ANIMALES CON CORAZÓN (VIII)

CAPITULO OCTAVO: LAS DESAPARICIONES DE MI HERMANO SOL

Tras contaros, la semana pasada, el porqué de los nombres de nuestras “amitas”, en esta entrada voy a compartir algunos de los sustos que nos “regala” mi hermano Sol. Ya van dos veces que desaparece, porque “se mete donde no debe o no sale cuando debe”.

Aquí estoy yo vigilando el sueño de “Osa mayor”, ella madruga menos que nosotros.

Esta vez, no hay fotos para documentar lo que explico, así que pongo otras que nos han hecho en diferentes momentos. Espero que os gusten.

La primera vez que Sol desapareció, estábamos solos con nuestra “amita Osa menor”; ésta, en un momento dado, se dio cuenta de que no veía a mi hermano y empezó a buscarlo por todas partes. Abría las puertas, las cerraba, buscaba por dentro y por fuera, lo llamaba, pero Sol no aparecía ni se oía por ningún lado. Yo la seguía a todas partes porque en su rostro había preocupación y se me contagiaba ¿dónde se había metido Sol? -nos preguntábamos las dos.

Ante la infructuosa búsqueda y con cierto desaliento, “Osa menor”, decidió sentarse y relajarse un poco. Yo la seguía de cerca y al aproximarnos al sofá ya sentí el olor de mi hermano; la quise avisar pero no tuve tiempo (ésto de no hablar el mismo idioma dificulta y enlentece muchos las cosas). Cuando derrotada se sentó, le dio a un botoncito que tiene el sofá y empezó a elevarse la parte de los pies; en éstas estábamos cuando apareció Sol “más feliz que unas castañuelas”.

El hueco que queda debajo del sofá nos encanta a los dos para meternos y jugar dentro, pero yo, cuando veo que aquello, que parece una puerta, comienza a bajar, salgo rápido y no hay problema, pero él se lo toma con mucha calma y aquel día, al parecer, se retrasó demasiado.

Si he de ser sincera, cuando lo vi, sentí ganas de morderle una oreja, pero pudo más mi alegría y le empecé a lamer; nuestra “amita” reía emocionada.

Sol, en una de sus poses favoritas.

Hace unos días, Sol volvió a desaparecer. Esta vez estábamos los cuatro. De nuevo idas y venidas, abrir y cerrar de puertas, llamadas sin respuesta, mirar en el patio de los vecinos e inquietud. Pasaba el tiempo y Sol no aparecía; sabemos que de casa no puede marchar, salvo a casa de los vecinos, pero a “Osa menor” siempre le gusta saber donde estamos los dos. Era casi la hora de cenar y Sol seguía desaparecido. De pronto, parece que a nuestra “amita“ se le encendió una luz, se levantó y se dirigió hacia el trastero. La puerta de esta pequeña habitación está casi siempre cerrada, pero aquel día, al parecer, estaba abierta y Sol aprovechó la oportunidad y se coló dentro. “Osa menor”, una de las veces que pasó por allí, sin percatarse de que mi hermano estaba dentro, la cerró. El final ya lo imagináis, allí estaba Sol, relajado y revolviendo las cosas a sus anchas. ¿Para qué bufarle o reñirle? Si se le presenta la ocasión lo volverá a hacer. Así que dejamos que aflorara la alegría y la emoción, yo le lamí con ganas y “Osa menor” lo abrazó. De nuevo los cuatro juntos…

Y hablando de emociones, os voy a contar una experiencia que tuvimos hace pocos días. Una amiga, a la que le gustan mucho los animales, le mandó a “Osa menor” un vídeo de gatos maullando y se puso a mirarlo con “Osa mayor”.

En aquel momento, como muchas otras veces, yo estaba sola en el patio. Cuando empezaron a maullar los gatos del vídeo, corrí dentro de casa asustada pensando que a Sol le pasaba algo. Yo subía al sofá, bajaba, maullaba, no sabía qué hacer, mi hermano no estaba y tal vez me necesitaba. Suerte que este estado de excitación no duró mucho, porque a Sol le pasó lo mismo, cuando escuchó los maullidos de los gatos del vídeo, abandonó su excursión, de un salto regresó a nuestra casa y vino corriendo para ver si me pasaba algo a mí ¡que bonito fue encontrarnos los dos! Allí, delante de nuestras “amitas” que estaban sorprendidas por nuestra reacción nos empezamos a lamer, a acariciar y a olisquear; es nuestra forma de demostrar el cariño que sentimos el uno por el otro. Nuestras “amitas”, emocionadas se miraron y dejaron de ver el vídeo de los gatos.

¡Qué bien se está cuando se está bien!

¿Alguien piensa que los animales no tenemos sentimientos? Si  es así que cambie de opinión. Que no nos expresemos como vosotros no significa nada, tampoco vosotros os podéis expresar como nosotros; pero que nadie dude que sentimos miedo, dolor, alegría y muchas cosas más, que ofrecemos nuestro cariño y agradecemos el que nos dan. Por tanto, termino esta entrada diciendo:

“Por favor, respetad a los animales, porque el maltrato de un ser vivo nunca puede justificarse”.

Gracias!!!.

AMOR A PRIMERA VISTA

¡ AMOR A PRIMERA VISTA !

Era un día aparentemente como los demás y nada hacía presagiar que lo encontraría. Hacía tiempo que lo buscaba, pero encontrar lo que quieres, cuando tienes un idea preconcebida, es una meta difícil de alcanzar.

Aquel día, como digo, salí de casa y comencé a deambular por las calles sin rumbo fijo, sin dirección; mi mente iba ocupada en otros menesteres, mis piernas y mis pies decidieron tomar el timón, me abandoné, no buscaba nada, salvo pasear y disfrutar de la mañana.

No puedo precisar el tiempo que pasó; me sentía  ingrávida, cual pluma de ave movida por el viento…Fue en esos momentos, cuando mis ojos se posaron en él. ¡No podía ser!. No, hoy no estaba preparada… o tal vez sí, si lo intentaba.

Me acerqué un poquito, con discreción, más que nada para no llevarme de nuevo una desilusión. Mi pulso se aceleró,  hoy no lo buscaba y, curiosamente, allí estaba. Cuando por fin me coloqué ante él, no había duda ¡lo había encontrado! Lo miré ya sin discreción, sino con la cara ilusionada de quien ha encontrado lo que buscaba. Creo que lo percibió. No dijo nada, no hacía falta, las sensaciones se perciben sin necesidad de palabras…

Su figura me gustaba, su color también y sus ondulaciones…, mejor no hablo de ellas, podría ser mal interpretada.

Tras una breve gestión, me acerqué a él y lo rodeé con mis manos; él, pareció alegrarse. Tomamos el camino juntos, no hubo diálogo, pero nuestras energías se fusionaron. Yo lo dirigía, aunque pueda parecer extraño; él se dejaba guiar; yo ya tenía alguna experiencia; él se había de estrenar.

Marchamos juntos un rato, cuando llegamos a casa yo me duché, lo necesitaba; él no, pero aún así lo fui desnudando y quedé impresionada ¡era mejor de lo que pensaba!. No recuerdo cuánto tiempo nos estuvimos contemplando, yo le miraba él, él parecía mirarme a mí.

Tras un rato de aparente mutua admiración, con suavidad le fui dirigiendo y enseñando qué había de hacer si quería complacerme. Aprendió con rapidez y disfrutamos los dos.

……………………………

EL HERVIDOR
Caminaba sin rumbo fijo cuando lo vi,
mis ojos se posaron en él ¡por fin!
me acerqué suavemente y sonreí,
él me vio y se alegró -lo percibí.
Entré decidida y fui hacia él,
sus medidas me gustaron,
su color también y
una cierta ondulación le otorgaba distinción.
Salimos contentos y le comencé a decir,
que a partir de ahora iba a empezar a vivir.
Pareció entenderlo.
¿Qué debo hacer? -me preguntó
Tu servicio es calentar agua -le respondí.
Se alegró ¡por fin iba a servir para algo!
 ¿Tengo nombre?
Te llaman hervidor -le contesté.
aunque, lo importante no es el nombre,
sino tu vibración,
tu deseo de servir y tu amor.
Y, levantando un poquito su tapa, dijo:
¡Queda tranquila, así lo haré! y sonrió.
…………………….

Mi hobby es jugar con las palabras y mediante ellas, unas veces, trato de conducirte a la reflexión, otras busco hacerte sonreír y otras, simplemente, trato de compartir mis emociones, mis inquietudes y mis sueños…

¡Gracias por tu comprensión y por visitar mi blog!

ANIMALES CON CORAZÓN (VII)

CAPITULO SÉPTIMO:  SOL SE DESPIDE Y LUNA TOMA LA PALABRA

A partir de este capítulo, será mi hermana Luna la que os dará su punto de vista sobre los acontecimientos, pero antes de despedirme quiero dejaros unas fotos que ponen de manifiesto mis rasgos más sobresalientes, según el parecer de mis “amitas”.

Dicen que soy “valiente” y “mimosón”; lo de valiente quizás porque salto mucho ¡eso sí que lo hago bien! y porque me aventuro, tal vez demasiado, a descubrir nuevos espacios y a meterme en ellos, pero ya quedó claro en el capítulo anterior que valiente, lo que se entiende por valiente, no soy .

Lo de mimosón es porque me gusta mucho que me acaricien, sobre todo la barriga. Nosotros nos lamemos, pero los masajes hechos por las manos de nuestras “amitas” me hacen sentir en las nubes; además, cuando me acarician dicen palabras en un tono de voz, que a primera vista, podrían parecer sin sentido, pero conmueven mi corazón.

Los rasgos de mi hermana son distintos, ella no se pierde detalle de nada, en cuanto algo se mueve ya está con el ojo medio abierto y, claro, se entera de muchas más cosas que yo y también dicen que tiene algo de “psicóloga”, si es que ésto se puede decir de un gato, pero eso ya lo iréis viendo en sus escritos.

Aunque a partir de ahora yo no escriba, estaré pendiente de vuestras visitas y comentarios. Mil gracias a todos, Miau, miau.

***

Queridos niños y mayores, ya me conocéis, soy Luna y ahora seré yo la que acudiré a la cita semanal.

Empezaré explicando el por qué del nombre de nuestras dos “amitas”: “Osa mayor” y “Osa menor”. Como ya os dijo Sol les pusimos un nombre para poderlas distinguir en nuestras conversaciones gatunas, pero ¿por qué ese nombre? Bueno, para empezar, os recordaré que somos gatos y mucha “lógica” no tenemos, pero, partiendo de lo que hay, decidimos ponerles ese nombre porque un día escuchamos decir que alguien o algo era tierno como un “osito de peluche” y llegamos a la conclusión, acertada o no, de que los osos eran tiernos, así que decidimos que a nuestras “amitas” las llamaríamos “osas” porque son muy tiernas y lo de “mayor y menor”, ya lo imagináis, porque la una es la mamá de la otra.

A “Osa mayor”, nosotros la vemos bien, aunque la verdad es que apenas se mueve de su sillón, camina con una muleta y solo sale a la calle acompañada. Este invierno como éramos pequeñitos nos poníamos los dos en su regazo y “Amita menor” nos hacía fotos y también nos hizo a los tres una poesía que podéis leer en este blog, en la categoría de poesía. Nuestra “amita” no es poeta, pero le pone buena intención.

En esta foto estamos con “Osa mayor” y como podéis ver, mi hermano Sol duerme como un lirón y yo estoy traspuesta, pero también atenta a lo que pasaba, por eso sé lo de la foto y la poesía.

Como os digo, “Osa mayor” se pasa muchas horas sentada en un sillón que casi se puede convertir en cama y allí sentadita lee, hace sopa de letras y cruzadas en una cosa que llamáis “tablet”, es una aparato muy raro, que nos descoloca un poco, pues a veces salen voces de ella y por mucho que miramos y buscamos no vemos a nadie.

Otras veces, “Osa-mayor”, coge un librito, que siempre tiene cerca y se pone a leer un poco, enseguida saca un pañuelo y se lo lleva a los ojos. Os preguntaréis la razón, pero si seguéis leyendo pronto lo comprenderéis.

Cuando vinimos a esta casa, que ahora ya consideramos nuestra, vimos que a la que hoy llamamos “Osa menor” le gustaba jugar mucho con el ordenador, ahora ya sabemos que se llama así. Nosotros saltábamos encima de la mesa y también queríamos jugar con él, pero ella sin enfadarse nos lo impedía.

Un día, el saltarín de mi hermano, saltó desde el suelo y aterrizó justo en las teclas de ese aparato y empezaron a salir letras y signos muy  raros; nuestra “amita” se asustó porque pensó que le había borrado lo que estaba escribiendo y entonces algo preocupada nos explicó que esa rayita que parpadea en la pantalla se llama “cursor” y aunque se mueva no se puede coger y también nos dijo que no debíamos jugar con el ordenador, porque ella estaba escribiendo relatos y se los podíamos borrar.

Pese a ser humana, se explicó tan bien que lo entendimos a la primera y los dos decidimos ayudarla, aunque eso no quiere decir que hayamos cesado en el intento de coger esa rayita que no cesa de parpadear.

Dicho y hecho, para nosotros fue fácil, pues ya sabéis que desde tiempos remotos a los gatos nos han atribuido poderes mágicos, así que nos pusimos manos a la obra (tal vez debería decir, patas a la obra) y al poco tiempo el sueño de nuestra “amita Osa menor” empezó a tomar forma y publicó un pequeño libro de relatos y cuentos, titulado “Más allá de las palabras”.

Bien, pues ése es el librito que emociona a “Osa mayor”. Aunque ella no lo dice, nosotros creemos que casi siempre lee el primer relato, pues al parecer se refiere a su marido, que también se fue con los ángeles, como nuestra madre, y a ella le gusta recordarlo. Debió de ser una buena persona, pues “Osa menor” cuando lo escribía siempre tenía el pañuelo cerca y se secaba los ojos y la nariz. Nosotros como éramos muy pequeñitos no sabíamos por qué lo hacía, ahora ya sabemos que lloraba porque sentía la misma pena que sentíamos nosotros cuando vimos que ya no volveríamos a ver nunca a nuestra mamá.

Pero no quiero terminar con tristeza mi primer relato, así que sacar lo positivo de él: la felicidad que la adopción proporciona a un animal huérfano o abandonado y el cariño y la ternura que nosotros regalamos, eso sí, a nuestra manera. Tampoco hay que perder de vista que somos animales, pero que si habitamos en el planeta, nuestra existencia está justificada y que la comprensión y el cariño hacia el mundo animal nos enriquece y beneficia a todos.

No olvidéis que la próxima semana tenemos otra cita. Quería decir, a modo de sugerencia, que, además de nuestras vivencia, “Osa menor” publica otras cosas en el blog que también podéis encontrar interesantes, ella las ofrece como un regalo. ¡Gracias por vuestra fidelidad!

QUE LA LUZ DESCIENDA A LA TIERRA

QUE LA LUZ DESCIENDA A LA TIERRA

Al leer esta entrada me gustaría que sonara la música de la canción “Imagine de John Lennon”, pero el dominio que tengo de informática es tan básico que no he sabido hacerlo, así que, imagina que la escuchas, como él dice: “es fácil, si lo intentas”. Esta canción es una de mis favoritas y hoy, por las razones que todos conocéis, su mensaje viene “como anillo al dedo”. Me he levantado con ganas de jugar “imaginando…”; alguien “puede decir que soy una soñadora, pero no soy la única”, por esta razón me atrevo a invitarte. Por respeto a Lennon no utilizo la palabra “Imagina”, sino la palabra “Supongamos”. ¿Quieres jugar conmigo?. Solo tienes que escribir el nombre de esa cualidad que estás dispuest@ a ofrecer al mundo y por supuesto a “trabajarla”, para que brille con luz propia. No importa si la palabras que tu piensas ya ha sido escrita por otra persona (cuando se encienden velas, hay muchas que son iguales). Este juego solo pretende ser un homenaje y un deseo de cambio. Gracias tanto si decides jugar, como si no.

 

Supongamos que en el firmamento solo queda un punto de luz.

Supongamos que las estrellas se han ido apagando por la negatividad, las manifestaciones de odio y el radicalismo de nuestros pensamientos, emociones, palabras y acciones.

Supongamos que está en nuestras manos volver a disfrutar de un firmamento limpio y estrellado.

Supongamos que pido tu colaboración y estás dispuest@ a ofrecerla.

Supongamos que en lugar de darle al “me gusta”, escribes el nombre de la cualidad que deseas compartir con toda la humanidad.

Supongamos que todos colaboramos y el firmamento vuelve a brillar.

Supongamos que contestas y compartes este mensaje.

¡Gracias por colaborar!

La palabra que yo elijo es COMPASIÓN

¿Cuál eliges tú?

PERDÓN Y ESPERANZA

PERDÓN Y ESPERANZA

Ayer recibí mensajes queriendo saber que estaba bien tras el atentado producido en Barcelona; yo también los envié a familiares y amigos. Cada vez que recibía o enviaba uno pensaba en la angustiosa espera de aquellos que enviaban mensajes o hacían llamadas que nunca serían contestadas…¡Cuánto dolor causa el odio, el fanatismo y la sinrazón…!

Hoy no tenía pensado publicar ninguna entrada en mi blog, pero teniendo en cuenta que circularán por la red, casi con seguridad, toda clase de mensajes llenos de dolor y de rabia, quiero enviar el mío basado en dos palabras: PERDÓN y ESPERANZA.

Sé que no fui yo quien condujo la furgoneta que produjo la masacre y tampoco quien planeó el atentado, aún así, tengo un cierto regusto amargo en mi boca… A estas alturas de mi vida ya sé que no hace falta disparar un arma ni conducir un vehículo mortífero para dañar, ya soy consciente de mi responsabilidad ante la sociedad que me rodea y de la que formo parte, ya conozco que con cada pensamiento negativo, con cada emoción de odio o de rabia, con cada acción basada en el egoísmo, con cada silencio guardado, cuando debí hablar y con cada palabra hiriente contribuyo a que el mundo en el que vivo sea como es.

Por esta razón, hoy a través de este corto escrito quiero públicamente pedir perdón a todos, a las víctimas, a sus familiares y amigos, a los que están asustados y también, aunque pueda parecer extraño, a los causantes del dolor, porque soy una de las gotas que forman parte de la ola arrebatadora y destructora llamada humanidad.

Tras pedir perdón, tengo la esperanza de que las víctimas descansarán en paz y que los que quedamos, algún día, encontraremos el camino de la cordura, de las correctas relaciones, el amor, el respeto y la paz.

Que así sea.

ANIMALES CON CORAZÓN (VI)

CAPÍTULO SEXTO: NUEVOS ESPACIOS PARA DESCUBRIR

Cuando dejó de hacer frío, nuestra “amita Osa-menor” nos permitió salir a un patio que tiene la casa y que durante el invierno ya habíamos visto desde los cristales ¡vaya suerte, tener un lugar como éste para nosotros solos -pensamos mi hermana y yo, pero no tardamos en descubrir que solos, lo que se dice solos, no estábamos, ahora os lo explico.

En el patio de al lado hay una gata negra, ya entrada en años, que se llama Fiona. Los vecinos son buenas personas y creo que me tienen cariño, así que disfruto pasando a su casa; mi hermana Luna no tiene ningún interés en ésto, ella con mirar desde un lugar estratégico ya tiene bastante; hasta me bufa, a veces, cuando regreso de la “excursión”, quizás porque traigo el olor de Fiona. La verdad es que no sé si mi hermana no pasa porque no le interesa o es porque tiene miedo.    

Nuestras “amitas” dicen que soy valiente, pero si he de ser sincero valiente no soy, tal vez algo arriesgado… Cuando paso y Fiona me ve, viene corriendo hacía mi y al verla tan gorda, tan negra y tan enfadada, me empiezan a temblar las patas y no se qué hacer; trato de esconderme debajo de alguna planta y ella hace un ruido muy raro, pero hasta ahora no me ha hecho daño. Pese a las advertencias y a los sustos que me llevo, pasar a casa de los vecinos es una curiosidad que hasta ahora no he podido vencer, igual algún día lo consigo.

Un día, de los que se enfadó Fiona y vino hacía mí, quise subir la pared que separa las dos casas y de los nervios resbalé y caí en la pila de agua de una tortuga que tienen. Uf! Que peste llevé conmigo. Mi “amita” me cogió y tras aleccionarme con cariñó me acercó a una manguera y de pronto empezó a salir agua ¡otro susto! Vaya día que llevaba…pero no pasó nada, ella fue tirando el agua sobre mi pelaje y sobre mis patas y poco a poco el mal olor desapareció.

Si Fiona quisiera ser nuestra amiga podríamos jugar los tres, aunque ella ya no está para muchos trotes. Ahora se ha ido de vacaciones y yo sigo visitando el patio vecino e intento hacerme amigo de la tortuga, pero tampoco está muy receptiva.

No consigo aprender, donde mi instinto me llama allí voy. “Osa menor” me dice muchas veces: Solete tienes que aprender, Fiona no quiere ser tu amiga y ese es su territorio; reconozco que tiene razón, pero no consigo reprimir mi instinto. Hay días que no paso, pero es porque no me apetece, no porque haya aprendido. Los humanos tenéis suerte, porque podéis razonar y superar vuestros instintos, pero nosotros…Claro que por las noticias que, de vez en cuando, escuchamos, muchos no razonan demasiado, pese a ser “animales racionales”, porque hacer guerras, maltratar a mujeres y niños y hacer daño a los animales, éso me parece que no es de mucho razonar.

Aquí véis una foto de Fiona, encima de un armario de nuestra casa, solo nos mira y nosotros la miramos desde abajo, pero cuando baja es horroroso como se pone, nosotros corremos hacía la casa y ella nos sigue toda hinchada y gritando mucho; no nos pilla porque es mayor y está muy gorda, pero nos mete cada susto…y eso que éste es nuestro territorio, pero ella tampoco lo comprende, porque, como os digo, somos gatos y nos guiamos por nuestros instintos.

Hoy tenía que darle paso ya a mi hermana Luna, pero me ha dicho que ya que soy yo el que “explora”, que ésto lo tenía que contar yo,  luego ella contará su parecer. 

Como siempre gracias por seguirnos y por vuestros comentarios. No nos olvidéis.

Sol, Miau, miau

COMO EVITAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

COMO EVITAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

Dado que estamos en agosto, periodo vacacional para unos y de regreso al trabajo para otros, me parece oportuno escribir una entrada sobre el “síndrome postvacacional” o “depresión postvacacional”: estado de ansiedad que se produce cuando acaban las vacaciones, los viajes, el descanso o tiempo libre y hay que volver al trabajo, a la vida activa, a la rutina.

No pretendo frivolizar sobre el tema; en primer lugar porque el sufrimiento es algo que no me invita a ello y en segundo lugar porque hace bastantes años sufrí una depresión; aclarado ésto, decir que solo trato de compartir uno de los “remedios” que cambiaron mi vida, por si puede ayudar a alguien. No necesita receta médica y puede servir para otras dolencias similares, eso sí, requiere decisión y voluntad de cambio.

Es muy evidente que estamos manipulados y que nos llevan por caminos equivocados; en relación al tema de hoy, juzgad vosotros mismos, los mensajes con los que nos bombardean pretenden hacernos creer que siempre podemos mantenernos jóvenes, ser felices y estar guapos ¡difícil tarea ésta! No me extraña que haya tanta depresión…

La felicidad solo es un estado emocional y, como tal, es cambiante, no un estado perpetuo que se pueda alcanzar haciendo o teniendo tal o cual cosa; no obstante hacia esa meta nos conducen ofreciéndonos: sabrosas comidas, coches potentes y vistosos, dinero fácil, diversión sin límites, vacaciones, viajes, etc, etc . Hoy ya parece “misión imposible” vivir sin todo ésto.

Por el contrario, nadie nos anima a descubrir la alegría, que es una cualidad esencial, sentida mentalmente. No interesa que las personas pensemos, que reflexionemos, interesa que vivamos en el emocional, porque así es mucho más fácil la manipulación. Aunque el tema es mucho más complejo, creo que con esta pequeña pincelada ya se puede ver que hay que vigilar hacia dónde nos conduce el camino por el que nos llevan.

Volviendo al “síndrome postvacacional”, te presento esta sencilla reflexión: si quien disfruta de vacaciones se deprime cuando éstas acaban ¿cómo de deprimido puede estar el que, por unas razones u otras, no puede disfrutarlas? Y si volver al trabajo produce ansiedad ¿cual es el grado de ansiedad que pueden tener todos los que por enfermedad no pueden trabajar o los que buscan trabajo y no lo encuentran?

También es cierto que podrías contestarme que a ti no te importa cómo se sientan los demás, pero de eso ya hablaremos otro día. Aún así quiero decirte que si tu caso es éste, no continúes leyendo, ésta entrada no te va a ofrecer nada. Por el contrario, para el que tenga cierto grado de conciencia, de empatía, de compasión hacia los seres que le rodean, ahí va un “remedio” barato y eficaz:

APRENDAMOS A MIRAR EL LADO POSITIVO DE LA VIDA. APRENDAMOS A VALORAR Y AGRADECER LO QUE TENEMOS ¡QUÉ NO ES POCO!

Seamos positivos y la alegría se irá instalando en nosotros y cuando esa cualidad anide en nuestro interior, disfrutaremos con lo que tengamos y si encontramos un “limón”, saborearemos la limonada y no sufriremos pensando lo buena que estaría una naranjada.

Termino esta entrada con un cuento, que seguramente todos conocéis, porque es un clásico. Lo escuché cuando era niña y nunca lo he olvidado.

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ

Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó de una rara dolencia. Tras aplicarle todos los remedios a su disposición, el rey no mejoraba. Cierto día llegó a palacio un anciano que decía conocer la enfermedad y el tratamiento. El anciano dijo: El rey sólo podrá sanar si se pone la camisa de un hombre feliz.

Reunidos los sabios de la corte, llegaron a la conclusión de que el hombre más feliz del reino debía ser el más rico y poderoso, así que fueron en su busca, pero este respondió:

_¡Ya quisiera yo ser feliz! pero no descanso, no duermo, siempre estoy preocupado pensando en los ladrones y en lo que me cuestan los guardias que vigilan mis propiedades.

Entonces, decidieron buscar al hombre más sabio, por cuanto al ser sabio debería ser feliz, a lo que éste contestó:

_Precisamente por ser sabio no puedo ser feliz. Cuanto más amplios son mis conocimientos soy más consciente de lo mucho que desconozco y eso me llena de insatisfacción.

Después mandaron llamar al hombre más fuerte y saludable del reino, creyendo que la salud y vigor físico implicaban la felicidad, pero éste les respondió:

_¿Cómo piensan que puedo ser feliz? Para mantenerme sano y fuerte me he de privar de los manjares que más me apetecen y hacer ejercicios extenuantes. Además, mi salud y fuerza es pasajera, pues ya hay jóvenes que pronto serán más fuertes que yo.

Ante estas respuestas, los emisarios del rey decidieron, enviar mensajeros a todos los rincones del reino en busca del hombre feliz.

La búsqueda fue infructuosa y, cuando los emisarios estaban de regreso, pararon a descansar cerca de una montaña solitaria y descubrieron a un ermitaño que vivía en una cueva. Le pidieron agua y el hombre les ofreció compartir también los escasos alimentos que tenía. Los emisarios le preguntaron:

-¿Cómo puede vivir tan solitario y en estas condiciones tan miserables?

A lo que el hombre contestó:

-Yo aquí vivo feliz, no necesito más y disfruto de lo que tengo.

Los emisarios, sorprendidos, le dijeron:

– Nuestro rey está muy enfermo y sólo se podrá curar si se pone la camisa de un hombre feliz, por favor ¡déjenos su camisa!

Pero para sorpresa de ellos ¡EL HOMBRE FELIZ NO TENIA CAMISA!

 

Disfruta de tus vacaciones y ¡Feliz reflexión!!!

ANIMALES CON CORAZÓN (V)

CAPÍTULO QUINTO: LA LLAMADA DE LA NATURALEZA

Me hago el dormido porque exponer mis intimidades me produce pudor.

Como ya sabéis Luna y yo somos hermanos y siempre hemos sido muy buenos amigos. Pese a ello, durante unos días sentí dentro de mí una fuerza desconocida que me impulsaba a hacer cosas que nunca antes había hecho. De pronto, veía a mi hermana y me tiraba encima, la agarraba del cuello y la montaba, como si fuera un caballo. Ella no entendía mi actitud y se tiraba al suelo emitiendo un maullido de desaprobación. Los dos terminábamos jugando hasta que me volvía la fuerza arrebatadora.

Si nuestra “amita Osa menor” nos sorprendía en esos momentos, decía mi nombre en un tono más fuerte del habitual, como si me reprendiera, luego se acercaba y me decía “Solete” pórtate bien, no le hagas eso a “Lunita” (casi siempre nos llama así). Es tan cariñosa que a mí me hubiera gustado complacerla, pero cuando me llegaba el impulso, no era capaz de controlarlo.

En ese periodo estábamos, cuando, un día, “Osa menor”, delicadamente, nos metió en el transportín, nos volvió a rociar con el líquido relajante y salimos los tres a la calle.

Nosotros estábamos inquietos, no sabíamos adonde íbamos, pero confiábamos en ella y el líquido relajante, que llamáis spray, hizo milagros. En realidad, ella también se lo debería haber rociado por encima, porque la notábamos preocupada.

Cuando quisimos darnos cuenta, “Osa menor” estaba con la primera “amita” que tuvimos, la que nos daba el biberón ¡qué alegría nos dio verla! Ella también se alegró de vernos y nos hizo unas cuantas caricias a los dos. Al poco rato, entramos los cuatro, nuestras dos “amitas” y nosotros, en un lugar en el que había gente con batas azules y olía un poco raro; nosotros seguíamos muy relajados, pero vimos que, tras saludar y hablar con alguien, nuestras “amitas” se marcharon.

No tardaron en venir hacia nosotros dos personas con bata azul y mascarilla, nos cogieron con mucha delicadeza y nos colocaron a cada uno sobre una mesa. Solo recuerdo un ligero pinchacito. Cuando pude volver a abrir mis ojos gatunos de nuevo me encontré en la cajita con ruedas y, aunque me sentía algo mareado, fui consciente de la ausencia de mi hermana.

Un poco más tarde llegaron nuestras dos “amitas”, me tranquilicé al verlas y sobre todo al recibir sus caricias. Pasados unos segundos, una de las persona con bata azul trajo a mi hermana, estaba dormida y su lengua asomaba por su pequeña boquita. Su aspecto impresionaba; no tardó en despertar, pero entonces le pusieron una cosa parecida a una campana alrededor de su cuello. Cuando salimos de la casa de las batas azules, que ahora ya se que se llama clínica veterinaria, hicimos el viaje de regreso, mi hermana no venía conmigo, la llevaba nuestra primera “amita” en otra cesta, con mucho cuidado.

Llegamos a casa ¡hogar dulce hogar! Yo estaba bien, solo un ligero dolor entre las patas traseras, algo más abajo de la cola, nada importante, los gatos somos fuertes.

A mi hermana, por el contrario, le faltaba pelo en la barriguita, donde tenía una pequeña herida y con aquel artilugio en la cabeza parecía un extraterrestre en miniatura, aunque no se por qué digo ésto ya que nunca he visto ninguno. Luna pasó unos cuantos días con aquella cosa alrededor de su pequeña cabeza;  estaba incómoda y al principio se la quería quitar, incluso yo le ayude en la tarea, pero no lo conseguimos. Cuando llegó el momento, “Osa menor”, se la quitó en un”plis plas” y mi hermana Luna, por fin, quedó liberada.

Es curioso, pero desde que visitamos la casa de las batas azules no he vuelto a sentir la necesidad de subirme encima de mi hermana, aquel impulso desapareció y solo quedó el vínculo de sangre y el de la amistad, que cada día potenciábamos más lamiéndonos el uno al otro.

Por favor, no olvidéis que la próxima semana publicaremos el siguiente capítulo, después, será mi hermana Luna, la que continuará. Creo que ya comenté que nos gustaría publicar nuestras vivencias en forma de cuento y con las ganancias colaborar con las protectoras de animales. ¿Qué os parece la idea? Se aceptan sugerencias. De nuevo gracias a todos los que estáis siguiendo nuestros relatos.

 

 

¿AGRADECER O PROHIBIR?

¿AGRADECER O PROHIBIR?

Hace unos días, una amiga me envió un mensaje proponiendo hacer una petición colectiva al Ayuntamiento, instando a éste a cumplir las ordenanzas municipales. Me pareció una buena idea, pero, sin poderlo evitar, debido al síndrome que padezco, como algunos ya sabéis, me puse a reflexionar y llegué a esta conclusión: ciertamente, hemos de exigir los derechos que tenemos como ciudadanos, que para algo pagamos nuestros impuestos, pero ¿dónde queda nuestro grado de responsabilidad?

Un día, al pasar por una calle cercana a mi casa, descubrí un simpático, pequeño y singular letrero colgado de una ventana baja. El letrero decía: “gracias por no permitir que su perro orine en mi ventana”.

Me gustó el letrero y pensé ¡qué diferente sería vivir rodeados de pequeños letreros “agradeciendo” omotivando”,  a vivir rodeados de letreros “prohibiendo”. Cuando agradecemos es porque la otra persona hace algo bien o, al menos, como sería de esperar en un lugar “civilizado”. Cuando se prohíbe es porque la barbarie que nos rodea supera en mal los mínimos esperados, no entiende el término gracias y dudo que el de la prohibición.

Vivimos en una ciudad cosmopolita, hermosa, agradable y tolerante, pese a lo que algunos puedan opinar (estoy hablando de Barcelona, por si alguien que lea esta entrada no lo sabe) pero a muchos nos gustaría que sus calles estuvieran más limpias de lo que están. He de reconocer que desconozco como está el resto, pero, salvo algunas excepciones, no creo que haya mucha diferencia. Es más, estoy segura que es una epidemia que no solo afecta a esta bella ciudad.

Todos hemos visto, seguramente más de un vez, como aprovechando la parada de un semáforo, por arte de magia se abre la puerta de un coche y una hábil mano vacía el cenicero en mitad de la calle; vemos a diario excrementos de perro dejados hallá donde el pobre animal tuvo a bien depositar; vemos y sufrimos en el día a día las miles de colillas que algunos “generosos fumadores” lanzan con gran destreza en la calle o medio hunden en la playa; también podemos observar miles de manchitas en el suelo, de origen aparentemente desconocido, pero que provienen de los chicles que tiran a diario otros “generosos conciudadanos” (de alguna manera hay que llamarlos) y también quiero mencionar, aunque sea de pasada, porque es muy temprano y acabo de desayunar, esos regalos de “fluido corporal segregados por las vías respiratorias y expulsados por la boca” con gran habilidad. Eso sin mencionar las bolsas de basura dejadas en las papeleras y también tiradas en lugares de acampada, etc, etc.

Amigos, ésto el Ayuntamiento no lo puede arreglar, como mucho puede limpiar más nuestras calles y aleccionar o multar a los que infringen las ordenanza, pero hasta que el ciudadano no comprenda que cuando sale de la puerta de su casa, está compartiendo un espacio común con otros conciudadanos y hasta que no sienta el deseo de colaborar, de aportar, de añadir algo para hacer de nuestro barrio, de nuestra ciudad o del mundo en general un lugar más confortable y mejor, no tendremos más remedio que soportar esa cosecha que tanto prolifera: la suciedad, no solo a nivel físico, sino también a nivel emocional y mental.

La educación, desde mi humilde opinión, no empieza en las escuelas, sino en las familias y yo he visto a muchas mamás y papás dejar que el peque vaya sentado en el tren o el metro con sus “patitas” apoyadas en el asiento, mientras personas mayores, estaban de pie buscando un apoyo para no perder el equilibrio. ¡Qué cada cual saque sus propias conclusiones…!

Todos tenemos derecho a tener animales, a fumar, a tomar chicles, a sentarnos en los bancos, etc, etc, pero, por favor, vivamos como ciudadanos y recordemos que nuestro derecho acaba donde empieza el de los demás.

La cosecha que tenemos hoy es consecuencia de la siembra de ayer y la siembra de hoy, sin duda alguna, la recogeremos mañana.

Gracias amiga por mandarme el mensaje, gracias por ser como eres y, porque sin saberlo, me inspiraste para escribir esta entrada en mi blog.

Teniendo en cuenta que es verano, que much@s estáis de vacaciones y hace calor, he preferido poner la imagen refrescante de una playa limpia y vacía. Lo opuesto ya lo sufrimos cada día.

Feliz reflexión!!!

CARTA A MI PADRE

CARTA A MI PADRE

Querido y recordado papá.

Hoy hace tres años que un tsunami encharcó tu cerebro, billete necesario y suficiente para emprender un particular viaje hacia lugar cierto, aunque desconocido. Desde entonces, y poco a poco, nos vamos acostumbrando a vivir sin tu presencia. Quedamos muy tristes, aunque aceptando el proceso, porque lo que termina es la forma, no la vida de la forma.

Tu organismo, deteriorado por la edad y por los pequeños, pero repetidos ictus  que te daban, ya no ofrecía la oportunidad de nuevas experiencias para el desarrollo de tu conciencia. Finalmente, fue el día ocho, de un caluroso mes de agosto, durante la hora de la siesta, cuando el gran tsunami llegó sin avisar; fue en esos momentos, pero podía haber sido en otros, pues la enfermedad y la muerte no hacen vacaciones, forman parte del proceso de la vida.

Decidí no llevarte al hospital, hice lo que me gustaría que hiciesen conmigo. Nada de pruebas, de medicamentos, nada de alargar la vida artificialmente, nada de “estaciones” impersonales y frías para emprender el gran viaje. ¡Qué mejor que una “estación” conocida: tu cama, tu casa y tu más cercana familia!. Traté de ser coherente con mis ideas, solo música para el alma, la llama de una vela encendida y el aroma del sándalo quemado, sin olvidar el amor de los que te rodeábamos. Por tu cuerpo ya nada podía hacer, intenté facilitar el tránsito a tu alma.

Tras tu partida y, desde el apego a la forma, descubrí el significado de dos sencillas palabras “siempre” y “nunca”. ¡Con que facilidad e imprecisión las pronunciamos…!  ¡ Qué difícil es comprender lo ilimitado a través de una mente limitada…! Pese a ello, sé que, aunque tu forma física ya no esté, tu esencia permanece en algún plano de la existencia.

Descansa en paz, papá, los que te quisimos no te olvidamos.

Al igual que yo perdí a mi padre, cuando  faltaban dos meses para que cumpliera 94 años, hay muchas personas que han perdido y pierden diariamente a seres queridos mayores, jóvenes, por enfermedad, accidente, vejez, etc. No tengo el antídoto para detener ni siquiera mitigar el dolor que se siente. El duelo ha de hacerse, cada cual a su manera, pero me atrevo a exponer el título y el autor de unos libros que hablan sobre este tema y que nos han ayudado a muchas personas a tener una visión distinta de eso que llamamos “muerte” y que sería más adecuado, desde mi punto de vista, llamarlo “transición” . Seguramente, habrá muchos más libros y tal vez mejores, pero solo puedo compartir los que conozco.

Por si te interesan y te pueden ayudar, los libros a los que me refiero son éstos:

  • “La Muerte: un amanecer”, de Elisabeth Kübler-Ross.
  • “Sobre la muerte y los moribundos”, de Elisabeth Kübler Ross
  • “Crónica de un acompañamiento”, de Meurois-Givaudan
  • “La Muerte: una gran aventura”, de Djwhal Khul, Recopilación
  • “El libro tibetano de la vida y de la muerte”, de Sogyal Rimpoché

 

Que, tanto los que se van, como los que quedamos, encontremos el Camino que nos ha de conducir de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real, de la muerte a la Inmortalidad.