UN CURIOSO DIÁLOGO

UN CURIOSO DIÁLOGO

—¡Buenos días, Piedra! ¿Qué haces ahí tan apartada?
—¡Buenos días, Palabra! Estoy disfrutando del fresquito de la mañana, esperando que alguien me utilice adecuadamente.
—Eso está difícil, aunque yo también he madrugado con la misma esperanza.
—¿Cómo te encuentras hoy?
—Algo desanimada, pero el aire y el agua también lo están y vosotras no estáis en mejor situación.
—Lo sé. Mi familia está muy apenada, porque nos utilizan continuamente para hacer daño y manipular.
—¿Qué será de la humanidad si sigue por estos derroteros?
—Ella sola se extinguirá, pero hasta entonces seremos testigos de mucho sufrimiento.
—Piedra, ¿sabes que tenemos similitudes? Nuestros nombres comienzan por «P» y no podemos volver para corregir el daño ocasionado, cuando nos lanzan.
—Es verdad Palabra, nunca imaginé que nos pudiéramos parecer en algo, porque eres mucho más docta que yo. Por cierto, ¿no había un refrán que decía: «Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta»?
—¡Muy bien, Piedra!, veo que está muy puesta.
—Es el conocimiento de mi casi eternidad. Sé que no podemos regresar cuando nos lanzan y que dejamos una herida difícil de cicatrizar en quien recibe el impacto.
—Así es. Recuerdo las maravillas que se han construido con vosotras: Pirámides, acueductos, bellas esculturas.
—¡Qué tiempos aquellos! Yo, no conozco las grandes obras que se han hecho con las palabras, pero sé que son numerosas y me enorgullece que las primeras fueran escritas en piedra.
—Es cierto que hay escritas grandes obras y han habido grandes oradores, pero también nos utilizan para manipular, difamar e insultar.
—Y con nosotras hasta lapidan y separan.
—Piedra, no nos dejemos llevar por el pesimismo que no es buen compañero. También hay mucho bueno en el mundo. Mira, por allí llega un anciano canturreando, me voy con él, que a esa edad, las personas suelen criticar menos y reflexionar más.
—Que tengas suerte, yo me quedo aquí, apartada del camino, escuchando el canto de los pájaros. Me ha gustado hablar contigo. Vuelve cuando quieras.
—Prometo volver pronto, yo también he disfrutado; si no estás aquí te buscaré por el entorno.

EL TAUTOGRAMA

Sophie tiene por costumbre escribir sus sueños, después ambas los comentamos a través de encuentros. Éste es el primero que publico en el blog y tanto a ella como a mí nos haría ilusión que os gustara. Ya nos diréis.

 

SUEÑO DE SOPHIE

— Sophie, ¿qué es esto? —le pregunté

—Es un tautograma. Aquel día, estaba muy afectada por lo que había soñado y deseaba jugar con las palabras. Me gustaría que lo escribieras.

—Será un placer —le contesté — y comencé a escribir.

«PLEITO POPULAR»

Pueblo: Pozonegro

Profesional: Petronio

Presuntos pirateadores: Parsimonia, Prudencia, Prometeo.

Público

Presidente portavoz

Parecía perfecto, pacientemente premeditado, preconcebido, pero Petronio proclamó poseer pruebas poderosas, pertinentes. Presentó públicamente: pistolas, pelucas, pasaportes pirateados, papiros, placas pintadas, perfumes, partituras para piano.

Procedió pausadamente, paso por paso, prudentemente, profesionalmente.

Propuso perdón para Parsimonia, protección para Prudencia, pero pidió prisión para Prometeo.

Parsimonia, pletórica, palmoteó.

Prudencia, particularmente, parecía preocupada.

Prometeo, personaje pudiente, profirió palabras provocadoras, pero posteriormente pidió perdón, prometió, parloteó, palideció.

Portentosa proclamación popular porque Petronio persuadió por preclaro.

Pausa.

Presidente portavoz: proposición pertinente, procédase.”

……………………..

—No está mal Sophie.

—Estaría mejor si esa celeridad se diera en la realidad.

—Totalmente de acuerdo, Sophie. Al parecer habías soñado que estabas ante un gran jurado.

—Sí, era un jurado especial,

—¿En calidad de qué estabas? —le pregunté.

—No lo sabía, pero el jurado me intimidaba.

—¿Por qué? Eres una persona normal, no eres estafadora ni tampoco criminal.

—Eso decía mi abogado defensor.

De pronto la expresión de Sophie se ensombreció y comenzó a susurrar una letanía de preguntas, de las que, por su tono, solo éstas pude captar:

¿Qué hace para evitar el hambre que a medio mundo asola?

¿Cómo colabora para fomentar la unidad de la raza humana?

¿Hizo daño a alguien con sus pensamientos, deseos o acciones?

¿Qué hace para impedir la manipulación, la corrupción y el maltrato?

—Eran cuestiones tan sencillas, tan cotidianas las que me preguntaban —dijo Sophie elevando un poco su tono de voz — y, aún así, no sabía qué responder, no encontraba las palabras.

—Sophie, tu condena fue especial —dije, tras respetar unos instantes de silencio.

—No podía ser de otra manera, provenía de un jurado especial.

—¿Qué decía exactamente la sentencia?

—“Queda invitada a reflexionar sobre las preguntas formuladas y a trabajar en favor de la humanidad. Se hace constar que solo quedará liberada de su responsabilidad si lo hace de forma voluntaria, sin fuerza ni coacción”.

—¿Qué te pareció la sentencia, Sophie?.

—Me pareció justa, apropiada y práctica. En general, las prisiones suponen una carga para la sociedad y los culpables, puede que cumplan su condena pero salen pensando igual.

—¡Cuánta razón tienes Sophie!

LA EVOLUCIÓN DE LA SEMILLA

 

No sé de donde vengo ni sé hacia donde voy.

Aunque aparentemente libre, no tengo capacidad de decisión; fuerzas externas me mueven; he dejarme llevar.

Siento que estoy descendiendo hasta que, en un momento dado, algo me detiene.

Pasa el tiempo, llegan las lluvias; la tierra se ablanda y me acoge; estoy tranquila, poco o nada puedo hacer, salvo esperar…

El caparazón que me protege es, al mismo tiempo, el muro que me aísla.

Continúo pasiva, aunque mi sensibilidad va despertando; ya percibo el amanecer, el cálido abrazo del sol y también el ocaso.

Una fuerza desconocida está despertando en mi; una fuerza interior que invita a la expansión.

Desconozco el resultado, tengo miedo. He de romper la coraza que siempre me ha protegido, pero es una fuerza irreprimible que me impulsa al movimiento.

Es hora de buscar luz, he de salir, ¡salgo!

Poco a poco voy percibiendo el entorno.

¡No estoy sola! Descubro otras plantas;  somos diferentes, pero tenemos mucho en común: todas buscamos la luz, nos alberga la misma tierra y nos  calienta el mismo sol.

Voy creciendo en altura y en fuerza.

He dejado de ser la intrépida y vulnerable semilla germinada. Siento dentro de mí un gran potencial por desarrollar.

No sé cual es mi meta, tal vez pueda ofrecer flores y frutos o, tal vez,  mi humilde servicio quede reducido a dar cobijo a las aves que se acerquen y sombra al incansable peregrino.

Que el nuevo año nos permita desarrollar nuestro potencial de capacidades y cualidades.

Feliz reflexión!

EL NIÑO Y LA SOMBRA

Que la Luz descienda a la Tierra

 

Este cuento se desarrolla en un tenebroso lugar, donde sus habitantes vagan sin cesar en busca de luz, un concepto desconocido para ellos.

En un principio, la vida del clan transcurría sin grandes alteraciones, hasta que en un inesperado momento todo cambió. Agad, el consejero del clan, enfermó. La duda surgió.

Sobre él recaía la responsabilidad de conducir al clan, pero esto ahora era imposible. Agad carecía de todo signo de vitalidad. Y, de repente, la duda se convirtió en miedo.

Todos emitían sonidos sin alcanzar la comunicación; tanto los hombres, como las mujeres se desplazaban sin sentido ni dirección. Estaban asustados porque la supervivencia sin el guía era impensable.

Olvidado e inmerso en la vorágine, un niño observaba asustado. La tragedia asolaba a su pueblo y él no sabía qué hacer.

Ante tal situación de impotencia y soledad el pequeño buscaba una solución, pero ésta no se presentaba.

El tiempo transcurría lentamente sin la existencia del concepto de horas, de días, ni de noches. De pronto, la idea se posó en la mente del niño, con la delicadeza de una mariposa; sus ojos se humedecieron, pero sintió algo sublime en su interior.

Sí, lo tenía claro, él solo era un niño, sin apenas amigos con quien jugar y sabía que, sin el amado consejero, la vida de todos peligraba.

Permaneció acurrucado y en silencio, imaginando que Agad sanaba, que volvía a conducir el clan y que, finalmente, alcanzaban el objetivo.

El cansancio se apoderó del niño y se perdió en un profundo sueño.

A través del estado de ensoñación, visitó otros lugares, se comunicó con otros seres y penetró en el camino que le condujo a la luz (la luz de la que hablaba el enfermo Agad); también descubrió, con alegría, que en aquel mundo de luz, todos disfrutaban de la compañía de una amiga que llamaban sombra.

Pasado un tiempo, el niño despertó desorientado, recordaba el sueño con nitidez, pero, de nuevo, le envolvían las tinieblas.

Ahora, reinaba el silencio, el clan parecían tranquilo. Era evidente que la situación había cambiado. ¿Qué había ocurrido?

El consejero había sanado y, con esfuerzo, un día encontró el camino que les condujo a la luz.

Desde aquel momento, tanto el pequeño protagonista de este relato, como todos los demás, disfrutaron de la compañía de su sombra y lo más importante, adquirieron la capacidad de distinguir entre la verdadera realidad y la penumbra.

***

En homenaje a los que no se conforman; a los buscadores de la luz; a los que dedicaron, dedican y dedicarán su esfuerzo y su tiempo a mejorar la Humanidad: Sócrates, Platón, Pitágoras, Copérnico, Galilei, Arquímedes, Einstein, Pasteur, Fleming y muchos más.

Mis mejores deseos para este nuevo  año y para siempre.

EL AGUA Y LA ORILLA

EL AGUA Y LA ORILLA

Un día más, discurría el agua, un tanto perdida, cuando por fin preguntó a la orilla:

—¿Qué puedo hacer para ser tu amiga? Te siento tan cerca y a la vez tan distante…

La orilla le respondió:

—Si deseas ser mi amiga, no te detengas y sigue adelante.

—No te comprendo —dijo el agua, extrañada—. Yo desearía quedarme siempre contigo.

La orilla le advirtió:

—Si te detienes, impedirás que las aguas que vienen detrás puedan hacer su camino; inundarán las tierras y ahogarán las plantas que crecen en ellas.

Sin embargo, si sigues tu curso, darás vida a los campos; miles de florecillas saldrán a tu encuentro, las mariposas podrán revolotear sobre ellas y todos disfrutaremos de la placidez que produce el sonido de tus aguas.

Pero, además, no has de temer, porque yo estaré siempre contigo, no te abandonaré hasta que llegues al mar y, allí, ya no me necesitarás.

El agua, emocionada, acarició a la orilla suavemente y prosiguió su camino. Había comprendido el mensaje. Se sentía feliz, no estaba sola y, además, había descubierto que el discurrir de sus aguas tenía un sentido.

Desde aquel día el agua y la orilla permanecen unidas de tal forma que, aún siendo dos entes diferentes, se perciben como si de uno solo se tratase, porque cuando hay amor, las diferencias desaparecen.

¡Feliz reflexión!

UN PROPÓSITO PARA EL NUEVO AÑO

Tras dos días de permanecer en casa aquejada de una fuerte jaqueca y utilizando la mejor medicina para superar el dolor: oscuridad, silencio y calma, decidió salir a la calle, pese a que ya anochecía.

Quedó impactada ante las luces que adornaban la gran avenida donde vivía. No esperaba que hubiera empezado tan pronto la campaña navideña.

Por un lado sintió alegría y por otro una gran añoranza.

¡Hacía tanto tiempo que no disfrutaba del espíritu de la Navidad…!

Por razones que no vienen al caso, hacía un tiempo que la “soledad” compartía piso con ella y desde que esto ocurrió estaba un tanto “adormecida”.

Sabía que necesitaba avivar el interés que le permitiera llenar de actividades su vida, en vez de matar el tiempo, vagando.

El interés que proviene de dentro, produce satisfacción y alegría y es más duradero que el interés efímero por las cosas externas.

Sabía que debía despertar de su adormecimiento, pero no lo conseguía.

Sí, — se prometió, al iniciar el nuevo año, llenaría su soledad mediante la creatividad y actividades con sentido.

Recordó que su “adormecimiento” se originó un día que estaba colapsada y gritó para sus adentros:

—¿Quién eres?

—Soy yo —le respondió una voz.

—Y ¿quién es ese yo? ¿No tienes nombre? —Insistió ella

—Me llaman “identificación”

—¿Qué quieres de mí?

—Poseerte —le contestó la voz.

Y ella, ilusionada, se dejó.

A partir de aquel día, necesitaba identificarse con alguien o con algo, para llenar su vacío y, de esa forma, olvidarse de si misma.

¡Qué soledad sentía, si no se identificaba!.

Tenía suerte —pensaba. La sociedad en la que vivía ofrecía muchas oportunidades: noticias impactantes, programas de cotilleo, ofertas de viajes, ropa de diseño, comidas adictivas, vinos de marca…

Sí, lo sabía. Tendría que pagar un precio por la felicidad que le proporcionaba sentirse “identificada” pero, en estos momentos, lo necesitaba y estaba dispuesta a pagar el tributo que le pidieran.

Se dirigió hacia un centro comercial bellamente decorado: bullicio, luces, tumulto, objetos de regalo de todos los tamaños.

Era época de Navidad y su actitud parecía estar justificada, pero ya lo había decidido: con el nuevo año, eliminaría la soledad que sentía fomentando capacidades y dejaría de utilizar a los demás para llenar su vacío.

Una cierta dosis de esperanza e ilusión, entró en su corazón y aligeró su camino.

¡Feliz reflexión!

EL CARTERO

EL CARTERO

Corrían los años cincuenta y el cartero, con la puntualidad de un buen reloj, hacía su aparición en la entrada del pueblo, haciendo su recorrido por la única calle que había, con su bicicleta y su gran cartera cruzada al pecho.

¿Alguien guarda un recuerdo similar de su infancia?

En aquellos años carecíamos de móviles, televisión, Internet o tecnologías sofisticadas, pero para comunicarnos teníamos la mejor herramienta de todas: el cara a cara.

—Mamá, voy a casa de Teresa.

—No tardes que pronto vamos a comer.

—¡Hola Teresa! ¿Qué hacemos esta tarde? ¿Te apetece que vayamos al río a comer mengranas de tu campo?

—Sí, ¡qué buena idea! Vamos a decirlo a las otras.

Y allá que íbamos correteando como “cabras un poco locas” a casa de nuestras amigas para ver si les apetecía el “botellón” que habíamos pensado.

En aquel entonces, nuestro botellón consistía en ir a la orilla del Ebro, sentarnos unas junto a las otras y hablar mientras pelábamos con dificultad unas ricas mengranas, las cuales, tras un laborioso trabajo, nos ofrecían sus exquisitos granos perfectamente colocados; se me olvidaba, también jugábamos, desde aquel lugar privilegiado, a dar nombre a las formas que las nubes iban adoptando.

¡Momentos inolvidables!

¡Qué poco se necesita para ser feliz!

El tiempo fue pasando, nosotras fuimos creciendo y con nosotras crecieron también nuestras ilusiones, despertaron los primeros amores y se hicieron patentes nuestros miedos.

Ya no bajábamos tantas veces a la orilla del río, nuestra ilusión estaba centrada en la figura del cartero.

Recuerdo que, cuando llegaba la hora en la que pasaba por la casa de mis padres, buscaba cualquier pretexto para salir a su encuentro. El corazón palpitaba ¿llegará hoy la carta? -me preguntaba.

No tenía que ser de algún incipiente novio, cualquier carta era portadora de noticias que rompían la monotonía y el cartero, en su cartera, transportaba las novedades, las esperanzas y las ilusiones de todo un pueblo.

—¡Buenos días! ¿Hay algo para mí, señor Ramón?

—No Ana, hoy no tienes nada o

—Sí, hoy tienes una o dos cartas

Y tras coger en las manos el exclusivo tesoro, buscaba un lugar tranquilo para saborearlo.

¡Qué bonitas eran las cartas!

¡Qué importante, me parece ahora, la figura del cartero!

Hoy todo eso se ha perdido y casi cayó ya en el olvido.

Hoy las noticias van rápidas y la mayoría de las veces son impersonales. Te colocan en un grupo y cuando les llega algo que impacta le dan al “enviar”; todos lo recibimos a la vez; solo falta confirmar el recibido con un  OK o algún emoticono y así hasta que se recibe el siguiente.

¡Qué bonitas eran las cartas!

Sí, ya sé que puede parecer que me repito más que el ajo, pero es que me gustaban y me gustan tanto las cartas…

Los jóvenes podéis pensar ¡que horror!. Tener que esperar una carta, cuando en un instante escribes un whatsapp y al momento te llega la respuesta.

Es cierto, pero ¿y el contenido? ¿y el amor que puso quien la escribió? Porque, no solo se recibía el papel lleno de letras, el sobre también contenía la ilusión, el cariño y la parte de su vida que compartía el autor.

Ahora, lo más parecido a las cartas son los “mensajes” mediante el correo electrónico, el cual también está siendo desplazado por otros llamados “medios de comunicación”.

Hace unos días unos amigos, a los que no les gusta el whatsapp me enviaron un mensaje con un adjunto que no voy a copiar por su extensión, ni siquiera voy a hacer un extracto de él, pero sí compartiré un párrafo, solo un párrafo referente a Patánjali, un maestro hindú.

¿Qué quién es Patánjali?

No es una entrada para hablar sobre él, te invito a buscar la información en Internet y sacar tus propias conclusiones.

A lo que iba. Según este “sabio hindú”, para tener paz interna y serenidad debemos cultivar cuatro cualidades, a saber:

  • alegría ante la felicidad de los demás.
  • alegría por sus méritos.
  • compasión ante sus miserias e
  • indiferencia ante sus defectos

Como en estos tiempos que corren, creo que andamos faltos tanto de paz, como de serenidad, he pensado que, ya que estamos en el mes de la Navidad, podríamos abonar un poco estas cualidades y olvidarnos de tanto consumismo y tanta banalidad.

Yo lo comparto con vosotros “en la intimidad de mi blog”, pero por favor no lo divulguéis mucho porque si esto fructificara tendrían que suprimir ciertos programas de la “tele” y quedarían sin contenido determinadas redes sociales.

¡Sed discretos! y si intentáis cultivar estas cualidades y alguien os pregunta la razón, podéis aprovechar que estamos en diciembre y simplemente decir que el espíritu de la Navidad es fomentar el Amor.

“Qué la voluntad al bien florezca entre los hombres”

Feliz reflexión!!!

ABSURDA CONVERSACIÓN, ¿O NO?

ABSURDA CONVERSACIÓN, ¿O NO?

Hace unos cuantos años asistí a una reunión de personajes «raros». Sí, yo también fui invitada, porque también me han tildado muchas veces de rara, incluso mi padre, de cuyo amor nunca dudé, me regalaba a menudo la frase de «hija mía, eres más rara que una pelota cuadrada»

Bien, a lo que íbamos ¿o acaso no íbamos a nada?

Como digo, acudí a aquella reunión un tanto expectante e intrigada y, ya en la primera vuelta por la sala, acerté a pasar cerca de dos «peculiares invitados» (me gusta más esta palabra) y generaron en mí tal curiosidad que decidí permanecer cerca para no perderme detalle.

—¡Hola! ¿Cómo te llamas? A mí me llaman «Alegría»

—¡Hola Alegría! A mi me llaman «Estrés», pero… ¿no eres demasiado joven para asistir a esta fiesta?.

«Alegría», esbozando una fresca sonrisa respondió:

—No soy tan joven como crees, de hecho tengo más edad que tú.

—Eso es imposible y no te pavonees, porque yo también me cuido y ya ves como estoy —respondió «Estrés», algo alterado.

—No me pavoneo «Estrés», es cierto lo que te digo, tú naciste mucho después que yo.  ¿Qué has hecho para encontrarte en este estado?

«Estrés», con el gesto todavía algo fruncido contestó:

—Llevo deprimido bastante tiempo, me encuentro desmotivado, abatido y hundido en el pesimismo. No le encuentro sentido a la vida, todo eso influye negativamente en mi día a día y, por las noches, me cuesta conciliar el sueño y duermo mal. He entrado en un círculo vicioso del que no puedo salir.

—Debe ser muy duro vivir así, ahora entiendo tu aspecto. No me gusta dar consejos, pero si quieres te contaré la fórmula que empleo yo.

—¡Cuéntame, por favor! —respondió «Estrés» nada convencido, pero algo intrigado.

—Desde mi punto de vista, sufres de «sobreexposición».

—¿Sobreexposición? ¿a qué?, apenas me da el sol ni el aire y el agua no digamos…

—Me refiero a «sobreexposición a la información», es muy común en los tiempos que corren.

—Nunca había oído hablar de esa enfermedad ¿es curable?

—Es curable, pero al mismo tiempo difícil de tratar.

—No me líes por favor, que me entran taquicardias.

—«Estrés», intenta relajarte, si pones de tu parte, seguro que mejorarás tomando unos cuantos comprimidos de “información alternativa”

—«Alegría», tengo la sensación de que hablamos en otro idioma, nunca he oído hablar de esa medicación.

—Bueno, ya sabrás que apenas hay publicidad de los productos alternativos, pues no son bien acogidos por ciertos sectores de la industria.

—No lo sabía, el tema «alternativo» no va mucho conmigo. Intentaré probarlo, pero ¡dime ya de qué se trata, que me estoy impacientando!.

—Yo tomo cada día tres comprimidos de «realidad alternativa». Uno antes de cada una de las principales comidas.

—¿No necesita receta médica?

—No. Está recomendado para los que manifiestan síntomas similares a los tuyos (aburrimiento, hastío, falta de motivación personal, sensación de no ser más que un número en la vida, etc).

—«Alegría», no creo que sea ésa medicación la razón de tu buen aspecto y salud, pero ¿tiene contraindicaciones? Porque todos los medicamentos las tienen y yo soy algo hipocondríaco.

—Sí «Estrés», he de ser sincera contigo, está especialmente contraindicado para los homófobos, xenófobos, clasistas y también para quienes sufren de incapacidad manifiesta para pillar los chistes o carecen de humor.

—¡Uf! No sé, no sé, tiene muchas contraindicaciones —masculló «Estrés», quien aún así preguntó:

—¿Hay que tomar altas dosis de esa medicación?

—Yo, como te he dicho, tomo tres comprimidos al día, aunque tal vez en tu estado hayas de aumentar la dosis.

—Tampoco te pases —respondió «Estrés» y continuo diciendo ¿qué pasaría si tomara más dosis de la necesaria?

—Una sobredosis de «realidad alternativa» puede hacerte perder el miedo a vivir y restarle importancia a cosas que en realidad no la tienen.

—Eso es muy peligroso, el miedo es una señal de alarma que nos avisa del peligro. Pero, en el caso de que esto ocurriera ¿cómo se manifiestan los posibles efectos adversos?

—Podrían manifestarse con la indiferencia, la sonrisa desdeñosa, la risa floja, la risotada y la carcajada.

—«Alegría» no comprendes mi situación ¿sabes cuánto hace que no río a carcajadas?

—Perdona «Estrés», yo solo intento ayudarte, si quieres me callo.

—No, ¡sigue! ¡sigue!, es que soy muy susceptible; pero anda, dime si a mi edad se puede tomar.

—Por supuesto que puedes, todos pueden beneficiarse de la “realidad alternativa” independientemente de su edad, raza, credo, condición sexual, situación económica o social. El único requisito imprescindible es poseer un alto nivel de autocrítica, alta capacidad para reírse de sí mismo y no tomarse la vida demasiado en serio.

—Ya decía yo que no me serviría, estoy condenado a seguir así.

—¿Qué parte de lo que he dicho no te convence? —Dijo «Alegría» disimulando una sonrisa.

—Es que eso de la autocrítica no va conmigo. Son los demás los que me estresan. Serían ellos los que deberían hacerse la autocrítica. Yo solo soy una víctima de su sinrazón.

Pese a ello, «Estrés» preguntó:

—¿Cómo se toma esa medicación?

—Con la mente abierta —respondió «Alegría», al tiempo que sonreía y abría sus brazos, como si pretendiera abrazar al mundo.

—Ése es otro problema añadido, yo me acatarro fácilmente y está llegando el invierno, por cualquier cosa que se abra se cuela el frío. Pero, ¿dónde puedo encontrarlo, si me decido?

—Es un producto muy abundante, pero no todo el mundo lo ve. Se presenta, en estado puro en la Naturaleza, pero sus principios activos también se encuentran en las obras de todos aquellos que ponen su talento e inspiración al servicio de la Humanidad, creando obras inmortales capaces de abstraernos de la maldad y la gilipollez que nos rodea.

—¿Al servicio de la Humanidad, has dicho? Parece que hables en chino. Seguro que en su composición hay algo peligroso.

—Depende de lo que llames peligroso, sus ingredientes son: Curiosidad, inteligencia, cultura, ironía, cierta dosis de sarcasmo, respeto hacia los demás y alguno más que no recuerdo.

—Bueno, miraré el «Vademecum», son ingredientes desconocidos para mí.

—Lo que tú digas «Estrés», estoy encantada de haberte conocido —dijo «Alegría» acercándose a «Estrés» afectuosamente.

—Adiós «Alegría» —dijo«Estrés» alargando su mano; perdona que te haga la «cobra», pero tengo cierta aprensión a tu forma de ver la vida y temo que se me contagie. Ahora, me voy a casa que, con tanta información, siento palpitaciones.

—Adiós «Estrés», —se despidió «Alegría» poniendo su mano en el corazón, como gesto de afecto y ofreciéndole una de sus mejores sonrisas.

—¡Qué personaje más curioso! —susurró «Alegría», ¿será así o estará representando un papel? En cualquier caso, ha sido divertido.

—¡Qué personaje más raro! ¡Mira que decir que he de cambiar yo…! No sabría ni por donde empezar. Y eso de abrir la mente, justo ahora que acaba de llegar el frío… ¡Qué ideas tan absurdas tiene la gente…! —refunfuñaba «Estrés», mientras partía.

Tras esta «curiosa» conversación, salí al jardín y, cuando el aire de la noche me dio en la cara, comprendí que era hora de regresar a casa, tomar una dosis de “información alternativa” y, tal vez, reflexionar…

Feliz reflexión!!!

…………….

Este diálogo me lo inspiró un relato escrito por un “alma bondadosa” que me va guiando en las redes. ¡Gracias, Pedro!

Si queréis pasar un buen rato podéis leer sus relatos de “humor absurdo” tras los que esconde, con maestría, alguna crítica social o económica.

Para comprobarlo, podéis visitar su blog: Absurdamente de Pedro Fabelo.

EL RENACIMIENTO

EL RENACIMIENTO

 

Hoy mi reflexión la he ligado al arte pero, como no es una entrada sobre “Historia del arte”, solamente daré unas pocas “cinceladas” para que quien esté interesado tome el cincel en sus manos y comience a dar forma a su propia obra.

No hace falta ir al un diccionario etimológico para saber que la palabra “renacimiento” significa “renacer”, bien pues el Renacimiento, como fenómeno cultural surgido en Italia en el siglo XV, y cuya característica esencial era su admiración por la antigüedad greco-romana, significó “volver a dar vida” (renacer)  a los ideales que habían servido de inspiración a los clásicos, representando el paso del mundo Medieval al mundo Moderno.

Para llevar a cabo el trabajo que me propongo partiré de una obra mundialmente conocida y reconocida que, a mi humilde entender, es el “summum” de la perfección.

La escultura en cuestión, símbolo del Renacimiento italiano, es el  “David” de Miguel Ángel, esculpida durante los años 1501 – 1504, en un solo bloque de mármol blanco en el que existían diversas fracturas y que tiene más de 5 metros de altura y pesa 5,5 toneladas. ¡Ahí es nada!

La obra representa al David bíblico que se enfrenta y vence al gigante Goliat, solo con algunas piedras y su inteligencia, llegando a convertirse después en el Rey David.

La genialidad de Miguel Ángel es que supo plasmar en una obra, aparentemente sin acción, el triunfo de la inteligencia humana sobre la fuerza física bruta.

Musculoso, bello, con lo ojos fijos en el objetivo, el ceño fruncido, gran concentración, movimiento contenido, el David de Miguel Ángel es considerado el ejemplo perfecto de una escultura en posición de contrapposto (posición de estar de pie con una pierna soportando el peso total del cuerpo mientras que la otra pierna está relajada), permitiendo esta dicotomía encontrar el equilibrio al conflicto emocional entre relajación y tensión, entre el descanso y el estado de alerta para cualquier acción.

La cara de David tiene una mirada seria, penetrante, equilibrada e impregnada de fuerza, capaz de intuir al enemigo mostrando plena auto-confianza, una virtud muy apreciada en el hombre renacentista.

Se dice que la escultura tiene unas desproporciones hechas por Miguel Ángel intencionadamente subrayando con ellas los medios necesarios para ganar una gran batalla: concentración e inteligencia (representada por una cabeza excesivamente grande) y la ponderación en la acción (representada por unos brazos muy largos y unas manos también desproporcionadas)

Al parecer, Miguel Ángel no quiso “vestir” con ninguna prenda esta escultura porque la desnudez simbolizaba al hombre en armonía con la naturaleza, aunque, según dicen, en un principio la escultura contenía algunos elementos de oro en su base que se excluyeron posteriormente y que simbolizaban la nobleza, el esplendor, la sabiduría, la magnanimidad, el poder y la luz en el hombre. Según dicen, el gran artista reconocía que en el interior de cada bloque de mármol había un alma latente cubierta por trozos de piedra y que él, con su trabajo, solo la recuperaba.

Vista la grandeza de esta obra y de su artista, sin ningún afán de compararnos con él, os invito a que, en algún momento de calma, nos imaginemos como un bloque de mármol en el que hay deterioros sufridos, en algún caso, tal vez por la acción de otros, pero en todo caso por nuestra propia ignorancia, negatividad, malos hábitos, odios, repulsas, incomprensiones y un largo etcétera.

Cada vez que decimos “yo soy así”, huimos del esfuerzo que hemos de hacer para evolucionar, para permitir que aflore ese ser cuyo potencial sigue esperando ser activado.

No imagino a Miguel Ángel diciendo ante el descomunal bloque de mármol que no podía hacer nada digno porque estaba fracturado y tenía perforaciones, él con su esfuerzo y conocimiento supo sacar de las imperfecciones la gran obra que hoy todos admiramos.

De aquella gloriosa etapa han pasado aproximadamente 500 años y, sin poderlo evitar, me pregunto qué haría el artista florentino hoy ante del bloque de mármol.

¿Encontraría en la sociedad actual valores dignos de representar en su impresionante obra o volvería a representar los valores inspiradores de los clásicos de la época grecorromana?

Los valores dominantes en la sociedad actual son fáciles de resumir: el deterioro de la capacidad de convivencia entre los seres humanos y de éstos con la naturaleza, la competitividad, el egoísmo y los valores de la ética del mercado, es decir: la naturaleza y el ser humano son “inútiles” salvo que se puedan transformar en capital al ser explotados.

Ante el superfluo y desmedido consumismo, el egoísmo humano permitiendo que medio mundo muera de hambre, mientras el otro medio tira la comida, la manipulación, la violencia, el maltrato, la corrupción y su aceptación, lo tengo claro, Miguel Ángel optaría por modelar la misma escultura, porque no puedo ni quiero imaginar una que represente los principios que rigen hoy nuestra sociedad.

Sí, ya sé que hay muchas personas y grupos que están trabajando a favor de la evolución, y que lo bueno hace menos ruido que lo malo, pero aún así, estaría bien reflexionar y trabajar nuestro propio bloque de mármol para que, con perseverancia y muchas “cinceladas”, podamos llegar a convertirnos en reyes de nuestras propias vidas, consiguiendo que la razón dirija nuestra emociones y podamos vencer algún día a los grandes gigantes que hoy nos manipulan.

Con esperanza,

Feliz reflexión!

DISCRIMINACIÓN

DISCRIMINACIÓN

No soy lingüista, por lo que bien podría decirse que no estoy autorizada para hablar sobre la etimología de las palabras, pese a ello, abordaré el tema desde el punto de vista reflexivo y trataré de demostrar la diferencia existente entre el significado que tuvieron ciertas palabras en su origen y el significado que en la actualidad les otorgamos.

Hoy me centraré en el vocablo discriminación, muy utilizado por todos y cuyo auténtico significado ha sido empañado, al igual que el de otros vocablos.

Simplemente consultando Internet, veremos que si bien  con anterioridad a los años 70 el diccionario recogía, como significados de la palabra discriminación, el de separar, distinguir o diferenciar, hoy define al vocablo como el  “trato diferente y perjudicial que se da a una persona por motivos de raza, sexo, ideas políticas religión, etc.”.

Asimismo los sinónimos que aparecen para discriminación son: segregación, marginación, exclusión, relegación.

Ésto pone en evidencia que usando, en este sentido, el verbo discriminar limitamos el verdadero y profundo sentido del vocablo y suplantamos, al hacerlo, al verbo marginar.

Todo ello, según dicen voces más autorizadas que la mía, como resultado del influjo “simplista” y “caricaturesco” del lenguaje político.

Si estamos dispuestos a reflexionar un poco sobre el tema, veremos que cuando en realidad discriminamos es cuando emitimos juicios, juzgando o condenando a personas o ideas sin haber hecho previamente una auténtica discriminación, es decir sin haber hecho antes una selección, una criba de lo que de cierto o falso contienen nuestras palabras.

Pese a este mancillamiento, discriminar es una hermosa palabra que, todavía en los campos de la filosofía y en el judicial, mantiene su primitivo significado y valor, cual es un acto selectivo de discernimiento que distingue o separa lo uno de lo otro, como acto imprescindible a la toma de posteriores decisiones sobre los hechos a juzgar.

Cuando aceptamos como significado de la palabra discriminación el de “seleccionar excluyendo” estamos cayendo en un error, puesto que, en realidad son dos actos diferentes incluso en el tiempo, es decir, primero ha de hacerse la discriminación, la criba, la separación y luego excluimos lo innecesario, quedándonos con lo útil y lo bueno.

La imagen que ilustra esta entrada seguramente será más clarificadora que mis palabras. En ella queda patente el significado de la palabra “discriminación, que deriva del verbo latino “discriminare”, compuesta del prefijo “dis”, que marca la separación y de la raíz “crimin-“, que señala el acto de distinguir.

Visto lo que hay, y teniendo en cuenta que no es una invención mía, en cuyo caso tal vez no mereciera la pena tener en cuenta, sería interesante y hasta aconsejable hacer diariamente ejercicios de discriminar lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo racional de lo irracional, lo verdadero de lo falso etc. y una vez hayamos hecho esta discriminación, esta separación ya podremos decidir si nos queremos quedar con el grano o con la paja.

No permitamos que nos arrebaten también el verdadero sentido de las palabras. Discriminar es un acto cognitivo, un acto del intelecto, tal vez por eso se intenta camuflar su verdadero sentido, ya que, cuando nuestra vida transcurre sin discriminar, dejamos de utilizar el intelecto y nos movemos impulsados por el fuego de las emociones, algo muy útil para los que buscan manipular.

Alguien podría decir que las emociones son necesarias y tendría razón; no estoy diciendo lo contrario ya que las emociones son el motor que nos impulsa en la vida, el fuego que produce la energía necesaria para seguir adelante, pero tampoco hemos de olvidar que el fuego no discrimina, sino que arrasa con todo lo que se le pone por delante, de esta forma nuestros actos, pueden abrasar, destruir nuestra vida y la de los demás, cuando  nos dejamos llevar por la fuerza de nuestra emociones sin haber hecho antes la adecuada discriminación.

Aprendamos a discriminar (separar y luego elegir) las emociones que nos conducen al abismo y de las que nos permiten avanzar.

Feliz reflexión y provechosa discriminación!