ENTRE LUCES Y SOMBRAS

ENTRE LUCES Y SOMBRAS

junio 26, 2018 54 Por Ana Palacios

Para mi hija, mi único amor.

Ha transcurrido demasiado tiempo desde mi última carta. Tú respondiste enojada y yo no te comprendí. Desde entonces, el silencio ha sido nuestro medio de comunicación, roto solo por alguna breve llamada en fechas señaladas.

No sé en que momento comenzó a entibiarse nuestra relación, ni como nos hemos ido distanciando, pero sé que estás muy presente en la vorágine de sentimientos que llevo dentro.

Tras horas de reflexión, alguna noche sin dormir y bastantes lágrimas derramadas, he decidido no escribir más cartas y utilizar estas páginas para pedirte perdón, por las cosas que no debí decir y, sobre todo, por la información que mantuve silenciada y que hoy, sin saber la razón, aflora a mi mente exigiendo protagonismo. Es mi última oportunidad y quiero aprovecharla.

De niña creciste creyendo una historia que nunca existió y que con el paso de los años solo pude mantener a medias.

Las circunstancias hicieron que me encontrara en el lugar inadecuado y en el momento inoportuno. Creo que no es así la frase, pero seguro que entenderás el significado.

Nunca conocí su nombre, nadie lo publicó. Eran otros tiempos. Demostró ser muy macho, pero muy poco hombre. Pese al “atropello”, y sabiendo que aquella traumática experiencia me marcaría para siempre, quise conservar la vida que me dejó dentro. No me arrepentí. Pese a llegar entre ortigas, tu existencia me ayudó a perdonar y tu sonrisa fue el motor de mi vida.

Por aquel entonces… no sé cómo explicarlo…Bueno, con amables palabras, que olían a engaño, deseaban separarnos. Gracias a una buena persona conseguí mantenerte conmigo y poner tierra de por medio.

Éstas fueron las razones, y no otras, por las que nunca quise volver a la tierra donde nacimos, tal vez ahora  comprendas mi tozudez y entiendas mis motivos.

Hoy, creo que es sábado, pero no podría asegurarlo, tengo la sensación de estar fuera del tiempo y casi del espacio.

El médico especialista me confirmó el diagnóstico. Fue delicado y cariñoso conmigo. Por primera vez percibí mi fragilidad y resignada acepté sus consejos.

No, esta vez no fui sola, esta vez me acompañaron.

¿Sabes lo primero que pensé al salir de la consulta? Me compraré una libreta y escribiré para recomponer mis pedazos. No será un diario, porque habrá días que no me veré con ánimo, pero cuando encuentre fuerzas y algún rayo de luz alumbre mi cerebro, tomaré el papel y jugaré con las palabras para aligerar un poco mi carga y para que puedas saber lo que pienso y siento.

Imagino tu enfado por no informarte antes, pero sé que tienes muchas cosas que atender, allá donde la vida te ha llevado.

No ha sido fácil asumir la enfermedad, pero poco a poco y con ayuda, lo voy consiguiendo.

Como sabes, siempre disfruté imaginando y escribiendo y hoy estoy muy cerca de perder esa capacidad. En la actualidad mi escritura es desordenada y mis letras parecen garabatos. No puedo hacer más, de unas cosas me voy a otras. Es como si las ideas se diluyeran en la nada.

Podría decir que ya vivo entre luces y sombras, pero sé que pronto entraré obligada en un túnel sin salida y, pese a estar ávida de luz, deberé aceptar vivir en la penumbra.

¡Cómo son las cosas! Siempre te dije que mi último pensamiento estaría dedicado a ti, y ahora veo que no podré cumplir mi promesa, porque el deterioro me impedirá conectar con el mundo de las ideas.

Durante unos días la libreta ha reposado en el cajón de mi escritorio.

Desde hace… he perdido la cuenta del tiempo, estoy viviendo en una residencia especializada. Tomé la decisión aconsejada por profesionales, ya que la enfermedad afectará en breve a las pocas actividades que todavía podía desempeñar en mi día a día.

¿Estás llorando pajarillo? ¿Recuerdas cuando te llamaba así?

No te sientas culpable por nada. Pese a nuestras diferencias, nunca dudé de tu amor, como creo que tú tampoco habrás dudado del mío. Así que, seca tus lágrimas y disfruta recordando las risas, las conversaciones, los juegos y la complicidad de otros tiempos. Yo ya tengo mis vivencias enturbiadas y tan lejanas que parecen de otra vida.

Sé fuerte y no dejes que te atrape la tristeza y si vienes a verme y no te conozco, abrázame fuerte y dime al oído que me amas, por si algún resquicio de luz me permite recordar tu sonrisa y tu cara.

He de dejarlo por hoy, las sombras de nuevo me reclaman.