PERDÓN Y ESPERANZA

PERDÓN Y ESPERANZA

Ayer recibí mensajes queriendo saber que estaba bien tras el atentado producido en Barcelona; yo también los envié a familiares y amigos. Cada vez que recibía o enviaba uno pensaba en la angustiosa espera de aquellos que enviaban mensajes o hacían llamadas que nunca serían contestadas…¡Cuánto dolor causa el odio, el fanatismo y la sinrazón…!

Hoy no tenía pensado publicar ninguna entrada en mi blog, pero teniendo en cuenta que circularán por la red, casi con seguridad, toda clase de mensajes llenos de dolor y de rabia, quiero enviar el mío basado en dos palabras: PERDÓN y ESPERANZA.

Sé que no fui yo quien condujo la furgoneta que produjo la masacre y tampoco quien planeó el atentado, aún así, tengo un cierto regusto amargo en mi boca… A estas alturas de mi vida ya sé que no hace falta disparar un arma ni conducir un vehículo mortífero para dañar, ya soy consciente de mi responsabilidad ante la sociedad que me rodea y de la que formo parte, ya conozco que con cada pensamiento negativo, con cada emoción de odio o de rabia, con cada acción basada en el egoísmo, con cada silencio guardado, cuando debí hablar y con cada palabra hiriente contribuyo a que el mundo en el que vivo sea como es.

Por esta razón, hoy a través de este corto escrito quiero públicamente pedir perdón a todos, a las víctimas, a sus familiares y amigos, a los que están asustados y también, aunque pueda parecer extraño, a los causantes del dolor, porque soy una de las gotas que forman parte de la ola arrebatadora y destructora llamada humanidad.

Tras pedir perdón, tengo la esperanza de que las víctimas descansarán en paz y que los que quedamos, algún día, encontraremos el camino de la cordura, de las correctas relaciones, el amor, el respeto y la paz.

Que así sea.

COMO EVITAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

COMO EVITAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

Dado que estamos en agosto, periodo vacacional para unos y de regreso al trabajo para otros, me parece oportuno escribir una entrada sobre el “síndrome postvacacional” o “depresión postvacacional”: estado de ansiedad que se produce cuando acaban las vacaciones, los viajes, el descanso o tiempo libre y hay que volver al trabajo, a la vida activa, a la rutina.

No pretendo frivolizar sobre el tema; en primer lugar porque el sufrimiento es algo que no me invita a ello y en segundo lugar porque hace bastantes años sufrí una depresión; aclarado ésto, decir que solo trato de compartir uno de los “remedios” que cambiaron mi vida, por si puede ayudar a alguien. No necesita receta médica y puede servir para otras dolencias similares, eso sí, requiere decisión y voluntad de cambio.

Es muy evidente que estamos manipulados y que nos llevan por caminos equivocados; en relación al tema de hoy, juzgad vosotros mismos, los mensajes con los que nos bombardean pretenden hacernos creer que siempre podemos mantenernos jóvenes, ser felices y estar guapos ¡difícil tarea ésta! No me extraña que haya tanta depresión…

La felicidad solo es un estado emocional y, como tal, es cambiante, no un estado perpetuo que se pueda alcanzar haciendo o teniendo tal o cual cosa; no obstante hacia esa meta nos conducen ofreciéndonos: sabrosas comidas, coches potentes y vistosos, dinero fácil, diversión sin límites, vacaciones, viajes, etc, etc . Hoy ya parece “misión imposible” vivir sin todo ésto.

Por el contrario, nadie nos anima a descubrir la alegría, que es una cualidad esencial, sentida mentalmente. No interesa que las personas pensemos, que reflexionemos, interesa que vivamos en el emocional, porque así es mucho más fácil la manipulación. Aunque el tema es mucho más complejo, creo que con esta pequeña pincelada ya se puede ver que hay que vigilar hacia dónde nos conduce el camino por el que nos llevan.

Volviendo al “síndrome postvacacional”, te presento esta sencilla reflexión: si quien disfruta de vacaciones se deprime cuando éstas acaban ¿cómo de deprimido puede estar el que, por unas razones u otras, no puede disfrutarlas? Y si volver al trabajo produce ansiedad ¿cual es el grado de ansiedad que pueden tener todos los que por enfermedad no pueden trabajar o los que buscan trabajo y no lo encuentran?

También es cierto que podrías contestarme que a ti no te importa cómo se sientan los demás, pero de eso ya hablaremos otro día. Aún así quiero decirte que si tu caso es éste, no continúes leyendo, ésta entrada no te va a ofrecer nada. Por el contrario, para el que tenga cierto grado de conciencia, de empatía, de compasión hacia los seres que le rodean, ahí va un “remedio” barato y eficaz:

APRENDAMOS A MIRAR EL LADO POSITIVO DE LA VIDA. APRENDAMOS A VALORAR Y AGRADECER LO QUE TENEMOS ¡QUÉ NO ES POCO!

Seamos positivos y la alegría se irá instalando en nosotros y cuando esa cualidad anide en nuestro interior, disfrutaremos con lo que tengamos y si encontramos un “limón”, saborearemos la limonada y no sufriremos pensando lo buena que estaría una naranjada.

Termino esta entrada con un cuento, que seguramente todos conocéis, porque es un clásico. Lo escuché cuando era niña y nunca lo he olvidado.

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ

Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó de una rara dolencia. Tras aplicarle todos los remedios a su disposición, el rey no mejoraba. Cierto día llegó a palacio un anciano que decía conocer la enfermedad y el tratamiento. El anciano dijo: El rey sólo podrá sanar si se pone la camisa de un hombre feliz.

Reunidos los sabios de la corte, llegaron a la conclusión de que el hombre más feliz del reino debía ser el más rico y poderoso, así que fueron en su busca, pero este respondió:

_¡Ya quisiera yo ser feliz! pero no descanso, no duermo, siempre estoy preocupado pensando en los ladrones y en lo que me cuestan los guardias que vigilan mis propiedades.

Entonces, decidieron buscar al hombre más sabio, por cuanto al ser sabio debería ser feliz, a lo que éste contestó:

_Precisamente por ser sabio no puedo ser feliz. Cuanto más amplios son mis conocimientos soy más consciente de lo mucho que desconozco y eso me llena de insatisfacción.

Después mandaron llamar al hombre más fuerte y saludable del reino, creyendo que la salud y vigor físico implicaban la felicidad, pero éste les respondió:

_¿Cómo piensan que puedo ser feliz? Para mantenerme sano y fuerte me he de privar de los manjares que más me apetecen y hacer ejercicios extenuantes. Además, mi salud y fuerza es pasajera, pues ya hay jóvenes que pronto serán más fuertes que yo.

Ante estas respuestas, los emisarios del rey decidieron, enviar mensajeros a todos los rincones del reino en busca del hombre feliz.

La búsqueda fue infructuosa y, cuando los emisarios estaban de regreso, pararon a descansar cerca de una montaña solitaria y descubrieron a un ermitaño que vivía en una cueva. Le pidieron agua y el hombre les ofreció compartir también los escasos alimentos que tenía. Los emisarios le preguntaron:

-¿Cómo puede vivir tan solitario y en estas condiciones tan miserables?

A lo que el hombre contestó:

-Yo aquí vivo feliz, no necesito más y disfruto de lo que tengo.

Los emisarios, sorprendidos, le dijeron:

– Nuestro rey está muy enfermo y sólo se podrá curar si se pone la camisa de un hombre feliz, por favor ¡déjenos su camisa!

Pero para sorpresa de ellos ¡EL HOMBRE FELIZ NO TENIA CAMISA!

 

Disfruta de tus vacaciones y ¡Feliz reflexión!!!

¿AGRADECER O PROHIBIR?

¿AGRADECER O PROHIBIR?

Hace unos días, una amiga me envió un mensaje proponiendo hacer una petición colectiva al Ayuntamiento, instando a éste a cumplir las ordenanzas municipales. Me pareció una buena idea, pero, sin poderlo evitar, debido al síndrome que padezco, como algunos ya sabéis, me puse a reflexionar y llegué a esta conclusión: ciertamente, hemos de exigir los derechos que tenemos como ciudadanos, que para algo pagamos nuestros impuestos, pero ¿dónde queda nuestro grado de responsabilidad?

Un día, al pasar por una calle cercana a mi casa, descubrí un simpático, pequeño y singular letrero colgado de una ventana baja. El letrero decía: “gracias por no permitir que su perro orine en mi ventana”.

Me gustó el letrero y pensé ¡qué diferente sería vivir rodeados de pequeños letreros “agradeciendo” omotivando”,  a vivir rodeados de letreros “prohibiendo”. Cuando agradecemos es porque la otra persona hace algo bien o, al menos, como sería de esperar en un lugar “civilizado”. Cuando se prohíbe es porque la barbarie que nos rodea supera en mal los mínimos esperados, no entiende el término gracias y dudo que el de la prohibición.

Vivimos en una ciudad cosmopolita, hermosa, agradable y tolerante, pese a lo que algunos puedan opinar (estoy hablando de Barcelona, por si alguien que lea esta entrada no lo sabe) pero a muchos nos gustaría que sus calles estuvieran más limpias de lo que están. He de reconocer que desconozco como está el resto, pero, salvo algunas excepciones, no creo que haya mucha diferencia. Es más, estoy segura que es una epidemia que no solo afecta a esta bella ciudad.

Todos hemos visto, seguramente más de un vez, como aprovechando la parada de un semáforo, por arte de magia se abre la puerta de un coche y una hábil mano vacía el cenicero en mitad de la calle; vemos a diario excrementos de perro dejados hallá donde el pobre animal tuvo a bien depositar; vemos y sufrimos en el día a día las miles de colillas que algunos “generosos fumadores” lanzan con gran destreza en la calle o medio hunden en la playa; también podemos observar miles de manchitas en el suelo, de origen aparentemente desconocido, pero que provienen de los chicles que tiran a diario otros “generosos conciudadanos” (de alguna manera hay que llamarlos) y también quiero mencionar, aunque sea de pasada, porque es muy temprano y acabo de desayunar, esos regalos de “fluido corporal segregados por las vías respiratorias y expulsados por la boca” con gran habilidad. Eso sin mencionar las bolsas de basura dejadas en las papeleras y también tiradas en lugares de acampada, etc, etc.

Amigos, ésto el Ayuntamiento no lo puede arreglar, como mucho puede limpiar más nuestras calles y aleccionar o multar a los que infringen las ordenanza, pero hasta que el ciudadano no comprenda que cuando sale de la puerta de su casa, está compartiendo un espacio común con otros conciudadanos y hasta que no sienta el deseo de colaborar, de aportar, de añadir algo para hacer de nuestro barrio, de nuestra ciudad o del mundo en general un lugar más confortable y mejor, no tendremos más remedio que soportar esa cosecha que tanto prolifera: la suciedad, no solo a nivel físico, sino también a nivel emocional y mental.

La educación, desde mi humilde opinión, no empieza en las escuelas, sino en las familias y yo he visto a muchas mamás y papás dejar que el peque vaya sentado en el tren o el metro con sus “patitas” apoyadas en el asiento, mientras personas mayores, estaban de pie buscando un apoyo para no perder el equilibrio. ¡Qué cada cual saque sus propias conclusiones…!

Todos tenemos derecho a tener animales, a fumar, a tomar chicles, a sentarnos en los bancos, etc, etc, pero, por favor, vivamos como ciudadanos y recordemos que nuestro derecho acaba donde empieza el de los demás.

La cosecha que tenemos hoy es consecuencia de la siembra de ayer y la siembra de hoy, sin duda alguna, la recogeremos mañana.

Gracias amiga por mandarme el mensaje, gracias por ser como eres y, porque sin saberlo, me inspiraste para escribir esta entrada en mi blog.

Teniendo en cuenta que es verano, que much@s estáis de vacaciones y hace calor, he preferido poner la imagen refrescante de una playa limpia y vacía. Lo opuesto ya lo sufrimos cada día.

Feliz reflexión!!!

CONFIANZA

 CONFIANZA

Hay maestros que la definen como un misterio y tratan de darnos una idea de ella diciendo que si imaginamos el amor como una circunferencia, el centro de ésta sería la confianza.

Si un maestro dice ésto ¿qué puedo decir yo? No, no voy a hacer una gran disertación sobre la confianza, porque dudo que sea capaz de explicar con claridad lo que pretendo,  aún así, intentaré animarte a llevarla de compañera en tu caminar por la vida.

En el libro “El Principito” hay una frase muy conocida que dice: “Lo esencial es invisible a los ojos del hombre” y para mí, la confianza es esencial y también invisible a los ojos del hombre, porque solo puede percibirse desde el vacío y el silencio interior.

-¿Confianza en qué? -Podría decirme alguien y yo, con humildad, respondería:

-Confianza en la Vida, confianza en tu verdadero “Yo” y confianza en la Ley.

Confianza en la Vida, porque ésta es como una escuela en la que venimos a aprender y por ella debemos pasar sin “apegarnos a ningún pupitre”, solo descubriendo cual es el nuestro y, desde él, ir avanzando.

Confianza en nuestro verdadero “Yo”, porque, hasta donde yo sé, que tampoco es que sea mucho, no somos únicamene el organismo, ni las emociones ni los pensamientos; somos un “alma”, un “espíritu”, una “esencia”, un “Yo” (cada cual que elija el nombre con el que mejor lo entienda); y las envolturas con las que, habitualmente, nos identificamos son solo el equipo necesario para recorrer nuestro camino, para realizar nuestra andanza.

Confianza en la Ley, porque la verdadera libertad nace del conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la vida. El conocimiento de la Ley es el que permite fluir con libertad.

Otras enseñanzas dicen que vivir con confianza sería algo así como, migrar como una nube o fluir como el agua. Me parece preciosa la frase y de pronto, imagino que soy una nube surcando el firmamento o agua fluyendo por el cauce y cuando algún obstáculo parece detenerme, escucho una voz que parece salir del propio impedimento y que dice suavemente, pero con rotundidad: no te detengas, avanza, avanza…

La verdadera confianza conlleva despreocupación, comprensión de que no hay fracaso, que todo está planeado para lo mejor, liberación del miedo, la ansiedad, la envidia, la desesperación.

Para no extenderme demasiado, acabaré con la conocida frase de una película: “Al final todo estará bien y si no lo está, es que no es el final”.  Podríamos recordar esta frase de vez en cuando, porque solo regando y abonando la semilla de la confianza podrá crecer en nuestro interior y cuando la sintamos dentro, aunque sea por un breve instante, sabremos que existe sin necesidad de más explicación, porque:

“La confianza es la evidencia de las cosas no vistas”

Feliz reflexión!!!

MI VERDADERO “YO”

MI VERDADERO  “YO”
Si fuera consciente de mis pensamientos,
de los que yo inicio y de los que no…
Si fuera consciente de mis emociones,
de las que me hunden y de las que me alzan…
Si fuera consciente de mis palabras,
de las que hieren y de las que sanan…
…..
Si conociera mi verdadera esencia,
descubriría que no soy los pensamientos,
ni las emociones,
ni el pequeño cuerpo que me acompaña,
que ellos son solo el equipo
para hacer la “escalada”.
…..
Si conociera mi verdadera esencia,
Mi auténtico “Yo” se expresaría,
pensaría en positivo,
tendría confianza,
mis palabras y mis manos sanarían y
mi vida la caracterizarían,
la generosidad y la correcta palabra.
…..
Si fuera consciente del verdadero sentido de la Vida,
mi vida tendría un sentido…

“LOS DÍAS DE…”

“LOS DÍAS DE…”

A través del mensaje de una amiga, he sabido que hoy se celebra el “día de los abuelos” y, como padezco del “síndrome de la reflexión”, que es algo parecido al síndrome de las piernas inquietas, pero en relación a la mente, sin poderlo evitar me he puesto a “reflexionar”.

¿Por qué celebramos “los días de…?. Si me guardas el secreto, te diré que tengo un cierto grado de perversión y me encantaría que el síndrome que padezco se le contagiara a alguien más, por eso de que “mal de muchos consuelo de tontos”.

Volviendo a “los días de…”. Hoy al parecer se celebra el día de los abuelos ¡Pobres abuelos si solo se reconoce su mérito un día…! Nunca saben si dispondrán de tiempo para ellos, porque la mayoría tienen “dedicación exclusiva”, es decir, que las veinticuatro horas están disponibles por si los necesitan. Celebrar el día de los abuelos, no voy a decir que esté mal, pero ni un solo día hay que olvidad el cariño que ofrecen y el esfuerzo que hacen y están dispuestos a hacer por sus hijos y por sus nietos.

Otros “días de …” que se celebran:

“Día de la madre y día del padre”. ¿Cuándo una madre o un padre dejan de ejercer como tal?

“Día de la mujer trabajadora”. ¿Hay algún día que la mujer no trabaje? ¿Por qué no tienen los hombres un día del hombre trabajador? porque eso ya “se les supone”.

Alguien puede estar pensando, que soy una exagerada y que se festeja para recordar los logros conseguidos por la mujer. Tal vez tenga razón y yo esté equivocada, porque mi padre ya de niña me decía: “hija mía eres más rara que una pelota cuadrada” .

“Día de los enamorados”; otro día tonto como el que más, desde mi humilde opinión, claro está.

Así podría ir enumerando unos cuantos más “días de…”, con los que no me identifico absolutamente nada. En determinados casos, desde mi humilde opinión, son puro esnobismo, en otros casos una justificación y en todos un invento de la sociedad consumista para que compremos ese día un detalle, cuando no hay mejor detalle que recordar, reconocer y agradecer cada día la generosidad de unos padres, el esfuerzo de los abuelos, el trabajo sin interrupciones de la mujer, etc. etc

No nos dejemos manipular, si se nos concede celebrar “un día de…”, es que, en realidad, los 364 días restantes es dudoso el reconocimiento que tenemos de ese derecho; a quienes realmente se les reconoce no necesitan recordarlo mediante “un día de…”.

Y como yo también tuve abuelos, aprovecho para poner aquí la poesía que hice a uno de ellos. Estos sencillos versos surgieron, hace muchos años, en un autobús que hacía la línea Barcelona-Zaragoza; yo estaba ya sentada y vi que venía un señor mayor, bastante apurado porque la hora de salida estaba próxima. Cuando lo vi, me recordó a uno de mis abuelos, así que busque un papel y un bolígrafo en mi bolso y me puse a escribir, mientras unas lágrimas se deslizaban silenciosas por mis mejillas.

Tu ausencia
Hicieron que te recordara,
su cuerpo enjuto,
su boina calada,
sus manos torpes y algo deformadas.
Abuelo! Quise decir,
pero la voz no me salió,
sabía que no eras tu,
que era solo una ilusión.
Y es que te fuiste, abuelo,
sin escucharme decir lo mucho que te quería,
te fuiste y me dejaste,
un gran vacío en la vida.
Hoy, superada ya tu ausencia,
mitigado ya el dolor,
quiero decirte:
Abuelo ¡te quiero!, ¡Adiós!.

LA ESENCIA Y LA PERSONALIDAD

LA ESENCIA Y LA PERSONALIDAD

Tres caballos salvajes galopan sin rumbo ni dirección; se sienten libres, dueños de si mismos, carentes de patrón. Los animales desconocen que, con discreción, siempre son observados por su adiestrador.

Pasa el tiempo, los caballos crecen, corren, relinchan, y miden sus fuerzas; el observador, en silencio, pacientemente, espera a que algunos de los équidos le preste atención.

Como por casualidad, alguno se le acercaba con la cabeza erguida, altivo, sin visos de sumisión; el caballo relincha, sacude el suelo con sus patas y de nuevo se va . El instructor sin forzarles, sigue esperando, sabe que un día lo percibirán y una vez descubierto, sin duda lo buscarán.

Pasará mucho tiempo hasta que ésto ocurra, pero finalmente los briosos caballos anhelarán encontrarse con su paciente adiestrador y se acercaban humildes, con la cabeza agachada y saborearán los pastos a su alrededor y él les susurrará al oído palabras inaudibles, pero de un gran valor.

Nada habrán perdido, la fuerza la mantendrán, pero ahora estará encauzada hacia una sola dirección.

……………………………………………

Una persona amiga me dijo con suma delicadeza que “pecaba de didáctica”, tal vez tenga razón, pero, me consta que, a otras les gustan los comentarios que intentan aclarar, tal vez sin conseguirlo, los mensajes semi-velados de algunos de mis escritos ¿qué hacer? Dicen que la virtud está en el término medio, pero ¡qué difícil es alcanzar la virtud…! Me esforzaré en ello y espero que, con vuestra ayuda, un día llegue a conseguirlo.

Hoy comparto con vosotr@s una sencilla reflexión sobre: la “personalidad” y la “esencia” del ser humano. No voy a profundizar en el tema, porque ya otros son maestros en la materia; a mi me gusta hacer pequeñas historias para que, a través de ellas,  cada cual vaya reflexionando, algo así como las fábulas que leía en mi niñez, aunque sin pretender compararlas.

¿Quién no ha pasado por etapas de confusión y desorden? Físicamente hacemos una cosa, emocionalmente sentimos otra y nuestra mente piensa algo distinto. En estos momentos nada funciona y el estrés, las depresiones e incluso las enfermedades son el resultado de esos nudos energéticos que se van formando.

Nuestro “verdadero Yo”, espera paciente a que nos percatemos de su existencia, a que dejemos a un lado la arrogancia, a que nuestros tres cuerpos (físico, emocional y mental) estén alineados, pues solo entonces podremos recibir su inspiración para llevar una vida con propósito y dirección.

Feliz reflexión!!!

¡FELICIDADES!

¡FELICIDADES!

Hoy, 16 de julio, he decidido felicitar, a través de mi blog, a las personas conocidas que celebran su santo o su cumpleaños y, aprovechando la oportunidad, hacer extensiva mi felicitación a las que no conozco y a todas las que tienen algo que celebrar.

Junto a mi felicitación va un pequeño detalle: la invitación a una sencilla reflexión.

¿Alguien recuerda el momento de su nacimiento o aquel en el que decidieron ponerle el nombre que le acompaña? Yo, sinceramente, no.

Si cierro mis ojos un instante o incluso sin cerrarlos, puedo transportarme a ese día e imaginar a mi madre con dolores de parto, a mi padre nervioso y a ambos ilusionados esperando el primer fruto de su unión. Pero, no voy a detenerme en esos instantes, pese a su importancia, porque es hacia otros momentos, hacia los que hoy intento derivar mi atención.

Empezaré diciendo que si hoy hace X años que naciste o que te pusieron tu nombre; ayer hizo X años que estabas a las puertas de nacer o de que te pusieran el nombre con el que hoy se te conoce y mañana hará X años que lograste atravesar el umbral y que respondes a tal nombre. ¡Vaya lío de palabras!

Dicho de otra forma, cada día tenemos la oportunidad de celebrar “algo”. ¿Por qué tanto “bombo y platillo” para celebrar determinados días y tanto olvido respecto a otros?

Celebrar el cumpleaños, no digo que esté mal, pero celebramos el resultado de un proceso natural; celebrar el santo, tampoco está nada mal, pero es algo en lo que en nada intervino nuestra voluntad.

Por favor, no pienses que pretendo ahogarte la fiesta ¡todo lo contrario! Mi intención es recordarte que cada día hay mucho que agradecer y algo que celebrar.

Por poner algún ejemplo: el día que diste tus primeros pasos; el día que articulaste tus primeras palabras; el día que aprendiste a comer; tu primer abrazo; tu primera sonrisa; la primera vez que descubriste que el “amor” brotaba de tu interior; la primera vez que fuiste capaz de permanecer en silencio, aún pensando que tenías razón; la primera vez que tendiste la mano a quien lo necesitaba; la primera vez que te tragaste el orgullo y pediste “perdón”; la primera vez que fuiste capaz de reconocer un favor y dar las“gracias”.

Todos estos hechos y muchos, muchos más, son logros conseguidos en nuestro lento caminar. ¿por qué no los celebramos?

Alguien podría decir que es porque esos hechos no los recordamos, pero todos sabemos que esa no es la razón…

Si estás leyendo estas líneas, no pienses que pretendo restar, quitar o aleccionar con mis palabras, mi intención no es otra que la de añadir, sumar, sugerir, invitar, así que, como estás de celebración no quiero sustraerte más tiempo y acabo mi escrito diciendo:

FELICIDADES A TODOS, porque, sin duda alguna, todos tenemos mucho que agradecer y algo que celebrar.

MANOS PINTADAS DE BLANCO

MANOS PINTADAS DE BLANCO

Pese a ser domingo y estar en la playa, las caras de todos los que me rodeaban reflejaban un semblante marcado por la tristeza, por la indignación y por cierta dosis de esperanza.

Se estaba acercando la hora, la gente hablaba a media voz, temerosa de romper el silencio que nos rodeaba. Finalmente ese silencio fue roto por la voz de un hombre, a través de un altavoz. La esperanza fue fulminada, solo quedó la tristeza y la indignación. Miguel Ángel Blanco había sido asesinado. Las lágrimas de muchos pedían ser liberadas.

Miles de manifestantes en la calle, las manos en alto pintadas de blanco, niños a hombros de sus padres, un silencio sepulcral y una marcha tan lenta que era imposible avanzar… No sirvió para nada, la sentencia estaba echada.

¿Qué tuvo de especial la trágica muerte de aquel concejal? Supongo que las horas de agonía que pasaron desde su secuestro hasta su brutal asesinato.

Hoy martes, en un momento dado, he cogido el mando de la TV y le he dado al botón. Sinceramente, es esos momentos no recordaba aquel hecho impactante, ni que ya habían pasado veinte años. Las imágenes que he visto y las frases que he oído, han hecho que, de nuevo, un nudo se pusiera en mi garganta. Hoy, no ha sido por el asesinato de ningún concejal, hoy, como tantos otros días, el motivo ha sido que he sentido apuñalada la esperanza.

SEÑORES POLÍTICOS!!! Entérense de una vez: hace veinte años nos conmocionó profundamente aquel acontecimiento, pero hoy nos sigue conmocionando su insensatez y su insensibilidad.

¡Con qué placer paladean ese regusto que parecen sentir “los unos, cuando critican a los otros y los otros, cuando critican a los unos” y nunca faltan bufones aplaudiendo al payaso de turno…!

Necesito ver políticos que no lleven siempre la escopeta cargada contra su oponente; que hablen de su ideario y de su programa y no se centren en el de los demás; que busquen más colaboración y menos protagonismo ¿Existen? Tal vez sea una especie extinguida y yo pida un imposible. Requiere aplomo y no descargas, requiere trabajo y no críticas, requiere humildad y no soberbia, requiere saber que la política es un servicio a la sociedad y no un lugar donde llenarse los bolsillos a costa de los demás.

Hasta que aparezca un político con estas cualidades, prefiero estar desinformada que asistir diariamente a un circo o a un teatro de tal mediocridad.

La oposición política, debería ser alguien que defiende ideas distintas, no un enemigo merecedor de la muerte ni de torturas ni siquiera de feroces y, muchas veces, falsas críticas; pero para entender ésto hay que empezar por asumir las diferencias y respetar la libertad de los demás.

Quiero terminar este escrito, mandando mis más sentidas condolencias a los familiares y amigos de MAB y a los de todas las víctimas del terrorismo, sin olvidar a los familiares y amigos de las víctimas de otras clases de violencia.

UNA DE BOMBEROS

¡UNA DE BOMBEROS!

Con la velocidad de una Harley, con la fuerza de un tornado, con el ímpetu arrasador de un fuego activado, trascurren nuestras vidas en esta sociedad que “aquél, ése, éste, tú y yo” hemos construido.

Ni la hermosa y potente Harley, ni el destructor tornado, ni el poder arrasador del fuego tienen la menor posibilidad de detenerse a pensar ¿qué estoy haciendo? No, ellos no pueden pensar, ellos hacen bien su trabajo: correr, destruir, quemar. Solo el hombre dispone de esa capacidad, pero se está haciendo todo lo posible para que la perdamos.

Hace unos días, todos pudimos ver un pequeño vídeo, en el que un bombero avanzaba hacia un incendio y al mismo tiempo hacía público lo que pensaba. No estoy segura si el vídeo, en cuestión, era real o era un montaje, pero en cualquier caso, decía “verdades como puños” y daban ganas de correr a su lado a sofocar las llamas diciéndole a gritos: no estás solo, nosotros estamos contigo, porque lo que tú defiendes, exponiendo tu vida, nos pertenece a todos.

Es fácil decir que un incendio es obra de un pirómano o de alguien malintencionado y yo con firmeza pregunto ¿por qué cada día hay en nuestra sociedad más pirómanos, más maltratadores, más acosadores, más drogadictos, más depresivos, más…? ¿Por qué está tan “tarada” nuestra sociedad? ¿Qué hacemos o dejamos de hacer para que ésto ocurra? ¿En qué nos estamos equivocando?.

Bomber@s y otros grupos de rescate, médic@s, enfermer@s, maestr@s, asistent@s sociales, investigadores y similares son profesionales cuyo diario hacer pasa desapercibido para el resto de los mortales, salvo cuando hacen algo “notable” y salen en el telediario. Entonces la noticia vuela, se difunde por las redes sociales, pero con la misma rapidez que se conoce, desaparece del panorama y cae en el olvido.

Por el contrario, hay otras “profesiones” o “formas de vivir” (de alguna forma hay que llamarlas) que día tras día tienen resonancia en los medios de comunicación. No voy a nombrar ninguna, porque ya las conocéis y porque mi blog no está pensado para atacar a nadie, sino para invitar a la reflexión.

¿A quién llamas cuando tienes un accidente o hay una catástrofe?

¿A quién acudes cuando estás enfermo?

¿Quién mitiga tu dolor?

¿Quién educa a tus hijos?

¿A quién debes todos los avances que nos facilitan la vida?

¿De qué sirven, en estos casos, los “mitos” que cada día son noticia?.

¿Dónde ha quedado ya el impacto que produjo el vídeo del bombero o del médico que hizo una intervención que parecía sacada de un libro de “ciencia-ficción”?

¿Dónde ha quedado el saber hacer de aquel maestro o profesor que te impulsó a ser lo que hoy eres?

Tal vez  haya quedado olvidado en algún recóndito lugar de tu cerebro, eso suponiendo que hubiera llegado hasta allí, porque hoy las noticias y las imágenes avanzan como el fuego, impactan en nuestras entrañas y luego otras las sustituyen y así día tras día, sin que seamos capaces de detenernos a profundizar en lo que leemos, en lo que vemos, en lo que nos cuentan y nosotros, sin reflexionar, creemos.

El verano supone un trabajo extra para los bomberos, a los que dedico este escrito, así como a todos esos profesionales que con su silencioso e innegable esfuerzo, sin buscar ser noticia, contribuyen a fomentar la cultura, mejorar la salud y conseguir un mundo más justo y mejor.

Feliz reflexión!!!