¿LIBRES O CAUTIVOS?

¿LIBRES O CAUTIVOS?

septiembre 24, 2018 4 Por Ana Palacios

En esta entrada pensaba compartir mi humilde opinión sobre el significado del término libertad; una palabra que, pese a estar muy usada, está poco erosionada, porque sus aristas producen daño cuando nos rozan.

Como es un tema serio y he tenido un fin de semana un tanto ajetreado, no lo he podido preparar como me hubiera gustado, así que he decidido contaros los problemas de intendencia que tuve el sábado y que me obligaron a llevar una mañana muy activa, pero poco productiva.

Como pocas veces unas cosas van tras otras, sino a la par, unas verduras al horno hacían presagiar que comeríamos a la hora del té, así que me puse a cocinar algo más rápido en la sartén, cuando de pronto se apagó la vitrocerámica. ¡No me lo podía creer! Hacía un momento que funcionaba y venían dos días de fiesta por delante…

El cuerpo me pedía a gritos llorar (supongo que era la forma de soltar el estrés acumulado); también podía llamar a la aseguradora y llorar más tarde… Intentaba respirar largo y profundo, aunque de lo que realmente tenía ganas era de subir al pico de un monte y no regresar.

Tenía libertad para hacer lo que quisiera, pero, como en este caso creo conocer la mayoría de las consecuencias de mi posible decisión, opté por esperar… De pronto me pareció escuchar un susurro que decía ¿por qué no miras los plomos? Creo que ahora lo llaman diferencial o algo similar, pero cuando era niña y se iba la luz siempre decían que se habían fundido los plomos.

Al acercarme al cuadro de mandos eléctrico (no sé si se llama así) vi que algo miraba hacia abajo. Sin pensarlo dos veces le di un buen empujón para que volviera a mirar hacia el cielo y ¡eureka! el horno y la placa resucitaron.

Al parecer, tenía conectadas más cosas de las que soporta la instalación. Como en mi cabeza resonaba la palabra libertad (porque ya he dicho que estoy estudiando su significado) empecé a pensar que encendí la placa y el horno desconociendo las consecuencias derivadas de mi acción, por tanto era cautiva de mi propia ignorancia, así que he aprendido que: no todo lo que podemos hacer es correcto.

Cansada, pero más contenta que unas castañuelas, pensaba para mis adentros lo fantástico que sería que conociéramos todas las posibilidades existentes y sus consecuencias, antes de tomar una decisión o sumarnos a una causa.

Alguien más versado en instalaciones eléctricas no se hubiera desfondado como yo, al ver que no funcionaba la cocina y se hubiera ido directamente al cuadro eléctrico. Yo soy más pardilla, pero por suerte alguien me sopló: “vigila los plomos”.

Si conociéramos todas las alternativas posibles y nuestra responsabilidad en cada una de ellas, creo que seríamos libres, pero humildemente reconozco que pese a que he enarbolado la bandera de la libertad muchas veces, solo conozco de ella, el palo que la sostiene.

Y después de lo que os acabo de contar, ya me da igual, hacer un poco más el ridículo y compartir lo que me sugirió hace dos días esta palabra de uso tan habitual, pero de significado desconocido, pues considero que seríamos libres si fuéramos capaces de decidir nuestros pensamiento y nuestras emociones, pero tristemente no los controlamos y, por lo tanto no somos libres, somos esclavos, como poco, de nosotros mismos.

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Esgrimiendo la bandera de la libertad,

Surqué los cielos y quedé cegada por la luz de los astros.

Navegué por el océano de la vida y fui esclava del oleaje.

Atravesé tórridos desiertos, presa del ofuscamiento producido por las dunas y los espejismos.

Finalmente, vencida por mi ignorancia, deambulé como sonámbula en busca de señales.

Hoy, ya conozco su perfume y, con movimientos lentos, me deslizo para no perder el halo envolvente que dejó y permanezco en silencio mientras puedo, apartada de la brújula que no marcaba mi norte, sino el norte de quienes pretendían manejarme.

Todavía no he descubierto su vasto imperio, pero, a veces, la presiento envuelta en celosías y mi perdida mirada busca que su luz incandescente muestre mi camino, libre ya de brújulas, de oleaje, de espejismos y de fuegos artificiales.