MANUAL DE INSTRUCCIONES

MANUAL DE INSTRUCCIONES

Este manual de instrucciones trata sobre algunos de los obstáculos que hay que superar para aprender a caminar y sobre los apoyos que permiten sacar los pies del pedestal que los sujeta.

¿Por qué deseo compartir este manual? ¿Acaso creo que tengo algo qué enseñar?

Humildemente, no. No tengo nada que enseñar, pese a ello y, aunque la respuesta parezca clara, algo me impulsa a compartir ese ”nada”.

Durante muchos años apenas fui algo más que un bloque de material que se podía moldear. Necesitaba una base para mantenerme en pie y pensaba que permanecería ad eternum sin movilidad.

En la difícil tarea de “avanzar” surge la duda y aparecen los miedos, porque hay que soltar los apoyos que durante años han otorgado estabilidad.

Cuando alguien decide dar un paso ha que abandonar el espacio que ocupaba uno de sus pies con anterioridad y, en ese momento, la duda se hará escuchar.

—¡Cuidado! ¿Qué ocurrirá si pisas una piedra o el asfalto está quebrado?

Si aun así te atreves a dar el paso, no olvides que la duda nunca enmudece y pronto te dirá:

—Tal vez hayas dado un paso, pero ¿acaso sabes a dónde vas?

No le prestes atención, porque su voz es como un canto de sirenas, es mejor taparse los oídos o hacerse la desentendida. Tampoco se aconseja volver la vista atrás. Es preferible mantener el equilibrio agarrando con una mano el valor y con otra la confianza y servirte de ellas como dos bastones de travesía.

Sorprendida por tu actitud, la duda preguntará:

—¿Confianza? ¿Qué sabes tú de la confianza?

Continúa sin responder, porque, como sabes y si no lo sabes te lo digo, la confianza surge de la evidencia que percibimos sobre ciertas cosas que no se ven.

He de decir que al comienzo del camino es fácil que se presenten dos peligrosas sensaciones: a) añoranza de la seguridad que ofrecía la endurecida base acabada de abandonar y b) no saber utilizar la libertad recién estrenada.

La duda lo sabe y de nuevo aparecerá diciendo.

—¿Para qué moverte? Puede que en el camino aparezca algún nuevo pedestal, en el que te desees quedar.

En estos casos aprieta un poco más fuerte las manos y sentirás que tanto el valor, como la confianza te sugiere bajito: “Nunca te detengas, avanza, avanza… “.

Si, como yo, todavía eres de los que necesitas apoyarte en algo puedes escribir y así tus pies se irán apoyando en el poder de las palabras.

Avanzar no es una marcha rápida ni una maratón, tampoco es ir avasallando a los que encuentres a tu lado; avanzar es dar pequeños pasos con determinación, manteniendo la mirada en el objetivo final: ser consciente del camino y alcanzar la auténtica libertad.

Finalmente, te sugiero que mantengas cerca este manual para poder leerlo siempre que en tu vida aparezca la duda o surjan los miedos.

Este blog se alimenta de vuestros comentarios.

EL SUEÑO DE SOPHIE

 

El sueño de Sophie

Sophie deseaba ser protagonista de un libro, pero como éste tal vez nunca vea la luz y ahora dispongo de un blog, aprovechando que hoy estamos de celebración de cumpleaños en la familia, le ha parecido que era un buen momento para presentarla “en sociedad”

Sophie es sensible y mordaz, comprensiva y crítica, buscadora de respuestas que la conduzcan a la verdad. Le duele la injusticia, no comprende las guerras, trasgrede los convencionalismos y a ambas nos une una relación especial.

***

—Sophie, ¿por qué tanto interés en ser protagonista de un libro?

—Me gusta que me abracen.

—Si esa es la razón, te puedo abrazar yo.

—Tu trabajo es escribir. Los lectores al leerlo, me abrazarán.

—¿Y si no te abrazan?

—Lo volveremos a intentar.

—Sophie, tu vida es muy sencilla ¿qué voy a contar? —le digo con cariño, asombrada por su rotundidad.

—No cuentes anécdotas; no cuentes lo que todos ven; cuenta mis sueños, mis reflexiones, penetra en mi interior.

—¿Puedo? —le pregunté.

—Me pongo en tus manos —contestó.

—No sé si seré capaz de hacer posible tu sueño —dije un poco indecisa.

Y Sophie, muy sagaz, con una sonrisa en los labios, me susurró:

—Si no lo intentas, nunca lo sabrás.

***

Empecé a escribir con bastantes dudas, algunas todavía me acompañan, pero Sophie tenía un sueño y asumí la responsabilidad de que, a través de la lectura, la pudieran abrazar.

Los encuentros con Sophie tratan sobre sueños y reflexiones, éste, aunque pueda parecer inapropiado para publicarlo el día de su presentación, lo hago por un motivo especial y cuando determinadas personas lean la entrada lo entenderán.

***

—Sophie, en este sueño, soñaste que eras la muerte. Debió de ser difícil.

—Estaba deprimida, todos me rechazaban.

—¿Qué sentiste?

—Mucha soledad.

—Es normal Sophie, nadie se quiere marchar.

—Cuando se nace, incluso antes de nacer, ya se empieza a morir. La muerte no arrebata la vida a nadie, es la enfermedad, los accidentes, la vejez lo que causa el desenlace, en el sueño yo estaba allí para ofrecer mis brazos y que pudieran descansar.

—Visto así, Sophie, tienes razón y entiendo tu desazón. ¿Qué ocurrió en el sueño? ¿Te rechazaron?

—Varias veces, pero en este caso concreto no. Solo los que rodeaban al pequeño Yorkshire, que debía partir por enfermedad. Él estaba preparado, pero los que le cuidaban no.

—¿Qué ocurrió?

El pequeño y querido Rex

—Tuve que soportar una gran presión. Les dolía perder al pequeño animal y además tenían remordimiento por aplicarle la eutanasia.

—¿Tú crees que procedía tenerlos?

—No, porque no había solución. El pequeño Rex, como así se llamaba, los miraba a todos para hacerles comprender, pero ellos no podían, sus emociones lo impedían.

—¿Lloraban?

—Sí, le querían mucho y pasó por los brazos de todos en una interminable rueda de abrazos y despedidas.

—Y ¿ qué hacías tú?

—La emoción cortaba la respiración y allí estaba yo, callada, viéndolos sufrir y sin poder hacer nada. Suerte que él estaba preparado y sabía que yo lo esperaba.

—¿Finalmente pasó?

—Sí, cuando le inyectaron la solución, su joven dueña lo tenía en brazos. De pronto ella dijo, ya no está aquí, y en aquellos momentos fui yo quien lo abrazó.

—Me ha emocionado el sueño, Sophie.

—Hay que estar preparado para el último viaje, pocos lo están. Todos festejas nacer y es ahí cuando empezamos a morir.

***

—Sophie, a propósito del sueño ¿qué es para ti la vida?

—La vida es flujo y movimiento. También la podríamos definir como un camino de evolución, aunque para muchos, más que un camino, la vida es una noria que gira en torno a lo que se puede tener, obtener o adquirir y, si es posible, sin esfuerzo.

—¿Por qué crees que hay tanto egoísmo y tantos apegos?

—Porque la atención se dirige erróneamente hacia el aspecto materia, en lugar de hacia el aspecto conciencia. Existe un gran apego a lo inferior, como si ésto fuera la única realidad.

—¿Podrías explicar un poco más el tema de la evolución de la conciencia?

—Evolucionar consiste en una serie de liberaciones de lo inferior para alcanzar lo superior.

—Sophie, si la vida es un camino, ¿qué es para ti la muerte?

—Es el tránsito de un tramo, en apariencia conocido, hacia otro tramo desconocido. Hasta donde yo sé, la muerte, como generalmente se entiende, no existe. La muerte es una transición de un estado de conciencia a otro y en ella nos despojamos de las envolturas gastadas en encarnación. La vida es una continuidad ininterrumpida.

—¿Por qué en nuestra cultura se teme tanto a la muerte?

—Tememos en la medida en que estamos identificados con las envolturas, vivimos mecánicamente y sin haber descubierto nuestro verdadero Ser.

—Sophie, esta visión tan profunda no todo el mundo la comparte.

—Tampoco hemos de esperarlo, porque una visión más profunda siempre parece ilógica a una lógica más simple. Reflexiona sobre ésto.

—Lo haré, —respondí y así terminó nuestro encuentro.

EL BANCO DEL PARQUE

EL BANCO DEL PARQUE

No dejen que mi imagen les engañe, hoy solo soy un banco, pero ayer fui un ser vivo y todavía conservo cierta sensibilidad.

Ocupo un lugar privilegiado dentro de un tranquilo parque; a mi lado un esbelto árbol proporciona la sombra necesaria y una papelera ofrece la oportunidad de mantener limpio el espacio.

Recibo múltiples visitas y soy testigo de promesas, confesiones y silencios, pero añoro a un amigo que llegaba casi a diario, apoyándose en su bastón, por el sinuoso camino que conduce hasta mí.

El último día, acudió a la cita a la hora acostumbrada y, cuando le vi, intuí que aquello era una despedida.

Apenas llegó, se dejó caer como si llevara una pesada carga sobre su espalda; hacía tiempo que no hablaba con nadie, tal vez, porque lo impedía el nudo que anidaba en su garganta.

Antes me visitaba con su esposa y en mi presencia se cogían de la mano y hablaban con los amigos, pero de aquel entonces solo quedan los recuerdos, los pajarillos y un servidor. Yo siempre le esperaba en el mismo lugar, forzado por las circunstancias; las aves se acercaban al verle llegar emitiendo gorjeos, mientras él las obsequiaba con unas miguitas de pan.

Aquel día, antes de partir, unas lágrimas rebeldes cayeron por sus mejillas. No pude hacer nada salvo ofrecerle mi apoyo, remedando el gesto de un amigo. Se levantó con la ayuda del bastón y el temblor de su mano sobre mi respaldo hizo que me emocionara.

Le vi marchar con la espalda encorvada y tuve claro que no le vería más. Así fue, días más tarde me enteré que una noche mientras dormía, en el asilo al que lo llevaron, había hecho el tránsito para reunirse con su amada.

Cuando el relente y la oscuridad de la noche proporcionan el ambiente adecuado, desde mi fija posición, observo el firmamento e imagino a mi amigo convertido en polvo de estrellas.

Este sencillo relato está inspirado en la fotografía que lo ilustra y, además, debía contener las tres palabras que he señalado en negrita: relente, remedar y nudo.

Deseo que os haya gustado.

EL AGUA Y LA ORILLA

EL AGUA Y LA ORILLA

Un día más, discurría el agua, un tanto perdida, cuando por fin preguntó a la orilla:

—¿Qué puedo hacer para ser tu amiga? Te siento tan cerca y a la vez tan distante…

La orilla le respondió:

—Si deseas ser mi amiga, no te detengas y sigue adelante.

—No te comprendo —dijo el agua, extrañada—. Yo desearía quedarme siempre contigo.

La orilla le advirtió:

—Si te detienes, impedirás que las aguas que vienen detrás puedan hacer su camino; inundarán las tierras y ahogarán las plantas que crecen en ellas.

Sin embargo, si sigues tu curso, darás vida a los campos; miles de florecillas saldrán a tu encuentro, las mariposas podrán revolotear sobre ellas y todos disfrutaremos de la placidez que produce el sonido de tus aguas.

Pero, además, no has de temer, porque yo estaré siempre contigo, no te abandonaré hasta que llegues al mar y, allí, ya no me necesitarás.

El agua, emocionada, acarició a la orilla suavemente y prosiguió su camino. Había comprendido el mensaje. Se sentía feliz, no estaba sola y, además, había descubierto que el discurrir de sus aguas tenía un sentido.

Desde aquel día el agua y la orilla permanecen unidas de tal forma que, aún siendo dos entes diferentes, se perciben como si de uno solo se tratase, porque cuando hay amor, las diferencias desaparecen.

¡Feliz reflexión!