EL PLANETA MÁGICO

junio 28, 2017 2 Por Ana Palacios

Hace ya muchos años, una estrella fugaz surcaba el firmamento, cuando observó un pequeño y misterioso planeta. No pudo resistirse a su magnetismo y decidió posarse en él.

Pronto descubrió que el lugar era hermoso, pero también un tanto extraño. Sus habitantes parecían robots, llevaban siempre las manos ocupadas, caminaban deprisa, miraban mucho pero parecían no ver nada, a veces reían a carcajadas, pero su sonrisa era forzada y parecía congelada.

En el recorrido por este planeta, la estrella encontró a un ser que, por su aspecto, parecía estar sobrado de edad y  se le acercó esperando que, con la sabiduría que dan los años, él podría explicarle la historia de aquel curioso lugar.

El anciano, muy amablemente, le confió lo siguiente:

Según contaban mis antepasados, tiempos atrás, el planeta era conocido con el nombre de “Planeta Mágico”, porque tenía una gran belleza y un fuerte poder de atracción.

Por aquel entonces, prosiguió diciendo el anciano, en este lugar vivían unos seres invisibles que comenzaban a trabajar justo cuando las estrellas y la luna hacían su aparición. Eran seres mágicos, se decía que vivían en los bosques, pero nadie los vio nunca, solo se sabía que existían, que trabajaban con entusiasmo por los demás y que siempre estaban alegres, pues, al anochecer, parecía escucharse una dulce melodía, de origen también desconocido.

La vida en el planeta transcurría de forma placentera, pero una noche, cuando estos fantásticos seres estaban realizando su trabajo, empezó a soplar un fuerte viento; ellos dejaron sus tareas y esperaron ¡algo estaba ocurriendo! Entonces el Gran viento habló y dijo: “Queridos amigos, ¡cuán importante es vuestro trabajo! aunque nadie lo valore ni sea consciente de vuestra existencia. A partir de ahora, partiréis a otro lugar, donde vuestra ayuda es necesaria y tal vez sea más valorada”.

Acabado su trabajo y cuando todavía la luna brillaba, nuestros amigos marcharon a un lugar muy, muy lejano, tan lejano, que a él solamente se puede acceder a través del silencio.

Al parecer, fue en este momento que el planeta dejó de ser mágico; sin la ayuda y la inspiración de aquellos seres invisibles, sus habitantes estaban desorientados y, pronto, todo se convirtió en un caos.

Pero, como bien dice el refrán: “A río revuelto, ganancia de pescadores” y esos momentos de confusión fueron aprovechados por seres de otros lugares, donde reinaban las tinieblas y empezaron a planear qué podían hacer para aprovecharse de aquel desorden y se les ocurrió una idea que pusieron en acción.

Para empezar, los fueron convocando prometiéndoles que ellos iban a sacarles de aquel caos y que iban a modernizar el planeta con máquinas que harían más fácil su vida.

Los habitantes de aquel curioso lugar estaban muy contentos y comprobaron que, efectivamente, las máquinas contribuían a que su vida fuera más placentera, pero pronto estos aparatos se volvieron imprescindibles, hasta tal punto que poco a poco se perdió la capacidad de realizar las operaciones más simples sin la ayuda de una máquina; también se fue perdiendo la costumbre de hablar mirándose a los ojos para constatar lo que decían las palabras, así como el arte de reunirse en familia por el simple placer de hacerlo y para contar historias, ahora se reunían para comer y, en ocasiones, para asistir a actos fúnebres, pero siempre conectados a su máquina, como quien necesita oxígeno para respirar.

El placer por la lectura ya ni se recordaba, porque ahora con la vista solo se escaneaba fijándose en las formas, pero sin acceder a la esencia contenida en las palabras.

Los niños ya no jugaban en las calles, pues a muy temprana edad ya se conectaban y su aspiración más elevada era ser famoso para vivir bien sin preocuparse por nada y, en aquella sociedad, los ancianos sobraban.

Los seres que provenían de las tinieblas consiguieron su objetivo. La gran mayoría de los lugareños  no era consciente de lo que había perdido, de lo que ciertas máquinas representaban, porque no tenían tiempo para pensar y sin saberlo se convirtieron en masas robotizadas y por tanto manipuladas.

Poco a poco los habitantes de este singular planeta olvidaron que tenían vida interior y solo se movían por impulsos externos y el llamado planeta mágico perdió la capacidad que lo caracterizaba, la capacidad de amar, de sonreír, de colaborar y se convirtió en un enjambre de robots buscando un mito o una máquina a quien adorar.

Pasaron los años y todavía hoy el Gran Viento espera pacientemente que los habitantes de aquel lugar, alcen los ojos y sean conscientes de que están siendo manipulados, de que son seres libres, de que la libertad es un derecho inherente y que ser libre significa tener capacidad de elección.

…….

La estrella, que había quedado absorta con el relato del anciano, vio como una lágrima resbalaba por su mejilla. Ella, lo envolvió con su luz y le dio las gracias. El anciano también se las dio, porque le había dado la oportunidad de contar la tragedia que asolaba a su planeta.

¡Feliz reflexión!