EL SECRETO DE LOS FÓSILES

EL SECRETO DE LOS FÓSILES

julio 19, 2018 10 Por Ana Palacios

La clase se preparaba para salir a las cercanas montañas en busca de tesoros. Sí, para ellos, los fósiles eran verdaderos tesoros, porque ¿puede haber algo más valioso que un insecto, un caracol, un pez o una flor incrustados en una piedra? Para los niños era algo inaudito.

El alborozo que formaban hacía recordar al zumbido de un enjambre de abejas revoloteando alrededor de su reina, en este caso su “seño”, como así la llamaban ellos.

Entre los más pequeños se encontraba Ric, emocionado y confuso, como si presintiese que en aquella tarde primaveral iba a aprender algo más que una simple lección de Ciencias Naturales.

El camino fue costoso, y las frágiles piernas de los más pequeños acusaban el cansancio, no así sus jóvenes corazones, que seguían latiendo con la fuerza de quien se considera cada vez más cerca del objetivo deseado.

Finalmente llegaron al lugar, la profesora dio las explicaciones oportunas y todos empezaron la búsqueda de fósiles con ilusión.

Transcurrió la tarde sin dificultad, siendo mucho más fructífera de lo que ellos mismos pudieron imaginar. Al terminar, la clase formó un círculo y la maestra iba explicando curiosidades de los diferentes fósiles hallados.

El pequeño Ric miraba, casi hipnotizado, una pequeña piedra que tenía la forma perfecta de un caracol. De pronto, su pétreo caparazón se tornó luminoso y por él asomó una delicada cabecita precedida de dos diminutas antenas.

—¡Hola, Ric! Soy Destellos —dijo sonriente el caracol.

—¡Destellos! ¡Qué bonito! —exclamó el niño entusiasmado. Y, sin apenas respirar, dijo:

—Destellos ¿podrías contarme el secreto? Sabes —continuó diciendo Ric—, es que no entiendo qué hacéis para quedar grabados en las piedras, y tampoco sé por qué no lo consiguen todos. Por eso pienso que hay un secreto que únicamente algunos conocéis.

El caracol sonriendo dijo:

—Veo que tienes inquietudes y que buscas respuestas, Ric, eso está muy bien. Pero en este caso no hay ningún secreto. Todos pueden dejar su huella si así lo desean.

—¿Yo también podría? —preguntó Ric entusiasmado.

— ¡Claro! Es muy fácil respondió Destellos— has de empezar por abrir tu corazón, como si de una gran ventana se tratase y desde allí vas repartiendo amor, alegría, paz, esperanza, ilusión. No olvides que el amor, como todas las cosas esenciales de este mundo, es gratuito y ha de ofrecerse, como el árbol ofrece sus frutos, sin importar quien lo reciba. Si tienes esto presente y lo practicas, tu huella quedará grabada. Y ahora Ric, he de ocultarme, tu profesora te está llamando.

—Ric, ¿estás bien? Parecías ausente —dijo la maestra.

—Lo siento «seño » —dijo Ric. Me había despistado un poco, pero he aprendido la lección.

La profesora sonrió, y todos empezaron a preparar el regreso, guardando en sus bolsillos los tesoros hallados y, en sus corazones, nuevas experiencias y nuevos sueños para compartir.