EL ECO DE MI VOZ

EL ECO DE MI VOZ

octubre 7, 2018 21 Por Ana Palacios

Ayer, un compañero de letras fue capaz de hacerme ver que debía mejorar la forma. Años atrás no hubiera encajado bien su comentario. Hoy, agradezco el tiempo que me ha dedicado y reconozco públicamente, que gracias a él he aprendido algo de lo mucho que tengo por delante.

He añadido el texto escrito en primera persona, como corresponde a un monólogo. Dejo, por tanto, los dos para que podáis ver la diferencia. ¡Gracias, Luis!

Texto modificado

¿El cuarto estaba vacío? ¿Estaba sola, como creía? Me pregunto una y otra vez al escuchar las voces que parecen increparme con insistente premura.
Me invade el temor por todos los rincones. He descubierto que dejar la posición estática conlleva un riesgo difícil de superar.

Frente a mí se abre un camino del que conozco el inicio, pero no el final. Tengo miedo a no saber dónde ubicar mi existencia.

Soy consciente de que no puedo elegir otro mundo y, aunque ahora lleve herido el corazón, debo encontrar en este mi forma de ser y de avanzar.
He perdido los apoyos que un día fueron esenciales para mí, aquellos que me otorgaban estabilidad, pero que a su vez me impedían avanzar.
La duda me asfixia, como un nudo difícil de desatar, pese a ello me niego a ser un bloque de material moldeado por los demás.
Envidio al viento que grita su libertad, porque yo debo conquistar la mía sin conocer más que su nombre, ni saber como usarla.
Antes, si intentaba avanzar, los amarres me producían malestar y creía estar destinada a permanecer ad eternum sin movilidad.
Fue en un súbito instante, cuando un hecho inesperado quebró la monotonía.
Recordar la ruptura todavía me produce escalofríos y hace brotar mis lágrimas. Apenas acierto a comprender de dónde saqué el valor y la fuerza necesaria.
Ahora, mi trabajo consiste en desprenderme de los miedos y aprender a caminar libre por la vida.
Alguien me sugirió que cantara para ahuyentar los temores, pero la voz se me quiebra en la garganta, convirtiendo en sonidos inaudibles mis palabras.
Quizás, si vuelvo a confiar perciba de nuevo la luz y pueda salir de la negra sombra… Pero, ¡qué lejos siento ese momento y cómo ansío su llegada! porque ese día, por fin, dejaré de sentirme fragmentada.

Sí, el cuarto está vacío. Los sonidos que escucho solo son el eco de mis palabras chocando contra el muro de la soledad que me atenaza.

***

Texto original

¿El cuarto estaba vacío? ¿Estaba sola, como creía? Se preguntaba una y otra vez al escuchar aquellas voces que parecían increparla con insistente premura.
Tenía miedo a no saber dónde ubicar su existencia. Frente a ella se abría un camino del que desconocía el inicio y también el final.
Era consciente de que no podía elegir otro mundo y, aunque ahora llevara herido el corazón, debía encontrar aquí su forma de ser y de avanzar.
Había perdido los apoyos que un día fueron esenciales para ella, aquellos que le otorgaban estabilidad, pero que a su vez le impedían avanzar.
La duda la asfixiaba como un nudo difícil de desatar, pese a ello se negaba a ser un bloque de material moldeado por los demás.
Envidiaba al viento que gritaba su libertad, porque ella debía conquistar la suya sin conocer más que su nombre, ni saber como usarla.
El temor la invadía por todos los rincones. Había descubierto que dejar la posición estática conllevaba un riesgo difícil de superar.
Antes, si intentaba avanzar, la firmeza de sus amarres le producían malestar y creía estar destinada a permanecer ad eternum sin movilidad.
Fue en un súbito instante, cuando un hecho inesperado quebró su monotonía.
Recordar el momento, le producía escalofríos y hacía brotar sus lágrimas. Apenas acertaba a comprender de donde sacó el valor y la fuerza necesaria.
Ahora, su trabajo consistía en desprenderse de los miedos y aprender a caminar libre por la vida.
Alguien le sugirió que cantara para ahuyentar los temores, pero la voz se quebraba en su garganta, convirtiendo en sonidos inaudibles sus palabras.
Quizás, si volvía a confiar percibiría de nuevo la luz y podría salir de la negra sombra… Pero, ¡qué lejos sentía ese momento y cómo ansiaba su llegada! porque ese día, por fin, dejaría de sentirse fragmentada.
No había duda, hoy, solo su sombra la acompañaba y los sonidos que escuchaba eran producidos por su monólogo en voz alta al chocar contra la soledad que la rodeaba.

***

Este escrito, de carácter intimista, lo presenté a un taller literario en el que se exigía comenzar por la pregunta: ¿El cuarto estaba vacío? Y en la última frase del relato debía estar la respuesta.Tuvo buenas críticas, porque quizás se fijaron más en el sentir de la protagonista que en la forma de expresarse.