ANIMALES CON CORAZÓN (XI)

CAPÍTULO UNDÉCIMO: VIVENCIAS VARIAS

En este capítulo voy a compartir una serie de vivencias que os permitirá comprender un poco más nuestra vida gatuna.

Empezaré hablando de la adaptación. Cuando alguien decide tener una mascota ha de adaptar su vida a las necesidades del animal, pero no olvidéis que también los animales  nos hemos de adaptar a la vida de los humanos que, sin lugar a dudas, es muy diferente a la nuestra.

Ya sabéis, los que tenéis gatos, que a nosotros nos gusta estar siempre cerquita de vosotros, pero hay lugares en los que acompañaros es “un sinvivir”. Cuando “Osa menor” va al baño  nosotros la seguimos, si no estamos entretenidos por el patio, pero el baño es un lugar un tanto raro, por todos los sitios sale agua y nos pongamos donde nos pongamos terminamos mojados o salpicados.

Los gatos nos lavamos muchas veces, pero no necesitamos el agua, los humanos siempre estáis a remojo y hay que reconocer que, desde nuestro punto de vista, hacéis cosas muy raras. Por ejemplo, “Osa menor” se mete en eso que llamáis bañera y una vez allí toma una cosa con la mano de la que salen chorritos de agua que a nosotros no nos gustan nada y hemos de salir corriendo. Otras veces coge un aparato que saca aire caliente y se lo acerca a la cabeza y tampoco nos hace ninguna gracia estar cerca en esos momentos. Nosotros no necesitamos nada de eso, nos lavamos lamiéndonos en cualquier lugar y a cualquier hora y no necesitamos secarnos.

También nos hemos de acostumbrar a los estornudos. Nuestra amita “Osa mayor” estornuda muchas veces seguidas y muy fuerte. El primer día, estábamos encima de su regazo, descansando los tres y de pronto empezó a estornudar ¡qué susto nos dimos! Parecía un terremoto o el fin del mundo. Salimos corriendo y nos escondimos debajo de una cama. Cuando la sesión de estornudos acabó, porque no se conforma solo con uno, salimos con miedo de nuestro escondite y, cuando llegamos donde ellas estaban, vimos que las dos estaban riendo a carcajadas. No nos molestó que se rieran de nosotros, por el contrario, comprendimos que no había peligro y ya relajamos las orejas y volvimos al descanso.

Otra cosa que os quiero contar son nuestros momentos preferidos:

Sin duda alguna, el momento que más nos gusta es el de después de comer, nuestras dos “amitas” se ponen a descansar un poco, una en el sofá y otra en su sillón, es un momento de mucha paz y yo me puedo relajar porque no tengo que controlar nada y nos dormimos los cuatro. Cuando ellas se levantan es un placer acostarnos en el lugar que han dejado ¡no sé por qué nos gusta tanto!

Otro momento con el que disfrutamos es cuando “Osa menor” va a la cocina, yo voy allí maullando, primero lo hago en un tono bajito y poco a poco voy aumentando el volumen de mis llamadas; mi hermano capta el mensaje y viene también. Nos sentamos sobre nuestras patas traseras y la miramos con ojos de súplica. Ella nos mira y se sonríe y de vez en cuando nos da cositas buenas, pero no siempre, solo a unas horas determinadas y nos dice que no hay que pasarse la vida comiendo; creo que, muchas veces, olvida que somos gatos.

También es muy agradable cuando nos viene a ver por la mañana. Nos dice un montón de cosas bonitas: “cositas lindas”, “mis cachorritos”, “fierecillas” y un montón de piropos, nos acaricia un poco y, a veces, nos cepilla; nosotros nos restregamos por sus piernas y nos tiramos panza arriba, es lo más que sabemos hacer para demostrarle nuestro cariño.

No puedo olvidar el momento de ir a dormir; últimamente, cuando quiere que nos vayamos a nuestra habitación nos canta: “vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”. Nosotros la escuchamos y sabemos lo que quiere; mi hermano se hace un poco el remolón, pero yo voy corriendo y llego antes que ella. “Osa menor” se siente feliz porque cree que somos obedientes, aunque la verdad es que la obediencia no va con los gatos, simplemente, nos atrae su voz y vamos tras ella.

Para terminar os contaré una experiencia por la que pasamos hace ya unos meses. Un día, tanto mi hermano Sol como yo, intuimos que pasaba algo raro, porque “Osa menor” iba y venía de un lado a otro, cogiendo cosas de los armarios y dejándolas en esas cajas con ruedas que se llaman maletas; nunca antes la habíamos visto hacer eso. Nosotros estábamos atentos para ver si comprendíamos la razón  o para colarnos entre aquella ropa, que es algo que nos encanta, aunque he de reconocer que no conseguimos ni lo uno ni lo otro.

Al finalizar el día, “Osa menor” cerró las maletas y las dejó preparadas cerca de la puerta de entrada de la casa. Nosotros seguíamos sin comprender, pero percibíamos algo que no nos gustaba. Nuestro instinto no falló, al día siguiente llegó un desconocido, cogieron las maletas, nos miraron de una forma especial y se fueron todos.

Como algunas veces también se van, pensábamos que volverían pronto, pero tardaron días en volver. Por suerte no habían olvidado dejar abundante comida, agua y dos areneros bien preparados.

Estuvimos tres días solos y cuando ya estábamos algo preocupados, escuchamos el ruido que hace la llave en la puerta y fuimos corriendo pensando que serían ellas, pero no era así. Quien llegó fue una amiga de nuestras “amitas”, que ya conocíamos, a la que no le gustan los animales, pero nos respeta; es decir, no nos acaricia, pero estamos seguros que, a su manera, nos tiene cariño.

Nada más llegar nos puso más comida y agua, aunque todavía teníamos; la sorpresa se la llevó cuando vio los areneros; se asustó un poco y dijo una frase que no comprendimos; pero ya lo podéis imaginar, ella hacía ésto por primera vez y nosotros llevábamos tres días solos, aburridos y comiendo todo lo que queríamos.

El caso es que limpió bien la arena de los dos areneros y a partir de aquel momento nos visitó cada día. No nos podíamos quejar, teníamos comida, agua, la arena limpia y la compañía de una persona conocida que nos trataba bien; solo nos faltaban los abrazos y los masajes de nuestras “amitas”, pero bueno…. Muchos animales e incluso personas firmarían para poder tener lo que nosotros teníamos. Aún así temíamos por ellas, porque se habían ido a la calle y la calle nos trae recuerdos tristes.

Durante los días que estuvimos solos, para evitar problemas, nos dejaron dentro de casa, sin poder salir al patio, es más aburrido pero, de alguna manera, lo entendimos porque “Osa menor” nos dice muchas veces eso de que: no siempre lo que apetece es lo que más nos conviene y si ella lo dice será por algo.

Un día, oímos el ruido de la llave, como siempre, fuimos corriendo hacía la puerta para ver quien llegaba y apareció “Osa menor” ¡qué alegría nos dimos! Con gusto hubiéramos saltado a sus brazos, pero los gatos no sabemos demostrar así nuestro afecto. Ella también se alegró porque decía palabras tiernas y nos abrazaba mucho. Faltaba una de nuestras “amitas”, pero pensamos que si la una había regresado, también regresaría la otra y, pasados unos días, así fue.

Por las conversaciones que tienen, hemos sabido que fueron de viaje para ver a un hermano de “Osa mayor”; hace un año su esposa también se fue hacia las estrellas y, aunque está bien atendido, es mayor y no tiene familia allí. Al parecer también le gustan los animales y pensamos que si estuviera aquí nosotros también le haríamos compañía, pero él ha decidido quedarse allí y hay que respetar su voluntad.

Y con ésto termino este capítulo, espero que nos sigáis visitando y que os animéis a comprar el librito “Las vivencias de Sol y Luna”; un día de éstos “Osa menor” ya os lo contará mejor.

Gracias a todos y hasta la próxima semana.

Luna y Sol

12 Replies to “ANIMALES CON CORAZÓN (XI)”

  1. Una vez más me habéis hecho sonreír y emocionarme con vuestras experiencias. Ya vereis todo lo que os queda por descubrir de los humanos y cuanto tenéis que mostrar vosotros aún. Un abrazo mimoso.

    PD. Quiero vuestro libro.

  2. Precioso, como siempre tienes muchisima razon
    Los animales no saben hablar, pero lo hacen a su manera y parece que no pero lo saben y entienden todo
    Están preciosos los dos!!!

  3. Lunita, eso de estar cerquita de nosotros se me hace muy familiar, el problema es cuando uno tiene prisa, la verdad es que incomodáis un poco, pero que vamos hacer, hay adultos que también incomodan un poco jajaja, Lunita, me encantan vuestras vivencias, sois unos gatitos con mucha pero mucha suerte.
    Sol, Luna, miau, miau hasta la próxima aventura

    • Buenas tardes Hanna y gracias por tu fidelidad y por tu comentario. Estamos llegando al final de nuestras vivencias, seguramente el jueves publicaremos el último capítulo; nos gustaría tener muchas más cosas para contar, pero solo hace un año que nacimos y no nos movemos de casa; los gatos callejeros tienen más vivencias, pero también tienen una vida mucho más difícil. Estamos muy contentos con los amigos que hemos hecho y esperamos que no nos olvidaréis. Arrumacos de Sol y Luna.

        • Graciasssssssss. Nos has emocionado todo lo que unos gatos se pueden emocionar. Miau, miau
          Ahora que “Osa menor” no nos oye, te diré que si la quieres conocer entres en el blog mañana o pasado porque va a publicar una foto. Siempre te cuento a ti las cosas en primicia y eso que no nos conocemos. Arrumacos. Sol y Luna

  4. Buenisimas y reales absolutamente todas las vivencias de Sol y Luna!!jajaa!!!esque esta claro que son ellos los que hablan!!
    Besitos a estos dos preciosos animales-humanos.😀

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*