EL LIBRO DE SU VIDA

EL LIBRO DE SU VIDA

¡Conscientemente!

De este libro podía decirse que no era grande, tampoco pequeño; que no era hermoso ni feo; que no era atractivo, aunque podía resultar atrayente; que, a veces, su lectura tenía tintes graciosos, otras veces serios y que desprendía un aroma sencillo y reflexivo.

Todo ésto y mucho más podía decirse de este curioso libro, pero, pese a ello, él se sentía solo y olvidado entre otros libros de una ordenada y pulcra estantería.

A su dueña, una enamorada de la lectura y de los libros, le gustaba entrar en su pequeña pero cuidada biblioteca, su santuario, su lugar preferido.

Mantenía a los libros impolutos, a veces, hasta les acariciaba el lomo a unos cuantos privilegiados, pero él, aunque era el libro más antiguo de los que poseía, no era visto ni tampoco acariciado.

Cuando la veía entrar, el libro emocionado se decía:

— Tal vez ha llegado el momento.

Pero el momento se hacía esperar, el momento no llegaba. De nuevo la soledad lo envolvía y en silencio pensaba:

—Si tuviera voz o pudiera moverme, me acercaría a ella y le diría, estoy aquí, tomame entre tus manos y escribe «conscientemente» las páginas que tengo en blanco. Pero no puedo hacerlo, ha de ser ella la que me busque, la que descubra, la que por mí se interese.

Un día, que el libro estaba algo despistado, sintió que alguien lo cogía. Su corazón se aceleró, ¡estaba tan acostumbrado a permanecer olvidado…!

El contacto de unas manos lo estremeció.

— ¡Me ha encontrado! —se dijo, y parece interesada por mí.

— ¿Habrá llegado el momento? Tengo tantas ganas de servir para algo….

La joven lo encontró por casualidad, pero ¿acaso existe la casualidad?

Cuando ella vio el libro se sorprendió. No recordaba haberlo comprado; quizás alguien se lo había regalado —pensó

—¿Qué haces aquí ? — le preguntó

—Te estaba esperando —respondió nuestro protagonista.

—No sabía que existías y tampoco que me esperabas.

—Quedas disculpada, solo era cuestión de tiempo, sabía que más tarde o temprano me encontrarías —manifestó el libro.

La joven lo acarició.

—¿Cómo has llegado hasta aquí?

—Hace años que voy donde tu vas. Cada día de tu vida queda grabado en mis páginas —dijo el libro, con voz entrecortada.

Ella sorprendida lo abrió y empezó a leer, al momento lo acercó a su corazón.

Solo queda decir que unas pequeñas gotas de sabor salado cayeron sobre las hojas del libro y éste disfrutó del regalo; los dos estaban emocionados, ¡por fin se habían encontrado!.

—A partir de ahora caminaremos juntos y yo «conscientemente» escribiré las páginas que quedan en blanco —dijo la joven ya con voz firme y sosegada.

El libro se sintió feliz, ya servía para algo.

 

¡Feliz reflexión!

 

DISCRIMINACIÓN

DISCRIMINACIÓN

No soy lingüista, por lo que bien podría decirse que no estoy autorizada para hablar sobre la etimología de las palabras, pese a ello, abordaré el tema desde el punto de vista reflexivo y trataré de demostrar la diferencia existente entre el significado que tuvieron ciertas palabras en su origen y el significado que en la actualidad les otorgamos.

Hoy me centraré en el vocablo discriminación, muy utilizado por todos y cuyo auténtico significado ha sido empañado, al igual que el de otros vocablos.

Simplemente consultando Internet, veremos que si bien  con anterioridad a los años 70 el diccionario recogía, como significados de la palabra discriminación, el de separar, distinguir o diferenciar, hoy define al vocablo como el  “trato diferente y perjudicial que se da a una persona por motivos de raza, sexo, ideas políticas religión, etc.”.

Asimismo los sinónimos que aparecen para discriminación son: segregación, marginación, exclusión, relegación.

Ésto pone en evidencia que usando, en este sentido, el verbo discriminar limitamos el verdadero y profundo sentido del vocablo y suplantamos, al hacerlo, al verbo marginar.

Todo ello, según dicen voces más autorizadas que la mía, como resultado del influjo “simplista” y “caricaturesco” del lenguaje político.

Si estamos dispuestos a reflexionar un poco sobre el tema, veremos que cuando en realidad discriminamos es cuando emitimos juicios, juzgando o condenando a personas o ideas sin haber hecho previamente una auténtica discriminación, es decir sin haber hecho antes una selección, una criba de lo que de cierto o falso contienen nuestras palabras.

Pese a este mancillamiento, discriminar es una hermosa palabra que, todavía en los campos de la filosofía y en el judicial, mantiene su primitivo significado y valor, cual es un acto selectivo de discernimiento que distingue o separa lo uno de lo otro, como acto imprescindible a la toma de posteriores decisiones sobre los hechos a juzgar.

Cuando aceptamos como significado de la palabra discriminación el de “seleccionar excluyendo” estamos cayendo en un error, puesto que, en realidad son dos actos diferentes incluso en el tiempo, es decir, primero ha de hacerse la discriminación, la criba, la separación y luego excluimos lo innecesario, quedándonos con lo útil y lo bueno.

La imagen que ilustra esta entrada seguramente será más clarificadora que mis palabras. En ella queda patente el significado de la palabra “discriminación, que deriva del verbo latino “discriminare”, compuesta del prefijo “dis”, que marca la separación y de la raíz “crimin-“, que señala el acto de distinguir.

Visto lo que hay, y teniendo en cuenta que no es una invención mía, en cuyo caso tal vez no mereciera la pena tener en cuenta, sería interesante y hasta aconsejable hacer diariamente ejercicios de discriminar lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo racional de lo irracional, lo verdadero de lo falso etc. y una vez hayamos hecho esta discriminación, esta separación ya podremos decidir si nos queremos quedar con el grano o con la paja.

No permitamos que nos arrebaten también el verdadero sentido de las palabras. Discriminar es un acto cognitivo, un acto del intelecto, tal vez por eso se intenta camuflar su verdadero sentido, ya que, cuando nuestra vida transcurre sin discriminar, dejamos de utilizar el intelecto y nos movemos impulsados por el fuego de las emociones, algo muy útil para los que buscan manipular.

Alguien podría decir que las emociones son necesarias y tendría razón; no estoy diciendo lo contrario ya que las emociones son el motor que nos impulsa en la vida, el fuego que produce la energía necesaria para seguir adelante, pero tampoco hemos de olvidar que el fuego no discrimina, sino que arrasa con todo lo que se le pone por delante, de esta forma nuestros actos, pueden abrasar, destruir nuestra vida y la de los demás, cuando  nos dejamos llevar por la fuerza de nuestra emociones sin haber hecho antes la adecuada discriminación.

Aprendamos a discriminar (separar y luego elegir) las emociones que nos conducen al abismo y de las que nos permiten avanzar.

Feliz reflexión y provechosa discriminación!

ANIMALES CON CORAZÓN (XI)

CAPÍTULO UNDÉCIMO: VIVENCIAS VARIAS

En este capítulo voy a compartir una serie de vivencias que os permitirá comprender un poco más nuestra vida gatuna.

Empezaré hablando de la adaptación. Cuando alguien decide tener una mascota ha de adaptar su vida a las necesidades del animal, pero no olvidéis que también los animales  nos hemos de adaptar a la vida de los humanos que, sin lugar a dudas, es muy diferente a la nuestra.

Ya sabéis, los que tenéis gatos, que a nosotros nos gusta estar siempre cerquita de vosotros, pero hay lugares en los que acompañaros es “un sinvivir”. Cuando “Osa menor” va al baño  nosotros la seguimos, si no estamos entretenidos por el patio, pero el baño es un lugar un tanto raro, por todos los sitios sale agua y nos pongamos donde nos pongamos terminamos mojados o salpicados.

Los gatos nos lavamos muchas veces, pero no necesitamos el agua, los humanos siempre estáis a remojo y hay que reconocer que, desde nuestro punto de vista, hacéis cosas muy raras. Por ejemplo, “Osa menor” se mete en eso que llamáis bañera y una vez allí toma una cosa con la mano de la que salen chorritos de agua que a nosotros no nos gustan nada y hemos de salir corriendo. Otras veces coge un aparato que saca aire caliente y se lo acerca a la cabeza y tampoco nos hace ninguna gracia estar cerca en esos momentos. Nosotros no necesitamos nada de eso, nos lavamos lamiéndonos en cualquier lugar y a cualquier hora y no necesitamos secarnos.

También nos hemos de acostumbrar a los estornudos. Nuestra amita “Osa mayor” estornuda muchas veces seguidas y muy fuerte. El primer día, estábamos encima de su regazo, descansando los tres y de pronto empezó a estornudar ¡qué susto nos dimos! Parecía un terremoto o el fin del mundo. Salimos corriendo y nos escondimos debajo de una cama. Cuando la sesión de estornudos acabó, porque no se conforma solo con uno, salimos con miedo de nuestro escondite y, cuando llegamos donde ellas estaban, vimos que las dos estaban riendo a carcajadas. No nos molestó que se rieran de nosotros, por el contrario, comprendimos que no había peligro y ya relajamos las orejas y volvimos al descanso.

Otra cosa que os quiero contar son nuestros momentos preferidos:

Sin duda alguna, el momento que más nos gusta es el de después de comer, nuestras dos “amitas” se ponen a descansar un poco, una en el sofá y otra en su sillón, es un momento de mucha paz y yo me puedo relajar porque no tengo que controlar nada y nos dormimos los cuatro. Cuando ellas se levantan es un placer acostarnos en el lugar que han dejado ¡no sé por qué nos gusta tanto!

Otro momento con el que disfrutamos es cuando “Osa menor” va a la cocina, yo voy allí maullando, primero lo hago en un tono bajito y poco a poco voy aumentando el volumen de mis llamadas; mi hermano capta el mensaje y viene también. Nos sentamos sobre nuestras patas traseras y la miramos con ojos de súplica. Ella nos mira y se sonríe y de vez en cuando nos da cositas buenas, pero no siempre, solo a unas horas determinadas y nos dice que no hay que pasarse la vida comiendo; creo que, muchas veces, olvida que somos gatos.

También es muy agradable cuando nos viene a ver por la mañana. Nos dice un montón de cosas bonitas: “cositas lindas”, “mis cachorritos”, “fierecillas” y un montón de piropos, nos acaricia un poco y, a veces, nos cepilla; nosotros nos restregamos por sus piernas y nos tiramos panza arriba, es lo más que sabemos hacer para demostrarle nuestro cariño.

No puedo olvidar el momento de ir a dormir; últimamente, cuando quiere que nos vayamos a nuestra habitación nos canta: “vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”. Nosotros la escuchamos y sabemos lo que quiere; mi hermano se hace un poco el remolón, pero yo voy corriendo y llego antes que ella. “Osa menor” se siente feliz porque cree que somos obedientes, aunque la verdad es que la obediencia no va con los gatos, simplemente, nos atrae su voz y vamos tras ella.

Para terminar os contaré una experiencia por la que pasamos hace ya unos meses. Un día, tanto mi hermano Sol como yo, intuimos que pasaba algo raro, porque “Osa menor” iba y venía de un lado a otro, cogiendo cosas de los armarios y dejándolas en esas cajas con ruedas que se llaman maletas; nunca antes la habíamos visto hacer eso. Nosotros estábamos atentos para ver si comprendíamos la razón  o para colarnos entre aquella ropa, que es algo que nos encanta, aunque he de reconocer que no conseguimos ni lo uno ni lo otro.

Al finalizar el día, “Osa menor” cerró las maletas y las dejó preparadas cerca de la puerta de entrada de la casa. Nosotros seguíamos sin comprender, pero percibíamos algo que no nos gustaba. Nuestro instinto no falló, al día siguiente llegó un desconocido, cogieron las maletas, nos miraron de una forma especial y se fueron todos.

Como algunas veces también se van, pensábamos que volverían pronto, pero tardaron días en volver. Por suerte no habían olvidado dejar abundante comida, agua y dos areneros bien preparados.

Estuvimos tres días solos y cuando ya estábamos algo preocupados, escuchamos el ruido que hace la llave en la puerta y fuimos corriendo pensando que serían ellas, pero no era así. Quien llegó fue una amiga de nuestras “amitas”, que ya conocíamos, a la que no le gustan los animales, pero nos respeta; es decir, no nos acaricia, pero estamos seguros que, a su manera, nos tiene cariño.

Nada más llegar nos puso más comida y agua, aunque todavía teníamos; la sorpresa se la llevó cuando vio los areneros; se asustó un poco y dijo una frase que no comprendimos; pero ya lo podéis imaginar, ella hacía ésto por primera vez y nosotros llevábamos tres días solos, aburridos y comiendo todo lo que queríamos.

El caso es que limpió bien la arena de los dos areneros y a partir de aquel momento nos visitó cada día. No nos podíamos quejar, teníamos comida, agua, la arena limpia y la compañía de una persona conocida que nos trataba bien; solo nos faltaban los abrazos y los masajes de nuestras “amitas”, pero bueno…. Muchos animales e incluso personas firmarían para poder tener lo que nosotros teníamos. Aún así temíamos por ellas, porque se habían ido a la calle y la calle nos trae recuerdos tristes.

Durante los días que estuvimos solos, para evitar problemas, nos dejaron dentro de casa, sin poder salir al patio, es más aburrido pero, de alguna manera, lo entendimos porque “Osa menor” nos dice muchas veces eso de que: no siempre lo que apetece es lo que más nos conviene y si ella lo dice será por algo.

Un día, oímos el ruido de la llave, como siempre, fuimos corriendo hacía la puerta para ver quien llegaba y apareció “Osa menor” ¡qué alegría nos dimos! Con gusto hubiéramos saltado a sus brazos, pero los gatos no sabemos demostrar así nuestro afecto. Ella también se alegró porque decía palabras tiernas y nos abrazaba mucho. Faltaba una de nuestras “amitas”, pero pensamos que si la una había regresado, también regresaría la otra y, pasados unos días, así fue.

Por las conversaciones que tienen, hemos sabido que fueron de viaje para ver a un hermano de “Osa mayor”; hace un año su esposa también se fue hacia las estrellas y, aunque está bien atendido, es mayor y no tiene familia allí. Al parecer también le gustan los animales y pensamos que si estuviera aquí nosotros también le haríamos compañía, pero él ha decidido quedarse allí y hay que respetar su voluntad.

Y con ésto termino este capítulo, espero que nos sigáis visitando y que os animéis a comprar el librito “Las vivencias de Sol y Luna”; un día de éstos “Osa menor” ya os lo contará mejor.

Gracias a todos y hasta la próxima semana.

Luna y Sol

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

Estamos viviendo un periodo de cambios importantes y convulsos; vemos constantemente escenas lamentables, indignas de una sociedad, en apariencia, democrática y respetuosa con los derechos fundamentales. Una sociedad en la que, muchas veces, los cambios pretendidos están enfocados más hacia intereses partidistas que hacia la búsqueda de un mundo más justo.

Hermann Hesse, entre otras valiosas obras escribió “Mi credo”, en el que decía: No se consigue nada afirmando que la guerra, el capital y el nacionalismo son malos. Es preciso sustituir esos falsos ídolos por un “credo”.

Su credo lo explicaba diciendo: que era algo que escuchaba en su interior, cuando estaba despierto; que no obedecía a razones ni podía llegarse a él por la fuerza; que solo era posible sentirlo y que, pese a su apariencia absurda, la vida tenía un sentido. Su credo, decía, no era un credo basado en dogmatismos, ni el credo de ninguna religión, era el credo de un hombre en estado de evolución y de cambios; un credo en el que se establecía una alianza entre la fe y la razón, pues la fe ciega solo es posible sacrificando la razón y Hesse entendía que ésta era el don más preciado del hombre.

Los años han pasado y no estaría demás que hoy nos preguntásemos ¿cuál es nuestro“credo”?

El capitalismo, el materialismo, el individualismo, el egoísmo y un sinfín de “-ismos” más, han sido y siguen siendo para muchos, los grandes ídolos. El deseo de tener (tanto tienes, tanto vales) de aparentar, de permanecer inalterables ante el paso del tiempo, el afán de poder, la ignorancia, el orgullo, la pasividad, la pereza mental, parecen ser el leitmotiv de nuestra sociedad; pese a todo, no faltan voces que claman un cambio, que buscan un credo.

Seguramente, a muchos nos gustaría destruir esos falsos ídolos que nos tienen cogidos y engañados; hemos descubierto que lejos de llenar nuestras vidas, las aniquilan; estamos hartos, desesperados, “tocados y casi hundidos” y digo casi, porque quizás haya una salida: la de sustituir los falsos ídolos por un credo, una aspiración, un ideal, que pueda servir de antídoto contra toda esa apatía, conformismo, polarización y absurdas críticas que envuelven hoy a nuestra sociedad.

Hesse nos anima a mirar en nuestro interior y cree que solo será posible la convivencia pacífica, las correctas relaciones, mirándonos como hermanos y no como extraños.

Hay sistemas de pensamiento que invitan a la reflexión y no a la creencia, a la libertad y no a la opresión, a la unidad y no al sectarismo, al amor y no a la repulsión.

La búsqueda de la verdad, debería ser nuestro “modus vivendi”, pero ¿cuál es la verdad? La Verdad que necesitamos (desde mi humilde punto de vista) es aquella que nos permita conocer la realidad desde la perspectiva del raciocinio, de la reflexión y no desde la manipulación y la creencia ciega de pequeñas y medias verdades impuestas.

Nuestros ojos, acostumbrados al oscurantismo impuesto, apenas tienen capacidad para ver la realidad, miramos mucho, pero vemos poco; para poder ver hay que hacerlo desinteresadamente; casi siempre miramos desde el punto de vista de nuestros intereses, de nuestros deseos y por eso juzgamos y rechazamos. Pocas veces podemos observar el alma de las cosas, el alma de los hombre, porque pocas veces observamos sin esperar nada, por pura y simple contemplación.

Si contemplamos un bosque como tal, veremos su grandeza, su majestuosidad, su belleza. Si miramos ese mismo bosque con fines comerciales nos perderemos lo esencial y solo veremos las dimensiones que tiene, si los árboles son jóvenes o viejos y la madera que podremos conseguir de él.

No podemos quedarnos en la simple crítica; hemos de buscar una alternativa, un credo, un sistema de pensamiento libre de ficciones que nos ayude evolucionar y a encontrar la Verdad.

Con esperanza,

Feliz reflexión!

¿AGRADECER O PROHIBIR?

¿AGRADECER O PROHIBIR?

Hace unos días, una amiga me envió un mensaje proponiendo hacer una petición colectiva al Ayuntamiento, instando a éste a cumplir las ordenanzas municipales. Me pareció una buena idea, pero, sin poderlo evitar, debido al síndrome que padezco, como algunos ya sabéis, me puse a reflexionar y llegué a esta conclusión: ciertamente, hemos de exigir los derechos que tenemos como ciudadanos, que para algo pagamos nuestros impuestos, pero ¿dónde queda nuestro grado de responsabilidad?

Un día, al pasar por una calle cercana a mi casa, descubrí un simpático, pequeño y singular letrero colgado de una ventana baja. El letrero decía: “gracias por no permitir que su perro orine en mi ventana”.

Me gustó el letrero y pensé ¡qué diferente sería vivir rodeados de pequeños letreros “agradeciendo” omotivando”,  a vivir rodeados de letreros “prohibiendo”. Cuando agradecemos es porque la otra persona hace algo bien o, al menos, como sería de esperar en un lugar “civilizado”. Cuando se prohíbe es porque la barbarie que nos rodea supera en mal los mínimos esperados, no entiende el término gracias y dudo que el de la prohibición.

Vivimos en una ciudad cosmopolita, hermosa, agradable y tolerante, pese a lo que algunos puedan opinar (estoy hablando de Barcelona, por si alguien que lea esta entrada no lo sabe) pero a muchos nos gustaría que sus calles estuvieran más limpias de lo que están. He de reconocer que desconozco como está el resto, pero, salvo algunas excepciones, no creo que haya mucha diferencia. Es más, estoy segura que es una epidemia que no solo afecta a esta bella ciudad.

Todos hemos visto, seguramente más de un vez, como aprovechando la parada de un semáforo, por arte de magia se abre la puerta de un coche y una hábil mano vacía el cenicero en mitad de la calle; vemos a diario excrementos de perro dejados hallá donde el pobre animal tuvo a bien depositar; vemos y sufrimos en el día a día las miles de colillas que algunos “generosos fumadores” lanzan con gran destreza en la calle o medio hunden en la playa; también podemos observar miles de manchitas en el suelo, de origen aparentemente desconocido, pero que provienen de los chicles que tiran a diario otros “generosos conciudadanos” (de alguna manera hay que llamarlos) y también quiero mencionar, aunque sea de pasada, porque es muy temprano y acabo de desayunar, esos regalos de “fluido corporal segregados por las vías respiratorias y expulsados por la boca” con gran habilidad. Eso sin mencionar las bolsas de basura dejadas en las papeleras y también tiradas en lugares de acampada, etc, etc.

Amigos, ésto el Ayuntamiento no lo puede arreglar, como mucho puede limpiar más nuestras calles y aleccionar o multar a los que infringen las ordenanza, pero hasta que el ciudadano no comprenda que cuando sale de la puerta de su casa, está compartiendo un espacio común con otros conciudadanos y hasta que no sienta el deseo de colaborar, de aportar, de añadir algo para hacer de nuestro barrio, de nuestra ciudad o del mundo en general un lugar más confortable y mejor, no tendremos más remedio que soportar esa cosecha que tanto prolifera: la suciedad, no solo a nivel físico, sino también a nivel emocional y mental.

La educación, desde mi humilde opinión, no empieza en las escuelas, sino en las familias y yo he visto a muchas mamás y papás dejar que el peque vaya sentado en el tren o el metro con sus “patitas” apoyadas en el asiento, mientras personas mayores, estaban de pie buscando un apoyo para no perder el equilibrio. ¡Qué cada cual saque sus propias conclusiones…!

Todos tenemos derecho a tener animales, a fumar, a tomar chicles, a sentarnos en los bancos, etc, etc, pero, por favor, vivamos como ciudadanos y recordemos que nuestro derecho acaba donde empieza el de los demás.

La cosecha que tenemos hoy es consecuencia de la siembra de ayer y la siembra de hoy, sin duda alguna, la recogeremos mañana.

Gracias amiga por mandarme el mensaje, gracias por ser como eres y, porque sin saberlo, me inspiraste para escribir esta entrada en mi blog.

Teniendo en cuenta que es verano, que much@s estáis de vacaciones y hace calor, he preferido poner la imagen refrescante de una playa limpia y vacía. Lo opuesto ya lo sufrimos cada día.

Feliz reflexión!!!

ANIMALES CON CORAZÓN (IV)

CAPÍTULO CUARTO: NUESTRO NUEVO HOGAR

En la “casa-cuna” de acogida estábamos como en el cielo. Nos trataban con mucho cariño y nos lo pasábamos “pipa” subiendo y bajando por una estructura especial que había para gatos, eso sí, cuando los gatos grandes no nos veían.

Pasaron los días y de nuevo vinieron aquellas personas que para nosotros eran especiales y que hablaban de cosas que no entendíamos. Tras saludarse,  salieron a vernos y se asombraron de lo mucho que habíamos crecido. Todos fueron muy cariñosos y especialmente la que nos había adoptado, que estaba deseosa de llevarnos con ella.

Cuando llegó el momento de marcharse, se acercaron con algo parecido a una caja con ruedas y con mucho cuidado nos metieron dentro a mi hermana Luna y a mí. Nunca habíamos ido en una cosa así, no nos gustó mucho pero echaron un líquido dentro de la caja que nos fue relajando y marchamos los dos con nuestra nueva “amita” y otra compañera del grupo, que también le gustaban los gatos, pero que por razones de espacio no podía adoptar ninguno. Por el camino, aunque un poco adormilados, recordábamos a la pareja de ángeles que nos había cuidado tan bien y a Blanquita, nuestra hermana pequeña, que había quedado sola, pero que como ya sabéis también la habían adoptado. Nos despedimos de ella, como lo hacemos los gatos y emprendimos nuestro camino en la vida. No olvidéis que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias y eso los animales lo sabemos muy bien.

La singular caja en la que íbamos, ahora se que se llama transportín, rodaba por la calles impulsada por el brazo de nuestra nueva “amita”, que iba tan inquieta o más que nosotros.

-¡Ay, señor. He adoptado dos gatos. -Se repetía en silencio.

Finalmente llegamos a la casa, pero no vimos nada, porque directamente nos llevó a una habitación, abrió el transportín y nos dejó en libertad. Allí no había estructuras, como en la otra casa, pero había cojines, bolsas para escondernos y bonitas cajas de cartón para dormir; no nos pusimos a descansar hasta que no tuvimos todo bien olisqueado e impregnado con nuestro olor.

De vez en cuando se abría un poquito la puerta y asomaba la cabeza de nuestra nueva “amita” y al momento volvía a cerrarse al ver que estábamos bien, Creo que durmió ella menos que nosotros. Desde entonces esa habitación es nuestro refugio.

A la mañana siguiente, nuestra “amita” abrió la puerta de la habitación y nos invitó a salir. Estábamos un poco temerosos ¡todo era nuevo! Allí no había tantos juguetes, pero vimos a dos personas que nos miraban con mucho cariño y enseguida supimos que tanto ellas como nosotros íbamos a estar muy bien.

En esta foto estamos dentro de una bolsa muy bonita que nos preparó, pero un día a Luna le dio por rascar con sus uñas y la destrozó; buenos he de decir que yo también colaboré un poco.

Una noche, decidimos ponerles un nombre para distinguirlas cuando nos referíamos a ellas y aunque no sea muy original decidimos llamarlas “Osa mayor” y “Osa menor”, porque las dos tienen el cabello blanco y más o menos la misma altura, pero una tiene más edad que la otra, porque es su mamá. ¡tiene suerte de poderla disfrutar todavía!

Mi hermana Luna os contará más cosas sobre ellas, pues ya me está diciendo que si cuento todo, ella no tendrá cosas para contar, así que aquí termino este capítulo, que trata del inicio de nuestra vida en adopción, de la suerte que hemos tenido con estas dos almas con cabello blanco que nos han adoptado y de lo agradecidos que estamos con todos los que, anteriormente, nos protegieron y nos cuidaron.

Hola a todos, soy Luna. Algunos os preguntaréis la razón por la que no escribo yo; bien, pues no lo hago porque mi hermano siempre ha ejercido de hermano mayor y algún privilegio debía tener, así que él se expresa antes y yo me expresaré después.

Será una visión algo distinta, pues cada animal tenemos nuestra propia personalidad. Es como si mi hermano contase “el qué” y yo el “por qué”, más o menos, porque no hay que olvidar que somos gatos. 

A Sol le gusta comer de todo y con tal de que lo acaricien y pueda hacer sus escapadas a casa de los vecinos ya está contento. Yo también soy feliz, pero soy un poco más rarita con la comida y me gusta mucho observar, ya podéis ver en la foto que mi mirada es penetrante, bueno, todo lo que puede ser la mirada de una gata.

Ahora, mi aspecto ha cambiado un poco, el pelo del lomo se ha oscurecido y parece que se me cae menos, todos estaban preocupados  y no se daban cuenta de que lo estaba cambiando.

El próximo capítulo tratará sobre “La llamada de la naturaleza” y estoy segura que os gustará. Contamos con vuestras visitas y comentarios. Os esperamos.

 

ANIMALES CON CORAZÓN (III)

CAPÍTULO TERCERO: LAS ADOPCIONES

Un día, nuestros ángeles protectores tuvieron visita, primero solo escuchamos sus voces, luego vinieron a vernos y, tras un rato de observarnos y de conversaciones entre ellos, decidieron adoptar a mi hermano. He de reconocer que mi hermano era tan guapo o más que yo. Nos quedamos tranquilos, parecían buenas personas.

Aún así, aquella noche, nos costó un poco conciliar el sueño; el momento de separarnos estaba próximo a llegar y aunque somos animales, pese a lo que algunos piensan, os puedo asegurar que echamos a faltar la compañía y el cariño e incluso podemos enfermar de soledad.

Otro día, vinieron más personas a la casa, pero no parecían estar interesados en nosotros. Hablaban de otras cosas que yo no entendía, aunque más tarde comprobé que a todos les gustaban los animales.

Cuando estas personas llevaba allí un buen rato, sentimos pasos y la cortina que nos cubría se levantó. Yo estaba cerca de la puerta de nuestro cobijo, pues, como sabéis, ejercía de hermano mayor. Cuando quedamos al descubierto, pese a tener los ojos todavía medio cerrados, vi una mano que se acercaba, una cabeza con cabello blanco, casi como el de mi hermana y un corazón sobrado de ternura; bueno, eso no lo vi, solo lo percibí y entonces busqué los ojos de aquella cabeza y le lancé una mirada llena de encanto. No podía ser de otra manera, cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí que su corazón se aceleraba.

-Ay! Qué gatitos -dijo, y me tomó entre sus manos.

Yo empecé a gatear sobre su brazo, quería impresionarla y demostrarle que ella a mí también me gustaba.

-Llévate el gatito -le decían.

Ella se resistía, no por falta de ganas, sino porque no entraba dentro de sus planes tener un gato. Yo me subí hasta su hombro para que se pudiera admirar mi pelaje anaranjado. Ella me acarició.

-Estoy perdida -dijo al momento y fue cuando supe que la había conquistado.

-¿Qué pasará con mis hermanitas? -pensaba yo. Entonces alguien del grupo, que entendía de gatos, dijo:

-¿Por qué no te llevas dos?

Y la que me llevaba en brazos contestó:

-¿Quéeee? pero si yo nunca pensé adoptar un gato ¿cómo voy a adoptar dos?

El grupo la animaba; ella se debatía entre la duda; por ganas se hubiera llevado a los cuatro pero, al parecer, damos trabajo y gasto.

Me dejó junto a mis hermanos y ellos volvieron a su trabajo. Al acabar la tarde volvió a mirarnos y finalmente se decidió: nos adoptaba a los dos, a mi con el nombre de Sol y a mi hermana siamesa, le puso el nombre de Luna.

Como todavía éramos muy pequeños no nos pudo llevar con ella, pues al parecer, necesitaba una autorización, así que seguimos los cuatro en aquella casa en la que con tanto mimo nos cuidaban.

¿Qué pasará conmigo? -Decía temblorosa mi hermana blanquita.

La duda pronto se disipó, pues unos días más tarde, llegó otra visita y la adoptó. Salvo mi hermana siamesa y yo, los demás iban a estar solos, pero las personas que vinieron a adoptarlos nos gustaron y sabemos que los dos están bien.

……………………………

Si te ha gustado, por favor pásalo a los “amigos de los gatos” y no dejes de visitarnos la próxima semana que ya estaremos en nuestra casa de adopción. Gracias!!!

¡FELICIDADES!

¡FELICIDADES!

Hoy, 16 de julio, he decidido felicitar, a través de mi blog, a las personas conocidas que celebran su santo o su cumpleaños y, aprovechando la oportunidad, hacer extensiva mi felicitación a las que no conozco y a todas las que tienen algo que celebrar.

Junto a mi felicitación va un pequeño detalle: la invitación a una sencilla reflexión.

¿Alguien recuerda el momento de su nacimiento o aquel en el que decidieron ponerle el nombre que le acompaña? Yo, sinceramente, no.

Si cierro mis ojos un instante o incluso sin cerrarlos, puedo transportarme a ese día e imaginar a mi madre con dolores de parto, a mi padre nervioso y a ambos ilusionados esperando el primer fruto de su unión. Pero, no voy a detenerme en esos instantes, pese a su importancia, porque es hacia otros momentos, hacia los que hoy intento derivar mi atención.

Empezaré diciendo que si hoy hace X años que naciste o que te pusieron tu nombre; ayer hizo X años que estabas a las puertas de nacer o de que te pusieran el nombre con el que hoy se te conoce y mañana hará X años que lograste atravesar el umbral y que respondes a tal nombre. ¡Vaya lío de palabras!

Dicho de otra forma, cada día tenemos la oportunidad de celebrar “algo”. ¿Por qué tanto “bombo y platillo” para celebrar determinados días y tanto olvido respecto a otros?

Celebrar el cumpleaños, no digo que esté mal, pero celebramos el resultado de un proceso natural; celebrar el santo, tampoco está nada mal, pero es algo en lo que en nada intervino nuestra voluntad.

Por favor, no pienses que pretendo ahogarte la fiesta ¡todo lo contrario! Mi intención es recordarte que cada día hay mucho que agradecer y algo que celebrar.

Por poner algún ejemplo: el día que diste tus primeros pasos; el día que articulaste tus primeras palabras; el día que aprendiste a comer; tu primer abrazo; tu primera sonrisa; la primera vez que descubriste que el “amor” brotaba de tu interior; la primera vez que fuiste capaz de permanecer en silencio, aún pensando que tenías razón; la primera vez que tendiste la mano a quien lo necesitaba; la primera vez que te tragaste el orgullo y pediste “perdón”; la primera vez que fuiste capaz de reconocer un favor y dar las“gracias”.

Todos estos hechos y muchos, muchos más, son logros conseguidos en nuestro lento caminar. ¿por qué no los celebramos?

Alguien podría decir que es porque esos hechos no los recordamos, pero todos sabemos que esa no es la razón…

Si estás leyendo estas líneas, no pienses que pretendo restar, quitar o aleccionar con mis palabras, mi intención no es otra que la de añadir, sumar, sugerir, invitar, así que, como estás de celebración no quiero sustraerte más tiempo y acabo mi escrito diciendo:

FELICIDADES A TODOS, porque, sin duda alguna, todos tenemos mucho que agradecer y algo que celebrar.

ANIMALES CON CORAZÓN (I)

Este sencillo, emotivo y simpático cuento está dedicado, en general, a todo el “mundo mundial” y en especial a los niños y a los protectores y amantes de los animales.

LAS VIVENCIAS DE SOL Y LUNA

 

CAPÍTULO UNO:  PRIMEROS RECUERDOS DE SOL

 

Hola!, me llaman Sol y os voy a contar en este capítulo los primeros recuerdos que tengo de mi vida y cada semana os iré contando cosas nuevas; después será mi hermana Luna la que os contará su punto de vista.

Nacimos en un lugar deshabitado. Nuestra madre era una gata de esas que llaman callejeras, nuestro padre fue un total desconocido para nosotros.

Creo que soy el mayor de los cuatro hermanos, porque siempre fui un poco más desarrollado que ellos.

Nuestra madre se sentía muy orgullosa de nosotros, pues a todos los gatos que venían por donde estábamos les decía que éramos preciosos, claro que eso lo deben pensar todas las madres… Mi único hermano era gris atigrado, muy guapo, con razón fue al primero que adoptaron. También tenía dos hermanas, una casi toda blanca y otra siamesa, con la que, actualmente, comparto mi vida y mis juegos.

Lo único que recuerdo del lugar donde nacimos fue que, pese a estar algo resguardado, desde él se oían muchos ruidos de esas máquinas que los humanos llamáis coches; también había suciedad, pero eso lo sé ahora que puedo comparar con el lugar en el que vivimos, antes pensaba que eso era lo normal.

Nuestra madre era una muy buena madre, aunque fuera callejera, estaba siempre pendiente de nosotros, nos lamía, nos acicalaba, nos daba de mamar leche calentita y nos abrazaba, como solo saben hacerlo los gatos ¡Qué bien se estaba entre las patitas de nuestra madre!

Pero, una noche, salió a cazar para poder tener leche con la que alimentarnos, tras lamernos con cariño y advertirnos como siempre: no salgáis de aquí, la calle es muy peligrosa, volveré pronto y de nuevo estaremos juntos. Nosotros quedamos allí, los cuatro acurrucaditos, hechos un ovillo, dormitando mientras esperábamos su regreso. Pero ese regreso nunca se produjo y de pronto se hizo evidente para los cuatro que nuestra madre tenía razón, la calle era un lugar  muy peligroso.

Al principio, como éramos muy pequeños, no sabíamos qué hacer, así que nos apretábamos bien los cuatro para darnos calor y ésto nos consolaba, pero nuestros estómagos seguía vacíos y reclamaban la dosis de leche de nuestra madre. No solo teníamos hambre, también teníamos frío y nuestras fuerzas iban desapareciendo.

 

Nos encontró un señor que no parecía andar muy sobrado, pero se apiadó de nosotros, nos colocó dentro de una caja y nos llevó a su vieja furgoneta. Nosotros no estábamos acostumbrados a ese movimiento. Todo temblaba y dos de mis hermanos casi vomitaron y digo casi, porque si hubieran tenido algo en el estómago lo habrían sacado, pero de un saquito vacío poco o nada puede sacarse. Como no teníamos a nadie para consolarnos, nos relajaba el contacto de nuestros cuerpos y los gemiditos que salían de nuestras pequeñas gargantas.

Aquel cacharro con ruedas iba y venía, o tal vez solo iba, porque no sabíamos si se dirigía hacía algún lugar determinado o solo circulaba con su vieja furgoneta en busca de hierros torcidos y otros trastos viejos con los que la iba llenando. De vez en cuando nos ponía un poco de leche que sacaba de una botella. El hombre hacía lo que podía y, al menos, sabíamos que alguien se ocupaba de nosotros. No obstante, todos sabéis que la falta de una madre no se compensa con nada.

Si os ha gustado el primer capítulo, no dejéis de leer el siguiente la próxima semana y por favor compártelo con los amantes de los gatos y con las personas sensibilizadas con los animales.

Gracias!!!

 

 

MANOS PINTADAS DE BLANCO

MANOS PINTADAS DE BLANCO

Pese a ser domingo y estar en la playa, las caras de todos los que me rodeaban reflejaban un semblante marcado por la tristeza, por la indignación y por cierta dosis de esperanza.

Se estaba acercando la hora, la gente hablaba a media voz, temerosa de romper el silencio que nos rodeaba. Finalmente ese silencio fue roto por la voz de un hombre, a través de un altavoz. La esperanza fue fulminada, solo quedó la tristeza y la indignación. Miguel Ángel Blanco había sido asesinado. Las lágrimas de muchos pedían ser liberadas.

Miles de manifestantes en la calle, las manos en alto pintadas de blanco, niños a hombros de sus padres, un silencio sepulcral y una marcha tan lenta que era imposible avanzar… No sirvió para nada, la sentencia estaba echada.

¿Qué tuvo de especial la trágica muerte de aquel concejal? Supongo que las horas de agonía que pasaron desde su secuestro hasta su brutal asesinato.

Hoy martes, en un momento dado, he cogido el mando de la TV y le he dado al botón. Sinceramente, es esos momentos no recordaba aquel hecho impactante, ni que ya habían pasado veinte años. Las imágenes que he visto y las frases que he oído, han hecho que, de nuevo, un nudo se pusiera en mi garganta. Hoy, no ha sido por el asesinato de ningún concejal, hoy, como tantos otros días, el motivo ha sido que he sentido apuñalada la esperanza.

SEÑORES POLÍTICOS!!! Entérense de una vez: hace veinte años nos conmocionó profundamente aquel acontecimiento, pero hoy nos sigue conmocionando su insensatez y su insensibilidad.

¡Con qué placer paladean ese regusto que parecen sentir “los unos, cuando critican a los otros y los otros, cuando critican a los unos” y nunca faltan bufones aplaudiendo al payaso de turno…!

Necesito ver políticos que no lleven siempre la escopeta cargada contra su oponente; que hablen de su ideario y de su programa y no se centren en el de los demás; que busquen más colaboración y menos protagonismo ¿Existen? Tal vez sea una especie extinguida y yo pida un imposible. Requiere aplomo y no descargas, requiere trabajo y no críticas, requiere humildad y no soberbia, requiere saber que la política es un servicio a la sociedad y no un lugar donde llenarse los bolsillos a costa de los demás.

Hasta que aparezca un político con estas cualidades, prefiero estar desinformada que asistir diariamente a un circo o a un teatro de tal mediocridad.

La oposición política, debería ser alguien que defiende ideas distintas, no un enemigo merecedor de la muerte ni de torturas ni siquiera de feroces y, muchas veces, falsas críticas; pero para entender ésto hay que empezar por asumir las diferencias y respetar la libertad de los demás.

Quiero terminar este escrito, mandando mis más sentidas condolencias a los familiares y amigos de MAB y a los de todas las víctimas del terrorismo, sin olvidar a los familiares y amigos de las víctimas de otras clases de violencia.