EL GATO Y EL ELEFANTE

EL GATO Y EL ELEFANTE

noviembre 21, 2018 30 Por Ana Palacios

Si el vacío que deja un ser cuando emprende su último viaje fuera proporcional a su tamaño, no estaría escribiendo estas letras.

Este sencillo cuento no tiene otra pretensión que la de ofrecer algo de consuelo a los amantes de los animales que han perdido a su querida mascota y en especial a Argiñe, quien hace años enviudó y, actualmente, se ha visto privada de la compañía de su gato Iru.

Argiñe, gracias por cuidarme y por enseñarme lo que es el amor.

Iru no sabía como había llegado hasta allí, pero se sentía bien, tenía libertad para corretear, lugares donde esconderse, árboles a los que trepar y más comida y agua de la que nunca imaginó.

Solo un recuerdo lo afligía: la imagen de un ángel sin alas, con cuerpo y rostro humano. En esos momentos lo envolvía la melancolía y el pequeño felino, ávido de ternura, se convertía en un animalito amoroso y retozón.

Nuestro amigo encontraba muy hermoso todo lo que le rodeaba, pero sentía que le faltaba algo y tenía que acostumbrarse a la nueva situación. Como era un animal astuto pronto comprendió que en aquel lugar, como en todos los demás, había seres más fieros y otros con un nivel de evolución mayor. Sin perder tiempo buscó a Jumbo, un gran elefante que ejercía de consejero.

Iru le explicó su pequeño problema y el paquidermo, delicadamente, lo acercó con su trompa y le dijo:

Pequeño, ahora estás en el cielo de los animales, has pasado a otra dimensión y los recuerdos que tienes corresponden a tu etapa de mascota. Ese ángel sin alas que recuerdas es tu protectora y amiga, la persona con quien viviste y quien te cuidó y amó. Su nombre significa luz y has sido muy afortunado de poder compartir tu vida con ella. Aquí hay muchos que fueron maltratados y abandonados.

Nuestro amigo, que era un gato evolucionado, dentro de lo que se puede esperar de un animal, preguntó:

Jumbo, ¿podría hacer algo por mi amita Argiñe y por los animales maltratados?

¡Claro que puedes! piensa en tu amiga y hazle llegar un mensaje telepático.

¿Cómo se hace eso?

Es fácil, solo tienes que decirle desde el corazón, que estás bien, que sientes haberla dejado sola, que la recuerdas, que le agradeces todo el cariño que te dio, pero que, como ella ya sabe, todo tiene un inicio y un final.

Gracias, amigo elefante, así lo haré y ¿qué puedo hacer por los que nunca fueron amados?

Comparte tus juegos con ellos y con tu forma de hacer les enseñarás. Los animales que conviven con buenas personas aprenden de ellas cualidades que los otros desconocen.

Iru agradeció al elefante sus palabras y marchó con dos ideas muy claras: Mandarle un mensaje a su amita y compartir el amor que ella le dio con los animales que lo necesitaran.

Cuando encontró un lugar adecuado, se acurrucó y, desde su pequeño gran corazón, le envió amor y le dijo todas las cosas bonitas que no pudo expresarle cuando estaba con ella; después, dejó volar el mensaje deseando que llegara pronto a Argiñe y pudiera calmar el dolor que sentía su corazón.

***

Muchas veces me he preguntado, cómo es posible que los animales sean capaces de robarnos el corazón sin palabras, sin promesas ni regalos y he llegado a la conclusión, tal vez equivocada, de que es porque de ellos nunca esperamos nada y esto hace que no nos puedan defraudar. Un lametazo, un arrumaco, una mirada inocente y transparente abre en nosotros un manantial de ternura y amor.

Entiendo la terapia asistida con animales…

La foto del gato y el elefante está sacada de Internet y la otra es una foto de Iru, el protagonista de este sencillo cuento.

Deseo que os guste.