LA MODELO

LA MODELO

junio 11, 2018 12 Por Ana Palacios

LA MODELO

La fotografía inunda los periódicos del kiosco de la esquina; podría decirse que estabas esperando mi llegada.

Las palabras que acompañan a tu imagen consiguen dar una vuelta de tuerca más a mi asombro: “El valioso cuadro “La modelo” ha sido donado a un conocido Centro Terapeútico de Rehabilitación de mujeres, por el famoso pintor X.L. “

Sin poderlo evitar he recordado aquel instante, aquel hecho inesperado que fragmentó mi vida.

¿Lo recuerdas? Admirabas mi joven y delicada figura con una actitud serena que nada hacía presagiar que tus instintos serían despertados por aquellos rugidos que trajo la tormenta. ¿O no fueron los truenos y era una práctica cotidiana que yo desconocía?

En cualquier caso, dejaste el pincel y la paleta repleta de colores y te acercaste a mí. Tus ojos se tornaron vidriosos y cambiaron de color. Yo me iniciaba como modelo de maestros de la pintura y quedé obnubilada por tu reacción.

La tormenta aumentaba en intensidad, mientras tus manos descubrían mi virginal cuerpo arrancando la poca ropa que lo cubría.

Nunca he podido olvidar aquel instante, ¿lo has olvidado tú?

Me resistí a tus pretensiones con palabras que apenas salían de mi garganta; mis manos no conseguían detener las tuyas, pero en un instante de desesperación mis dedos alcanzaron una pequeña figura que adornaba tu estudio y la descargué con fuerza sobre tu frente.

Salí tan pronto como pude, tras cubrirme con una túnica. No me importó ver la sangre resbalando por tu cara, yo llevaba el cuerpo lacerado y el alma desgarrada.

Durante un tiempo una densa bruma me rodeó confundiendo ideas e ideales, no obstante, era consciente de que no podía elegir otro mundo y debía encontrar en éste mi forma de ser y de avanzar con dignidad.

El temor me invadía por todos los rincones, pero no era cobardía lo que sentía, sino una gran impotencia por no poder gritar tu nombre y descubrir el lado más oscuro de tu persona.

¿Que cómo conseguí encontrar el valor necesario para dejar atrás las tinieblas y caminar de nuevo en la luz? Te confesaré que no cesé de buscar el antídoto a mis pesares y, finalmente, el perdón hizo posible el milagro.

Descubro en la imagen que ya no tienes el cabello negro azabache, al tiempo que percibo una cicatriz en tu frente.

Tras estos momentos de amargos recuerdos, me centro en la parte positiva de la noticia. Has sido capaz de terminar el cuadro y de donarlo a un centro de rehabilitación de mujeres. ¿Es la forma de reconocer tu pecado y pedir perdón, no solo a mí, sino a todas las mujeres a las que, sin duda, mancillaste?. Si es así, te hago saber que la mujer que hay en mí ya te perdonó para poder sobrevivir y de no haberlo hecho antes, tal vez lo hiciera ahora porque, ¿quién soy yo para negar el perdón a quien públicamente está dando muestras de arrepentimiento?

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Este escrito está hecho a partir de la imagen que lo ilustra y debía tratar sobre un pintor que tuviera una cicatriz, con un máximo de 500 palabras. Este ha sido el resultado. Deseo que os guste.