los otros también “sabían”, de ahí una cierta incomodidad, más o menos disimulada y siempre controlada, muy bien controlada.

En un breve instante, que nunca debió producirse, vi en esta onírica fiesta unas manos que, con timidez, asomaban por debajo del pulcro e impoluto mantel. Mis párpados no se cerraron cuando debieron hacerlo.

Las manos harapientas, acabadas de descubrir, temerosamente recogían las migajas que dejaban caer los comensales de la fiesta y algún que otro pisotón, que pasaba inadvertido para el que pisaba.

Mis ojos permanecían abiertos y yo me preguntaba ¿por qué los párpados no se cerraron impidiendo la visión? ¿cuándo compré la entrada que me permitió asistir a tan elegante gala?

Cuando desperté, hice un día de ayuno, lo necesitaba y reflexioné sobre el hambre y sobre sus responsables, sobre mi propia responsabilidad, sobre el despilfarro, sobre la manipulación, la corrupción y el engaño.

Feliz reflexión!

EL ESPANTAPÁJAROS

Hoy toca una pequeña reflexión disfrazada de relato, sobre un espantapájaros. Deseo que os guste.

EL ESPANTAPÁJAROS

Si amigos, yo pensaba que era el centro de lo que me rodeaba. Día tras día me esforzaba por demostrarlo, o quizás ni me esforzaba, tal era el grado de convencimiento que yo tenía.

Era alto, mi figura impresionaba y una simple ráfaga de viento hacía que cobrase vida y mi poder se manifestara.

Pero, tras la exuberante primavera y el cálido verano, el otoño llegó y con él las lluvias y vendavales.  Quedé maltrecho y, sin saber cómo ni por qué, dejé de tener protagonismo y fui apartado a un cobertizo, sin apenas vestiduras.

No recuerdo qué ocurrió en ese espacio de tiempo. Permanecí inmóvil, sin actividad alguna y en la más completa oscuridad. ¿Dónde quedó mi poderío? ¿Será ésto el fin de mi existencia?

Pero, hete aquí que un día, el mismo personaje que me formó y me vistió (no con demasiado gusto, todo ha de decirse) abrió la puerta de la cabaña y me cogió. Mi corazón se aceleró, pero… ¡ay, señor! Si yo no tengo corazón… ¡Disculpadme la licencia! Aún así algo pasó dentro de mi, algo que me hizo comprender que no estaba olvidado, solo inactivo. Nuestras miradas se cruzaron y, sin palabras, nos comprendimos.

Tenía preparadas nuevas ropas para mí, tampoco eran glamurosas, pero al menos cubrían mi desnudez y me otorgaban una cierta autoridad. Hecho ésto, volvió a mirarme y de nuevo me llevó al centro del campo.

La primavera había llegado una vez más. La belleza me rodeaba, pero debía llevar a cabo un objetivo, ahora ya lo había comprendido.

Tuve que vestir unos cuantos trajes antes de que entendiera que no estaba allí para dominar, ni por ser el más alto, sino para llevar a cabo una función, en mi caso ahuyentar a los pájaros.

Ahora sé que formo parte del paisaje en estas épocas, y que con apenas una volada de aire mi cuerpo toma vida, mis brazos se mueven y las aves se van hacia los árboles en busca de seguridad. Y yo sigo balanceándome día tras día para conseguir mi objetivo.

Llegará otro otoño y de nuevo mi ocaso, pero ya he aprendido que, igual que tras la tempestad llega la calma, las pausas no significan fin, sino reposo porque como dijo Pitágoras: “La vida no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma”.

Firmado:

El espantapájaros.

EL PLANETA MÁGICO

Hace unos cuantos años, una estrella fugaz surcaba el firmamento, cuando observó un pequeño y misterioso planeta. No pudo resistirse a su magnetismo y decidió posarse en él.

Pronto descubrió que el lugar era hermoso, pero también un tanto extraño. Sus habitantes parecían robots, llevaban siempre las manos ocupadas, caminaban deprisa, miraban mucho pero parecían no ver nada, a veces reían a carcajadas, pero su sonrisa era forzada y parecía congelada.

En el recorrido por este planeta, la estrella se encontró con un ser que por su aspecto parecía estar sobrado de edad y  se le acercó confiando que, con la sabiduría que dan los años, él podría contarle la historia de aquel curioso lugar .

El anciano le confió que según contaban sus antepasados, hacía muchos, muchos años, el planeta era conocido con el nombre de “Planeta Mágico”, porque tenía una gran belleza y un fuerte poder de atracción.

 Por aquel entonces -prosiguió diciendo el anciano, en este lugar vivían unos seres invisibles que comenzaban a trabajar justo cuando las estrellas y la luna hacían su aparición. Eran seres mágicos, se decía que vivían en los bosques, pero nadie los vio nunca, solo se sabía que existían, que trabajaban con entusiasmo por los demás y que siempre estaban alegres, pues, al anochecer, parecía escucharse una dulce música, de origen también desconocido.

La vida en el planeta transcurría de forma placentera, pero una noche, cuando estos fantásticos seres estaban realizando su trabajo, empezó a soplar un fuerte viento; ellos dejaron sus tareas y esperaron ¡algo estaba ocurriendo! Entonces el Gran Viento habló y dijo: queridos amigos, ¡cuán importante es vuestro trabajo! pero nadie valora vuestro esfuerzo ni son conscientes de vuestra existencia, tal es su grado de engreimiento. A partir de ahora, partiréis a otro lugar, donde vuestra ayuda es necesaria y tal vez sea más valorada.

Acabado su trabajo y cuando todavía la luna brillaba, nuestros amigos marcharon a un lugar muy, muy lejano, tan lejano, que a él solamente se puede acceder a través del silencio.

El planeta, a partir de aquel momento dejó de ser mágico; sin la ayuda y la inspiración de aquellos seres invisibles, sus habitantes estaban desorientados y, sin tardar mucho, todo se convirtió en un caos.

Pero, ya dice el refrán que, “a río revuelto, ganancia de pescadores” y esos momentos de confusión fueron aprovechados por seres de otros lugares, donde reinaban las tinieblas y empezaron a planear qué podían hacer para aprovecharse de aquel desorden y se les ocurrió una idea que pusieron en acción.

Para empezar, los convocaron a todos diciéndoles que ellos iban a sacarles de aquel caos y que iban a modernizar el planeta con máquinas que harían más fácil su vida.

Los habitantes de aquel curioso lugar estaban muy contentos y comprobaron que efectivamente, las máquinas contribuían a que su vida fuera más placentera, pero pronto estos aparatos se volvieron imprescindibles, hasta tal punto que poco a poco los lugareños de aquel hermoso planeta perdieron la capacidad de realizar las operaciones más simples sin la ayuda de una máquina; también fueron perdiendo la costumbre de hablar mirándose a los ojos para constatar lo que decían sus palabras; el arte de reunirse en familia por el simple placer de hacerlo y para contar historias también desapareció y ahora se reunían, como mucho, para comer y en actos fúnebres, pero siempre conectados a su máquina, como quien necesita oxígeno para respirar. Se había perdido el placer por la lectura y ahora, con la vista solo se escaneaba, fijándose en las formas, pero sin acceder a la esencia contenida entre sus líneas. Los niños ya no jugaban en las calles, pues a muy temprana edad ya se conectaban y su aspiración más elevada era ser famoso para vivir bien sin preocuparse por nada y sí, en en aquella sociedad los ancianos también sobraban.

Los seres que provenían de las tinieblas consiguieron su objetivo. La gran mayoría de los lugareños  no era consciente de lo que había perdido, de lo que ciertas máquinas representaban, porque no tenían tiempo para pensar y sin saberlo se convirtieron en masas, masas robotizadas y por tanto manipuladas.

Poco a poco los habitantes de este singular planeta olvidaron que tenían vida interior y solo se movían por impulsos externos y el llamado planeta mágico perdió la capacidad que lo caracterizaba, la capacidad de amar, de sonreír, de colaborar y se convirtió en un enjambre de robots buscando un mito o una máquina a quien adorar.

Pasaron los años y todavía hoy el Gran Viento espera pacientemente que los habitantes de aquel lugar, alcen los ojos y sean conscientes de que están siendo manipulados, de que son seres libres, de que la libertad es un derecho inherente y que ser libre significa tener capacidad de elección.

La estrella, que había quedado absorta con el relato del anciano, vio como una lágrima resbalaba por su mejilla. Ella, lo envolvió con su luz y le dio las gracias. El anciano también se las dio, porque le había dado la oportunidad de contar la tragedia que asolaba a su planeta.

…………………………………

El espíritu humano debe prevalecer sobre la tecnología”. Albert Einstein

 

¡DESPIERTA!

¡DESPIERTA!

-¡Despierta! ya es hora de levantarte -parecía decir el reloj.

Así, día tras día, año tras año, casi toda una vida, el reloj va recordando: ¡Despierta!

Y hoy, que ya madrugo por propia decisión y que ya no me altera su alarma, hoy me pregunto: ¿Querría decirme algo más el reloj? ¿Hay acaso algún otro letargo del que debo despertar? Se referirá al hecho de:

– ¿Vivir mecánicamente?

– ¿Ser presa de la manipulación y callarme por comodidad?

– ¿No levantar con fuerza mi voz ante la injusticia y la corrupción?

– ¿Arrastrarme por la vida, en lugar de caminar por ella con dignidad?

Hasta hoy, solo con oír su alarma ya me levantaba.

Es hoy, con el paso de los años, cuando me paro a pensar ¿Será que el despertador, con su insistencia, quiere recordarme que hay otro despertar?

Querido y viejo reloj ¿A qué despertar me llamas?

¡Feliz reflexión!

 

 

 

UNA TELEVISIÓN ESPECIAL

 

UNA TELEVISIÓN ESPECIAL

Morfeo sorprendió a Sophie, navegando por el océano de sus pensamientos y decidió conducirla a un hermoso salón, donde ella era el centro de todo.

Sí, Sophie se vio convertida en una televisión especial que, en aquel momento, se sentía muy triste.

-¿Por qué estaba tan triste, si era el centro de la casa? -se preguntaba.

El salón era espacioso, hermosas cortinas lo adornaban, detalles aquí y allá; una cálida alfombra confería a la estancia un ambiente acogedor y un sofá moderno y confortable parecía observarla.

Verdaderamente, era una privilegiada, ocupaba un lugar destacado en la sala; todos se reunían en torno a ella, bueno todos ya no, ahora otras televisiones más jóvenes estaban salpicadas por la casa.

Desde los ventanales podía contemplarse un amplio espacio verde. En aquella época del año, los días crecían, las plantas también crecían, los habitantes de la casa, solo algunos crecían, otros ya se encogían.

Era un ambiente agradable donde vivía ¿por qué pues estaba triste? Y descubrió que su tristeza no venía de fuera, su tristeza era una tristeza interna, como si tuviera un cerebro y un corazón entre los circuitos.

Cualquier hora era peligrosa, pero ciertas horas eran excesivamente peligrosas…

Si pudiera decir la verdad que conocía…

Si no se viera obligada a ofrecer mentiras…

Pero no, ella estaba allí justo para eso, ella era un arma de manipulación y por esta razón estaba triste, porque a esta televisión no le gustaban las armas, ni la manipulación. Ella deseaba ofrecer noticias de hechos reales, programas para que la audiencia practicara la reflexión, para despertar el ingenio, para fomentar valores y alcanzar un mundo mejor.

Es cierto, ahora ya no anunciaba tabaco, eso ya se acabó, pero aún anunciaba productos que hacían enfermar, bebidas y comidas adictivas, programas de cotilleo, mensajes subliminales que invitaban a obtener lo que quieres pronto y rápido, sin necesidad de esforzarse para triunfar.

Y veía a su audiencia, un público reducido al que había aprendido a amar y se entristecía cuando los veía enfermar por quedarse catatónicos ante ella, por dejarse manipular, porque se tragaban su basura sin apenas rechistar. El cuerpo de su público se iba ensanchando, su cerebro empequeñecía y ella los observaba y en silencio sufría.

Nuestra protagonista, en el momento oportuno, aprovechó un cortocircuito y dejó de manipular.

Feliz reflexión!!!

LA VOZ DE SU AMO

LA VOZ DE SU AMO

 

Hoy comparto con vosotros un sencillo relato sobre un asno que, cuando tenía una edad en la que ya poco o nada podía esperar, su vida dio un giro de ciento ochenta grados, gracias a la decisión de un humilde labriego. También quiero resaltar que cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.

La historia comienza así:

Hace ya unos cuantos años, en un pueblo de la Ribera del Ebro, vivía un viejo asno, al que más tarde  llamarían Platero, pero no adelantemos acontecimientos.

La vida del animal transcurría con abrumadora monotonía en un pequeño cubículo, de la casa de un labriego. Pero, hete aquí que un día, mientras dormitaba, pues poco más podía hacer, escuchó a su amo hablar con una visita acabada de llegar; orientó bien las orejas para captar mejor lo que decían y descubrió que la conversación giraba en torno a él. Fue grande su asombro aunque, a decir verdad, solo se inquietó lo que un asno entrado en años podía inquietarse.

Hacía tiempo que no servía para nada, pues los asnos habían sido desplazados por los coches, los tractores y otras máquinas que hacían más fácil los trabajos del campo. Sus antepasados fueron valorados porque se utilizaban en los pueblos, para  subir el agua de los ríos o de las acequias, para tirar de los carros y transportar objetos de un lugar a otro y para otras labores similares, pero hoy estas tareas habían desaparecido y con ellas también estos dóciles animales.

Mientras ponía toda su atención en la conversación de los dos campesinos, el viejo animal se preguntaba ¿Por qué éste hombre estará interesado en mí?

Continuó atento y pronto lo descubrió. No podía dar crédito a lo que escuchaba. ¡Lo quería comprar para que fuera mascota de sus nietos! Sus emociones estaban divididas, por un lado temía no tener fuerzas para cumplir las expectativas de su ilusionado y futuro amo, por otro lado le hacía muchísima ilusión salir de aquel cubil, ser útil y dejar de estar olvidado. Con el corazón un tanto acelerado, observó que se acercaban los dos hombres, lo miraban, lo tocaban y finalmente se daban fuertemente la mano. Era la forma de sellar el compromiso, el “trato” estaba cerrado.

El nuevo amo le puso en la cabeza el aparejo adecuado, tomó con su mano la correa y palmoteó el lomo del animal; desde ese momento los dos “empatizaron”.

Tras caminar con dificultad durante más de media hora llegaron al nuevo destino. El hombre iba tan ilusionado que, sin saberlo, contagiaba con su ilusión al asno. Finalmente llegaron a una corraliza en la que había gran variedad de animales.

El recién llegado resultó ser el más alto de todos, los otros tenían que alzar la cabeza para mirarlo, pero ésto no supuso ningún distanciamiento entre ellos, pues todos descubrieron que se ocultaba un gran corazón, tras la tierna mirada de aquel asno.

La mayor diversión del hombre de campo que lo compró consistía en estar con su familia y con sus animales; a éstos los observaba mientras comían y reconocía a cada uno de ellos, aunque para el resto de los mortales todos parecieran iguales.

He de decir que si bien nunca pudo desempeñar trabajos  propios de asno, en parte por su edad y en parte porque sus pezuñas necesitaban herrarse y tampoco quedaban profesionales de ese oficio en la comarca, desempeñó de forma excelente su oficio de mascota y, al fin y al cabo, para eso lo habían comprado. No solo disfrutaron con él los nietos de su amo, también los de algún familiar lejano, cuando venían de vacaciones y los niños pequeños del pueblo. Fue una curiosa mascota, muy querida y fotografiada.

Sin necesidad de calendario, Platero, con cuyo nombre lo habían bautizado, parecía saber cuando llegaba el fin de semana, tal vez por la alegría que su amo derrochaba o tal vez por un instinto especial que tienen los animales. El viernes, cuando la familia llegaba, el asno estaba preparado para compartir su cariño y los recibía con ruidosos y alegres rebuznos.

Nació una gran conexión entre la nieta del nuevo amo y el asno, hasta el punto que a esa conexión bien podría llamarse amor. Pero ¿acaso los animales aman?

El tiempo iba pasando, el dueño y su esposa pasaban largas temporadas lejos de su casa y cuando regresaban, su primera visita era al corral; sus animales lo esperaban y él entre rebuznos, cacareos y  balidos, parecía recibir una transfusión de sangre renovada. Los tocaba, los acariciaba, les hablaba, a veces con palabras, otras veces en silencio desde el corazón y esos eran los mensajes que mejor les llegaban.

Pero como nada dura eternamente, aunque a veces nos gustaría, llegó un momento en el que Platero notó que su amo estaba preocupado, porque cuando regresaba, tras unos meses de ausencia, con tristeza se preguntaba ¿qué hará mi hijo si fallece Platero cuando yo no esté?

El amo del asno no era un hombre acostumbrado a pedir opiniones, sin duda en esto se equivocaba, pero ¿hay alguien perfecto? De lo que nadie podía dudar, era del amor que sentía por su familia, por sus animales y por su pueblo. No siempre lo demostraba, tal vez, las experiencias que le tocaron vivir le enseñaron a ser reservado en sus expresiones, pero si se le miraba a los ojos, si se observaba la expresión de su cara, no hacían falta palabras para saber lo que pensaba.

Un día, tomó en solitario una difícil decisión y Platero fue vendido casi por nada.

La familia al completo lloró, no estaban de acuerdo con la decisión. El anciano labriego también lloró, aunque éste las lágrimas se las tragó.

 Aquella hermosa etapa había llegado a su fin. No hicieron falta palabras, se despidieron desde el corazón.

El protagonista de este cuento, comprendió la decisión de su amo y siempre supo que no le había olvidado. El anciano, cuando se encontraba fuera de su pueblo, hablaba a sus amigos con orgullo de Platero, el burro que un día tuvo y contaba como le gustaban los caramelos y la relación que se estableció entre su nieta y el burro y cuando terminaba el relato, parecía que todavía faltaba algo más por contar, aunque ya no contara nada, porque la emoción lo embargaba y siempre emanaba un sentimiento de amor hacia su familia lejana, hacia su casa, hacia su pueblo y hacia su burro Platero, al que tanto recordaba.

Un día, el anciano pasó a la dimensión en la que ya se encontraba el asno y éste no tardó en escuchar una voz conocida diciendo: Platero, Platero que ya estoy aquí, que ya he llegado y el obediente y dócil animal  rebuznó “hi-aaa, hi-aaa” y corrió alegre en busca de su amo, porque los dos sabían que, pese a todo, siempre se amaron.

TSUNAMI CEREBRAL

TSUNAMI CEREBRAL

 

Tengo encharcado el cerebro,
mi cuerpo ya no responde,
no puedo expresar deseos,
tampoco mis emociones,
ni agradecer el cariño
y las muchas atenciones.
¿Qué parte hay pues en mí
que inspira estas reflexiones?
Llegado al tramo final,
nada aquí ya me retiene,
salvo el cariño de los míos
y eso siempre se mantiene.
Tengo necesidad de soltar,
de dejarme conducir
y de llenar mi “morral”
solo de amor, gratitud, y paz.

 

Este humilde poema está dedicado a mi padre, que ya pasó a otra dimensión.

 

A MI MADRE

Mientras escribo estos versos,
mi madre cerca se halla,
ella está somnolienta
en su sillón estirada,
con sus cabellos ya blancos
con su cara relajada,
con su respiración transcurriendo
regular y acompasada.
Sus ojos están cerrados
y su semblante tranquilo
aceptando que ha llegando,
al final de su camino.
Y completando esta imagen,
por si en ella algo faltara,
duermen felices dos gatos
que en su regazo descansan.
Qué estampa tan tierna madre,
qué gozo da contemplarla…

EL MAR Y EL SOL

El mar estaba enfadado,
sus agua se embravecían
porque pasaban los barcos,
pero no se detenían.
El sol que lo contemplaba,
por él compasión sentía,
y se decía apenado:
-mi amigo está sufriendo
por lo que yo antes sufría.
Y decidiendo ayudar,
acariciaba a sus olas
y le contaba bajito
para sus aguas calmar:
Cada día al despertar,
buscaba ver las estrellas,
mis esfuerzos fueron vanos,
nunca me encontré con ellas.
Desilusionado y triste,
pensaba como actuar,
por mucho que madrugaba,
no las llegaba a encontrar.
Tras búsquedas y sinsabores,
al fin pude comprender,
que al margen de las estrellas,
había mucho por ver.,
Por eso, querido amigo,
te digo con humildad
no llores cuando un barco se aleja
que pronto otro vendrá.
No te sientas sólo,
sabes que no lo estás,
juntos permaneceremos,
yo ofreciendo calor
tu proporcionando humedad, y
cuando la oscuridad de la noche
haga a tus aguas temblar,
no desfallezcas amigo
porque existe un nuevo día,
que está próximo a llegar
¡Confía amigo mar y deja a los barcos pasar …!
……………………