UN CLÍMAX ESPECIAL

 UN CLÍMAX ESPECIAL

 

Nunca nadie nos presentó, pese a ello, yo conocía su existencia y la buscaba; ella, al parecer, deseaba ser encontrada.

Un día la descubrí, no había duda, su fragancia, su frescura y su poder de atracción la hacían inconfundible.

Mi pulso se aceleró, le sonreí, cruzamos nuestras miradas y le tendí mis brazos.

Ambas nos reconocimos sin necesidad de palabras.

A nuestro primer encuentro, allá en mi juventud, siguieron una sucesión de otros; eran momentos de juegos con mucho fuego y pasión.

A veces, ella llegaba cuando yo no la esperaba; me dejaba desconcertaba pero, ante su ternura y su pasión, poco o nada podía decir yo, salvo: “heme aquí”, poséeme hasta la locura.

Querer ser poseída, por quien no pretende poseer, te coloca en una posición de aparente subordinación, pero cuando llega el clímax, nada de ésto importa, porque eres transportada a otra dimensión. Cuanto más descendía ella, más alta volaba yo.

Nuestros encuentros fueron cíclicos, pues es difícil mantener ese estado de perturbación, sin llegar a perder la cordura.

En los periodos de sequía, yo la buscaba con ansia, pero nunca llegué a encontrarla; siempre era ella la que decidía el momento, la que me sorprendía, la que me poseía.

Los años fueron pasando, aquellos encuentros amorosos y apasionados se fueron distanciando. La vida, a veces, presenta oportunidades difíciles de rechazar y una amante como ella no puede comer en la mesa que come la mediocridad.

Cuando ya había perdido toda esperanza de volverla a encontrar, un día reapareció. Yo no la esperaba y tampoco estaba preparada.

-nunca te olvidé -me dijo

Yo, con los ojos húmedos y el corazón acelerado, me disculpé por haber sucumbido a lo mediocre, por mi falta de perseverancia, por haber dejado de buscarla y le di a entender que no estaba preparada.

-Permite que lo intente -susurró.

Yo le permití.

Me envolvió, como solo ella es capaz de hacerlo.

-Ya no tengo fuego -le advertí en voz baja.

No importa, aprendamos a disfrutar ahora “desde la quietud”.

-Tal vez desde ahí lo pueda conseguir -asentí sumisa, pese a que siempre me caracterizó un punto de rebeldía.

Curiosamente, nuestro encuentro, pese a tener un sabor distinto al de años atrás, alcanzó un grado de equilibrio que le permitió fructificar.

Nada me ha prometido, ella es siempre la que manda, la que me posee, desde la pasión exaltada, en mi juventud o, ya en mi madurez, desde la quietud en un clímax prolongado

Si he de ser sincera, y aunque pudiera parecer excesivamente pretenciosa, me gustaría que nunca se ausentara, que fuera siempre mi amiga, mi amante, mi compañera, pero desde mi humilde posición, solo puedo agradecer que me siga visitando y que, a mi edad, me ofrezca la oportunidad de disfrutar desde un punto de quietud y de calma, cualidades más cercanas y propias del alma.

Hasta que llegue el nuevo encuentro, seguiré escribiendo a mi manera, para que, cuando tenga a bien visitarme, me encuentre preparada. Porque ahora ya he aprendido que la INSPIRACIÓN anda muy buscada y cuando llega no lo hace para quedarse, tan solo para ser disfrutada.

Este humilde escrito está dedicado a todas las personas que, con perseverancia,  dedican parte de su tiempo a conectar con una amante llamada “inspiración”; la experiencia les dice que, muchos días, su espera será infructuosa, pero también saben que,  cuando ella los posea, el clímax se producirá y con su fruto podremos disfrutar el resto de los mortales.

GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE NOS ENRIQUECEN CON SU ARTE!