SENCILLA REFLEXIÓN A MI MANERA

SENCILLA REFLEXIÓN A MI MANERA

septiembre 4, 2018 21 Por Ana Palacios

Comienzo septiembre publicando un escrito, en el que, sin pretender dar consejos, mostraré mi parecer sobre la práctica de la meditación.

—Perdón ¿la práctica de qué?

—De la meditación. Sí, lo habías entendido bien.

—Pero, si estos temas no interesan a nadie.

—Bueno, digamos que no interesan a la gran mayoría, pero sí a una minoría.

—Puede que esa minoría no lea esta entrada.

—No importa. El sol nos regala cada día su luz, sin saber si la apreciamos o no.

—Yo solo te aviso, para que estés preparada.

—Y yo te lo agradezco, pero es que estoy en la “intimidad de mi blog” y me lo puedo permitir, porque si un ex presidente español, afirmó hace años que hablaba catalán en la intimidad, es que en la intimidad se permiten muchas cosas que no estarían bien vistas hacer en público.

—Esto tampoco gustará a más de una persona.

—Perdona, pero no he mentido ni difamado a nadie.

—Puedes herir susceptibilidades.

—No lo pretendo. Pero te recuerdo que llevamos un rato hablando del “sexo de los ángeles” y no sobre la meditación, como yo pretendía.

—En eso tienes razón, parecemos políticos o colaboradores de ciertos programas de televisión.

—Jajaja. Me gusta que te relajes. Mira, lo que quería explicar es que hace unos días escuché una conversación sobre la práctica de la meditación…

—Y supongo que no estabas de acuerdo con lo que allí se decía.

—¡Qué impaciente eres! Se puede estar de acuerdo o no con alguien que habla sobre un tema que medianamente conoce, pero cuando alguien opina y hace crítica sobre algo que ignora, es mejor guardar silencio.

—Todo el mundo sabe que meditar es sentarse en una determinada postura y dejar la mente en blanco.

—Perdona, pero se puede meditar sin sentarse en esa postura a la que te refieres y no se trata de dejar la mente en blanco.

—Pues entonces ¿qué es meditar?

—No voy a caer en la tentación de intentar definir algo tan profundo, pero sí te diré que pretender que medite alguien que nunca lo ha hecho es tan absurdo como apuntar a un maratón a quien no le sostienen las piernas.

—Explicate por favor.

—Es fácil de entender. Estamos acostumbrados a prestar atención a la información que recibimos a través de nuestros cinco sentidos externos y con todo el bullicio que nos envuelve es imposible entrar en el silencio interior.

—Tiene su lógica.

—¡Gracias! Al menos en esto estamos de acuerdo. Tenemos por costumbre hablar sobre cosas que desconocemos.

—Todos pensamos estar en posesión de la verdad.

—Todos no. Solamente los radicales y puedo asegurarte que sé lo que es ser radical. Para mi solo existía el blanco o el negro. O estás conmigo o estás contra mí. Cuando evolucionas un poco, solo un poco, aprendes que cada cual conoce solo su verdad y tener una opinión diferente no le hace a uno ser delincuente.

—Aquí también te doy la razón, pero no me negarás que puede convertirse en algo más molesto que un grano en el culo.

—Jajaja. Has aparecido aquí por arte de magia. Yo pensaba escribir una pequeña reflexión sobre lo que para mí es la meditación y resulta que estoy escribiendo un diálogo. Pero, pese a que eres un intruso me estás haciendo reír.

—Pasaba por aquí y he visto abierta la puerta de tu blog… Jeje

—Puedes quedarte, pero por favor mantente al margen o esto se hará más largo que un día sin pan.

—¡Gracias!

Bien, pues retomando el tema, apenas comenzado, diré que la ignorancia es muy atrevida y que si tomáramos como ejemplo a Sócrates, en lugar de repetir las palabras de los peliculeros de turno diríamos, como el sabio: “Solo sé que no sé nada”.

Considero que sería interesante aprender a guardar silencio, antes de atrevernos a opinar, al igual que antes de construir algo hay que derruir lo que hay edificado, pero en el vivir cotidiano no se actúa así. Se habla por no callar y sobre temas que se desconocen, fijando nuestra atención solo en los resultados, sin atender a las causas que los producen.

En definitiva, pretendía decir que la meditación, al igual que la evolución, a la que hice referencia la semana pasada, son el resultado de toda una serie de pasos que hay que dar y algunos con gran dificultad. No se evoluciona ni se puede entrar en estado meditativo de un día para otro.

Y termino con la frase de un maestro, cuyo nombre en estos momentos no recuerdo:

“Cuando oramos hablamos con dios y cuando conseguimos meditar es dios el que habla con nosotros”.

—Con esta frase lo has rematado.

—¡Chist! Guarda silencio, por favor, que alguien puede haber alcanzado el estado alfa.