¡VAYA SUSTO!

Hoy comparto con vosotros un escrito con el que Sol y Luna subieron al podio, junto con dos personas más. Me presenté a un reto en el que pedían hacer un escrito de menos de 350 palabras, tres de ellas obligatorias: iconoclasia, tren y fermentar. Este fue el resultado: 

 

¡VAYA SUSTO!

 

Sesteábamos felices en el regazo de nuestra amita, cuando el mundo pareció venirse abajo. ¡Casi morimos del susto!

Una tremenda sacudida y un fuerte estallido nos sorprendió; espantados, dimos un salto y corrimos para ponernos a salvo.

Ahora estamos escondidos hasta que pase el peligro y no hay nada nuevo que olisquear, así que aprovecharé para contaros que somos dos gatos que nacimos en un lugar próximo a unas vías de tren lleno de basura fermentada y allí, a los pocos días, quedamos huérfanos.

Tuvimos la suerte de ser rescatados y más tarde adoptados por una buena persona. Cuando nos conoció, acercó su mano para tocarnos y percibí un corazón sobrado de amor.

—¡Qué hermosos gatitos! —dijo ilusionada, tomándome entre sus manos— y adoptó a mi hermana con el nombre de Luna y a mí con el nombre de Sol.

Nuestra vida es envidiable, pese a sus tremendos estornudos y a otros retos que hemos tenido que superar; como cuando empecé a sentir una fuerza que me impulsaba a montar a mi hermana, sujetándola del cuello.

Luna maullaba desaprobando mi acción y terminábamos jugando los dos, hasta que me volvía el impulso incontrolable.

Ante esta actitud, nuestra amita nos llevó al veterinario.

Cuando volvimos a casa yo tenía mis partes íntimas doloridas y mi hermana una herida en la barriga y un artilugio alrededor del cuello.

Superados esos momentos, ahora potenciamos el vínculo de sangre y el de la amistad lamiéndonos el uno al otro.

—Sol, Luna, no tengáis miedo, salid del escondite.

—Vamos a salir Luna, nos está llamando y parece que no hay peligro.

Y riendo nos ha llevado ante el rastro hecho en nuestra desesperada huida: al San Pancracio que adornaba un pequeño estante lo hemos dejado sin brazo.

No hemos incurrido en iconoclasia porque somos gatos y no pretendíamos romper la figura del santo, pero tendrá que arreglarlo porque, al parecer, es el patrón de la salud y el trabajo.