EL HOMBRE AFORTUNADO

noviembre 4, 2017 32 Por Ana Palacios

 

EL HOMBRE AFORTUNADO

Llevaba un hacha en la mano y mucha ilusión en el corazón. Era época de vacaciones y decidí ofrecerme voluntario para realizar un trabajo de prevención de incendios; así que, feliz y silbando una melodía, me dirigía hacia el bosque, cuando me sorprendió y por primera vez nos fusionamos.

Desde aquel entonces han pasado muchos años. A nuestro primer encuentro, siguieron otros momentos de juegos amorosos con mucho fuego y pasión.

A veces, ella llegaba cuando yo no la esperaba y me dejaba desconcertado pero, ante su fuerza y su ardor, poco o nada podía decir yo, salvo: heme aquí, poséeme hasta la locura.

Nuestros encuentros fueron cíclicos, ya que es difícil mantener ese estado de perturbación, sin llegar a perder la cordura.

En los periodos de sequía yo la buscaba con ansia, pero nunca llegué a encontrarla; siempre era ella la que decidía el momento, la que me sorprendía, la que me alcanzaba.

Aquellos encuentros amorosos y apasionados se fueron distanciando con el paso del tiempo. La vida, a veces, presenta oportunidades difíciles de rechazar y una amante como ella no puede comer en la mesa que come la mediocridad.

Cuando ya había perdido la esperanza de volverla a encontrar, un día reapareció. No había duda, su fragancia, su frescura y su poder de atracción la hacían inconfundible. Le sonreí, cruzamos nuestras miradas y nos tomamos de la mano.

—Nunca te olvidé —me dijo.

Yo, con los ojos húmedos y el corazón acelerado, me disculpé por haber sucumbido a lo mediocre, por mi falta de perseverancia, por haber dejado de buscarla y le di a entender que no estaba preparado.

—Permite que lo intente —susurró.

Yo le permití y me envolvió, como solo ella es capaz de hacerlo.

—Ya no tengo fuego —le advertí en voz baja.

—No importa —respondió —aprendamos a disfrutar ahora desde la calma.

—Tal vez desde ahí lo pueda conseguir —asentí sumiso, pese a que siempre me caracterizó un punto de rebeldía.

Curiosamente, pese a tener un sabor distinto al de años atrás, nuestro encuentro alcanzó un grado de equilibrio que le permitió fructificar.

Nada me prometió. Ella es siempre la que manda, la que me posee, desde la pasión exaltada en mi juventud o, ya en mi madurez, desde la calma.

A veces, la presiento y mi pulso se acelera, pero todo queda en eso, en una pura y simple sensación.

Desde el último encuentro, ya desde la calma, no he dejado de buscarla en aeropuertos y estaciones; en parques y jardines, incluso en lugares de recogimiento, para ver si tengo suerte y percibo aunque solo sea su sombra. Mis esfuerzos han sido vanos, nunca me encuentro con ella.

Sé que querer ser poseído por quien no pretende poseer me colocaba en una posición de aparente subordinación, pero, cuando llega el clímax, nada de esto importa, porque soy transportado a otra dimensión. Cuanto más desciende ella, más alto vuelo yo.

Si he de ser sincero y aunque pueda parecer pretencioso, me gustaría que nunca se ausentara, que fuera siempre mi amiga, mi amante, mi compañera, pero, desde mi humilde posición, solo puedo agradecer que, a mis años, todavía me siga visitando y ofreciendo la oportunidad de disfrutar desde un punto de quietud y de calma, cualidades éstas más cercanas y propias del alma; con eso ya me conformo y me siento un hombre afortunado.

Hasta que llegue el nuevo encuentro, seguiré escribiendo a mi manera, para que, cuando tenga a bien visitarme, me encuentre preparado. Ahora ya he aprendido que la “inspiración” anda muy buscada y cuando llega no lo hace para quedarse, tan solo para ser disfrutada.

………..

Este humilde escrito está dedicado a todas las personas que, con perseverancia, dedican parte de su tiempo a conectar con una amante llamada “inspiración”. La experiencia les dice que, muchos días, su espera será infructuosa, pero también saben que, cuando ella los posea, el clímax se producirá y con su fruto podremos disfrutar el resto de los mortales.

¡GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE NOS ENRIQUECEN CON SU ARTE!

*Este escrito requería empezar con la frase ” Llevaba un hacha en la mano” y llevar por título “El hombre afortunado”. Deseo que os guste.