EL PLANETA MÁGICO

EL PLANETA MÁGICO

octubre 21, 2018 12 Por Ana Palacios

—Omega, observo en el monitor, que en el brazo de Orión, de la Vía Láctea, un pequeño planeta casi ha perdido su brillo.

—¡Tranquila, Alpha! se nota que eres nueva en esta función. Hace tiempo que aquel bello y atrayente planeta dejó de ser lo que fue.

—Siento curiosidad por visitarlo ¿Hay algún inconveniente?

—Ninguno. Dirijamos nuestra nave hacia él.

—Esto es muy extraño. El planeta conserva cierto encanto, pero sus habitantes parecen robots, la mayoría lleva en la mano un pequeño aparato, caminan deprisa, miran mucho pero parecen no ver nada y, aunque a veces ríen a carcajadas, su sonrisa interior parece congelada.

—Tienes razón. Vamos a preguntarle al anciano que está sentado en el banco. Percibo que es ciego, por tanto no se extrañará que le hablen dos seres incorpóreos y, con la sabiduría que dan los años, tal vez él pueda explicarnos la historia de este curioso lugar.

El anciano, tras responder al saludo, no puso objeción alguna en narrar lo que sus antepasados le habían contado.

«Al parecer, en este planeta, hace muchos años vivían unos seres mágicos que trabajaban con entusiasmo por los demás, cuando las estrellas y la luna hacían su aparición.

Una noche, empezó a soplar un viento huracanado. Ellos dejaron sus tareas y esperaron ¡algo estaba ocurriendo! Entonces el viento habló y dijo: “Queridos amigos, hacéis una gran labor, pero nadie la valora ni agradece. Ha llegado el momento de partir a otro lugar, donde vuestra ayuda también es necesaria”.

Acabado su trabajo y cuando todavía brillaba la luna, salieron del planeta hacia un lugar muy lejano, al que solo se puede acceder a través del silencio.

Todo el mundo era feliz hasta que aquello ocurrió, pero, sin la ayuda e inspiración de aquellos fantásticos seres, el llamado “Planeta Mágico”, poco a poco se convirtió en un caos.

Al observar aquella confusión, seres que provenían de lugares tenebrosos decidieron sacar provecho, mediante una idea que pusieron en acción.

Para empezar, prometieron que ellos pondrían orden y modernizarían el planeta con máquinas que facilitarían el trabajo.

Todos creyeron en sus promesas y pusieron en ellos su confianza. Pronto comprobaron que las máquinas contribuían a que la vida fuera más placentera, pero, a su vez, se volvían imprescindibles y poco a poco  perdieron la capacidad de realizar mentalmente las operaciones más simples; también olvidaron la costumbre de hablar mirándose a los ojos para constatar lo que dicen las palabras, así como el hábito de reunirse en familia por el simple placer de disfrutar de su compañía y para contar historias; ahora, la vista escanea, pasando por alto la esencia, para centrarse sobre las formas; se ha perdido el respeto al medio ambiente y ya no se escucha el bullicio de los niños jugando en las calles; también se ha ido olvidando que existe vida interior y, actualmente, la gran mayoría, solo se mueve por impulsos externos y por interés.

Los seres que provenían de las tinieblas consiguieron su objetivo y este bello planeta fue perdiendo la capacidad de atracción que lo caracterizaba, para convertirse en un enjambre de seres manipulados, buscando un mito o una máquina a quien adorar.

Pero, según contaban mis antepasados, el viento no ha perdido la esperanza y sigue esperando que un día nos demos cuenta del error y comprendamos que el respeto, la solidaridad y la colaboración pueden devolver a este planeta su esplendor»

Cuando el anciano concluyó, una lágrima resbalaba por su mejilla. Alpha y Omega, pese a estar absortas en el relato, percibieron el detalle y, emocionadas, envolvieron con su energía a aquel ser tan especial y, a su manera, le ofrecieron un aplauso.

Este reto debía contener la frase: “Todo el mundo era feliz hasta que…” y terminar con la palabra “aplausos”

¡Feliz reflexión!