UNA FIRME DECISIÓN

febrero 24, 2018 14 Por Ana Palacios

Fotografía realizada por Rubén Hernández, Madrid

Hace unos días recibí la foto que ilustra esta entrada con un mensaje diciendo si quería escribir algo sobre la misma. Diré que, a primera vista, no me sugirió nada e incluso dudé que pudiera hacer un pequeño relato, pero “puse manos a la obra” y salió ésto que he titulado “Una firme decisión”. Evidentemente, no es El Quijote ni nada que merezca ser valorado, pero para mí supuso un reto y lo subo al blog, pese a no ser un tema sobre los que escribo, porque demuestra que no hay que rendirse nunca ante las dificultades, ya que siempre podremos hacer algo. Gracias, una vez más, por vuestras visitas y vuestros comentarios.

UNA FIRME DECISIÓN

Aquel joven uniformado, sobrado de valentía, alegre y colaborador como el que más, estaba ahora ante una encrucijada, que le obligaba a tomar una difícil decisión.

—¡No debo hacerlo! —decía para sus adentros.

En los breves instantes transcurridos hasta que se decidió, recordó secuencias de su vida que desembocaron donde ahora se encontraba.

Hijo de una familia trabajadora, creció admirando a aquellos hombres fuertes y valientes, dedicados a salvar vidas y a garantizar la seguridad ciudadana. Su casa estaba relativamente cerca de un parque de bomberos y de una comisaría. Para él todos ellos eran héroes.

En el barrio lo conocía como el niño que de mayor sería bombero o policía.

Terminados los estudios necesarios, tocaba preparar las pruebas; no tenía preferencia por ningún cuerpo, por tanto, hizo las primeras que se convocaron: las oposiciones al cuerpo nacional de policía.

Convencido de que estaba haciendo lo que debía, preparó con entusiasmo los temas teóricos y se entregó a las pruebas físicas, con el arrojo requerido en un caso real a vida o muerte.

A nadie extrañó que sacara el número uno de su promoción.

¡Con qué ilusión vistió su primer uniforme!

¡Qué satisfechos se sentían sus padres!

Los años pasaron y, con el paso del tiempo, cambiaron también muchas cosas…

Seguía gustándole su trabajo y tenía una buena relación con los compañeros, pero, algunas veces, no estaba de acuerdo con las órdenes que recibía e internamente sufría.

Hoy se enfrentaba a uno de esos momentos y su rostro tenía un gesto más serio de lo habitual.

¿Cómo iba a ejercer su autoridad con violencia ante una manifestación pacífica de trabajadores que defendían sus derechos?

No, no actuaría contra los dictados de su propia conciencia. Así que fijó bien los pies al suelo, cruzó los brazos y desvió la mirada.

Cuando sus compañeros vieron el gesto, lo tuvieron claro sin necesidad de palabras y todos le apoyaron.

Los manifestantes de la “Plataforma de la construcción” siguieron sentados, tranquilamente, ocupando la plaza.

La noche transcurrió sin incidentes. Los policías protegiendo el orden y los manifestantes ejerciendo su derecho.