“COSAS INNECESARIAS”

 

Ana Palacios

COSAS INNECESARIAS

Ya es primavera según el calendario y el Corte Inglés, pese a ello, el frío invierno se resiste a marchar y se aferra como puede en forma de viento, lluvia, hielo o nieve; no obstante, todos sabemos que pronto terminará rendido ante el  encanto de la colorida primavera.

Yo, que siempre presumo de ser puntual, he querido aprovechar estos días de la fiesta para hacer el cambio de ropa de los armarios, pero cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que el viejo baúl donde pensaba guardar los nórdicos estaba lleno a rebosar.

—¿Qué ha pasado aquí? —me pregunté asombrada.

—Abre la ventana y ponte las gafas —dijo una voz que parecía salir del interior del baúl.

Decidí hacerlo porque quería ver bien lo que había dentro, más que por la misteriosa indicación.

—¡Santo cielo! —exclamé al ver el montón de cosas innecesarias allí guardadas.

—Por eso dije que abrieras la ventana y te pusieras las gafas.

—Es que no entiendo por qué guardé todas estas cosas aquí.

—Porque es muy fácil sucumbir a la tentación —susurró de nuevo la voz.

—Tal vez tengas razón pero te advierto que, después de ver esto, no tengo el ánimo para sermones.

—¡Disculpa que insista! pero mira con detalle porque soporto mucho más peso del que parece.

Sin saber por qué seguía respondiendo a aquella suave, insistente y diáfana voz.

He de decir que al viejo baúl, restaurado por las manos expertas de una amiga, le tengo un cariño especial porque perteneció a mi padre desde sus años de juventud.

Lo primero que sentí al acercarme a él fue el perfume de las flores de lavanda que suelo poner para que todo adquiera su fragancia, pero cuando levanté la tapa, aparecieron mantas bien dobladas ¡faltaría más! que, al parecer, había guardado  “por si…” llegaba alguna visita a casa; también un saco de montaña de cuando yo era joven y hasta un colchón hinchable y unas chirucas  “por si…”  alguna vez las necesitaba.

La verdad es que no recordaba que conservaba todas estas cosas, pero ese día, impulsada tal vez por la fuerza primaveral, me levanté con ganas de  remover a fondo la casa.

Mi sorpresa fue mayor cuando, entre las cosas tangibles, encontré otras que a primera vista no se percibían.

—¿Qué es esto que apenas se ve, pero se engancha como el chicle y mancha como el betún?

—A esto me refería, es imperceptible pero ejerce una pesada carga —respondió la voz, pese a que  mi diálogo era interno.

No, no estoy loca ni hablo de brujerías, os hablo de una cruda realidad: allí se encontraban ocultos entre las cosas guardadas:

* Miedos que oprimían mi libertad.

* Patrones mentales heredados y faltos de actualizar.

* Sufrimiento innecesario por esperar de la vida y de los demás cosas que nadie prometió que me iba a dar.

* Más de una crítica hecha sin conocimiento de causa.

* Hasta alguna pequeña expresión de odio había camuflada entre los pliegue de una manta.

—Pero ¿qué haces aquí, si yo pensaba que estas cosas ya no tenían cabida en mi casa? —pregunté un poco mosqueada.

—No te enfades y sigue buscando —dijo de nuevo la voz.

—Pero… ¡si también hay pequeñas partículas de racismo y pensamientos y emociones negativas en mi viejo baúl!

¿Racismo he dicho? ¡Por favor! ¿Cómo voy a tener eso yo?

—Se cuelan con la facilidad del viento o del agua —respondió de nuevo la voz del baúl.

—¿Cómo puedo presumir de limpia y ordenada teniendo tanta porquería en casa?

Esta vez la voz no respondió.

Humildemente reconocí que es mejor no presumir, pues como bien dice el refrán: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” y, a mi edad, ya he descubierto que acercándome un poco más a la “Luz” siempre puedo encontrar algo de “suciedad” escondida entre los sinuosos pliegues del cerebro.

Dejé el baúl abierto al lado de la ventana para que el sol purificara su interior; llevé al “Punto Verde” cercano las cosas aprovechables para reciclar y después me dirigí a un contenedor. Uf!! Hubo cosas que no querían desprenderse, se enganchaban como lapas.

Libre de cargas o al menos eso creí, me fui a pasear para que también me diera el sol, al tiempo que reflexionaba…

Ya de regreso a casa lo tenía decidido, poco a poco iría revisando las diferentes habitaciones, porque hay emociones y pensamientos que adoptan formas tan sutiles que entran en nuestra casa y, fácilmente, se quedan en ella camufladas.

En esa labor estoy y cada día me siento un poco más ligera y llena de vitalidad ¿Será por la primavera?

¡Feliz reflexión!

MANOS PINTADAS DE BLANCO

MANOS PINTADAS DE BLANCO

Pese a ser domingo y estar en la playa, las caras de todos los que me rodeaban reflejaban un semblante marcado por la tristeza, por la indignación y por cierta dosis de esperanza.

Se estaba acercando la hora, la gente hablaba a media voz, temerosa de romper el silencio que nos rodeaba. Finalmente ese silencio fue roto por la voz de un hombre, a través de un altavoz. La esperanza fue fulminada, solo quedó la tristeza y la indignación. Miguel Ángel Blanco había sido asesinado. Las lágrimas de muchos pedían ser liberadas.

Miles de manifestantes en la calle, las manos en alto pintadas de blanco, niños a hombros de sus padres, un silencio sepulcral y una marcha tan lenta que era imposible avanzar… No sirvió para nada, la sentencia estaba echada.

¿Qué tuvo de especial la trágica muerte de aquel concejal? Supongo que las horas de agonía que pasaron desde su secuestro hasta su brutal asesinato.

Hoy martes, en un momento dado, he cogido el mando de la TV y le he dado al botón. Sinceramente, es esos momentos no recordaba aquel hecho impactante, ni que ya habían pasado veinte años. Las imágenes que he visto y las frases que he oído, han hecho que, de nuevo, un nudo se pusiera en mi garganta. Hoy, no ha sido por el asesinato de ningún concejal, hoy, como tantos otros días, el motivo ha sido que he sentido apuñalada la esperanza.

SEÑORES POLÍTICOS!!! Entérense de una vez: hace veinte años nos conmocionó profundamente aquel acontecimiento, pero hoy nos sigue conmocionando su insensatez y su insensibilidad.

¡Con qué placer paladean ese regusto que parecen sentir “los unos, cuando critican a los otros y los otros, cuando critican a los unos” y nunca faltan bufones aplaudiendo al payaso de turno…!

Necesito ver políticos que no lleven siempre la escopeta cargada contra su oponente; que hablen de su ideario y de su programa y no se centren en el de los demás; que busquen más colaboración y menos protagonismo ¿Existen? Tal vez sea una especie extinguida y yo pida un imposible. Requiere aplomo y no descargas, requiere trabajo y no críticas, requiere humildad y no soberbia, requiere saber que la política es un servicio a la sociedad y no un lugar donde llenarse los bolsillos a costa de los demás.

Hasta que aparezca un político con estas cualidades, prefiero estar desinformada que asistir diariamente a un circo o a un teatro de tal mediocridad.

La oposición política, debería ser alguien que defiende ideas distintas, no un enemigo merecedor de la muerte ni de torturas ni siquiera de feroces y, muchas veces, falsas críticas; pero para entender ésto hay que empezar por asumir las diferencias y respetar la libertad de los demás.

Quiero terminar este escrito, mandando mis más sentidas condolencias a los familiares y amigos de MAB y a los de todas las víctimas del terrorismo, sin olvidar a los familiares y amigos de las víctimas de otras clases de violencia.