¿DE QUÉ SE HABLA EN EL CIELO?

REFLEXIONES A MI MANERA

Cuando era niña (de eso hace ya muchos años) había cuentos de hadas, de princesas y también de monstruos y de brujas malvadas. Sinceramente, diré que unos me parecían cursis y los otros me producían miedo, así que prefería leer los tebeos que me dejaba mi primo, como los de: “Roberto Alcázar y Pedrín”, “El Jabato”, “El Guerrero del Antifaz” y otros similares; en ellos había acción y además pensaba que si alguien peleaba o mataba era por una razón justificada.

Hoy, con el paso del tiempo, mi forma de pensar ha cambiado y no encuentro justificación para hacer una guerra ni para matar, aunque sea en nombre de un dios.

Mientras demos rienda suelta a nuestros más bajos instintos, la vida será una jungla o tal vez peor, porque es lógico que los animales se comporten como lo que son, pero que los humanos nos comportemos como animales, eso, ya es harina de otro costal.

Si has llegado hasta aquí, detente un momento y párate a pensar, no lapides a la ligera, porque ¡hay tantas formas de matar…! que quizás nadie podamos tirar la primera piedra.

Dicho esto, visto lo visto y leído lo leído, aún sabiendo que puedo parecer cursi, voy a compartir estas líneas, porque lo bueno de cumplir años es que vas perdiendo el miedo al ridículo y cada vez importa menos lo que piensen los demás.

…….

Imagino que estos días en el Cielo se hablará de girasoles, de pececitos, de hombres y mujeres buenos y valientes, de empatía, de generosidad, de los que buscan la paz, de los que protegen a otros seres y saben amar. De esa gran ola de humanidad que se desplegó en un gran acto de solidaridad.

Y suponiendo que en el Cielo se hable de esto ¿qué hacemos en la Tierra hablando de monstruos y de brujas y llenando las redes de improperios? ¿Por qué se disfruta tanto dando de comer al mal?

Hoy he soñado que en un océano una familia de peces estaba preocupada; una pequeña cría se había tragado un trozo de plástico de esos que, generosamente, los humanos repartimos por el Planeta.

El pequeño pez iba perdiendo energía y sabían que poco o nada podían hacer por él, pues, desde hacía años era una causa muy común de mortalidad.

En un momento dado el pececito descendió hasta el fondo y se puso a descansar.

Cuando su familia fue a ver como estaba les contó que estaba mejor y que había tenido un sueño: un Pescaíto con una amplia sonrisa y con cara y alas de ángel le había visitado y con sus caricias lo había curado.

La familia del pequeño pez derrochaba alegría, pues desde hacía un tiempo los delfines comentaban que había seres dedicados a investigar la flora y fauna marina, los agentes contaminantes y cómo éstos afectan a las especies que habitan sus aguas.

Y el mar tiene la esperanza puesta en ellos y tú, amigo lector ¿de qué parte estás? Si tu respuesta ha sido la que sería de esperar no contamines con tus palabras y no abones las malas hierbas con pensamientos perniciosos ni con emociones negativas.

Hagamos como los girasoles, busquemos siempre la Luz del Sol para que las tinieblas desaparezcan.

MARCANDO LA DIFERENCIA

 

Hoy el mar está de luto, ha perdido a Pescaíto; él quería ser biólogo, pero los celos y el odio arrebataron su sueño.

MARCANDO LA DIFERENCIA

Ante determinados hechos es difícil permanecer en silencio; nos sacuden de tal manera que nos arrastran como un vendaval y, aún sabiendo que las palabras no devuelven los sueños y que poco o nada puedo añadir a todo lo ya dicho, quiero dejar mi testimonio en este humilde blog.

Dice un proverbio chino que “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tsunami en el otro lado del mundo” y sobre esto es sobre lo que hoy deseo hacer hincapié.

Cierto que cuando se conocen ciertas atrocidades dan ganas de desatar los demonios y permitirles salir para que equilibren la balanza, pero ellos no pueden equilibrarla,  solo pueden añadir peso al odio, la venganza, la ira o la rabia.

¿Es esto lo que necesitamos? Evidentemente no, sino todo lo contrario; nuestra sociedad ya está sobrecargada de un lodo que nos envuelve y nos arrastra.

Quiero sumarme al gran número de personas, la mayoría desconocidas, que se han volcado en apoyar a la familia de Gabriel con la esperanza de encontrarlo con vida, y también quiero recordar a otras familias que ante su desgracia no consiguen tener la repercusión de éste y otros casos y han de soportar su dolor casi en soledad.

Mi única intención es felicitar a Patricia, la mamá de Pescaíto que ya no será biólogo marino, pero, tal vez, desde la dimensión en la que esté, pueda gestionar mejor que nosotros la marea de emociones desatadas.

Patricia has dado un ejemplo de lo que es ser persona y no una fiera cegada por el odio o la sed de venganza.

Estoy contigo en cuanto a que no podemos manchar con odio y rabia algo tan bello como la ola de amor, colaboración y entusiasmo que se generó para encontrar a tu hijo.

Si fuésemos capaces de hacer esto, con toda seguridad el mundo sería diferente y quienes lo poblamos seríamos más humanos y menos animales.

Termino con unas palabras tuyas:

“No quiero que todo termine con la rabia que esta mujer ha sembrado. Me gustaría que terminara en ese mar de gente que se ha movido: todos por Gabriel”

¡Qué así sea Patricia!

Mis condolencias a la familia y amistades.

Las pequeñas aletas de Pescaíto, sin duda alguna, ya se habrán convertido en alas de arcángel, que por algo su nombre era Gabriel.

Descansa en paz, pequeño.

CUENTO DE NAVIDAD

 

 

CUENTO DE NAVIDAD (Una petición especial)

El pequeño Ric, inquieto y vivaracho, había cumplido ya seis primaveras; todo él rebosaba alegría y amor pero, últimamente, en sus ojos asomaban ciertos signos de tristeza y preocupación.

En estas fechas, los niños con los que solía jugar hablaban de cenas familiares, pero él no podía disfrutar de este privilegio. La Nochebuena la pasó solo con su madre, pues su papá trabajaba en una fábrica en turno de noche. La Nochevieja se presentaba igual y luego llegaría la Cabalgata de Reyes, a la que no podría ir, pues su madre llevaba una hermanita dentro y no lo podía llevar en brazos.

Al ver la tristeza en su mirada la madre le preguntó:

—¿Qué te pasa Ric? ¿Por qué estás triste?

—Mamá, necesito hacer una petición a los Reyes y no sé como hacerla —respondió el niño, preocupado.

—Pero si ya escribimos la carta con todo lo que querías ¿qué más quieres pedir?

—Disculpa mamá, pero preferiría que fuera un secreto entre los Reyes y yo. El problema es que no sé como hacerles llegar mi petición.

—Dicen que si se desea algo con mucha fuerza se consigue; además los Reyes Magos tienen emisarios invisibles, así que si lo pides, puede que tu petición les llegue —le dijo abrazando al niño al tiempo que preguntaba.

—¿Quieres que te cuente un cuento? Tal vez te ayude

—Sí mamá —respondió Ric —y se sentó junto a ella dispuesto a disfrutar del cuento y del amor maternal.

La madre sonrió gozosa, al abrazar a su hijo sintió unos leves movimientos en el interior de sus entrañas.

El cuento que te voy a contar —le dijo — ocurrió hace muchos, muchos años, en un país muy remoto en el que reinaban las tinieblas.

—Mamá, ¿qué significa tinieblas?

—Oscuridad

—Y si siempre había oscuridad, siempre sería de noche.

—Así es cariño —respondió —acariciando la cabeza del niño.

—Gracias, mamá, ya puedes empezar.

« Bien, pues los habitantes de aquel país de tinieblas caminaban sin cesar en busca de luz, guiados por Agad, el hombre más anciano y más sabio del lugar.

Pero, en un momento dado, Agad enfermó y estaban tan asustados que no sabían qué hacer; caminaban sin sentido ni dirección, emitían sonidos, hacían gestos, gruñían, pero no conseguían comunicarse, porque todos sabían que Agad era el único que conocía el camino que les permitiría alcanzar su objetivo.

—Mamá ¿por qué no hablaban? —interrumpió el niño.

—Porque los hombres, primero, se comunicaron con gestos y sonidos. El ser humano aprendió a comunicarse con palabras mucho tiempo después.

—¡Cuánto sabes mamá! Algún día me gustaría saber tanto como tú; continúa con el cuento, por favor.

Bueno, pues un poco apartado de aquel desorden, había un niño de una edad parecida a la tuya que observaba preocupado, porque, al igual que tú, quería hacer una petición y no sabía cómo hacerla.

De pronto, recordó las enseñanzas de Agad. Muchas veces le había oído decir que si se pensaba algo con mucha fuerza y se deseaba desde el corazón se cumplía y también decía que para tener derecho a pedir había que aprender a dar.

¡Agad era un hombre sabio! así que el niño, cerró los ojos y se acostó sobre un montón de hojarasca que había cerca, haciendo un ovillo con su cuerpo.

Encontrada la postura adecuada, pidió con todas sus fuerzas que Agad recuperara la salud y que los pudiera conducir al camino de la luz; también prometió que él se prepararía para seguir los pasos de Agad y mantener a su pueblo en el camino correcto.

Tras haber hecho la petición y la promesa, el niño se durmió y, a través del sueño, visitó otros lugares, se comunicó con otros seres y penetró en el camino que le condujo a la luz, la luz de la que hablaba el consejero.

Cuando despertó estaba desorientado, recordaba el sueño con claridad, pero, de nuevo, le envolvían las tinieblas.

  No obstante, algo había cambiado, ahora, reinaba el silencio y todos parecían estar relajados.

El consejero se había recuperado y, con esfuerzo y colaboración, encontraron el camino que les condujo a la luz »

El pequeño Ric, que parecía dormido, abrió los ojos y emocionado abrazó más fuerte a su madre.

—Gracias, mamá —le dijo —esta noche yo haré lo mismo que el niño del cuento.

Cuando la madre fue a darle el beso de buenas noches, Ric estaba dormido, con el cuerpo hecho un ovillo y una lágrima indecisa resbalaba por su cara.

***

Aquella noche, un joven empresario tuvo un sueño un tanto «raro». Al despertar, una idea revoloteaba sobre su cabeza: mañana preguntaría a sus empleados si alguno quería cambiarse al turno de día.

Como ya imagináis, Ric disfrutó de una Nochevieja especial y asistió a la Cabalgata de Reyes subido en los hombros de su padre.

También cumplió lo prometido, llevó el coche de bomberos que tanto le gustaba a un orfanato, porque él pronto podría jugar con su hermana.

EL AGUA Y LA ORILLA

EL AGUA Y LA ORILLA

Un día más, discurría el agua, un tanto perdida, cuando por fin preguntó a la orilla:

—¿Qué puedo hacer para ser tu amiga? Te siento tan cerca y a la vez tan distante…

La orilla le respondió:

—Si deseas ser mi amiga, no te detengas y sigue adelante.

—No te comprendo —dijo el agua, extrañada—. Yo desearía quedarme siempre contigo.

La orilla le advirtió:

—Si te detienes, impedirás que las aguas que vienen detrás puedan hacer su camino; inundarán las tierras y ahogarán las plantas que crecen en ellas.

Sin embargo, si sigues tu curso, darás vida a los campos; miles de florecillas saldrán a tu encuentro, las mariposas podrán revolotear sobre ellas y todos disfrutaremos de la placidez que produce el sonido de tus aguas.

Pero, además, no has de temer, porque yo estaré siempre contigo, no te abandonaré hasta que llegues al mar y, allí, ya no me necesitarás.

El agua, emocionada, acarició a la orilla suavemente y prosiguió su camino. Había comprendido el mensaje. Se sentía feliz, no estaba sola y, además, había descubierto que el discurrir de sus aguas tenía un sentido.

Desde aquel día el agua y la orilla permanecen unidas de tal forma que, aún siendo dos entes diferentes, se perciben como si de uno solo se tratase, porque cuando hay amor, las diferencias desaparecen.

¡Feliz reflexión!

EL CARTERO

EL CARTERO

Corrían los años cincuenta y el cartero, con la puntualidad de un buen reloj, hacía su aparición en la entrada del pueblo, haciendo su recorrido por la única calle que había, con su bicicleta y su gran cartera cruzada al pecho.

¿Alguien guarda un recuerdo similar de su infancia?

En aquellos años carecíamos de móviles, televisión, Internet o tecnologías sofisticadas, pero para comunicarnos teníamos la mejor herramienta de todas: el cara a cara.

—Mamá, voy a casa de Teresa.

—No tardes que pronto vamos a comer.

—¡Hola Teresa! ¿Qué hacemos esta tarde? ¿Te apetece que vayamos al río a comer mengranas de tu campo?

—Sí, ¡qué buena idea! Vamos a decirlo a las otras.

Y allá que íbamos correteando como “cabras un poco locas” a casa de nuestras amigas para ver si les apetecía el “botellón” que habíamos pensado.

En aquel entonces, nuestro botellón consistía en ir a la orilla del Ebro, sentarnos unas junto a las otras y hablar mientras pelábamos con dificultad unas ricas mengranas, las cuales, tras un laborioso trabajo, nos ofrecían sus exquisitos granos perfectamente colocados; se me olvidaba, también jugábamos, desde aquel lugar privilegiado, a dar nombre a las formas que las nubes iban adoptando.

¡Momentos inolvidables!

¡Qué poco se necesita para ser feliz!

El tiempo fue pasando, nosotras fuimos creciendo y con nosotras crecieron también nuestras ilusiones, despertaron los primeros amores y se hicieron patentes nuestros miedos.

Ya no bajábamos tantas veces a la orilla del río, nuestra ilusión estaba centrada en la figura del cartero.

Recuerdo que, cuando llegaba la hora en la que pasaba por la casa de mis padres, buscaba cualquier pretexto para salir a su encuentro. El corazón palpitaba ¿llegará hoy la carta? -me preguntaba.

No tenía que ser de algún incipiente novio, cualquier carta era portadora de noticias que rompían la monotonía y el cartero, en su cartera, transportaba las novedades, las esperanzas y las ilusiones de todo un pueblo.

—¡Buenos días! ¿Hay algo para mí, señor Ramón?

—No Ana, hoy no tienes nada o

—Sí, hoy tienes una o dos cartas

Y tras coger en las manos el exclusivo tesoro, buscaba un lugar tranquilo para saborearlo.

¡Qué bonitas eran las cartas!

¡Qué importante, me parece ahora, la figura del cartero!

Hoy todo eso se ha perdido y casi cayó ya en el olvido.

Hoy las noticias van rápidas y la mayoría de las veces son impersonales. Te colocan en un grupo y cuando les llega algo que impacta le dan al “enviar”; todos lo recibimos a la vez; solo falta confirmar el recibido con un  OK o algún emoticono y así hasta que se recibe el siguiente.

¡Qué bonitas eran las cartas!

Sí, ya sé que puede parecer que me repito más que el ajo, pero es que me gustaban y me gustan tanto las cartas…

Los jóvenes podéis pensar ¡que horror!. Tener que esperar una carta, cuando en un instante escribes un whatsapp y al momento te llega la respuesta.

Es cierto, pero ¿y el contenido? ¿y el amor que puso quien la escribió? Porque, no solo se recibía el papel lleno de letras, el sobre también contenía la ilusión, el cariño y la parte de su vida que compartía el autor.

Ahora, lo más parecido a las cartas son los “mensajes” mediante el correo electrónico, el cual también está siendo desplazado por otros llamados “medios de comunicación”.

Hace unos días unos amigos, a los que no les gusta el whatsapp me enviaron un mensaje con un adjunto que no voy a copiar por su extensión, ni siquiera voy a hacer un extracto de él, pero sí compartiré un párrafo, solo un párrafo referente a Patánjali, un maestro hindú.

¿Qué quién es Patánjali?

No es una entrada para hablar sobre él, te invito a buscar la información en Internet y sacar tus propias conclusiones.

A lo que iba. Según este “sabio hindú”, para tener paz interna y serenidad debemos cultivar cuatro cualidades, a saber:

  • alegría ante la felicidad de los demás.
  • alegría por sus méritos.
  • compasión ante sus miserias e
  • indiferencia ante sus defectos

Como en estos tiempos que corren, creo que andamos faltos tanto de paz, como de serenidad, he pensado que, ya que estamos en el mes de la Navidad, podríamos abonar un poco estas cualidades y olvidarnos de tanto consumismo y tanta banalidad.

Yo lo comparto con vosotros “en la intimidad de mi blog”, pero por favor no lo divulguéis mucho porque si esto fructificara tendrían que suprimir ciertos programas de la “tele” y quedarían sin contenido determinadas redes sociales.

¡Sed discretos! y si intentáis cultivar estas cualidades y alguien os pregunta la razón, podéis aprovechar que estamos en diciembre y simplemente decir que el espíritu de la Navidad es fomentar el Amor.

“Qué la voluntad al bien florezca entre los hombres”

Feliz reflexión!!!

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

Estamos viviendo un periodo de cambios importantes y convulsos; vemos constantemente escenas lamentables, indignas de una sociedad, en apariencia, democrática y respetuosa con los derechos fundamentales. Una sociedad en la que, muchas veces, los cambios pretendidos están enfocados más hacia intereses partidistas que hacia la búsqueda de un mundo más justo.

Hermann Hesse, entre otras valiosas obras escribió “Mi credo”, en el que decía: No se consigue nada afirmando que la guerra, el capital y el nacionalismo son malos. Es preciso sustituir esos falsos ídolos por un “credo”.

Su credo lo explicaba diciendo: que era algo que escuchaba en su interior, cuando estaba despierto; que no obedecía a razones ni podía llegarse a él por la fuerza; que solo era posible sentirlo y que, pese a su apariencia absurda, la vida tenía un sentido. Su credo, decía, no era un credo basado en dogmatismos, ni el credo de ninguna religión, era el credo de un hombre en estado de evolución y de cambios; un credo en el que se establecía una alianza entre la fe y la razón, pues la fe ciega solo es posible sacrificando la razón y Hesse entendía que ésta era el don más preciado del hombre.

Los años han pasado y no estaría demás que hoy nos preguntásemos ¿cuál es nuestro“credo”?

El capitalismo, el materialismo, el individualismo, el egoísmo y un sinfín de “-ismos” más, han sido y siguen siendo para muchos, los grandes ídolos. El deseo de tener (tanto tienes, tanto vales) de aparentar, de permanecer inalterables ante el paso del tiempo, el afán de poder, la ignorancia, el orgullo, la pasividad, la pereza mental, parecen ser el leitmotiv de nuestra sociedad; pese a todo, no faltan voces que claman un cambio, que buscan un credo.

Seguramente, a muchos nos gustaría destruir esos falsos ídolos que nos tienen cogidos y engañados; hemos descubierto que lejos de llenar nuestras vidas, las aniquilan; estamos hartos, desesperados, “tocados y casi hundidos” y digo casi, porque quizás haya una salida: la de sustituir los falsos ídolos por un credo, una aspiración, un ideal, que pueda servir de antídoto contra toda esa apatía, conformismo, polarización y absurdas críticas que envuelven hoy a nuestra sociedad.

Hesse nos anima a mirar en nuestro interior y cree que solo será posible la convivencia pacífica, las correctas relaciones, mirándonos como hermanos y no como extraños.

Hay sistemas de pensamiento que invitan a la reflexión y no a la creencia, a la libertad y no a la opresión, a la unidad y no al sectarismo, al amor y no a la repulsión.

La búsqueda de la verdad, debería ser nuestro “modus vivendi”, pero ¿cuál es la verdad? La Verdad que necesitamos (desde mi humilde punto de vista) es aquella que nos permita conocer la realidad desde la perspectiva del raciocinio, de la reflexión y no desde la manipulación y la creencia ciega de pequeñas y medias verdades impuestas.

Nuestros ojos, acostumbrados al oscurantismo impuesto, apenas tienen capacidad para ver la realidad, miramos mucho, pero vemos poco; para poder ver hay que hacerlo desinteresadamente; casi siempre miramos desde el punto de vista de nuestros intereses, de nuestros deseos y por eso juzgamos y rechazamos. Pocas veces podemos observar el alma de las cosas, el alma de los hombre, porque pocas veces observamos sin esperar nada, por pura y simple contemplación.

Si contemplamos un bosque como tal, veremos su grandeza, su majestuosidad, su belleza. Si miramos ese mismo bosque con fines comerciales nos perderemos lo esencial y solo veremos las dimensiones que tiene, si los árboles son jóvenes o viejos y la madera que podremos conseguir de él.

No podemos quedarnos en la simple crítica; hemos de buscar una alternativa, un credo, un sistema de pensamiento libre de ficciones que nos ayude evolucionar y a encontrar la Verdad.

Con esperanza,

Feliz reflexión!

CONFIANZA

 CONFIANZA

Hay maestros que la definen como un misterio y tratan de darnos una idea de ella diciendo que si imaginamos el amor como una circunferencia, el centro de ésta sería la confianza.

Si un maestro dice ésto ¿qué puedo decir yo? No, no voy a hacer una gran disertación sobre la confianza, porque dudo que sea capaz de explicar con claridad lo que pretendo,  aún así, intentaré animarte a llevarla de compañera en tu caminar por la vida.

En el libro “El Principito” hay una frase muy conocida que dice: “Lo esencial es invisible a los ojos del hombre” y para mí, la confianza es esencial y también invisible a los ojos del hombre, porque solo puede percibirse desde el vacío y el silencio interior.

-¿Confianza en qué? -Podría decirme alguien y yo, con humildad, respondería:

-Confianza en la Vida, confianza en tu verdadero “Yo” y confianza en la Ley.

Confianza en la Vida, porque ésta es como una escuela en la que venimos a aprender y por ella debemos pasar sin “apegarnos a ningún pupitre”, solo descubriendo cual es el nuestro y, desde él, ir avanzando.

Confianza en nuestro verdadero “Yo”, porque, hasta donde yo sé, que tampoco es que sea mucho, no somos únicamene el organismo, ni las emociones ni los pensamientos; somos un “alma”, un “espíritu”, una “esencia”, un “Yo” (cada cual que elija el nombre con el que mejor lo entienda); y las envolturas con las que, habitualmente, nos identificamos son solo el equipo necesario para recorrer nuestro camino, para realizar nuestra andanza.

Confianza en la Ley, porque la verdadera libertad nace del conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la vida. El conocimiento de la Ley es el que permite fluir con libertad.

Otras enseñanzas dicen que vivir con confianza sería algo así como, migrar como una nube o fluir como el agua. Me parece preciosa la frase y de pronto, imagino que soy una nube surcando el firmamento o agua fluyendo por el cauce y cuando algún obstáculo parece detenerme, escucho una voz que parece salir del propio impedimento y que dice suavemente, pero con rotundidad: no te detengas, avanza, avanza…

La verdadera confianza conlleva despreocupación, comprensión de que no hay fracaso, que todo está planeado para lo mejor, liberación del miedo, la ansiedad, la envidia, la desesperación.

Para no extenderme demasiado, acabaré con la conocida frase de una película: “Al final todo estará bien y si no lo está, es que no es el final”.  Podríamos recordar esta frase de vez en cuando, porque solo regando y abonando la semilla de la confianza podrá crecer en nuestro interior y cuando la sintamos dentro, aunque sea por un breve instante, sabremos que existe sin necesidad de más explicación, porque:

“La confianza es la evidencia de las cosas no vistas”

Feliz reflexión!!!