PUNTOS SUSPENSIVOS

PUNTOS SUSPENSIVOS

septiembre 16, 2018 26 Por Ana Palacios

Observo cómo el tiempo desdibuja su cuerpo y desluce su mirada…

Cómo camina con la espalda encorvada por la vejez o por la carga soportada…

Cómo se repiten los olvidos, hasta el punto de que, en ocasiones, no recuerda ni tan siquiera que ha comido…

A veces, construimos castillos en el aire, olvidando que las dunas de la arena cambian, que las mareas pasan y que la vida tiene sus propios códigos…

La vida, ese flujo natural en el que todo nace y todo muere. Esa rueda con movimiento constante y permanente, ante la que debo aceptar que lo que ocurre ahora, es solo un instante dentro de la incomprendida eternidad…

Sé que el presente solo es el futuro del ayer y el pasado del mañana…

Una ráfaga de nostalgia me transporta a la infancia. Siento el calor del fuego en el hogar; escucho el sonido del errante cierzo; juego y me peleo con mi hermano; me lanzo por el  esbarizaculos (tobogán) con mis amigas; como mengranas (granadas) a la orilla del Ebro y disfruto de la vida de una humilde familia, con imperfecciones, pero amada…

También saboreo aquellos años en los que mis queridos sobrinos hicieron que aflorase la sensibilidad de mis padres, dejando de lado los prejuicios. Era hermoso verles jugar con ellos, como nunca lo hicieron con nosotros. Eran otros tiempos…

Tras esos momentos de éxtasis soy consciente que hoy ya no hay recinto amurallado, solo recuerdos semiruinosos y una realidad que muestra a una anciana apoyada en un caminador dirigiéndose hacia la puerta, con pasos cortos y torpes, ojos llorosos y apenas palabras…

Todos nos miramos sin hablar. Permanezco inmóvil, mientras mi presente contempla su presente. Sé que estará bien, que ellos también la quieren, pero el miedo a no volverla a ver me invade como la hiedra invade las paredes…

Todo es normal, pese a ello, necesito asumir esta sensación para comprender y después no tener que recordarla…

Cuando arranca el coche, permanezco de pie unos instantes. Vuelvo a casa y creo estar preparada para soportar el silencio que me recibirá y la ausencia de su cuerpo reposando en el sillón de la sala…

Es normal cumplir años y perder facultades. Es normal que sintamos las ausencias de quienes amamos. Sé que es normal…

Los gatos no lo entienden y la buscan, yo los abrazo y temo no verla más…

Los gatos ronronean a mi lado. No saben si es normal o no, posiblemente no la echen en falta, pero ¿por qué se acercan a su puerta y buscan por la sala?…

Es placentero sentir que te aman, pero es igual o más vital ser capaz de amar…

Mi particular lluvia humedece el teclado. No la quiero evitar. Tampoco podría…

En las letras encuentro mi soporte y mi dosis de vitalidad…