EL CULTO A LAS APARIENCIAS

EL CULTO A LAS APARIENCIAS

enero 30, 2019 14 Por Ana Palacios

Emociona ver un gran despliegue de ingeniería humana trabajar sin descanso para conseguir un resultado que, si bien se preveía, no era el deseado

Dicho esto, he de añadir que llevo tiempo sorteando el árido territorio de los renglones inacabados y de las frases vacías de contenido.

Ante mí se presenta un sendero bifurcado.

Desde un ramal se escucha el clamor de emociones, oraciones, ruegos y salmodias.

Por el otro llegan voces crispadas y juicios que, como el eco, se van repitiendo.

Aturdida por el tsunami, decido detenerme y reflexionar en silencio.

En lo alto de una rama, un pájaro se desgañita cantando, tal vez, advirtiéndome que ambos caminos son equivocados.

Amigo lector ¿en qué nos hemos equivocado? ¿en qué seguimos fallando?

¿Por qué ahora proclamamos héroes a los mineros asturianos y, en su momento, permitimos que muriera la minería española?

¿Por qué unas veces se trata a los cuerpos y fuerzas de seguridad como órganos represores y cuando exponen su vida para salvar la de otros les aplaudimos?

¿Por qué la sociedad reconoce y admira a los llamados «influencers» y desconoce la existencia de los Grupos de Rescate y Salvamento?

¿Por qué están mejor pagados quienes se dedican a ciertas profesiones que, a mi humilde entender, poco o nada aportan a la humanidad, que quienes con vocación de servicio trabajan en la enseñanza, la salud, la investigación u otros campos para satisfacer las necesidades ajenas?
¿Por qué ha de morir alguien para que se controlen los pozos, se señalice un tramo o se ponga un semáforo?

¿Por qué hay niños que fallecen en el anonimato y padres que no son asistidos por psicólogos?

¿Por qué las personas son más valoradas y admiradas por los goles que marcan o por los «followers» que tienen en las redes sociales, que por su actitud noble y entregada ante la vida?

La sociedad tiene su mirada fija en las apariencias y estas solo son el papel que los individuos representamos en el baile de máscaras del gran teatro mundial.

Con nuestra inestabilidad emocional vamos y venimos como juncos movidos por el viento y somos capaces de elevar hasta la gloria a alguien para, más tarde, hundirle en la miseria y olvidarle, cuando no se ajusta a lo deseado.

¿Qué podemos hacer, amigos?

Mientras aclaro mis ideas y espero tus consejos caminaré campo a través para alejarme de la amenaza que suponen los cantos de sirena y trabajaré para que, algún día, el hombre, ciego ante sí y ante la vida, resuelva los conflictos sin violencia y se convierta en un auténtico Hombre.

“Quien destruye la alegría de los demás entristece su propia vida”