LOS SUPERVIVIENTES

LOS SUPERVIVIENTES

junio 15, 2018 8 Por Ana Palacios

 

 

LOS SUPERVIVIENTES

Amanecía cuando inicié mi caminata habitual por la playa. Mientras mis pies eran acariciados por las suaves olas que llegaban hasta mí y el sol asomaba su familiar rostro por el horizonte, yo me sentía pletórica formando parte de la belleza natural que me rodeaba.

Me encontraba en este estado de casi levitación cuando la vi. Allí, semioculta en la arena, parecía pedirme que no la pisara, que la tomara en mis manos y la rescatara. No me pude resistir. Era hermosa y llevaba dentro un papel enrollado. A quien madruga, dios le ayuda, me dije sonriendo, mientras di por acabado mi paseo y dirigí mis pasos de vuelta a casa, más contenta que unas castañuelas.

Puse la botella bajo el agua para sacar los restos de arena que quedaban y admiré su delicadeza. Al contenplarla percibí que estaba hecha por las delicadas manos de un artista. Cuidadosamente la abrí y extraje de su interior el documento que contenía. Su impactante mensaje decía así:

“Hace un tiempo, en el silencio de la noche cósmica una voz se hizo audible en mis oídos:

Encuentra a los supervivientes y juntos buscad la luz, cuando la encontréis el agua se hará evidente.

Sin saber a que atenerme, pero convencida de que tenía una misión, emprendí la marcha impulsada por la fuerza de la voz escuchada en sueños.

Mecánicamente metí una mano en el bolsillo y comprobé que las cápsulas que quedaban alcanzaban para unos cuantos días más.

Caminaba como hipnotizada y, mientras lo hacía, mi mente era colonizada por oleadas de recuerdos.

Cuando mis fuerzas parecían haber alcanzado su límite, escuché decir desde una cierta distancia:

Por allí camina una persona.

Levanté un brazo, antes de que mis rodillas se doblaban impactando con la tierra seca y resquebrajada.

Tras las presentaciones y el necesario descanso alguien con ganas de retomar el viaje preguntó:

¿Hacia donde vamos?

Hacia el Este, el punto por donde sale el sol —dije con voz todavía algo quebrada—. Recordad el mensaje: “Buscad la luz y el agua se hará evidente”.

Todos asintieron; sabíamos que el resultado no podía ser arbitrario sino conforme a la Ley del Destino.

Subimos a una nave espacial y salimos en busca de señales, dejando atrás aquella larga pesadilla en la que la adoración al dios Denarius y la religión de la Tecnología de la Posverdad, había llevado a nuestro planeta a la destrucción, pese a estar muy adelantado tecnológicamente.

Cuando pasamos por el globo Leukós, sin saber la razón, todos nos miramos e intuimos que debíamos posarnos en él.

Teníamos claro que el camino iniciado no sería fácil, pero éramos conscientes de nuestra responsabilidad: Ser la base y la esperanza de una nueva civilización.

Profesamos la Tecnología de la Luz. No existen prohibiciones, cada cual es libre de respetar o infringir las Leyes de la Vida, pero todos conocemos que la siembra tarde o temprano se ha de cosechar.

Nos esforzamos por desarrollar:

Confianza para liberarnos del miedo y la desesperación, así como honestidad, rectitud, lealtad, reflexión y alegría para soltar la amargura y el sufrimiento innecesario.

Practicamos el altruismo y la impersonalidad para alcanzar la tolerancia y liberarnos del orgullo y el egocentrismo.

Con el conocimiento puesto en práctica alcanzamos la sabiduría necesaria para no caer en dogmatismos y, trabajar por la Unidad, nos aparta del odio, la venganza y el desprecio.

En el viejo planeta la comida y la bebida estaba encapsulada; la indebida utilización de los recursos ocasionó la destrucción de los bosques y los cultivos y más tarde la desaparición de los seres vivos.

Solo unos pocos sobrevivimos en aquel ambiente donde el egoísmo y la desconfianza secaron los corazones y la tierra que pisábamos.

Llegamos a Leukós, tras abandonar el ya desaparecido planeta, Egótropo, y con trabajo físico, emocional y mental, vamos avanzando hacia la verdad, al tiempo que el auténtico amor fluye de nuestros corazones.

Yo me llamo Iris y acabo de ser madre de una niña a la que hemos puesto el nombre de Zoe, como símbolo de la vida.

Con respeto y desde la conciencia de Unidad donde no existe tú y yo, sólo nosotros, envío este mensaje deseando que sirva para algo”.

Creo que el hallazgo de la hermosa botella no fue casual, razón por la que asumí el compromiso de difundir el mensaje que contenía y que Iris hizo llegar a la Tierra, desde un lugar del universo llamado Leukós, para prevenirnos de las consecuencias que trae la degradación y la destrucción de los ecosistemas y recordarnos que un mundo sin reflexión es un mundo sin luz y que sin amor, respeto y comprensión se secan los corazones y hacemos inhabitable nuestro planeta.

*La delicada acuarela que ilustra hoy esta entrada ha sido pintada por la administradora del blog “Te cuento de viajes”.