LA EVOLUCIÓN DE LOS DERECHOS

SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LOS DERECHOS

La semana pasada publiqué una carta a los lectores del blog en la que, entre otras cosas, hablaba de los derechos de los animales.

Hubo comentarios, muy a tener en cuenta, puntualizando que los animales no tienen derechos, puesto que no se les pueden reconocer obligaciones; así es, ciertamente el ordenamiento jurídico no los reconoce como sujetos de derechos, privilegio éste que solo se otorga a las personas físicas y a las personas jurídicas.

Sin duda no me expresé adecuadamente, pido disculpas, y voy a tratar de hacer un breve recorrido sobre la “evolución de los derechos en la historia”

Para empezar, expondré la clasificación que se hace entre: Derecho Natural y Derecho Positivo.

El Derecho Natural, algunos lo definen como el conjunto de principios jurídicos inmutables y universales que derivan de la propia naturaleza y razón humana. Su idea fundamental es la “justicia” y su finalidad el “bien común”.

Derecho Positivo: se define como la concreción del derecho natural y su adaptación a las circunstancias sociales concretas, de un momento histórico determinado.

Dicho ésto, transcribo una definición, que todos podréis encontrar con facilidad, sobre lo que se entiende por derechos humanos:

“Los derechos humanos son aquellos que toda persona, sin importar su raza, sexo, etnia, lengua, nacionalidad o religión, posee como derechos inherentes desde su nacimiento. Incluyen el derecho a la vida, a la libertad o a la no esclavitud ni a la tortura”. Desde 1948 pasaron a ser parte del “derecho internacional”

De estos llamados “derechos humanos”, existen varias clasificaciones, entre ellas: según el punto de vista de su naturaleza, de su origen, de su contenido y del momento histórico.

Se podrían escribir muchas páginas sobre el tema, porque hay muchas escuelas y numerosos puntos de vista, pero aquí no pretendo hacer una disertación jurídica, sino un sencillo análisis, dejando abierta una puerta a la esperanza.

Para llegar al punto deseado, me voy a centrar en la clasificación de carácter histórico, denominada “Tres Generaciones”, según el momento del reconocimiento de los derechos.

Los Derechos de la Primera Generación (Derechos Civiles y Políticos) son los primeros derechos consagrados en los ordenamientos jurídicos internos e internacionales. Surgieron como respuesta a las reclamaciones de los principales movimientos revolucionarios a finales del siglo XVIII, en occidente. Entre ellos el derecho a la vida, derecho a la libertad, derecho a la igualdad ante la ley y un largo etc.

A la Segunda Generación corresponden los Derechos Económicos, Sociales y Culturales; a partir de su reconocimiento, el llamado Estado de Derecho, pasó a denominarse Estado Social de Derecho. Entre ellos el derecho al trabajo, derecho a la vivienda, derecho a la salud, derecho a la educación, etc.

Los Derechos de la Tercera Generación están motivados por una serie de preocupaciones globales propias del siglo XX y principios del siglo XXI, entre ellos el derecho a la paz, derecho a gozar de un medio ambiente sano, derecho a la protección de los datos personales, etc.

Vista esta clasificación, vemos que pese a su reconocimiento,

* Hay millones de personas en todo el mundo que no disfrutan de estos derechos.

* Hay presos por defender ideas no consideradas “políticamente correctas”

* Hay personas maltratadas y asesinadas cuando quieren ejercitar su derecho a la libertad (violencia doméstica).

* Hay centenares de personas y familias sin trabajo y sin una vivienda digna.

* Hay guerras porque son un gran beneficio para los fabricantes de armas y para los que se reparten, después, el pastel con la reconstrucción de los países destruidos.

Pese a todo ésto y mucho más que se podría decir, mantengo la esperanza y prefiero pensar que, si el reconocimiento de los derechos que hoy tenemos ha sido progresivo, tal vez, algún día exista una “Cuarta Generación de Derechos” en la que se regulen algunos que hoy no están reconocidos como tales, se articulen medidas efectivas para su cumplimiento y se exijan responsabilidades por maltratar animales, por destruir la flora y la fauna y por cualquiera otro acto que pueda contribuir a la destrucción de nuestro planeta, porque ello sería un indicador de que la raza humana había evolucionado.

Soy consciente que, como decía el cantautor J.A. Labordeta: “También será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver, pero habrá que esforzarse para que pueda ser”.

Termino con ésta breve pero contundente frase de Gandhi: “La evolución de los pueblos se mide por el trato hacia sus animales”.

 

Feliz reflexión!

CARTA A QUIENES VISITAN MI BLOG

CARTA A QUIENES VISITAN MI BLOG

Queridos compañeros del camino, permitidme que os llame así.

A través de esta carta pretendo hacer dos aclaraciones y también dar las gracias. ¡Hay siempre tantas cosas que agradecer…!

La primera aclaración está dirigida a las personas que me han preguntado si el blog era compartido, porque cuando entran en él se encuentran con el nombre de Sophie Rasil.

Bien, pues diré que, para bien o para mal, la única responsable de lo que aquí se dice soy yo, pero Sophie Rasil, no es una okupa, sino una invitada.

¿Por qué razón la puse en el blog?

– Por desconocer el funcionamiento de las redes sociales.

– Por el deseo de permanecer en el anonimato, cosa que no he sabido hacer, todo ha de decirse.

– Para dar a conocer el nombre de la protagonista del libro que estoy gestando.

La segunda aclaración la dirijo a quienes me preguntan por qué hago tanto hincapié en los derechos de los animales, cuando hay tantos colectivos en riesgo de exclusión social que están necesitando ayuda.

Reconozco que hace un tiempo yo era de las que pensaba así, ahora no es que me haya olvidado de las personas, sino que he ampliado un poco más la visión.

No soy una voz autorizada para profundizar en estos temas, solo la voz de alguien que tras un poco de reflexión ha llegado a comprender que si bien hemos de fomentar la generosidad, la comprensión y el amor entre los humanos, también hemos de respetar y proteger a los animales:

– porque ellos no tienen ni voz ni voto para defenderse.

– porque no poblaron la Tierra antes que nosotros para luego ser maltratados y

– porque tienen el mismo derecho que nosotros a vivir en paz y armonía.

¿Alguien lo pone en duda?

No nos engañemos, si existen ciertas enfermedades, la hambruna, las guerras y un largo etcétera es porque interesa a quienes mueven los hilos.

Por tanto, concluiré diciendo que, desde mi humilde opinión, siempre hay que defender los derechos humanos, pero ésto no significa que no se puedan y deban defender también los derechos de los animales.

Como bien dijo Gandhi: “La grandeza de una nación y su progreso moral se puede juzgar por la manera en que trata a sus animales”

Hechas estas aclaraciones, aprovecho La entrada para dar las GRACIAS:

* A todas las personas que me felicitaron ayer en mi cumpleaños. Uf! Cuántas felicitaciones recibí… ¿Será que están en relación con los años cumplidos?.

* A las personas que, en cuanto han sabido que el libro de “Las vivencias de Sol y Luna” estaba a la venta, ya lo han encargado o lo han comprado, contribuyendo con ello a una “noble causa”.

* A mi sobrina que con su “saber hacer” hizo un hermoso dibujo para la portada del libro.

* A mi amiga Adriana que, generosamente, se ofreció para hacer el collage de las mascotas.

* A todos los que me enviaron las fotos de sus mascotas, permitiendo que Luna consiguiera formar el grupo virtual que deseaba.

* A una persona, de la que solo conozco su nombre, por la carta que me hizo llegar animándome a seguir escribiendo y publicando, tras haber leído el libro “Más allá de las palabras”.

* A la “escritura”, ya que me ha ofrecido la oportunidad de conocer, aunque sea “virtualmente”, a personas encantadoras a las que nos une la misma afición; con algunas mantengo una comunicación fluida y no descartamos la idea de llegar a conocernos.

* A quienes me regalan elogios, porque, aunque los considero inmerecidos, me animan a seguir escribiendo y compartiendo.

* A quienes han reaccionado mucho mejor de lo que cabía esperar y también a los que no han llegado al nivel que yo esperaba, porque cualquier actitud es respetable y ayuda a madurar.

* A mis queridas y recordadas ex-alumnas, que con tanta dedicación y mimo preparan siempre las presentaciones de mis humildes libros.

Con cariño para todos,

Ana

 

 

 


ANIMALES CON CORAZÓN (XII)

CAPÍTULO DUODÉCIMO Y ÚLTIMO:

AGRADECIMIENTOS Y PRESENTACIÓN DEL “GRUPO  DE AMIGOS DE LA RED SOCIAL

 

Queridos amigos humanos, nuestras vivencias han llegado a su fin, pero no queremos que ésto sea una despedida, sino un “hasta siempre”.

Nuestras vivencias son muy limitadas porque somos muy jóvenes y no salimos de casa. Los gatos callejeros tienen muchas cosas emocionantes para contar, pero a cambio han de pasar por muchas dificultades.

Siendo todo lo sincera que puede ser una gata, os diré que echaremos a faltar vuestras visitas y comentarios y que, tanto a Sol como a mí, nos gustaría seguir contando vivencias, pero tendríamos que contar mentiras y eso no está bien; habéis de saber que, desde el punto de vista gatuno, todo lo que hemos contado hasta ahora es real.

Si con el paso del tiempo nos ocurre algo digno de compartir lo publicaremos, como siempre, en este blog.

No olvidéis que el próximo mes, coincidiendo más o menos con el aniversario de nuestra adopción, se publicará el libro “Las vivencias de Sol y Luna” y su finalidad es promover la adopción de los animales que han quedado huérfanos o han sido abandonados y ayudar a las personas que, en grupo o en solitario, nos protegen y defienden nuestros derechos.

Mi hermano Sol y yo creemos que no se han de decir palabrotas ni sentir rabia u odio hacia las personas que maltratan o abandonan animales ya que ellos no son conscientes de lo que hacen; las emociones negativas hacen mucho daño al que las siente y también al mundo entero. Ya sabéis lo que dice el refrán: “No se pueden pedir peras al olmo”. Desde nuestro punto de vista es mejor que fomentéis el respeto hacia los animales a través de la educación y que trabajéis, en la medida de vuestras posibilidades, para que cada día tengamos un mundo más justo y mejor.

Como no quiero terminar pareciendo un “predicador” os voy a contar una idea que se nos ocurrió hace unos días a mi hermano Sol y a mí, cuando vimos que nuestra vivencias estaban llegando a su fín.

Como actualmente, los humanos siempre estáis “conectados” gracias a las nuevas tecnologías, hemos pensado que nosotros también podríamos  estarlo y decidimos formar un grupo de mascotas; cuando tuvimos clara la idea, hicimos lo posible para que “Osa menor”  percibiera nuestro propósito y, en cuanto lo captó,  habló de ello a sus vecinos, amigos y familiares quienes pronto se animaron a mandarle las fotos de sus animales de compañía. Es un grupo que no discrimina a nadie, todos los animales caben en él, tengan el cuerpo cubierto con pelo, lana, plumas o escamas.

Tres miembros del grupo ya marcharon hacia las estrellas, pero cuando vivieron fueron muy buenas mascotas e hicieron muy felices a niños y mayores, por esta razón hemos pensado que estaría bien incluirlos como “miembros de honor”. Uno de ellos es Platero, un asno que ya en su vejez lo compraron para ejercer de mascota (si queréis leer su historia podéis buscar, en el blog, la entrada titulada: “La voz de su amo”); otro miembro de honor es Rex, un perrito Yorkshire, muy querido por toda la familia (en el próximo libro que publicará “Osa menor” hay una historia que hablará de él) y también está Kobu que era un hurón muy bonito y cariñoso al que se le echa mucho de menos.

Estamos seguros que muy pronto esta gran familia se ampliará, porque aquí lo importante no es salir en la foto, sino las vibraciones positivas de sus miembros.

Gracias a todos los que protegen y cuidan a los animales y gracias también a los veterinarios que colaboran con los “ángeles” que se dedican a rescatarnos. De nuevo gracias a todos los que nos han visitado, a los que han dejado comentarios y ¡cómo no! a todos los que compren el libro.

Os presento a los miembros del grupo.

Muchos arrumacos de Sol y Luna

 

 

“Que la volutad al bien florezca entre los hombres”

ANIMALES CON CORAZÓN (XI)

CAPÍTULO UNDÉCIMO: VIVENCIAS VARIAS

En este capítulo voy a compartir una serie de vivencias que os permitirá comprender un poco más nuestra vida gatuna.

Empezaré hablando de la adaptación. Cuando alguien decide tener una mascota ha de adaptar su vida a las necesidades del animal, pero no olvidéis que también los animales  nos hemos de adaptar a la vida de los humanos que, sin lugar a dudas, es muy diferente a la nuestra.

Ya sabéis, los que tenéis gatos, que a nosotros nos gusta estar siempre cerquita de vosotros, pero hay lugares en los que acompañaros es “un sinvivir”. Cuando “Osa menor” va al baño  nosotros la seguimos, si no estamos entretenidos por el patio, pero el baño es un lugar un tanto raro, por todos los sitios sale agua y nos pongamos donde nos pongamos terminamos mojados o salpicados.

Los gatos nos lavamos muchas veces, pero no necesitamos el agua, los humanos siempre estáis a remojo y hay que reconocer que, desde nuestro punto de vista, hacéis cosas muy raras. Por ejemplo, “Osa menor” se mete en eso que llamáis bañera y una vez allí toma una cosa con la mano de la que salen chorritos de agua que a nosotros no nos gustan nada y hemos de salir corriendo. Otras veces coge un aparato que saca aire caliente y se lo acerca a la cabeza y tampoco nos hace ninguna gracia estar cerca en esos momentos. Nosotros no necesitamos nada de eso, nos lavamos lamiéndonos en cualquier lugar y a cualquier hora y no necesitamos secarnos.

También nos hemos de acostumbrar a los estornudos. Nuestra amita “Osa mayor” estornuda muchas veces seguidas y muy fuerte. El primer día, estábamos encima de su regazo, descansando los tres y de pronto empezó a estornudar ¡qué susto nos dimos! Parecía un terremoto o el fin del mundo. Salimos corriendo y nos escondimos debajo de una cama. Cuando la sesión de estornudos acabó, porque no se conforma solo con uno, salimos con miedo de nuestro escondite y, cuando llegamos donde ellas estaban, vimos que las dos estaban riendo a carcajadas. No nos molestó que se rieran de nosotros, por el contrario, comprendimos que no había peligro y ya relajamos las orejas y volvimos al descanso.

Otra cosa que os quiero contar son nuestros momentos preferidos:

Sin duda alguna, el momento que más nos gusta es el de después de comer, nuestras dos “amitas” se ponen a descansar un poco, una en el sofá y otra en su sillón, es un momento de mucha paz y yo me puedo relajar porque no tengo que controlar nada y nos dormimos los cuatro. Cuando ellas se levantan es un placer acostarnos en el lugar que han dejado ¡no sé por qué nos gusta tanto!

Otro momento con el que disfrutamos es cuando “Osa menor” va a la cocina, yo voy allí maullando, primero lo hago en un tono bajito y poco a poco voy aumentando el volumen de mis llamadas; mi hermano capta el mensaje y viene también. Nos sentamos sobre nuestras patas traseras y la miramos con ojos de súplica. Ella nos mira y se sonríe y de vez en cuando nos da cositas buenas, pero no siempre, solo a unas horas determinadas y nos dice que no hay que pasarse la vida comiendo; creo que, muchas veces, olvida que somos gatos.

También es muy agradable cuando nos viene a ver por la mañana. Nos dice un montón de cosas bonitas: “cositas lindas”, “mis cachorritos”, “fierecillas” y un montón de piropos, nos acaricia un poco y, a veces, nos cepilla; nosotros nos restregamos por sus piernas y nos tiramos panza arriba, es lo más que sabemos hacer para demostrarle nuestro cariño.

No puedo olvidar el momento de ir a dormir; últimamente, cuando quiere que nos vayamos a nuestra habitación nos canta: “vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”. Nosotros la escuchamos y sabemos lo que quiere; mi hermano se hace un poco el remolón, pero yo voy corriendo y llego antes que ella. “Osa menor” se siente feliz porque cree que somos obedientes, aunque la verdad es que la obediencia no va con los gatos, simplemente, nos atrae su voz y vamos tras ella.

Para terminar os contaré una experiencia por la que pasamos hace ya unos meses. Un día, tanto mi hermano Sol como yo, intuimos que pasaba algo raro, porque “Osa menor” iba y venía de un lado a otro, cogiendo cosas de los armarios y dejándolas en esas cajas con ruedas que se llaman maletas; nunca antes la habíamos visto hacer eso. Nosotros estábamos atentos para ver si comprendíamos la razón  o para colarnos entre aquella ropa, que es algo que nos encanta, aunque he de reconocer que no conseguimos ni lo uno ni lo otro.

Al finalizar el día, “Osa menor” cerró las maletas y las dejó preparadas cerca de la puerta de entrada de la casa. Nosotros seguíamos sin comprender, pero percibíamos algo que no nos gustaba. Nuestro instinto no falló, al día siguiente llegó un desconocido, cogieron las maletas, nos miraron de una forma especial y se fueron todos.

Como algunas veces también se van, pensábamos que volverían pronto, pero tardaron días en volver. Por suerte no habían olvidado dejar abundante comida, agua y dos areneros bien preparados.

Estuvimos tres días solos y cuando ya estábamos algo preocupados, escuchamos el ruido que hace la llave en la puerta y fuimos corriendo pensando que serían ellas, pero no era así. Quien llegó fue una amiga de nuestras “amitas”, que ya conocíamos, a la que no le gustan los animales, pero nos respeta; es decir, no nos acaricia, pero estamos seguros que, a su manera, nos tiene cariño.

Nada más llegar nos puso más comida y agua, aunque todavía teníamos; la sorpresa se la llevó cuando vio los areneros; se asustó un poco y dijo una frase que no comprendimos; pero ya lo podéis imaginar, ella hacía ésto por primera vez y nosotros llevábamos tres días solos, aburridos y comiendo todo lo que queríamos.

El caso es que limpió bien la arena de los dos areneros y a partir de aquel momento nos visitó cada día. No nos podíamos quejar, teníamos comida, agua, la arena limpia y la compañía de una persona conocida que nos trataba bien; solo nos faltaban los abrazos y los masajes de nuestras “amitas”, pero bueno…. Muchos animales e incluso personas firmarían para poder tener lo que nosotros teníamos. Aún así temíamos por ellas, porque se habían ido a la calle y la calle nos trae recuerdos tristes.

Durante los días que estuvimos solos, para evitar problemas, nos dejaron dentro de casa, sin poder salir al patio, es más aburrido pero, de alguna manera, lo entendimos porque “Osa menor” nos dice muchas veces eso de que: no siempre lo que apetece es lo que más nos conviene y si ella lo dice será por algo.

Un día, oímos el ruido de la llave, como siempre, fuimos corriendo hacía la puerta para ver quien llegaba y apareció “Osa menor” ¡qué alegría nos dimos! Con gusto hubiéramos saltado a sus brazos, pero los gatos no sabemos demostrar así nuestro afecto. Ella también se alegró porque decía palabras tiernas y nos abrazaba mucho. Faltaba una de nuestras “amitas”, pero pensamos que si la una había regresado, también regresaría la otra y, pasados unos días, así fue.

Por las conversaciones que tienen, hemos sabido que fueron de viaje para ver a un hermano de “Osa mayor”; hace un año su esposa también se fue hacia las estrellas y, aunque está bien atendido, es mayor y no tiene familia allí. Al parecer también le gustan los animales y pensamos que si estuviera aquí nosotros también le haríamos compañía, pero él ha decidido quedarse allí y hay que respetar su voluntad.

Y con ésto termino este capítulo, espero que nos sigáis visitando y que os animéis a comprar el librito “Las vivencias de Sol y Luna”; un día de éstos “Osa menor” ya os lo contará mejor.

Gracias a todos y hasta la próxima semana.

Luna y Sol

ANIMALES CON CORAZÓN (X)

CAPITULO DÉCIMO: LAS VISITAS

A parte de nuestros vecinos, también conocemos a familiares y amigos de nuestras “amitas”. Todos son buenas personas, pero no a todos les gustan los animales, ellos mismos lo reconocen y nosotros lo percibimos; a veces es por un tema de alergias, otras veces porque no están acostumbrados a compartir su vida con seres del reino animal o incluso porque han tenido alguna mala experiencia.

Cuando vienen personas a las que les gustamos, nos acarician y nosotros les rozamos las piernas con nuestro cuerpo. ¡Qué hermoso es compartir respeto y amor, aunque sea entre animales y humanos!

Tal vez ya os hayamos dicho que, en nuestro reino, a los animales domésticos se nos considera seres más evolucionados, porque al convivir con humanos podemos compartir vibraciones más elevadas; aunque, si he de ser sincera, os diré en confianza que hay humanos que también podrían aprender mucho de nosotros, porque, hay días que, cuando nuestras “amitas” ponen la TV da miedo oir lo que dicen. En esos momentos, si podemos, nos colocamos cerquita de ellas para recibir su amor y ofrecerles el nuestro, porque un mundo sin amor, es como un infierno.

Volviendo a las visitas, recuerdo que un día vino un compañero del gimnasio de “Osa menor”, un chico joven, guapo y muy alto al que le gustan mucho los animales; él también tiene dos gatos, aunque por lo que dijo eran callejeros y apenas se dejan acariciar. Cuando le vimos nos acercamos a él y le ofrecimos nuestros retozones; como era tan alto, yo alcé la cabeza y mi mirada gatuna buscó la suya; él captó el mensaje y se agachó; entonces le acaricie y lamí su mano con mucha intensidad. Mis “amitas” se sorprendieron porque nunca antes había hecho ésto; él emocionado dijo: “Luna ha notado que estoy falto de cariño”. Yo deseé, desde mi corazoncito gatuno, que encontrara pronto el amor que necesitaba y, curiosamente, creo que ya lo ha encontrado; estamos muy contentos, se lo merecía, porque tiene un gran corazón.

Otras veces vienen familiares de nuestras “amitas”, también amantes de los animales y les hacemos arrumacos y ellos nos acarician. La primera vez que les vimos éramos pequeñitos y yo me subí al cuello del señor y le empecé a lamer la oreja; también sorprendí a todos; generalmente, cuando se ofrece amor sin pedir nada a cambio la gente se sorprende.

Hace ya bastante tiempo vinieron otros familiares, con dos niños muy guapos que jugaron mucho con nosotros; nos escondíamos debajo de la cama y ellos nos venían a buscar. Ahora no los vemos porque van al colegio y además viven en la montaña, al parecer, no muy lejos de donde nacimos nosotros.

Otras veces viene una amiga de nuestras “amitas” que lleva un palito y unos pequeños cascabeles colgados de él, para que con el sonido, la gente por la calle  la perciba y la deje pasar; al parecer vais siempre despistados y ya ha tenido algún susto. Le gustamos mucho y nos trae regalitos. Pese a tener una visión muy baja es buena pintora y hace exposiciones; cuando viene trae fotos de sus cuadros y la verdad es que, al verlos, se comprende que, además de con la vista, también se pinta con el corazón. Si queréis ver sus pinturas podéis hacerlo en: “arrontes arts”, creo que se llama una página web.

Otra amiga de mis “amitas”, viene bastantes veces y deja que nos acerquemos y hasta nos acaricia pero no le gusta demasiado el contacto con los animales. Es muy buena amiga de “Osa-menor” y en su presencia solemos estar cariñosos pero sin pasarnos, aunque no siempre lo conseguimos, pues mi hermano Sol está loco porque le hagan masajes, no comprende que hay personas que no son afines con nuestra energía, pese a todo ella lo lleva muy  bien.

Un día vino una joven, que resultó ser sobrina y nieta de nuestras “amitas” y un chicarrón que era su pareja; llevaban una caja con ruedas, pero ésta no se llama transportín sino maleta. Tras abrazarse y besarse nos presentaron a nosotros, que estábamos allí observando y olisqueando, pues supongo que ya sabéis que nosotros nos guiamos mucho por el olfato.

Al llegar la noche, “Osa menor” se quedó en nuestra habitación. Nunca antes lo había hecho y tanto a Sol como a mí nos hizo mucha ilusión; yo me puse a los pies de la cama y como todavía era un cachorro tenía muchas ganas de jugar y, cuando ella movía los pies, yo saltaba sobre ellos y los mordisqueaba, para mí era un juego, pero al parecer a ella le hacía daño y no la dejaba dormir. Mi hermano, que es más mimosón, de vez en cuando se metía con ella en la cama, estaba un ratito y luego volvía a salir.

No se volvió a repetir la experiencia hasta que vinieron otros familiares. Éstos resultaron ser el hijo y hermano de nuestras “amitas” y su esposa. Enseguida vimos que les gustaban los animales, así que aprovechamos para retozarles por las piernas y ganarnos su cariño, cosa que no nos costó nada.

Hemos comprobado que cada vez que viene alguien con maletas “Osa menor” duerme en nuestra habitación o al menos lo intenta; yo he madurado un poco y creo que ya me porto mejor; además, como la última vez hacía calor, dejaron todas las puertas abiertas y nos paseamos por todas las habitaciones, algún susto que otro dimos, pero fue divertido.

Por las conversaciones que escuchamos todavía falta por venir otro sobrino y nieto de nuestras “amitas” y su pareja, así que cualquier día tendremos una sorpresa y la volveremos a disfrutar.

Esta vez tampoco puedo poner fotos de las personas de las que hablo, por eso del respeto a la imagen o algo así, pero pondré otras fotos que os gustarán.

Hoy voy a terminar contando un secreto, pero no lo digáis a nadie, porque pensarían que “Osa menor” ha perdido la cabeza. Con paciencia, me está enseñando a restar y la verdad es que no lo encuentro muy difícil. Cuando ya llevábamos unas cuantas lecciones me puso un problema que decía: Lunita, si tienes 140 euros y te quito 120 ¿cuántos te quedan? y yo tras pensarlo un poquito, porque ya eran cantidades grandes, lo tuve claro y cogí el billete de 20 euros. Mis amitas se rieron y me dieron un abrazo ¡debí de hacerlo bien!

Hasta la próxima semana, gracias por seguirnos. Arrumacos, Sol y Luna.

 

 

ANIMALES CON CORAZÓN (IX)

CAPÍTULO NOVENO: NUESTROS VECINOS

 

Hoy dedico el capítulo a compartir con vosotros la “visión gatuna” que tenemos de nuestros vecinos, partiendo de que todos son buenas personas y amantes de los animales.

Empezaré por los de la casa, a cuyo patio va de excursión mi hermano Sol. Estos vecinos tienen dos hijos: la hija es  una joven guapa, que estudia y le gusta el deporte. Un día que estábamos los dos asomados a su patio nos hizo fotos y salimos en Facebook (creo que se dice así, aunque en realidad no entiendo lo que es). Hay veces que viene con amiguitas a casa y ponen música marchosa; nosotros no sabemos bailar, pero disfrutamos escuchando y mirando.

El hijo es algo mayor que su hermana, también es alto y guapo, estudia y le encanta la música. Toca muy bien la guitarra y  ahora está probando con otro instrumento que no sabemos como se llama, pero que produce unos sonidos muy fuertes y raros; ayer nos sorprendió con ésto, escuchamos un rato, pero después decidimos retirarnos hasta que consiga mejorar (ya sabéis que los gatos tenemos el oído muy delicado). A este vecino, virtuoso de la música, también le gusta cantar y se atreve con todo: lírica, baladas, rap o reggaetón (veis que estoy puesta al día) y aunque no lo haga muy bien, le pone tanta pasión, que solo por eso ya hay que escucharle.

Tenemos otros vecinos a los que vemos y escuchamos cuando están en sus terrazas; les miramos con mucha curiosidad, pero no podemos saltar tan alto, aunque nos gustaría, porque hay un niño, que a veces ha venido a visitarnos, al que le gustan muchos los gatos. Ellos tienen un perro que no ladra y es muy bueno.

Estos vecinos también tienen otro hijo mayor que estudia para cocinero, de esos de “alta cocina”, él no ha venido a jugar con nosotros, pero quizás un día traiga alguna delicia de las que hace y nos la dejen probar. No hay que perder nunca la esperanza, aunque “Osa menor” es muy estricta con eso de las comidas, nos dice que hay que tener control, no entendemos muy bien lo que significa, pero si ella lo dice será verdad.

En la otra terraza, que da a nuestro patio, viven otros vecinos que acaban de convertirse en papás de una niña pequeñita muy guapa. Nosotros estamos muy contentos, porque seguro que pronto se asomará a nuestro patio y, como a los niños les gustan los animales, tal vez venga algún día y podamos jugar juntos un rato.

Hay más vecinos, pero sus terrazas no dan a nuestro patio, así que no los vemos tanto. Un día vino una niña a conocernos y a enseñarnos su mascota, un hermoso perrito blanco. Nos gustaría jugar con él, aunque ya sabemos que no podemos jugar con todas las mascotas de la comunidad.

A propósito de mascotas, Fiona, la gata de los vecinos, ha vuelto ya de sus vacaciones y hace unos días nos dio otro susto. Suerte que “Osa menor” oyó sus impresionantes maullidos y salió al patio corriendo y no pasó nada. Le han ido muy bien las vacaciones a la condenada gata, porque está más ágil y saltó la pared sin dificultad. Ésto es bueno para ella, pero para nosotros no.

Nuestra “amita” también se dio cuenta de lo ágil que había vuelto Fiona, así que cambió un armario de sitio para ponérselo más difícil. Por ahora no ha vuelto a pasar a nuestra casa, parece que el cambio ha hecho efecto, pero Sol, siempre está de excursión, si no pasa por un lado lo hace por otro, no hay quien lo detenga.

“Osa menor”, cuando nos ve mirar hacia casa de los vecinos con tanto “descaro”, nos dice que se siente un poco avergonzada, porque violamos el derecho a la intimidad y no sé que más, la verdad es que no entendemos lo que quiere decir, pero aún así no habrá fotos de los vecinos, no queremos que se enfaden.

Para ilustrar un poco el capítulo de hoy pondré alguna foto del día que “Osa menor” hizo cambios en el patio para dificultar las excursiones gatunas. La verdad es que nosotros pusimos mucho interés en examinar los cambios y en ayudarla, aunque no se si lo conseguimos. Vosotros ¿qué opináis?

Voy a terminar recordando a los niños que piden a sus papás una mascota, que los animales no somos juguetes, que somos seres vivos y que necesitamos cariño, cuidados y atenciones. Así que, ya sabéis, si queréis una mascota antes tenéis que aprender a ser responsable.

Hasta la próxima semana y, como siempre, gracias por visitarnos.

ANIMALES CON CORAZÓN (VIII)

CAPITULO OCTAVO: LAS DESAPARICIONES DE MI HERMANO SOL

Tras contaros, la semana pasada, el porqué de los nombres de nuestras “amitas”, en esta entrada voy a compartir algunos de los sustos que nos “regala” mi hermano Sol. Ya van dos veces que desaparece, porque “se mete donde no debe o no sale cuando debe”.

Aquí estoy yo vigilando el sueño de “Osa mayor”, ella madruga menos que nosotros.

Esta vez, no hay fotos para documentar lo que explico, así que pongo otras que nos han hecho en diferentes momentos. Espero que os gusten.

La primera vez que Sol desapareció, estábamos solos con nuestra “amita Osa menor”; ésta, en un momento dado, se dio cuenta de que no veía a mi hermano y empezó a buscarlo por todas partes. Abría las puertas, las cerraba, buscaba por dentro y por fuera, lo llamaba, pero Sol no aparecía ni se oía por ningún lado. Yo la seguía a todas partes porque en su rostro había preocupación y se me contagiaba ¿dónde se había metido Sol? -nos preguntábamos las dos.

Ante la infructuosa búsqueda y con cierto desaliento, “Osa menor”, decidió sentarse y relajarse un poco. Yo la seguía de cerca y al aproximarnos al sofá ya sentí el olor de mi hermano; la quise avisar pero no tuve tiempo (ésto de no hablar el mismo idioma dificulta y enlentece muchos las cosas). Cuando derrotada se sentó, le dio a un botoncito que tiene el sofá y empezó a elevarse la parte de los pies; en éstas estábamos cuando apareció Sol “más feliz que unas castañuelas”.

El hueco que queda debajo del sofá nos encanta a los dos para meternos y jugar dentro, pero yo, cuando veo que aquello, que parece una puerta, comienza a bajar, salgo rápido y no hay problema, pero él se lo toma con mucha calma y aquel día, al parecer, se retrasó demasiado.

Si he de ser sincera, cuando lo vi, sentí ganas de morderle una oreja, pero pudo más mi alegría y le empecé a lamer; nuestra “amita” reía emocionada.

Sol, en una de sus poses favoritas.

Hace unos días, Sol volvió a desaparecer. Esta vez estábamos los cuatro. De nuevo idas y venidas, abrir y cerrar de puertas, llamadas sin respuesta, mirar en el patio de los vecinos e inquietud. Pasaba el tiempo y Sol no aparecía; sabemos que de casa no puede marchar, salvo a casa de los vecinos, pero a “Osa menor” siempre le gusta saber donde estamos los dos. Era casi la hora de cenar y Sol seguía desaparecido. De pronto, parece que a nuestra “amita“ se le encendió una luz, se levantó y se dirigió hacia el trastero. La puerta de esta pequeña habitación está casi siempre cerrada, pero aquel día, al parecer, estaba abierta y Sol aprovechó la oportunidad y se coló dentro. “Osa menor”, una de las veces que pasó por allí, sin percatarse de que mi hermano estaba dentro, la cerró. El final ya lo imagináis, allí estaba Sol, relajado y revolviendo las cosas a sus anchas. ¿Para qué bufarle o reñirle? Si se le presenta la ocasión lo volverá a hacer. Así que dejamos que aflorara la alegría y la emoción, yo le lamí con ganas y “Osa menor” lo abrazó. De nuevo los cuatro juntos…

Y hablando de emociones, os voy a contar una experiencia que tuvimos hace pocos días. Una amiga, a la que le gustan mucho los animales, le mandó a “Osa menor” un vídeo de gatos maullando y se puso a mirarlo con “Osa mayor”.

En aquel momento, como muchas otras veces, yo estaba sola en el patio. Cuando empezaron a maullar los gatos del vídeo, corrí dentro de casa asustada pensando que a Sol le pasaba algo. Yo subía al sofá, bajaba, maullaba, no sabía qué hacer, mi hermano no estaba y tal vez me necesitaba. Suerte que este estado de excitación no duró mucho, porque a Sol le pasó lo mismo, cuando escuchó los maullidos de los gatos del vídeo, abandonó su excursión, de un salto regresó a nuestra casa y vino corriendo para ver si me pasaba algo a mí ¡que bonito fue encontrarnos los dos! Allí, delante de nuestras “amitas” que estaban sorprendidas por nuestra reacción nos empezamos a lamer, a acariciar y a olisquear; es nuestra forma de demostrar el cariño que sentimos el uno por el otro. Nuestras “amitas”, emocionadas se miraron y dejaron de ver el vídeo de los gatos.

¡Qué bien se está cuando se está bien!

¿Alguien piensa que los animales no tenemos sentimientos? Si  es así que cambie de opinión. Que no nos expresemos como vosotros no significa nada, tampoco vosotros os podéis expresar como nosotros; pero que nadie dude que sentimos miedo, dolor, alegría y muchas cosas más, que ofrecemos nuestro cariño y agradecemos el que nos dan. Por tanto, termino esta entrada diciendo:

“Por favor, respetad a los animales, porque el maltrato de un ser vivo nunca puede justificarse”.

Gracias!!!.

ANIMALES CON CORAZÓN (II)

LAS VIVENCIAS DE SOL Y LUNA

 

 

CAPÍTULO SEGUNDO: GRUPO DE AYUDA A LA PROTECTORA

 

En una de esas idas y venidas con su furgoneta, nuestro desconocido protector nos sacó de ella y nos puso al sol; supongo que para que recibiéramos algo de calor. Agradecimos el detalle, porque, aunque no lo he dicho antes, nacimos en la montaña a finales de septiembre y el frío ya se dejaba sentir en nuestros débiles cuerpos.

Éste es el lugar en el que nacimos.

Estábamos desorientados y sin saber qué sería de nosotros. Mis hermanos me miraban en busca de respuestas ¡qué para algo ejercía de hermano mayor! Pero yo estaba asustado y débil como ellos y aunque intentaba no transmitirles mi miedo, dudo que lo consiguiera. Con los ojitos aún casi cerrados y flacuchos como estábamos, teníamos más cabeza que cuerpo y cuando miraba a mis hermanos pensaba: ésto se acaba, si no se produce un milagro.

Como nadie parte de este mundo hasta que no es su hora, el milagro se produjo. Para nosotros aquella persona fue como un ángel, aunque careciera alas. También iba en una cosa de esas que llevan ruedas y sacan humo por detrás. Cuando nos vio, se detuvo, se acercó a nosotros y se fue directa en busca del señor que recogía trastos viejos. Aunque lo intenté, no pude escuchar lo que decían, pero lo importante es que regresó al lugar donde estábamos y con mucho cuidado nos llevó con ella.

El hombre de la furgoneta, había hecho poco por  nosotros, no por mala intención, sino porque tenía otras obligaciones que atender, para conseguir el sustento diario; nosotros más bien éramos un estorbo para él, pero aún así nos recogió, protegiéndonos sobre todo del frío. No pudimos decirle adiós, así que desde aquí le doy las gracias por lo que hizo.

El ángel sin alas que nos recogió pasó su mano por encima de nuestros débiles cuerpos, nunca antes nos habían acariciado, los gatos nos lamemos, pero vosotros los humanos tenéis otra forma de demostrar afecto, en aquel momento lo descubrí.

Nuestro recorrido por la vida no había hecho más que empezar. Al parecer, aquel ángel, del que desconozco su nombre, no tenía sitio para cuidarnos y nos llevó a otro lugar. Estábamos temblorosos, sin apenas energía y con un gran interrogante ¿dónde iríamos a parar?.

Cuando, finalmente, llegamos al lugar, nos estaban esperando otros dos ángeles. Al parecer en la tierra hay más ángeles de los que pensaba. Ya tenían preparado un lugar bastante amplio y confortable, donde nos colocaron con mucho cariño. Nosotros solo podíamos dar pequeños gemiditos para demostrar nuestro agradecimiento. Al poco rato nos vimos sorprendidos con un biberón de leche templadita que nos resucitó y aclaro algo nuestra percepción.

Mis tres hermanitos y yo

Pasamos unos días muy bien atendidos, en aquel hogar. Cuando recuperamos las fuerzas se nos permitió salir y pasear por la casa. ¿Sabéis  qué descubrimos? Que había  muchos juguetes y seis gatos más, todos grandes y rollizos!

Con aquellos dos ángeles de acogida pasamos casi dos meses y nos cuidaban muy bien, pero, diez gatos en un piso, son demasiados gatos… Les tomamos cariño y ellos a nosotros, aún sabiendo que tenían que buscarnos un nuevo hogar.

Curiosamente, los gatos grandes que vivían en la casa, no se alegraron al vernos, nos bufaban y desde el primer momento dejaron claro que ellos eran los dueños de aquel territorio.

En el silencio de la noche se hacían más evidentes nuestros miedos.

-¿Qué pasará con nosotros? -Decía mi hermana pequeña, algo angustiada.

-Seguro que estaremos bien -le decía yo, aunque no lo tenía tan claro como aparentaba.

Mi hermano atigrado, confirmaba mis palabras, tal vez, para disminuir el temor de nuestra hermana.

La siamesa, con sus ojos redondos y azules, nos miraba y apenas decía nada; creo que a ella, nuestras palabras no la engañaban.

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Creo que la ternura y el amor no distinguen si el corazón del que brotan está sostenido por cuatro patas o por dos. Por favor, disculpad mi falta de objetividad, ésta es solo la opinión de un gato común y nada versado en ciencias profundas.

Os esperamos la próxima semana, que publicaremos el capítulo de la adopción.

Arrumacos de Sol y Luna