LA GALLINA Y SUS POLLUELOS

LA GALLINA Y SUS POLLUELOS

Había una vez una singular gallina que vivía con otros animales en una confortable corraliza. Participaba en los típicos juegos del corral, disfrutaba con el canto de los gallos anunciando el nuevo día y hacía saber a todos, con su escandaloso cacareo, la alegría que sentía cuando se desprendía de uno de sus huevos.

Pero, aparte de las tareas y juegos cotidianos, la protagonista de la historia intentaba aprender todo lo que podía. Su esfuerzo era comprendido y elogiado por muchos de sus compañeros, pero la gran mayoría no entendía para qué quería aprender, si nunca dejaría de ser una gallina de corral.

A nuestra amiga, esto la dejaba indiferente, sabía que tenía una misión en la vida y ella deseaba cumplirla lo mejor posible.

Un día sintió la llamada de la maternidad, sería difícil, pero se sentía feliz, pues iba a colaborar en la perpetuación de su especie.

Empezó dando calor y protección a los huevos, a la vez que reflexionaba sobre su decisión y se fortalecía emocionalmente.

Cuando llevaba veintiún días de recogimiento, algo se movió bajo su regazo, el corazón se aceleró. ¡Su primer hijo pedía paso a la vida!

El amor que ya sentía por ellos y la impaciencia por conocerles le impulsaba a ayudarles, pero no lo hizo, sabía que no debía hacerlo, salvo que ellos se retrasaran más de lo normal y éste no era el caso.

En las horas siguientes nacieron todos los demás ¡qué orgullosa se sentía!

Les enseñó a asearse, a comer, a compartir sus juegos, a respetar a los demás, a dar amor y a saber recibirlo; sus hijos aprendían con rapidez, porque sus enseñanzas no eran meras teorías, sino la forma de vida que ella había adoptado y que ellos aprendían por pura y simple imitación.

Un día comprobó que apenas cabían bajo su regazo; ya no eran las pequeñas bolitas de algodón, suaves y temblorosas, que un día fueron. Junto a una gran satisfacción, un ligero dolor cruzó su corazón. Pronto no la necesitarían…

Finalmente llegó el momento, ya no podía cobijarlos bajo sus alas y ellos reclamaban ocupar su propio lugar en el gallinero. Todavía estaría vigilante por si algún peligro les acechaba, pero entendía que deseasen estrenar su independencia, pues formaba parte del proceso de la vida.

Con estos pensamientos ocupando su mente y con el corazón henchido de amor se dispuso a dormir, no sin antes comprobar que aquellos a los que un día cobijó bajo su regazo ya dormitaban en brazos de Morfeo.

..…..

Este sencillo cuento, está dedicado a todas las mujeres que han de conciliar su vida familiar y laboral y que, en la mayoría de los casos, su esfuerzo no es valorado en su justa medida.

Aprovecho la oportunidad para recordar que, desde mi humilde punto de vista,  celebrar el “día de la mujer trabajadora” o el “día de la madre”, es significativo pero no suficiente, pues una madre nunca deja de velar por sus hijos y es difícil imaginar un solo día en el que una mujer no trabaje dentro o fuera de casa.

Por un mundo más justo y mejor.

¡VAYA SUSTO!

Hoy comparto con vosotros un escrito con el que Sol y Luna subieron al podio, junto con dos personas más. Me presenté a un reto en el que pedían hacer un escrito de menos de 350 palabras, tres de ellas obligatorias: iconoclasia, tren y fermentar. Este fue el resultado: 

 

¡VAYA SUSTO!

 

Sesteábamos felices en el regazo de nuestra amita, cuando el mundo pareció venirse abajo. ¡Casi morimos del susto!

Una tremenda sacudida y un fuerte estallido nos sorprendió; espantados, dimos un salto y corrimos para ponernos a salvo.

Ahora estamos escondidos hasta que pase el peligro y no hay nada nuevo que olisquear, así que aprovecharé para contaros que somos dos gatos que nacimos en un lugar próximo a unas vías de tren lleno de basura fermentada y allí, a los pocos días, quedamos huérfanos.

Tuvimos la suerte de ser rescatados y más tarde adoptados por una buena persona. Cuando nos conoció, acercó su mano para tocarnos y percibí un corazón sobrado de amor.

—¡Qué hermosos gatitos! —dijo ilusionada, tomándome entre sus manos— y adoptó a mi hermana con el nombre de Luna y a mí con el nombre de Sol.

Nuestra vida es envidiable, pese a sus tremendos estornudos y a otros retos que hemos tenido que superar; como cuando empecé a sentir una fuerza que me impulsaba a montar a mi hermana, sujetándola del cuello.

Luna maullaba desaprobando mi acción y terminábamos jugando los dos, hasta que me volvía el impulso incontrolable.

Ante esta actitud, nuestra amita nos llevó al veterinario.

Cuando volvimos a casa yo tenía mis partes íntimas doloridas y mi hermana una herida en la barriga y un artilugio alrededor del cuello.

Superados esos momentos, ahora potenciamos el vínculo de sangre y el de la amistad lamiéndonos el uno al otro.

—Sol, Luna, no tengáis miedo, salid del escondite.

—Vamos a salir Luna, nos está llamando y parece que no hay peligro.

Y riendo nos ha llevado ante el rastro hecho en nuestra desesperada huida: al San Pancracio que adornaba un pequeño estante lo hemos dejado sin brazo.

No hemos incurrido en iconoclasia porque somos gatos y no pretendíamos romper la figura del santo, pero tendrá que arreglarlo porque, al parecer, es el patrón de la salud y el trabajo.

 

VA DE ANIMALES

 

 

“A veces, observo a los gatos, retozones, cariñosos, audaces, ágiles, totalmente imprevisibles, instintivos, carentes de juicio, sin capacidad de reflexión, y, sin poderlo evitar, un pensamiento cruza mi mente:

¿Tan distinto es el hombre de los gatos? Qué nadie se sienta ofendido, que no pretendo comparar al orgulloso “homo sapiens” con este astuto animal.

¿Qué distingue al hombre de los gatos? Visto lo que hay, llega tú a la conclusión.

Si la razón no usamos y vivimos cual robots, habrás de reconocer que, en realidad, poco más que la bipedestación.

A veces observo a los gatos y como un gato me siento yo y, acercándome a ellos, les hablo bajito para pedirles perdón, por considerarme más que ellos, sin que apenas haya razón, pues si algo me distingue de la raza animal, habré de adaptar mi vida a esa capacidad y si la raza humana es mejor que la animal ¿por qué hay tantos animales con traje, corbata o frac?”

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Cada cual tiene derecho a tener su propia opinión ¡faltaría más! pero, desde mi humilde punto de vista, siempre que respete la opinión de los demás y que no pretenda imponer la suya pensando que está en posesión de la verdad.

En el caso de hoy, puedo entender que haya personas a quienes les den miedo los animales o incluso que no les gusten, pero que les hagan daño, eso no debería tener cabida en ninguna mente humana.

Hace unos días, alguien me mandó unas fotos que me dejaron el corazón apenado por dos razones: por la mirada de tristeza y sufrimiento que tenía el perro y por la sensación que sentí al ver, una vez más, lo que son capaces de hacer determinadas “manadas de la raza humana”: Dos “animales con piernas” exhibían en sus manos las orejas del perro como trofeos. Sin comentarios.

Si presumimos de ser “humanos”, debemos vivir como tales y no como depredadores.

Si presumimos de ser “animales racionales” tendremos que utilizar la razón, de lo contrario es como tener un aparato eléctrico sin enchufar a la corriente ¿De qué sirve? De estorbo.

Pero, si unos maltratan y abandonan a los animales, hecho deplorable, otros dicen que son sus hijos.

Tengo la sensación, de que en esto también hemos perdido el norte.

Hace un año adopté a los dos gatitos que ilustran hoy la entrada; los cuido, protejo y mimo continuamente, pero eso no me convierte en su madre, sino en su “cuidadora”.Como tampoco nos convertimos en madres de nuestros progenitores, cuando los cuidamos en la enfermedad o en la vejez.

Muchas veces, tendemos a mitificar hasta las palabras. Decimos madre, como el súmmum del amor hacia los hijos. Pero todos sabemos que, pese a que la relación padres e hijos es el vínculo más fuerte que existe, hay padres que hieren y matan a sus hijos y muchos hijos que abandonan a los padres. “El hábito no hace al monje”.

Mirar los ojos de un animal es algo que me maravilla. Su mirada es limpia, no tratan de disimular, ni de aparentar, son lo que son, pero dicen más sin utilizar palabras, que muchos charlatanes que nos inundan con palabras y, en realidad, no dicen nada.

Por un mundo más “humano”, reflexionemos sobre ésto y trabajemos para evitar el maltrato de personas y también el de animales.

CARTA DE UN HUMANO A UN ANIMAL

CARTA DE UN HUMANO A UN ANIMAL

Desconocido y sufrido animal,

Tengo el privilegio de responder a tu carta, publicada hace unos días en este blog y dirigirme a ti, así como a todos los animales maltratados o abandonados.

Sinceramente, confesaré que mi primera reacción al ver la carta fue la de no leerla, pero por alguna razón que desconozco no lo hice ¡se ve tanta publicidad y tanta basura hoy en día…!

A partir de leer tu sentir y tu agradecimiento hacia quienes os protegen y os ofrecen una segunda oportunidad, empecé a sensibilizarme y a documentarme sobre el maltrato que muchas veces se os da.

Partimos del hecho de que, jurídicamente, no tenéis derechos, puesto que no se os pueden exigir obligaciones, pero nadie podrá negar que, como seres vivos, os merecéis un respeto y  sentís dolor, hambre, sed, miedo, tristeza, alegría y un montón de emociones más.

Si los humanos presumimos de ser animales racionales, es justo que se nos exija vivir como tales y si utilizamos el raciocinio, sin duda, comprenderemos que entre nuestras obligaciones o deberes se encuentra el de proteger los reinos inferiores con los que convivimos en el planeta.

Te diré que al igual que en tu reino existen animales que son más agresivos que otros, en el reino de los engreídos humanos también hay muchos niveles de desarrollo, nada menos que 777 niveles, según aseguran quienes saben más que yo.

Esto cuesta mucho de entender, porque parece que los coetáneos hayamos de estar todos al mismo nivel de evolución, pero no es así, porque estos niveles de desarrollo no se refieren a la evolución tecnológica, ni siquiera la evolución biológica de la especie humana, sino a la evolución de la conciencia, hecho que, la mayoría de los llamados homo sapiens, pasan su vida sin saber lo que es.

En nombre de todos los que sentimos así hoy y en el de aquellos que un día lo sentirán, quiero pedirte perdón por tantos y tantos animales del reino humano que os maltratan, que os abandonan, que os utilizan como máquinas de producir dinero, sin ser conscientes de vuestro desgaste, de vuestro dolor y de vuestros miedos.

Existen muchos bárbaros que cometen atrocidades con los seres más débiles: niños, enfermos, ancianos, mujeres, animales, pero si ellos fueran conscientes de lo que hacen con toda seguridad dejarían de hacerlo, pero no lo saben porque por las circunstancias vividas o porque han venido aquí a destruir, tal vez, para que otros construyamos, actúan como animales devastadores y piensan que el poder, la fuerza y la brutalidad son sinónimos de grandeza, cuando no hay mayor grandeza que trabajar con humildad a favor de la evolución de todos los seres del planeta.

Los humanos podemos hacer cursos para aprender a gestionar vuestras emociones, para sonreír cuando por dentro estamos maldiciendo, para comportarnos de forma políticamente correcta, pero vosotros no mentís, no chantajeáis, vosotros sois lo que sois y así se percibe en vuestra limpia mirada.

Perdonadnos porque no sabemos hacer más, la evolución es lenta; los castigos, a mi entender, sirven de poco o nada; todo es cuestión de conciencia, de evolución, de educación y mientras nos dejemos llevar por las emociones y la sinrazón presumiremos de ser animales racionales, pero seguiremos estando muy cerca de las cavernas aunque llevemos en la mano el último modelo de móvil y tengamos la vivienda domotizada.

Desde mi insignificante posición, poco o nada puedo hacer, pero a partir de ahora, uniré mi voz a la de vuestros ángeles protectores.

Desconocido, pero respetado y querido animal, recibe el cariño, el reconocimiento y las disculpas de un humano que aspira a un mundo más justo y mejor.

CARTA DE UN ANIMAL MALTRATADO

CARTA DE UN ANIMAL MALTRATADO

Querido amigo humano.

Soy un animal maltratado y como no sé expresarme como tú, una amiga se ha ofrecido para escribir esta carta en mi nombre y en el de todos los animales maltratados o abandonados, porque a todos nos une el dolor que un día sentimos y el agradecimiento hacia los que hoy nos protegéis y nos ofrecéis una nueva oportunidad.

Somos muchos los mutilados, maltratados o abandonados que vagamos de aquí para allá sin un cobijo donde guarecernos y sin apenas nada para comer; solo nos queda esperar que llegue nuestro fin, sin llegar a comprender qué razón mueve a un ser humano para hacer cosas así.

¿Podéis imaginar un mundo sin animales?

¿Os habéis parado a pensar que los animales poblamos la Tierra desde mucho antes que el hombre?

Podemos entender que hayáis evolucionado más que nosotros y que, por tanto, pertenezcamos a un reino inferior, pero siempre y cuando vosotros os comportéis como “animales racionales”, porque cuando no utilizáis la razón, cuando provocáis guerras, cuando apaleáis, maltratáis o abandonáis a un ser vivo os convertís en el animal más devastador que existe sobre la Tierra.

Cierto es que nosotros también nos peleamos, casi siempre por defender la comida o el territorio, pero no debéis olvidar que a los animales solo nos mueven nuestros instintos y no sabemos hacer más, pero nunca presumimos de lo contrario.

Si vosotros os comportárais como lo que realmente sois, tal vez nosotros también iríamos cambiando, porque ya sabéis que: “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en la otra parte del mundo” o dicho de otra forma: las pequeñas acciones pueden generar grandes cambios.

Hay quien dice que, cuando se abandona a un animal, éste nunca olvida a los primeros dueños y, en algún caso, puede que  sea así, pero ¿acaso vosotros olvidáis a los familiares o amigos que se van? Recordarlos no significa que, con el tiempo, no se pueda amar a otros.

El agradecimiento que sentimos cuando unos ojos nos miran con ternura, cuando una mano nos acaricia o simplemente cuando sentimos que alguien nos acepta como lo que realmente somos, genera en nuestro interior un huracán de amor que, sin lugar a dudas, ha de provocar algo bueno.

¡Qué hermoso sería que dejarais de vernos como cosas o como objetos desechables y nos vierais como seres vivos que sentimos emociones y que os necesitamos, como vosotros nos necesitáis a nosotros.

Gracias amigo por aceptarme como soy, por no buscar presumir de tener un animal de raza o con pedigrí, gracias porque, pese a que presento un aspecto desaliñado e incluso puedo sufrir algún defecto provocado por las torturas recibidas, me has abierto la puerta de tu corazón, de tu familia y de tu casa.

Ten paciencia conmigo, no es que no me fíe de ti, es que tras las experiencias vividas, no me fío de nadie, comprende que razones no me faltan; pero si te conformas con lo que hoy te puedo dar, seguro que con el tiempo compensaré tu esfuerzo y podremos compartir juntos nuestra vida y nuestro sueño: aspirar a que el hombre se comporte como un “animal racional”, que en el mundo desaparezca el odio y la sinrazón y en su lugar nos envuelva la comprensión y el amor.

Por favor, si lo consideras oportuno, comparte este escrito para que llegue a todas esas personas que nos protegen y nos cuidan, porque a todas ellas va dirigida mi carta.

Te da las gracias,

Un animal maltratado

ANIMALES CON CORAZÓN (XII)

CAPÍTULO DUODÉCIMO Y ÚLTIMO:

AGRADECIMIENTOS Y PRESENTACIÓN DEL “GRUPO  DE AMIGOS DE LA RED SOCIAL

 

Queridos amigos humanos, nuestras vivencias han llegado a su fin, pero no queremos que ésto sea una despedida, sino un “hasta siempre”.

Nuestras vivencias son muy limitadas porque somos muy jóvenes y no salimos de casa. Los gatos callejeros tienen muchas cosas emocionantes para contar, pero a cambio han de pasar por muchas dificultades.

Siendo todo lo sincera que puede ser una gata, os diré que echaremos a faltar vuestras visitas y comentarios y que, tanto a Sol como a mí, nos gustaría seguir contando vivencias, pero tendríamos que contar mentiras y eso no está bien; habéis de saber que, desde el punto de vista gatuno, todo lo que hemos contado hasta ahora es real.

Si con el paso del tiempo nos ocurre algo digno de compartir lo publicaremos, como siempre, en este blog.

No olvidéis que el próximo mes, coincidiendo más o menos con el aniversario de nuestra adopción, se publicará el libro “Las vivencias de Sol y Luna” y su finalidad es promover la adopción de los animales que han quedado huérfanos o han sido abandonados y ayudar a las personas que, en grupo o en solitario, nos protegen y defienden nuestros derechos.

Mi hermano Sol y yo creemos que no se han de decir palabrotas ni sentir rabia u odio hacia las personas que maltratan o abandonan animales ya que ellos no son conscientes de lo que hacen; las emociones negativas hacen mucho daño al que las siente y también al mundo entero. Ya sabéis lo que dice el refrán: “No se pueden pedir peras al olmo”. Desde nuestro punto de vista es mejor que fomentéis el respeto hacia los animales a través de la educación y que trabajéis, en la medida de vuestras posibilidades, para que cada día tengamos un mundo más justo y mejor.

Como no quiero terminar pareciendo un “predicador” os voy a contar una idea que se nos ocurrió hace unos días a mi hermano Sol y a mí, cuando vimos que nuestra vivencias estaban llegando a su fín.

Como actualmente, los humanos siempre estáis “conectados” gracias a las nuevas tecnologías, hemos pensado que nosotros también podríamos  estarlo y decidimos formar un grupo de mascotas; cuando tuvimos clara la idea, hicimos lo posible para que “Osa menor”  percibiera nuestro propósito y, en cuanto lo captó,  habló de ello a sus vecinos, amigos y familiares quienes pronto se animaron a mandarle las fotos de sus animales de compañía. Es un grupo que no discrimina a nadie, todos los animales caben en él, tengan el cuerpo cubierto con pelo, lana, plumas o escamas.

Tres miembros del grupo ya marcharon hacia las estrellas, pero cuando vivieron fueron muy buenas mascotas e hicieron muy felices a niños y mayores, por esta razón hemos pensado que estaría bien incluirlos como “miembros de honor”. Uno de ellos es Platero, un asno que ya en su vejez lo compraron para ejercer de mascota (si queréis leer su historia podéis buscar, en el blog, la entrada titulada: “La voz de su amo”); otro miembro de honor es Rex, un perrito Yorkshire, muy querido por toda la familia (en el próximo libro que publicará “Osa menor” hay una historia que hablará de él) y también está Kobu que era un hurón muy bonito y cariñoso al que se le echa mucho de menos.

Estamos seguros que muy pronto esta gran familia se ampliará, porque aquí lo importante no es salir en la foto, sino las vibraciones positivas de sus miembros.

Gracias a todos los que protegen y cuidan a los animales y gracias también a los veterinarios que colaboran con los “ángeles” que se dedican a rescatarnos. De nuevo gracias a todos los que nos han visitado, a los que han dejado comentarios y ¡cómo no! a todos los que compren el libro.

Os presento a los miembros del grupo.

Muchos arrumacos de Sol y Luna

 

 

“Que la volutad al bien florezca entre los hombres”

ANIMALES CON CORAZÓN (XI)

CAPÍTULO UNDÉCIMO: VIVENCIAS VARIAS

En este capítulo voy a compartir una serie de vivencias que os permitirá comprender un poco más nuestra vida gatuna.

Empezaré hablando de la adaptación. Cuando alguien decide tener una mascota ha de adaptar su vida a las necesidades del animal, pero no olvidéis que también los animales  nos hemos de adaptar a la vida de los humanos que, sin lugar a dudas, es muy diferente a la nuestra.

Ya sabéis, los que tenéis gatos, que a nosotros nos gusta estar siempre cerquita de vosotros, pero hay lugares en los que acompañaros es “un sinvivir”. Cuando “Osa menor” va al baño  nosotros la seguimos, si no estamos entretenidos por el patio, pero el baño es un lugar un tanto raro, por todos los sitios sale agua y nos pongamos donde nos pongamos terminamos mojados o salpicados.

Los gatos nos lavamos muchas veces, pero no necesitamos el agua, los humanos siempre estáis a remojo y hay que reconocer que, desde nuestro punto de vista, hacéis cosas muy raras. Por ejemplo, “Osa menor” se mete en eso que llamáis bañera y una vez allí toma una cosa con la mano de la que salen chorritos de agua que a nosotros no nos gustan nada y hemos de salir corriendo. Otras veces coge un aparato que saca aire caliente y se lo acerca a la cabeza y tampoco nos hace ninguna gracia estar cerca en esos momentos. Nosotros no necesitamos nada de eso, nos lavamos lamiéndonos en cualquier lugar y a cualquier hora y no necesitamos secarnos.

También nos hemos de acostumbrar a los estornudos. Nuestra amita “Osa mayor” estornuda muchas veces seguidas y muy fuerte. El primer día, estábamos encima de su regazo, descansando los tres y de pronto empezó a estornudar ¡qué susto nos dimos! Parecía un terremoto o el fin del mundo. Salimos corriendo y nos escondimos debajo de una cama. Cuando la sesión de estornudos acabó, porque no se conforma solo con uno, salimos con miedo de nuestro escondite y, cuando llegamos donde ellas estaban, vimos que las dos estaban riendo a carcajadas. No nos molestó que se rieran de nosotros, por el contrario, comprendimos que no había peligro y ya relajamos las orejas y volvimos al descanso.

Otra cosa que os quiero contar son nuestros momentos preferidos:

Sin duda alguna, el momento que más nos gusta es el de después de comer, nuestras dos “amitas” se ponen a descansar un poco, una en el sofá y otra en su sillón, es un momento de mucha paz y yo me puedo relajar porque no tengo que controlar nada y nos dormimos los cuatro. Cuando ellas se levantan es un placer acostarnos en el lugar que han dejado ¡no sé por qué nos gusta tanto!

Otro momento con el que disfrutamos es cuando “Osa menor” va a la cocina, yo voy allí maullando, primero lo hago en un tono bajito y poco a poco voy aumentando el volumen de mis llamadas; mi hermano capta el mensaje y viene también. Nos sentamos sobre nuestras patas traseras y la miramos con ojos de súplica. Ella nos mira y se sonríe y de vez en cuando nos da cositas buenas, pero no siempre, solo a unas horas determinadas y nos dice que no hay que pasarse la vida comiendo; creo que, muchas veces, olvida que somos gatos.

También es muy agradable cuando nos viene a ver por la mañana. Nos dice un montón de cosas bonitas: “cositas lindas”, “mis cachorritos”, “fierecillas” y un montón de piropos, nos acaricia un poco y, a veces, nos cepilla; nosotros nos restregamos por sus piernas y nos tiramos panza arriba, es lo más que sabemos hacer para demostrarle nuestro cariño.

No puedo olvidar el momento de ir a dormir; últimamente, cuando quiere que nos vayamos a nuestra habitación nos canta: “vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”. Nosotros la escuchamos y sabemos lo que quiere; mi hermano se hace un poco el remolón, pero yo voy corriendo y llego antes que ella. “Osa menor” se siente feliz porque cree que somos obedientes, aunque la verdad es que la obediencia no va con los gatos, simplemente, nos atrae su voz y vamos tras ella.

Para terminar os contaré una experiencia por la que pasamos hace ya unos meses. Un día, tanto mi hermano Sol como yo, intuimos que pasaba algo raro, porque “Osa menor” iba y venía de un lado a otro, cogiendo cosas de los armarios y dejándolas en esas cajas con ruedas que se llaman maletas; nunca antes la habíamos visto hacer eso. Nosotros estábamos atentos para ver si comprendíamos la razón  o para colarnos entre aquella ropa, que es algo que nos encanta, aunque he de reconocer que no conseguimos ni lo uno ni lo otro.

Al finalizar el día, “Osa menor” cerró las maletas y las dejó preparadas cerca de la puerta de entrada de la casa. Nosotros seguíamos sin comprender, pero percibíamos algo que no nos gustaba. Nuestro instinto no falló, al día siguiente llegó un desconocido, cogieron las maletas, nos miraron de una forma especial y se fueron todos.

Como algunas veces también se van, pensábamos que volverían pronto, pero tardaron días en volver. Por suerte no habían olvidado dejar abundante comida, agua y dos areneros bien preparados.

Estuvimos tres días solos y cuando ya estábamos algo preocupados, escuchamos el ruido que hace la llave en la puerta y fuimos corriendo pensando que serían ellas, pero no era así. Quien llegó fue una amiga de nuestras “amitas”, que ya conocíamos, a la que no le gustan los animales, pero nos respeta; es decir, no nos acaricia, pero estamos seguros que, a su manera, nos tiene cariño.

Nada más llegar nos puso más comida y agua, aunque todavía teníamos; la sorpresa se la llevó cuando vio los areneros; se asustó un poco y dijo una frase que no comprendimos; pero ya lo podéis imaginar, ella hacía ésto por primera vez y nosotros llevábamos tres días solos, aburridos y comiendo todo lo que queríamos.

El caso es que limpió bien la arena de los dos areneros y a partir de aquel momento nos visitó cada día. No nos podíamos quejar, teníamos comida, agua, la arena limpia y la compañía de una persona conocida que nos trataba bien; solo nos faltaban los abrazos y los masajes de nuestras “amitas”, pero bueno…. Muchos animales e incluso personas firmarían para poder tener lo que nosotros teníamos. Aún así temíamos por ellas, porque se habían ido a la calle y la calle nos trae recuerdos tristes.

Durante los días que estuvimos solos, para evitar problemas, nos dejaron dentro de casa, sin poder salir al patio, es más aburrido pero, de alguna manera, lo entendimos porque “Osa menor” nos dice muchas veces eso de que: no siempre lo que apetece es lo que más nos conviene y si ella lo dice será por algo.

Un día, oímos el ruido de la llave, como siempre, fuimos corriendo hacía la puerta para ver quien llegaba y apareció “Osa menor” ¡qué alegría nos dimos! Con gusto hubiéramos saltado a sus brazos, pero los gatos no sabemos demostrar así nuestro afecto. Ella también se alegró porque decía palabras tiernas y nos abrazaba mucho. Faltaba una de nuestras “amitas”, pero pensamos que si la una había regresado, también regresaría la otra y, pasados unos días, así fue.

Por las conversaciones que tienen, hemos sabido que fueron de viaje para ver a un hermano de “Osa mayor”; hace un año su esposa también se fue hacia las estrellas y, aunque está bien atendido, es mayor y no tiene familia allí. Al parecer también le gustan los animales y pensamos que si estuviera aquí nosotros también le haríamos compañía, pero él ha decidido quedarse allí y hay que respetar su voluntad.

Y con ésto termino este capítulo, espero que nos sigáis visitando y que os animéis a comprar el librito “Las vivencias de Sol y Luna”; un día de éstos “Osa menor” ya os lo contará mejor.

Gracias a todos y hasta la próxima semana.

Luna y Sol

ANIMALES CON CORAZÓN (X)

CAPITULO DÉCIMO: LAS VISITAS

A parte de nuestros vecinos, también conocemos a familiares y amigos de nuestras “amitas”. Todos son buenas personas, pero no a todos les gustan los animales, ellos mismos lo reconocen y nosotros lo percibimos; a veces es por un tema de alergias, otras veces porque no están acostumbrados a compartir su vida con seres del reino animal o incluso porque han tenido alguna mala experiencia.

Cuando vienen personas a las que les gustamos, nos acarician y nosotros les rozamos las piernas con nuestro cuerpo. ¡Qué hermoso es compartir respeto y amor, aunque sea entre animales y humanos!

Tal vez ya os hayamos dicho que, en nuestro reino, a los animales domésticos se nos considera seres más evolucionados, porque al convivir con humanos podemos compartir vibraciones más elevadas; aunque, si he de ser sincera, os diré en confianza que hay humanos que también podrían aprender mucho de nosotros, porque, hay días que, cuando nuestras “amitas” ponen la TV da miedo oir lo que dicen. En esos momentos, si podemos, nos colocamos cerquita de ellas para recibir su amor y ofrecerles el nuestro, porque un mundo sin amor, es como un infierno.

Volviendo a las visitas, recuerdo que un día vino un compañero del gimnasio de “Osa menor”, un chico joven, guapo y muy alto al que le gustan mucho los animales; él también tiene dos gatos, aunque por lo que dijo eran callejeros y apenas se dejan acariciar. Cuando le vimos nos acercamos a él y le ofrecimos nuestros retozones; como era tan alto, yo alcé la cabeza y mi mirada gatuna buscó la suya; él captó el mensaje y se agachó; entonces le acaricie y lamí su mano con mucha intensidad. Mis “amitas” se sorprendieron porque nunca antes había hecho ésto; él emocionado dijo: “Luna ha notado que estoy falto de cariño”. Yo deseé, desde mi corazoncito gatuno, que encontrara pronto el amor que necesitaba y, curiosamente, creo que ya lo ha encontrado; estamos muy contentos, se lo merecía, porque tiene un gran corazón.

Otras veces vienen familiares de nuestras “amitas”, también amantes de los animales y les hacemos arrumacos y ellos nos acarician. La primera vez que les vimos éramos pequeñitos y yo me subí al cuello del señor y le empecé a lamer la oreja; también sorprendí a todos; generalmente, cuando se ofrece amor sin pedir nada a cambio la gente se sorprende.

Hace ya bastante tiempo vinieron otros familiares, con dos niños muy guapos que jugaron mucho con nosotros; nos escondíamos debajo de la cama y ellos nos venían a buscar. Ahora no los vemos porque van al colegio y además viven en la montaña, al parecer, no muy lejos de donde nacimos nosotros.

Otras veces viene una amiga de nuestras “amitas” que lleva un palito y unos pequeños cascabeles colgados de él, para que con el sonido, la gente por la calle  la perciba y la deje pasar; al parecer vais siempre despistados y ya ha tenido algún susto. Le gustamos mucho y nos trae regalitos. Pese a tener una visión muy baja es buena pintora y hace exposiciones; cuando viene trae fotos de sus cuadros y la verdad es que, al verlos, se comprende que, además de con la vista, también se pinta con el corazón. Si queréis ver sus pinturas podéis hacerlo en: “arrontes arts”, creo que se llama una página web.

Otra amiga de mis “amitas”, viene bastantes veces y deja que nos acerquemos y hasta nos acaricia pero no le gusta demasiado el contacto con los animales. Es muy buena amiga de “Osa-menor” y en su presencia solemos estar cariñosos pero sin pasarnos, aunque no siempre lo conseguimos, pues mi hermano Sol está loco porque le hagan masajes, no comprende que hay personas que no son afines con nuestra energía, pese a todo ella lo lleva muy  bien.

Un día vino una joven, que resultó ser sobrina y nieta de nuestras “amitas” y un chicarrón que era su pareja; llevaban una caja con ruedas, pero ésta no se llama transportín sino maleta. Tras abrazarse y besarse nos presentaron a nosotros, que estábamos allí observando y olisqueando, pues supongo que ya sabéis que nosotros nos guiamos mucho por el olfato.

Al llegar la noche, “Osa menor” se quedó en nuestra habitación. Nunca antes lo había hecho y tanto a Sol como a mí nos hizo mucha ilusión; yo me puse a los pies de la cama y como todavía era un cachorro tenía muchas ganas de jugar y, cuando ella movía los pies, yo saltaba sobre ellos y los mordisqueaba, para mí era un juego, pero al parecer a ella le hacía daño y no la dejaba dormir. Mi hermano, que es más mimosón, de vez en cuando se metía con ella en la cama, estaba un ratito y luego volvía a salir.

No se volvió a repetir la experiencia hasta que vinieron otros familiares. Éstos resultaron ser el hijo y hermano de nuestras “amitas” y su esposa. Enseguida vimos que les gustaban los animales, así que aprovechamos para retozarles por las piernas y ganarnos su cariño, cosa que no nos costó nada.

Hemos comprobado que cada vez que viene alguien con maletas “Osa menor” duerme en nuestra habitación o al menos lo intenta; yo he madurado un poco y creo que ya me porto mejor; además, como la última vez hacía calor, dejaron todas las puertas abiertas y nos paseamos por todas las habitaciones, algún susto que otro dimos, pero fue divertido.

Por las conversaciones que escuchamos todavía falta por venir otro sobrino y nieto de nuestras “amitas” y su pareja, así que cualquier día tendremos una sorpresa y la volveremos a disfrutar.

Esta vez tampoco puedo poner fotos de las personas de las que hablo, por eso del respeto a la imagen o algo así, pero pondré otras fotos que os gustarán.

Hoy voy a terminar contando un secreto, pero no lo digáis a nadie, porque pensarían que “Osa menor” ha perdido la cabeza. Con paciencia, me está enseñando a restar y la verdad es que no lo encuentro muy difícil. Cuando ya llevábamos unas cuantas lecciones me puso un problema que decía: Lunita, si tienes 140 euros y te quito 120 ¿cuántos te quedan? y yo tras pensarlo un poquito, porque ya eran cantidades grandes, lo tuve claro y cogí el billete de 20 euros. Mis amitas se rieron y me dieron un abrazo ¡debí de hacerlo bien!

Hasta la próxima semana, gracias por seguirnos. Arrumacos, Sol y Luna.

 

 

ANIMALES CON CORAZÓN (IX)

CAPÍTULO NOVENO: NUESTROS VECINOS

 

Hoy dedico el capítulo a compartir con vosotros la “visión gatuna” que tenemos de nuestros vecinos, partiendo de que todos son buenas personas y amantes de los animales.

Empezaré por los de la casa, a cuyo patio va de excursión mi hermano Sol. Estos vecinos tienen dos hijos: la hija es  una joven guapa, que estudia y le gusta el deporte. Un día que estábamos los dos asomados a su patio nos hizo fotos y salimos en Facebook (creo que se dice así, aunque en realidad no entiendo lo que es). Hay veces que viene con amiguitas a casa y ponen música marchosa; nosotros no sabemos bailar, pero disfrutamos escuchando y mirando.

El hijo es algo mayor que su hermana, también es alto y guapo, estudia y le encanta la música. Toca muy bien la guitarra y  ayer nos sorprendió con otro instrumento que no sabemos como se llama, pero que produce unos sonidos muy fuertes y raros; escuchamos un rato, pero después decidimos retirarnos hasta que consiga mejorar (ya sabéis que los gatos tenemos el oído muy delicado). A este vecino, virtuoso de la música, también le gusta cantar y se atreve con todo: lírica, baladas, rap o reggaetón (veis que estoy puesta al día) y aunque no lo haga muy bien, le pone tanta pasión, que solo por eso ya hay que escucharle.

Tenemos otros vecinos a los que vemos y escuchamos cuando están en sus terrazas; les miramos con mucha curiosidad, pero no podemos saltar tan alto, aunque nos gustaría, porque hay un niño, que a veces ha venido a visitarnos, al que le gustan muchos los gatos. Ellos tienen un perro que no ladra y es muy bueno.

Estos vecinos también tienen otro hijo mayor que estudia para cocinero, de esos de “alta cocina”, él no ha venido a jugar con nosotros, pero quizás un día traiga alguna delicia de las que hace y nos la dejen probar. No hay que perder nunca la esperanza, aunque “Osa menor” es muy estricta con eso de las comidas, nos dice que hay que tener control, no entendemos muy bien lo que significa, pero si ella lo dice será verdad.

En la otra terraza, que da a nuestro patio, viven otros vecinos que acaban de convertirse en papás de una niña pequeñita muy guapa. Nosotros estamos muy contentos, porque seguro que pronto se asomará a nuestro patio y, como a los niños les gustan los animales, tal vez venga algún día y podamos jugar juntos un rato.

Hay más vecinos, pero sus terrazas no dan a nuestro patio, así que no los vemos tanto. Un día vino una niña a conocernos y a enseñarnos su mascota, un hermoso perrito blanco. Nos gustaría jugar con él, aunque ya sabemos que no podemos jugar con todas las mascotas de la comunidad.

A propósito de mascotas, Fiona, la gata de los vecinos, ha vuelto ya de sus vacaciones y hace unos días nos dio otro susto. Suerte que “Osa menor” oyó sus impresionantes maullidos y salió al patio corriendo y no pasó nada. Le han ido muy bien las vacaciones a la condenada gata, porque está más ágil y saltó la pared sin dificultad. Ésto es bueno para ella, pero para nosotros no.

Nuestra amita también se dio cuenta de lo ágil que había vuelto Fiona, así que cambió un armario de sitio para ponérselo más difícil. Por ahora no ha vuelto a pasar a nuestra casa, parece que el cambio ha hecho efecto, pero Sol, siempre está de excursión, si no pasa por un lado lo hace por otro, no hay quien lo detenga. 

Para ilustrar un poco el capítulo de hoy pondré alguna foto del día que “Osa menor” hizo cambios en el patio para dificultar las excursiones gatunas. La verdad es que nosotros pusimos mucho interés en examinar los cambios y en ayudarla, aunque no sé si lo conseguimos. Vosotros ¿qué opináis?

Voy a terminar recordando a los niños que piden a sus papás una mascota, que los animales no somos juguetes, que somos seres vivos y que necesitamos cariño, cuidados y atenciones. Así que, ya sabéis, si queréis una mascota antes tenéis que aprender a ser responsable.

Hasta la próxima semana y, como siempre, gracias por visitarnos.

ANIMALES CON CORAZÓN (VIII)

CAPITULO OCTAVO: LAS DESAPARICIONES DE MI HERMANO SOL

 

Tras contaros, la semana pasada, el porqué de los nombres de nuestras “amitas”, en esta entrada voy a compartir algunos de los sustos que nos “regala” mi hermano. Ya van dos veces que desaparece, porque “se mete donde no debe o no sale cuando debe”.

La primera vez que Sol desapareció, nuestra “amita, en un momento dado, se dio cuenta de que no veía a mi hermano y empezó a buscarlo por todas partes. Abría las puertas, las cerraba, buscaba por dentro y por fuera, lo llamaba, pero él no aparecía ni se oía por ningún lado. Yo la seguía a todas partes porque en su rostro había preocupación y se me contagiaba ¿dónde se había metido Sol? -nos preguntábamos las dos.

Ante la infructuosa búsqueda y con cierto desaliento, “Osa menor”, decidió sentarse y relajarse un poco. Yo la seguía de cerca y al aproximarnos al sillón ya sentí el olor de mi hermano; la quise avisar pero no tuve tiempo (ésto de no hablar el mismo idioma dificulta y enlentece muchos las cosas).

Cuando derrotada se sentó, le dio a un botoncito y empezó a elevarse la parte de los pies; en éstas estábamos cuando apareció Sol “más feliz que unas castañuelas”.

El hueco que queda debajo del sillón nos encanta a los dos para meternos y jugar dentro, pero yo, cuando veo que aquello comienza a bajar, salgo rápida y no hay problema; él, por el contrario, se lo toma con mucha calma y aquel día, al parecer, se retrasó demasiado.

Si he de ser sincera, cuando lo vi, sentí ganas de morderle una oreja, pero pudo más mi alegría y le empecé a lamer; nuestra “amita” reía emocionada.

Hace unos días, Sol volvió a desaparecer. De nuevo idas y venidas, abrir y cerrar de puertas, llamadas sin respuesta, mirar en el patio de los vecinos e inquietud. Pasaba el tiempo y no aparecía; sabemos que de casa no puede marchar, salvo a casa de los vecinos, pero a “Osa menor” siempre le gusta saber donde estamos los dos. Era casi la hora de cenar y mihermano seguía desaparecido. De pronto, parece que a nuestra “amita“ se le encendió una luz, se levantó y se dirigió hacia el trastero. 

La puerta de esta pequeña habitación está casi siempre cerrada, pero aquel día, al parecer, estaba abierta y Sol aprovechó la oportunidad y se coló dentro. Alguien pasó por allí y, sin percatarse de que estaba dentro, la cerró. El final ya lo imagináis, allí estaba Sol, relajado y revolviendo las cosas a sus anchas. ¿Para qué bufarle o reñirle? Si se le presenta la ocasión lo volverá a hacer. Así que dejamos que aflorara la alegría y la emoción, yo le lamí con ganas y “Osa menor” lo abrazó.

Y hablando de emociones, os voy a contar una experiencia que tuvimos hace pocos días. Una amiga, a la que le gustan mucho los animales, le mandó a “Osa menor” un vídeo de gatos maullando y se puso a mirarlo con su madre.

En aquel momento, como muchas otras veces, yo estaba sola en el patio. Cuando empezaron a maullar los gatos del vídeo, corrí dentro de casa asustada pensando que pasaba algo. Yo subía al sofá, bajaba, maullaba, no sabía qué hacer, mi hermano no estaba y tal vez me necesitaba. Suerte que este estado de excitación no duró mucho, porque a Sol le pasó lo mismo, cuando escuchó los maullidos de los gatos del vídeo, abandonó su excursión, de un salto regresó a nuestra casa y vino corriendo para ver si me pasaba algo a mí ¡qué bonito fue encontrarnos los dos! Allí, delante de nuestras “amitas” que estaban sorprendidas por nuestra reacción nos empezamos a lamer, a acariciar y a olisquear; es nuestra forma de demostrar el cariño que sentimos el uno por el otro. Nuestras “amitas”, emocionadas se miraron y dejaron de ver el vídeo de los gatos.

¡Qué bien se está cuando se está bien!

¿Alguien piensa que los animales no tenemos sentimientos? Si  es así que cambie de opinión. Que no nos expresemos como vosotros no significa nada; pero que nadie dude que sentimos miedo, dolor, alegría y muchas cosas más, que ofrecemos nuestro cariño y agradecemos el que nos dan. Por tanto, termino esta entrada diciendo:

“Por favor, respetad a los animales, porque el maltrato de un ser vivo nunca puede justificarse”.

Gracias!!!.