GENIO Y FIGURA

GENIO Y FIGURA

julio 8, 2018 22 Por Ana Palacios

CONSTRUCTOR CREATIVO

Se había despertado temprano. Morfeo le había permitido dormir plácidamente y, hasta la hora de levantarse, tenía tiempo de hacer construcciones.

Una sonrisa se esbozó en sus labios, mientras se preguntaba ¿cómo era posible que los políticos no hicieran pagar por utilizar la imaginación? pues, para él, esa capacidad representaba un gran patrimonio. Esta pregunta solo se la hacía en la intimidad, pero no la contaba a nadie, por lo que pudiera ser.

Intentaba imaginar cosas sencillas para poderlas hacer él ¡eran tan caros los materiales, la mano de obra y los jornales…! pero lo que podía hacer con sus manos no lo encargaba a nadie ¡faltaría más! Cuando le venían a la imaginación obras más grandes las guardaba en un rincón de su cerebro para hacerlas cuando le tocara la lotería. Si llegaba ese día, haría construir la casa que tenía ideada desde la puerta de entrada hasta el jardín, las habitaciones y el gran comedor… No es que no le gustara la casa que tenía allá en el pueblo, es que disfrutaba construyendo una mejor orientada…

Hoy estaba animado, disfrutaría construyendo un recinto para que sus animales pudieran estar protegidos y también soleados.

GENIO Y FIGURA

No soporto que me engañen y hoy lo han intentado

Primero fueron las gafas ¡qué manía con las gafas! No saben lo que incomodan para hacer las labores del campo. En el mejor de los casos molestan y se resbalan con el sudor y en el peor las pierdes, como le pasó a mi cuñado. Jeje, por mucho que las buscó no las encontró.

Yo siempre me negué a llevar gafas, aunque me llamaran cabezota. Pero eso era en el pueblo, ahora vivo en una gran ciudad. Sí, por razones que no vienen al caso, mi hija ha decidido cuidarnos en la vejez ¡qué os voy a contar…! puedo considerarla un ángel y también un dictador. ¡Ya llevo gafas! como podéis imaginar.

Pero, por lo de ayer no paso. Me llevó engañado a un centro de esos que revisan los oídos. ¡Inocente de mí! Entramos y una señorita muy amable pregunta: ¿para quién es la visita? cuando vi que mi hija me señalaba a mí, me enfadé ¡vaya que si me enfadé! Y salimos de allí sin revisarme nada y cabreados.

No estoy dispuesto a llevar otro artilugio, digan lo que digan, no soy sordo, porque oigo todo, aunque por alguna razón no entienda nada.

ARRUGAS Y SURCOS

No lo convencerían, por mucho que lo intentaran; tenía muy claro que aquella maquinilla de afeitar no funcionaba bien.

La primera que tuvo sí que le gustaba; le dejaba la cara fina como la de un recién nacido y le había durado muchos años, pero, sin saber la razón, un día dejó de rasurar. Lo peor era que ya le habían comprado dos de la misma marca y tampoco le gustaba el resultado ¡tanta tecnología y no eran capaces de hacer máquinas de afeitar que cumplieran su función! Vueltas y más vueltas y los pelos estaban ahí.

—Papá, vas a quemar la máquina. ¿Quieres que te afeite yo?

—¡Qué sabrá ella de afeitar…! Ya le dejo cortarme los pelos de las cejas, pero esto es cosa mía. Le demostraré que todavía consigo afeitarme bien, no me gustaría salir a la plaza con la cara como un mapa.

¡No hay manera! Estos pelos no salen si no es con pinzas. Digan lo que digan estas máquinas de afeitar de ahora no son como las de antes.