ANIMALES CON CORAZÓN (XII)

CAPÍTULO DUODÉCIMO Y ÚLTIMO:

AGRADECIMIENTOS Y PRESENTACIÓN DEL “GRUPO  DE AMIGOS DE LA RED SOCIAL

 

Queridos amigos humanos, nuestras vivencias han llegado a su fin, pero no queremos que ésto sea una despedida, sino un “hasta siempre”.

Nuestras vivencias son muy limitadas porque somos muy jóvenes y no salimos de casa. Los gatos callejeros tienen muchas cosas emocionantes para contar, pero a cambio han de pasar por muchas dificultades.

Siendo todo lo sincera que puede ser una gata, os diré que echaremos a faltar vuestras visitas y comentarios y que, tanto a Sol como a mí, nos gustaría seguir contando vivencias, pero tendríamos que contar mentiras y eso no está bien; habéis de saber que, desde el punto de vista gatuno, todo lo que hemos contado hasta ahora es real.

Si con el paso del tiempo nos ocurre algo digno de compartir lo publicaremos, como siempre, en este blog.

No olvidéis que el próximo mes, coincidiendo más o menos con el aniversario de nuestra adopción, se publicará el libro “Las vivencias de Sol y Luna” y su finalidad es promover la adopción de los animales que han quedado huérfanos o han sido abandonados y ayudar a las personas que, en grupo o en solitario, nos protegen y defienden nuestros derechos.

Mi hermano Sol y yo creemos que no se han de decir palabrotas ni sentir rabia u odio hacia las personas que maltratan o abandonan animales ya que ellos no son conscientes de lo que hacen; las emociones negativas hacen mucho daño al que las siente y también al mundo entero. Ya sabéis lo que dice el refrán: “No se pueden pedir peras al olmo”. Desde nuestro punto de vista es mejor que fomentéis el respeto hacia los animales a través de la educación y que trabajéis, en la medida de vuestras posibilidades, para que cada día tengamos un mundo más justo y mejor.

Como no quiero terminar pareciendo un “predicador” os voy a contar una idea que se nos ocurrió hace unos días a mi hermano Sol y a mí, cuando vimos que nuestra vivencias estaban llegando a su fín.

Como actualmente, los humanos siempre estáis “conectados” gracias a las nuevas tecnologías, hemos pensado que nosotros también podríamos  estarlo y decidimos formar un grupo de mascotas; cuando tuvimos clara la idea, hicimos lo posible para que “Osa menor”  percibiera nuestro propósito y, en cuanto lo captó,  habló de ello a sus vecinos, amigos y familiares quienes pronto se animaron a mandarle las fotos de sus animales de compañía. Es un grupo que no discrimina a nadie, todos los animales caben en él, tengan el cuerpo cubierto con pelo, lana, plumas o escamas.

Tres miembros del grupo ya marcharon hacia las estrellas, pero cuando vivieron fueron muy buenas mascotas e hicieron muy felices a niños y mayores, por esta razón hemos pensado que estaría bien incluirlos como “miembros de honor”. Uno de ellos es Platero, un asno que ya en su vejez lo compraron para ejercer de mascota (si queréis leer su historia podéis buscar, en el blog, la entrada titulada: “La voz de su amo”); otro miembro de honor es Rex, un perrito Yorkshire, muy querido por toda la familia (en el próximo libro que publicará “Osa menor” hay una historia que hablará de él) y también está Kobu que era un hurón muy bonito y cariñoso al que se le echa mucho de menos.

Estamos seguros que muy pronto esta gran familia se ampliará, porque aquí lo importante no es salir en la foto, sino las vibraciones positivas de sus miembros.

Gracias a todos los que protegen y cuidan a los animales y gracias también a los veterinarios que colaboran con los “ángeles” que se dedican a rescatarnos. De nuevo gracias a todos los que nos han visitado, a los que han dejado comentarios y ¡cómo no! a todos los que compren el libro.

Os presento a los miembros del grupo.

Muchos arrumacos de Sol y Luna

 

 

“Que la volutad al bien florezca entre los hombres”

ANIMALES CON CORAZÓN (XI)

CAPÍTULO UNDÉCIMO: VIVENCIAS VARIAS

En este capítulo voy a compartir una serie de vivencias que os permitirá comprender un poco más nuestra vida gatuna.

Empezaré hablando de la adaptación. Cuando alguien decide tener una mascota ha de adaptar su vida a las necesidades del animal, pero no olvidéis que también los animales  nos hemos de adaptar a la vida de los humanos que, sin lugar a dudas, es muy diferente a la nuestra.

Ya sabéis, los que tenéis gatos, que a nosotros nos gusta estar siempre cerquita de vosotros, pero hay lugares en los que acompañaros es “un sinvivir”. Cuando “Osa menor” va al baño  nosotros la seguimos, si no estamos entretenidos por el patio, pero el baño es un lugar un tanto raro, por todos los sitios sale agua y nos pongamos donde nos pongamos terminamos mojados o salpicados.

Los gatos nos lavamos muchas veces, pero no necesitamos el agua, los humanos siempre estáis a remojo y hay que reconocer que, desde nuestro punto de vista, hacéis cosas muy raras. Por ejemplo, “Osa menor” se mete en eso que llamáis bañera y una vez allí toma una cosa con la mano de la que salen chorritos de agua que a nosotros no nos gustan nada y hemos de salir corriendo. Otras veces coge un aparato que saca aire caliente y se lo acerca a la cabeza y tampoco nos hace ninguna gracia estar cerca en esos momentos. Nosotros no necesitamos nada de eso, nos lavamos lamiéndonos en cualquier lugar y a cualquier hora y no necesitamos secarnos.

También nos hemos de acostumbrar a los estornudos. Nuestra amita “Osa mayor” estornuda muchas veces seguidas y muy fuerte. El primer día, estábamos encima de su regazo, descansando los tres y de pronto empezó a estornudar ¡qué susto nos dimos! Parecía un terremoto o el fin del mundo. Salimos corriendo y nos escondimos debajo de una cama. Cuando la sesión de estornudos acabó, porque no se conforma solo con uno, salimos con miedo de nuestro escondite y, cuando llegamos donde ellas estaban, vimos que las dos estaban riendo a carcajadas. No nos molestó que se rieran de nosotros, por el contrario, comprendimos que no había peligro y ya relajamos las orejas y volvimos al descanso.

Otra cosa que os quiero contar son nuestros momentos preferidos:

Sin duda alguna, el momento que más nos gusta es el de después de comer, nuestras dos “amitas” se ponen a descansar un poco, una en el sofá y otra en su sillón, es un momento de mucha paz y yo me puedo relajar porque no tengo que controlar nada y nos dormimos los cuatro. Cuando ellas se levantan es un placer acostarnos en el lugar que han dejado ¡no sé por qué nos gusta tanto!

Otro momento con el que disfrutamos es cuando “Osa menor” va a la cocina, yo voy allí maullando, primero lo hago en un tono bajito y poco a poco voy aumentando el volumen de mis llamadas; mi hermano capta el mensaje y viene también. Nos sentamos sobre nuestras patas traseras y la miramos con ojos de súplica. Ella nos mira y se sonríe y de vez en cuando nos da cositas buenas, pero no siempre, solo a unas horas determinadas y nos dice que no hay que pasarse la vida comiendo; creo que, muchas veces, olvida que somos gatos.

También es muy agradable cuando nos viene a ver por la mañana. Nos dice un montón de cosas bonitas: “cositas lindas”, “mis cachorritos”, “fierecillas” y un montón de piropos, nos acaricia un poco y, a veces, nos cepilla; nosotros nos restregamos por sus piernas y nos tiramos panza arriba, es lo más que sabemos hacer para demostrarle nuestro cariño.

No puedo olvidar el momento de ir a dormir; últimamente, cuando quiere que nos vayamos a nuestra habitación nos canta: “vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”. Nosotros la escuchamos y sabemos lo que quiere; mi hermano se hace un poco el remolón, pero yo voy corriendo y llego antes que ella. “Osa menor” se siente feliz porque cree que somos obedientes, aunque la verdad es que la obediencia no va con los gatos, simplemente, nos atrae su voz y vamos tras ella.

Para terminar os contaré una experiencia por la que pasamos hace ya unos meses. Un día, tanto mi hermano Sol como yo, intuimos que pasaba algo raro, porque “Osa menor” iba y venía de un lado a otro, cogiendo cosas de los armarios y dejándolas en esas cajas con ruedas que se llaman maletas; nunca antes la habíamos visto hacer eso. Nosotros estábamos atentos para ver si comprendíamos la razón  o para colarnos entre aquella ropa, que es algo que nos encanta, aunque he de reconocer que no conseguimos ni lo uno ni lo otro.

Al finalizar el día, “Osa menor” cerró las maletas y las dejó preparadas cerca de la puerta de entrada de la casa. Nosotros seguíamos sin comprender, pero percibíamos algo que no nos gustaba. Nuestro instinto no falló, al día siguiente llegó un desconocido, cogieron las maletas, nos miraron de una forma especial y se fueron todos.

Como algunas veces también se van, pensábamos que volverían pronto, pero tardaron días en volver. Por suerte no habían olvidado dejar abundante comida, agua y dos areneros bien preparados.

Estuvimos tres días solos y cuando ya estábamos algo preocupados, escuchamos el ruido que hace la llave en la puerta y fuimos corriendo pensando que serían ellas, pero no era así. Quien llegó fue una amiga de nuestras “amitas”, que ya conocíamos, a la que no le gustan los animales, pero nos respeta; es decir, no nos acaricia, pero estamos seguros que, a su manera, nos tiene cariño.

Nada más llegar nos puso más comida y agua, aunque todavía teníamos; la sorpresa se la llevó cuando vio los areneros; se asustó un poco y dijo una frase que no comprendimos; pero ya lo podéis imaginar, ella hacía ésto por primera vez y nosotros llevábamos tres días solos, aburridos y comiendo todo lo que queríamos.

El caso es que limpió bien la arena de los dos areneros y a partir de aquel momento nos visitó cada día. No nos podíamos quejar, teníamos comida, agua, la arena limpia y la compañía de una persona conocida que nos trataba bien; solo nos faltaban los abrazos y los masajes de nuestras “amitas”, pero bueno…. Muchos animales e incluso personas firmarían para poder tener lo que nosotros teníamos. Aún así temíamos por ellas, porque se habían ido a la calle y la calle nos trae recuerdos tristes.

Durante los días que estuvimos solos, para evitar problemas, nos dejaron dentro de casa, sin poder salir al patio, es más aburrido pero, de alguna manera, lo entendimos porque “Osa menor” nos dice muchas veces eso de que: no siempre lo que apetece es lo que más nos conviene y si ella lo dice será por algo.

Un día, oímos el ruido de la llave, como siempre, fuimos corriendo hacía la puerta para ver quien llegaba y apareció “Osa menor” ¡qué alegría nos dimos! Con gusto hubiéramos saltado a sus brazos, pero los gatos no sabemos demostrar así nuestro afecto. Ella también se alegró porque decía palabras tiernas y nos abrazaba mucho. Faltaba una de nuestras “amitas”, pero pensamos que si la una había regresado, también regresaría la otra y, pasados unos días, así fue.

Por las conversaciones que tienen, hemos sabido que fueron de viaje para ver a un hermano de “Osa mayor”; hace un año su esposa también se fue hacia las estrellas y, aunque está bien atendido, es mayor y no tiene familia allí. Al parecer también le gustan los animales y pensamos que si estuviera aquí nosotros también le haríamos compañía, pero él ha decidido quedarse allí y hay que respetar su voluntad.

Y con ésto termino este capítulo, espero que nos sigáis visitando y que os animéis a comprar el librito “Las vivencias de Sol y Luna”; un día de éstos “Osa menor” ya os lo contará mejor.

Gracias a todos y hasta la próxima semana.

Luna y Sol

ANIMALES CON CORAZÓN (X)

CAPITULO DÉCIMO: LAS VISITAS

A parte de nuestros vecinos, también conocemos a familiares y amigos de nuestras “amitas”. Todos son buenas personas, pero no a todos les gustan los animales, ellos mismos lo reconocen y nosotros lo percibimos; a veces es por un tema de alergias, otras veces porque no están acostumbrados a compartir su vida con seres del reino animal o incluso porque han tenido alguna mala experiencia.

Cuando vienen personas a las que les gustamos, nos acarician y nosotros les rozamos las piernas con nuestro cuerpo. ¡Qué hermoso es compartir respeto y amor, aunque sea entre animales y humanos!

Tal vez ya os hayamos dicho que, en nuestro reino, a los animales domésticos se nos considera seres más evolucionados, porque al convivir con humanos podemos compartir vibraciones más elevadas; aunque, si he de ser sincera, os diré en confianza que hay humanos que también podrían aprender mucho de nosotros, porque, hay días que, cuando nuestras “amitas” ponen la TV da miedo oir lo que dicen. En esos momentos, si podemos, nos colocamos cerquita de ellas para recibir su amor y ofrecerles el nuestro, porque un mundo sin amor, es como un infierno.

Volviendo a las visitas, recuerdo que un día vino un compañero del gimnasio de “Osa menor”, un chico joven, guapo y muy alto al que le gustan mucho los animales; él también tiene dos gatos, aunque por lo que dijo eran callejeros y apenas se dejan acariciar. Cuando le vimos nos acercamos a él y le ofrecimos nuestros retozones; como era tan alto, yo alcé la cabeza y mi mirada gatuna buscó la suya; él captó el mensaje y se agachó; entonces le acaricie y lamí su mano con mucha intensidad. Mis “amitas” se sorprendieron porque nunca antes había hecho ésto; él emocionado dijo: “Luna ha notado que estoy falto de cariño”. Yo deseé, desde mi corazoncito gatuno, que encontrara pronto el amor que necesitaba y, curiosamente, creo que ya lo ha encontrado; estamos muy contentos, se lo merecía, porque tiene un gran corazón.

Otras veces vienen familiares de nuestras “amitas”, también amantes de los animales y les hacemos arrumacos y ellos nos acarician. La primera vez que les vimos éramos pequeñitos y yo me subí al cuello del señor y le empecé a lamer la oreja; también sorprendí a todos; generalmente, cuando se ofrece amor sin pedir nada a cambio la gente se sorprende.

Hace ya bastante tiempo vinieron otros familiares, con dos niños muy guapos que jugaron mucho con nosotros; nos escondíamos debajo de la cama y ellos nos venían a buscar. Ahora no los vemos porque van al colegio y además viven en la montaña, al parecer, no muy lejos de donde nacimos nosotros.

Otras veces viene una amiga de nuestras “amitas” que lleva un palito y unos pequeños cascabeles colgados de él, para que con el sonido, la gente por la calle  la perciba y la deje pasar; al parecer vais siempre despistados y ya ha tenido algún susto. Le gustamos mucho y nos trae regalitos. Pese a tener una visión muy baja es buena pintora y hace exposiciones; cuando viene trae fotos de sus cuadros y la verdad es que, al verlos, se comprende que, además de con la vista, también se pinta con el corazón. Si queréis ver sus pinturas podéis hacerlo en: “arrontes arts”, creo que se llama una página web.

Otra amiga de mis “amitas”, viene bastantes veces y deja que nos acerquemos y hasta nos acaricia pero no le gusta demasiado el contacto con los animales. Es muy buena amiga de “Osa-menor” y en su presencia solemos estar cariñosos pero sin pasarnos, aunque no siempre lo conseguimos, pues mi hermano Sol está loco porque le hagan masajes, no comprende que hay personas que no son afines con nuestra energía, pese a todo ella lo lleva muy  bien.

Un día vino una joven, que resultó ser sobrina y nieta de nuestras “amitas” y un chicarrón que era su pareja; llevaban una caja con ruedas, pero ésta no se llama transportín sino maleta. Tras abrazarse y besarse nos presentaron a nosotros, que estábamos allí observando y olisqueando, pues supongo que ya sabéis que nosotros nos guiamos mucho por el olfato.

Al llegar la noche, “Osa menor” se quedó en nuestra habitación. Nunca antes lo había hecho y tanto a Sol como a mí nos hizo mucha ilusión; yo me puse a los pies de la cama y como todavía era un cachorro tenía muchas ganas de jugar y, cuando ella movía los pies, yo saltaba sobre ellos y los mordisqueaba, para mí era un juego, pero al parecer a ella le hacía daño y no la dejaba dormir. Mi hermano, que es más mimosón, de vez en cuando se metía con ella en la cama, estaba un ratito y luego volvía a salir.

No se volvió a repetir la experiencia hasta que vinieron otros familiares. Éstos resultaron ser el hijo y hermano de nuestras “amitas” y su esposa. Enseguida vimos que les gustaban los animales, así que aprovechamos para retozarles por las piernas y ganarnos su cariño, cosa que no nos costó nada.

Hemos comprobado que cada vez que viene alguien con maletas “Osa menor” duerme en nuestra habitación o al menos lo intenta; yo he madurado un poco y creo que ya me porto mejor; además, como la última vez hacía calor, dejaron todas las puertas abiertas y nos paseamos por todas las habitaciones, algún susto que otro dimos, pero fue divertido.

Por las conversaciones que escuchamos todavía falta por venir otro sobrino y nieto de nuestras “amitas” y su pareja, así que cualquier día tendremos una sorpresa y la volveremos a disfrutar.

Esta vez tampoco puedo poner fotos de las personas de las que hablo, por eso del respeto a la imagen o algo así, pero pondré otras fotos que os gustarán.

Hoy voy a terminar contando un secreto, pero no lo digáis a nadie, porque pensarían que “Osa menor” ha perdido la cabeza. Con paciencia, me está enseñando a restar y la verdad es que no lo encuentro muy difícil. Cuando ya llevábamos unas cuantas lecciones me puso un problema que decía: Lunita, si tienes 140 euros y te quito 120 ¿cuántos te quedan? y yo tras pensarlo un poquito, porque ya eran cantidades grandes, lo tuve claro y cogí el billete de 20 euros. Mis amitas se rieron y me dieron un abrazo ¡debí de hacerlo bien!

Hasta la próxima semana, gracias por seguirnos. Arrumacos, Sol y Luna.

 

 

ANIMALES CON CORAZÓN (IX)

CAPÍTULO NOVENO: NUESTROS VECINOS

 

Hoy dedico el capítulo a compartir con vosotros la “visión gatuna” que tenemos de nuestros vecinos, partiendo de que todos son buenas personas y amantes de los animales.

Empezaré por los de la casa, a cuyo patio va de excursión mi hermano Sol. Estos vecinos tienen dos hijos: la hija es  una joven guapa, que estudia y le gusta el deporte. Un día que estábamos los dos asomados a su patio nos hizo fotos y salimos en Facebook (creo que se dice así, aunque en realidad no entiendo lo que es). Hay veces que viene con amiguitas a casa y ponen música marchosa; nosotros no sabemos bailar, pero disfrutamos escuchando y mirando.

El hijo es algo mayor que su hermana, también es alto y guapo, estudia y le encanta la música. Toca muy bien la guitarra y  ahora está probando con otro instrumento que no sabemos como se llama, pero que produce unos sonidos muy fuertes y raros; ayer nos sorprendió con ésto, escuchamos un rato, pero después decidimos retirarnos hasta que consiga mejorar (ya sabéis que los gatos tenemos el oído muy delicado). A este vecino, virtuoso de la música, también le gusta cantar y se atreve con todo: lírica, baladas, rap o reggaetón (veis que estoy puesta al día) y aunque no lo haga muy bien, le pone tanta pasión, que solo por eso ya hay que escucharle.

Tenemos otros vecinos a los que vemos y escuchamos cuando están en sus terrazas; les miramos con mucha curiosidad, pero no podemos saltar tan alto, aunque nos gustaría, porque hay un niño, que a veces ha venido a visitarnos, al que le gustan muchos los gatos. Ellos tienen un perro que no ladra y es muy bueno.

Estos vecinos también tienen otro hijo mayor que estudia para cocinero, de esos de “alta cocina”, él no ha venido a jugar con nosotros, pero quizás un día traiga alguna delicia de las que hace y nos la dejen probar. No hay que perder nunca la esperanza, aunque “Osa menor” es muy estricta con eso de las comidas, nos dice que hay que tener control, no entendemos muy bien lo que significa, pero si ella lo dice será verdad.

En la otra terraza, que da a nuestro patio, viven otros vecinos que acaban de convertirse en papás de una niña pequeñita muy guapa. Nosotros estamos muy contentos, porque seguro que pronto se asomará a nuestro patio y, como a los niños les gustan los animales, tal vez venga algún día y podamos jugar juntos un rato.

Hay más vecinos, pero sus terrazas no dan a nuestro patio, así que no los vemos tanto. Un día vino una niña a conocernos y a enseñarnos su mascota, un hermoso perrito blanco. Nos gustaría jugar con él, aunque ya sabemos que no podemos jugar con todas las mascotas de la comunidad.

A propósito de mascotas, Fiona, la gata de los vecinos, ha vuelto ya de sus vacaciones y hace unos días nos dio otro susto. Suerte que “Osa menor” oyó sus impresionantes maullidos y salió al patio corriendo y no pasó nada. Le han ido muy bien las vacaciones a la condenada gata, porque está más ágil y saltó la pared sin dificultad. Ésto es bueno para ella, pero para nosotros no.

Nuestra “amita” también se dio cuenta de lo ágil que había vuelto Fiona, así que cambió un armario de sitio para ponérselo más difícil. Por ahora no ha vuelto a pasar a nuestra casa, parece que el cambio ha hecho efecto, pero Sol, siempre está de excursión, si no pasa por un lado lo hace por otro, no hay quien lo detenga.

“Osa menor”, cuando nos ve mirar hacia casa de los vecinos con tanto “descaro”, nos dice que se siente un poco avergonzada, porque violamos el derecho a la intimidad y no sé que más, la verdad es que no entendemos lo que quiere decir, pero aún así no habrá fotos de los vecinos, no queremos que se enfaden.

Para ilustrar un poco el capítulo de hoy pondré alguna foto del día que “Osa menor” hizo cambios en el patio para dificultar las excursiones gatunas. La verdad es que nosotros pusimos mucho interés en examinar los cambios y en ayudarla, aunque no se si lo conseguimos. Vosotros ¿qué opináis?

Voy a terminar recordando a los niños que piden a sus papás una mascota, que los animales no somos juguetes, que somos seres vivos y que necesitamos cariño, cuidados y atenciones. Así que, ya sabéis, si queréis una mascota antes tenéis que aprender a ser responsable.

Hasta la próxima semana y, como siempre, gracias por visitarnos.

ANIMALES CON CORAZÓN (VIII)

CAPITULO OCTAVO: LAS DESAPARICIONES DE MI HERMANO SOL

Tras contaros, la semana pasada, el porqué de los nombres de nuestras “amitas”, en esta entrada voy a compartir algunos de los sustos que nos “regala” mi hermano Sol. Ya van dos veces que desaparece, porque “se mete donde no debe o no sale cuando debe”.

Aquí estoy yo vigilando el sueño de “Osa mayor”, ella madruga menos que nosotros.

Esta vez, no hay fotos para documentar lo que explico, así que pongo otras que nos han hecho en diferentes momentos. Espero que os gusten.

La primera vez que Sol desapareció, estábamos solos con nuestra “amita Osa menor”; ésta, en un momento dado, se dio cuenta de que no veía a mi hermano y empezó a buscarlo por todas partes. Abría las puertas, las cerraba, buscaba por dentro y por fuera, lo llamaba, pero Sol no aparecía ni se oía por ningún lado. Yo la seguía a todas partes porque en su rostro había preocupación y se me contagiaba ¿dónde se había metido Sol? -nos preguntábamos las dos.

Ante la infructuosa búsqueda y con cierto desaliento, “Osa menor”, decidió sentarse y relajarse un poco. Yo la seguía de cerca y al aproximarnos al sofá ya sentí el olor de mi hermano; la quise avisar pero no tuve tiempo (ésto de no hablar el mismo idioma dificulta y enlentece muchos las cosas). Cuando derrotada se sentó, le dio a un botoncito que tiene el sofá y empezó a elevarse la parte de los pies; en éstas estábamos cuando apareció Sol “más feliz que unas castañuelas”.

El hueco que queda debajo del sofá nos encanta a los dos para meternos y jugar dentro, pero yo, cuando veo que aquello, que parece una puerta, comienza a bajar, salgo rápido y no hay problema, pero él se lo toma con mucha calma y aquel día, al parecer, se retrasó demasiado.

Si he de ser sincera, cuando lo vi, sentí ganas de morderle una oreja, pero pudo más mi alegría y le empecé a lamer; nuestra “amita” reía emocionada.

Sol, en una de sus poses favoritas.

Hace unos días, Sol volvió a desaparecer. Esta vez estábamos los cuatro. De nuevo idas y venidas, abrir y cerrar de puertas, llamadas sin respuesta, mirar en el patio de los vecinos e inquietud. Pasaba el tiempo y Sol no aparecía; sabemos que de casa no puede marchar, salvo a casa de los vecinos, pero a “Osa menor” siempre le gusta saber donde estamos los dos. Era casi la hora de cenar y Sol seguía desaparecido. De pronto, parece que a nuestra “amita“ se le encendió una luz, se levantó y se dirigió hacia el trastero. La puerta de esta pequeña habitación está casi siempre cerrada, pero aquel día, al parecer, estaba abierta y Sol aprovechó la oportunidad y se coló dentro. “Osa menor”, una de las veces que pasó por allí, sin percatarse de que mi hermano estaba dentro, la cerró. El final ya lo imagináis, allí estaba Sol, relajado y revolviendo las cosas a sus anchas. ¿Para qué bufarle o reñirle? Si se le presenta la ocasión lo volverá a hacer. Así que dejamos que aflorara la alegría y la emoción, yo le lamí con ganas y “Osa menor” lo abrazó. De nuevo los cuatro juntos…

Y hablando de emociones, os voy a contar una experiencia que tuvimos hace pocos días. Una amiga, a la que le gustan mucho los animales, le mandó a “Osa menor” un vídeo de gatos maullando y se puso a mirarlo con “Osa mayor”.

En aquel momento, como muchas otras veces, yo estaba sola en el patio. Cuando empezaron a maullar los gatos del vídeo, corrí dentro de casa asustada pensando que a Sol le pasaba algo. Yo subía al sofá, bajaba, maullaba, no sabía qué hacer, mi hermano no estaba y tal vez me necesitaba. Suerte que este estado de excitación no duró mucho, porque a Sol le pasó lo mismo, cuando escuchó los maullidos de los gatos del vídeo, abandonó su excursión, de un salto regresó a nuestra casa y vino corriendo para ver si me pasaba algo a mí ¡que bonito fue encontrarnos los dos! Allí, delante de nuestras “amitas” que estaban sorprendidas por nuestra reacción nos empezamos a lamer, a acariciar y a olisquear; es nuestra forma de demostrar el cariño que sentimos el uno por el otro. Nuestras “amitas”, emocionadas se miraron y dejaron de ver el vídeo de los gatos.

¡Qué bien se está cuando se está bien!

¿Alguien piensa que los animales no tenemos sentimientos? Si  es así que cambie de opinión. Que no nos expresemos como vosotros no significa nada, tampoco vosotros os podéis expresar como nosotros; pero que nadie dude que sentimos miedo, dolor, alegría y muchas cosas más, que ofrecemos nuestro cariño y agradecemos el que nos dan. Por tanto, termino esta entrada diciendo:

“Por favor, respetad a los animales, porque el maltrato de un ser vivo nunca puede justificarse”.

Gracias!!!.

ANIMALES CON CORAZÓN (VII)

CAPITULO SÉPTIMO:  SOL SE DESPIDE Y LUNA TOMA LA PALABRA

A partir de este capítulo, será mi hermana Luna la que os dará su punto de vista sobre los acontecimientos, pero antes de despedirme quiero dejaros unas fotos que ponen de manifiesto mis rasgos más sobresalientes, según el parecer de mis “amitas”.

Dicen que soy “valiente” y “mimosón”; lo de valiente quizás porque salto mucho ¡eso sí que lo hago bien! y porque me aventuro, tal vez demasiado, a descubrir nuevos espacios y a meterme en ellos, pero ya quedó claro en el capítulo anterior que valiente, lo que se entiende por valiente, no soy .

Lo de mimosón es porque me gusta mucho que me acaricien, sobre todo la barriga. Nosotros nos lamemos, pero los masajes hechos por las manos de nuestras “amitas” me hacen sentir en las nubes; además, cuando me acarician dicen palabras en un tono de voz, que a primera vista, podrían parecer sin sentido, pero conmueven mi corazón.

Los rasgos de mi hermana son distintos, ella no se pierde detalle de nada, en cuanto algo se mueve ya está con el ojo medio abierto y, claro, se entera de muchas más cosas que yo y también dicen que tiene algo de “psicóloga”, si es que ésto se puede decir de un gato, pero eso ya lo iréis viendo en sus escritos.

Aunque a partir de ahora yo no escriba, estaré pendiente de vuestras visitas y comentarios. Mil gracias a todos, Miau, miau.

***

Queridos niños y mayores, ya me conocéis, soy Luna y ahora seré yo la que acudiré a la cita semanal.

Empezaré explicando el por qué del nombre de nuestras dos “amitas”: “Osa mayor” y “Osa menor”. Como ya os dijo Sol les pusimos un nombre para poderlas distinguir en nuestras conversaciones gatunas, pero ¿por qué ese nombre? Bueno, para empezar, os recordaré que somos gatos y mucha “lógica” no tenemos, pero, partiendo de lo que hay, decidimos ponerles ese nombre porque un día escuchamos decir que alguien o algo era tierno como un “osito de peluche” y llegamos a la conclusión, acertada o no, de que los osos eran tiernos, así que decidimos que a nuestras “amitas” las llamaríamos “osas” porque son muy tiernas y lo de “mayor y menor”, ya lo imagináis, porque la una es la mamá de la otra.

A “Osa mayor”, nosotros la vemos bien, aunque la verdad es que apenas se mueve de su sillón, camina con una muleta y solo sale a la calle acompañada. Este invierno como éramos pequeñitos nos poníamos los dos en su regazo y “Amita menor” nos hacía fotos y también nos hizo a los tres una poesía que podéis leer en este blog, en la categoría de poesía. Nuestra “amita” no es poeta, pero le pone buena intención.

En esta foto estamos con “Osa mayor” y como podéis ver, mi hermano Sol duerme como un lirón y yo estoy traspuesta, pero también atenta a lo que pasaba, por eso sé lo de la foto y la poesía.

Como os digo, “Osa mayor” se pasa muchas horas sentada en un sillón que casi se puede convertir en cama y allí sentadita lee, hace sopa de letras y cruzadas en una cosa que llamáis “tablet”, es una aparato muy raro, que nos descoloca un poco, pues a veces salen voces de ella y por mucho que miramos y buscamos no vemos a nadie.

Otras veces, “Osa-mayor”, coge un librito, que siempre tiene cerca y se pone a leer un poco, enseguida saca un pañuelo y se lo lleva a los ojos. Os preguntaréis la razón, pero si seguéis leyendo pronto lo comprenderéis.

Cuando vinimos a esta casa, que ahora ya consideramos nuestra, vimos que a la que hoy llamamos “Osa menor” le gustaba jugar mucho con el ordenador, ahora ya sabemos que se llama así. Nosotros saltábamos encima de la mesa y también queríamos jugar con él, pero ella sin enfadarse nos lo impedía.

Un día, el saltarín de mi hermano, saltó desde el suelo y aterrizó justo en las teclas de ese aparato y empezaron a salir letras y signos muy  raros; nuestra “amita” se asustó porque pensó que le había borrado lo que estaba escribiendo y entonces algo preocupada nos explicó que esa rayita que parpadea en la pantalla se llama “cursor” y aunque se mueva no se puede coger y también nos dijo que no debíamos jugar con el ordenador, porque ella estaba escribiendo relatos y se los podíamos borrar.

Pese a ser humana, se explicó tan bien que lo entendimos a la primera y los dos decidimos ayudarla, aunque eso no quiere decir que hayamos cesado en el intento de coger esa rayita que no cesa de parpadear.

Dicho y hecho, para nosotros fue fácil, pues ya sabéis que desde tiempos remotos a los gatos nos han atribuido poderes mágicos, así que nos pusimos manos a la obra (tal vez debería decir, patas a la obra) y al poco tiempo el sueño de nuestra “amita Osa menor” empezó a tomar forma y publicó un pequeño libro de relatos y cuentos, titulado “Más allá de las palabras”.

Bien, pues ése es el librito que emociona a “Osa mayor”. Aunque ella no lo dice, nosotros creemos que casi siempre lee el primer relato, pues al parecer se refiere a su marido, que también se fue con los ángeles, como nuestra madre, y a ella le gusta recordarlo. Debió de ser una buena persona, pues “Osa menor” cuando lo escribía siempre tenía el pañuelo cerca y se secaba los ojos y la nariz. Nosotros como éramos muy pequeñitos no sabíamos por qué lo hacía, ahora ya sabemos que lloraba porque sentía la misma pena que sentíamos nosotros cuando vimos que ya no volveríamos a ver nunca a nuestra mamá.

Pero no quiero terminar con tristeza mi primer relato, así que sacar lo positivo de él: la felicidad que la adopción proporciona a un animal huérfano o abandonado y el cariño y la ternura que nosotros regalamos, eso sí, a nuestra manera. Tampoco hay que perder de vista que somos animales, pero que si habitamos en el planeta, nuestra existencia está justificada y que la comprensión y el cariño hacia el mundo animal nos enriquece y beneficia a todos.

No olvidéis que la próxima semana tenemos otra cita. Quería decir, a modo de sugerencia, que, además de nuestras vivencia, “Osa menor” publica otras cosas en el blog que también podéis encontrar interesantes, ella las ofrece como un regalo. ¡Gracias por vuestra fidelidad!

ANIMALES CON CORAZÓN (VI)

CAPÍTULO SEXTO: NUEVOS ESPACIOS PARA DESCUBRIR

Cuando dejó de hacer frío, nuestra “amita Osa-menor” nos permitió salir a un patio que tiene la casa y que durante el invierno ya habíamos visto desde los cristales ¡vaya suerte, tener un lugar como éste para nosotros solos -pensamos mi hermana y yo, pero no tardamos en descubrir que solos, lo que se dice solos, no estábamos, ahora os lo explico.

En el patio de al lado hay una gata negra, ya entrada en años, que se llama Fiona. Los vecinos son buenas personas y creo que me tienen cariño, así que disfruto pasando a su casa; mi hermana Luna no tiene ningún interés en ésto, ella con mirar desde un lugar estratégico ya tiene bastante; hasta me bufa, a veces, cuando regreso de la “excursión”, quizás porque traigo el olor de Fiona. La verdad es que no sé si mi hermana no pasa porque no le interesa o es porque tiene miedo.    

Nuestras “amitas” dicen que soy valiente, pero si he de ser sincero valiente no soy, tal vez algo arriesgado… Cuando paso y Fiona me ve, viene corriendo hacía mi y al verla tan gorda, tan negra y tan enfadada, me empiezan a temblar las patas y no se qué hacer; trato de esconderme debajo de alguna planta y ella hace un ruido muy raro, pero hasta ahora no me ha hecho daño. Pese a las advertencias y a los sustos que me llevo, pasar a casa de los vecinos es una curiosidad que hasta ahora no he podido vencer, igual algún día lo consigo.

Un día, de los que se enfadó Fiona y vino hacía mí, quise subir la pared que separa las dos casas y de los nervios resbalé y caí en la pila de agua de una tortuga que tienen. Uf! Que peste llevé conmigo. Mi “amita” me cogió y tras aleccionarme con cariñó me acercó a una manguera y de pronto empezó a salir agua ¡otro susto! Vaya día que llevaba…pero no pasó nada, ella fue tirando el agua sobre mi pelaje y sobre mis patas y poco a poco el mal olor desapareció.

Si Fiona quisiera ser nuestra amiga podríamos jugar los tres, aunque ella ya no está para muchos trotes. Ahora se ha ido de vacaciones y yo sigo visitando el patio vecino e intento hacerme amigo de la tortuga, pero tampoco está muy receptiva.

No consigo aprender, donde mi instinto me llama allí voy. “Osa menor” me dice muchas veces: Solete tienes que aprender, Fiona no quiere ser tu amiga y ese es su territorio; reconozco que tiene razón, pero no consigo reprimir mi instinto. Hay días que no paso, pero es porque no me apetece, no porque haya aprendido. Los humanos tenéis suerte, porque podéis razonar y superar vuestros instintos, pero nosotros…Claro que por las noticias que, de vez en cuando, escuchamos, muchos no razonan demasiado, pese a ser “animales racionales”, porque hacer guerras, maltratar a mujeres y niños y hacer daño a los animales, éso me parece que no es de mucho razonar.

Aquí véis una foto de Fiona, encima de un armario de nuestra casa, solo nos mira y nosotros la miramos desde abajo, pero cuando baja es horroroso como se pone, nosotros corremos hacía la casa y ella nos sigue toda hinchada y gritando mucho; no nos pilla porque es mayor y está muy gorda, pero nos mete cada susto…y eso que éste es nuestro territorio, pero ella tampoco lo comprende, porque, como os digo, somos gatos y nos guiamos por nuestros instintos.

Hoy tenía que darle paso ya a mi hermana Luna, pero me ha dicho que ya que soy yo el que “explora”, que ésto lo tenía que contar yo,  luego ella contará su parecer. 

Como siempre gracias por seguirnos y por vuestros comentarios. No nos olvidéis.

Sol, Miau, miau

ANIMALES CON CORAZÓN (V)

CAPÍTULO QUINTO: LA LLAMADA DE LA NATURALEZA

Me hago el dormido porque exponer mis intimidades me produce pudor.

Como ya sabéis Luna y yo somos hermanos y siempre hemos sido muy buenos amigos. Pese a ello, durante unos días sentí dentro de mí una fuerza desconocida que me impulsaba a hacer cosas que nunca antes había hecho. De pronto, veía a mi hermana y me tiraba encima, la agarraba del cuello y la montaba, como si fuera un caballo. Ella no entendía mi actitud y se tiraba al suelo emitiendo un maullido de desaprobación. Los dos terminábamos jugando hasta que me volvía la fuerza arrebatadora.

Si nuestra “amita Osa menor” nos sorprendía en esos momentos, decía mi nombre en un tono más fuerte del habitual, como si me reprendiera, luego se acercaba y me decía “Solete” pórtate bien, no le hagas eso a “Lunita” (casi siempre nos llama así). Es tan cariñosa que a mí me hubiera gustado complacerla, pero cuando me llegaba el impulso, no era capaz de controlarlo.

En ese periodo estábamos, cuando, un día, “Osa menor”, delicadamente, nos metió en el transportín, nos volvió a rociar con el líquido relajante y salimos los tres a la calle.

Nosotros estábamos inquietos, no sabíamos adonde íbamos, pero confiábamos en ella y el líquido relajante, que llamáis spray, hizo milagros. En realidad, ella también se lo debería haber rociado por encima, porque la notábamos preocupada.

Cuando quisimos darnos cuenta, “Osa menor” estaba con la primera “amita” que tuvimos, la que nos daba el biberón ¡qué alegría nos dio verla! Ella también se alegró de vernos y nos hizo unas cuantas caricias a los dos. Al poco rato, entramos los cuatro, nuestras dos “amitas” y nosotros, en un lugar en el que había gente con batas azules y olía un poco raro; nosotros seguíamos muy relajados, pero vimos que, tras saludar y hablar con alguien, nuestras “amitas” se marcharon.

No tardaron en venir hacia nosotros dos personas con bata azul y mascarilla, nos cogieron con mucha delicadeza y nos colocaron a cada uno sobre una mesa. Solo recuerdo un ligero pinchacito. Cuando pude volver a abrir mis ojos gatunos de nuevo me encontré en la cajita con ruedas y, aunque me sentía algo mareado, fui consciente de la ausencia de mi hermana.

Un poco más tarde llegaron nuestras dos “amitas”, me tranquilicé al verlas y sobre todo al recibir sus caricias. Pasados unos segundos, una de las persona con bata azul trajo a mi hermana, estaba dormida y su lengua asomaba por su pequeña boquita. Su aspecto impresionaba; no tardó en despertar, pero entonces le pusieron una cosa parecida a una campana alrededor de su cuello. Cuando salimos de la casa de las batas azules, que ahora ya se que se llama clínica veterinaria, hicimos el viaje de regreso, mi hermana no venía conmigo, la llevaba nuestra primera “amita” en otra cesta, con mucho cuidado.

Llegamos a casa ¡hogar dulce hogar! Yo estaba bien, solo un ligero dolor entre las patas traseras, algo más abajo de la cola, nada importante, los gatos somos fuertes.

A mi hermana, por el contrario, le faltaba pelo en la barriguita, donde tenía una pequeña herida y con aquel artilugio en la cabeza parecía un extraterrestre en miniatura, aunque no se por qué digo ésto ya que nunca he visto ninguno. Luna pasó unos cuantos días con aquella cosa alrededor de su pequeña cabeza;  estaba incómoda y al principio se la quería quitar, incluso yo le ayude en la tarea, pero no lo conseguimos. Cuando llegó el momento, “Osa menor”, se la quitó en un”plis plas” y mi hermana Luna, por fin, quedó liberada.

Es curioso, pero desde que visitamos la casa de las batas azules no he vuelto a sentir la necesidad de subirme encima de mi hermana, aquel impulso desapareció y solo quedó el vínculo de sangre y el de la amistad, que cada día potenciábamos más lamiéndonos el uno al otro.

Por favor, no olvidéis que la próxima semana publicaremos el siguiente capítulo, después, será mi hermana Luna, la que continuará. Creo que ya comenté que nos gustaría publicar nuestras vivencias en forma de cuento y con las ganancias colaborar con las protectoras de animales. ¿Qué os parece la idea? Se aceptan sugerencias. De nuevo gracias a todos los que estáis siguiendo nuestros relatos.

 

 

ANIMALES CON CORAZÓN (III)

CAPÍTULO TERCERO: LAS ADOPCIONES

Un día, nuestros ángeles protectores tuvieron visita, primero solo escuchamos sus voces, luego vinieron a vernos y, tras un rato de observarnos y de conversaciones entre ellos, decidieron adoptar a mi hermano. He de reconocer que mi hermano era tan guapo o más que yo. Nos quedamos tranquilos, parecían buenas personas.

Aún así, aquella noche, nos costó un poco conciliar el sueño; el momento de separarnos estaba próximo a llegar y aunque somos animales, pese a lo que algunos piensan, os puedo asegurar que echamos a faltar la compañía y el cariño e incluso podemos enfermar de soledad.

Otro día, vinieron más personas a la casa, pero no parecían estar interesados en nosotros. Hablaban de otras cosas que yo no entendía, aunque más tarde comprobé que a todos les gustaban los animales.

Cuando estas personas llevaba allí un buen rato, sentimos pasos y la cortina que nos cubría se levantó. Yo estaba cerca de la puerta de nuestro cobijo, pues, como sabéis, ejercía de hermano mayor. Cuando quedamos al descubierto, pese a tener los ojos todavía medio cerrados, vi una mano que se acercaba, una cabeza con cabello blanco, casi como el de mi hermana y un corazón sobrado de ternura; bueno, eso no lo vi, solo lo percibí y entonces busqué los ojos de aquella cabeza y le lancé una mirada llena de encanto. No podía ser de otra manera, cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí que su corazón se aceleraba.

-Ay! Qué gatitos -dijo, y me tomó entre sus manos.

Yo empecé a gatear sobre su brazo, quería impresionarla y demostrarle que ella a mí también me gustaba.

-Llévate el gatito -le decían.

Ella se resistía, no por falta de ganas, sino porque no entraba dentro de sus planes tener un gato. Yo me subí hasta su hombro para que se pudiera admirar mi pelaje anaranjado. Ella me acarició.

-Estoy perdida -dijo al momento y fue cuando supe que la había conquistado.

-¿Qué pasará con mis hermanitas? -pensaba yo. Entonces alguien del grupo, que entendía de gatos, dijo:

-¿Por qué no te llevas dos?

Y la que me llevaba en brazos contestó:

-¿Quéeee? pero si yo nunca pensé adoptar un gato ¿cómo voy a adoptar dos?

El grupo la animaba; ella se debatía entre la duda; por ganas se hubiera llevado a los cuatro pero, al parecer, damos trabajo y gasto.

Me dejó junto a mis hermanos y ellos volvieron a su trabajo. Al acabar la tarde volvió a mirarnos y finalmente se decidió: nos adoptaba a los dos, a mi con el nombre de Sol y a mi hermana siamesa, le puso el nombre de Luna.

Como todavía éramos muy pequeños no nos pudo llevar con ella, pues al parecer, necesitaba una autorización, así que seguimos los cuatro en aquella casa en la que con tanto mimo nos cuidaban.

¿Qué pasará conmigo? -Decía temblorosa mi hermana blanquita.

La duda pronto se disipó, pues unos días más tarde, llegó otra visita y la adoptó. Salvo mi hermana siamesa y yo, los demás iban a estar solos, pero las personas que vinieron a adoptarlos nos gustaron y sabemos que los dos están bien.

……………………………

Si te ha gustado, por favor pásalo a los “amigos de los gatos” y no dejes de visitarnos la próxima semana que ya estaremos en nuestra casa de adopción. Gracias!!!

ANIMALES CON CORAZÓN (II)

LAS VIVENCIAS DE SOL Y LUNA

 

 

CAPÍTULO SEGUNDO: GRUPO DE AYUDA A LA PROTECTORA

 

En una de esas idas y venidas con su furgoneta, nuestro desconocido protector nos sacó de ella y nos puso al sol; supongo que para que recibiéramos algo de calor. Agradecimos el detalle, porque, aunque no lo he dicho antes, nacimos en la montaña a finales de septiembre y el frío ya se dejaba sentir en nuestros débiles cuerpos.

Éste es el lugar en el que nacimos.

Estábamos desorientados y sin saber qué sería de nosotros. Mis hermanos me miraban en busca de respuestas ¡qué para algo ejercía de hermano mayor! Pero yo estaba asustado y débil como ellos y aunque intentaba no transmitirles mi miedo, dudo que lo consiguiera. Con los ojitos aún casi cerrados y flacuchos como estábamos, teníamos más cabeza que cuerpo y cuando miraba a mis hermanos pensaba: ésto se acaba, si no se produce un milagro.

Como nadie parte de este mundo hasta que no es su hora, el milagro se produjo. Para nosotros aquella persona fue como un ángel, aunque careciera alas. También iba en una cosa de esas que llevan ruedas y sacan humo por detrás. Cuando nos vio, se detuvo, se acercó a nosotros y se fue directa en busca del señor que recogía trastos viejos. Aunque lo intenté, no pude escuchar lo que decían, pero lo importante es que regresó al lugar donde estábamos y con mucho cuidado nos llevó con ella.

El hombre de la furgoneta, había hecho poco por  nosotros, no por mala intención, sino porque tenía otras obligaciones que atender, para conseguir el sustento diario; nosotros más bien éramos un estorbo para él, pero aún así nos recogió, protegiéndonos sobre todo del frío. No pudimos decirle adiós, así que desde aquí le doy las gracias por lo que hizo.

El ángel sin alas que nos recogió pasó su mano por encima de nuestros débiles cuerpos, nunca antes nos habían acariciado, los gatos nos lamemos, pero vosotros los humanos tenéis otra forma de demostrar afecto, en aquel momento lo descubrí.

Nuestro recorrido por la vida no había hecho más que empezar. Al parecer, aquel ángel, del que desconozco su nombre, no tenía sitio para cuidarnos y nos llevó a otro lugar. Estábamos temblorosos, sin apenas energía y con un gran interrogante ¿dónde iríamos a parar?.

Cuando, finalmente, llegamos al lugar, nos estaban esperando otros dos ángeles. Al parecer en la tierra hay más ángeles de los que pensaba. Ya tenían preparado un lugar bastante amplio y confortable, donde nos colocaron con mucho cariño. Nosotros solo podíamos dar pequeños gemiditos para demostrar nuestro agradecimiento. Al poco rato nos vimos sorprendidos con un biberón de leche templadita que nos resucitó y aclaro algo nuestra percepción.

Mis tres hermanitos y yo

Pasamos unos días muy bien atendidos, en aquel hogar. Cuando recuperamos las fuerzas se nos permitió salir y pasear por la casa. ¿Sabéis  qué descubrimos? Que había  muchos juguetes y seis gatos más, todos grandes y rollizos!

Con aquellos dos ángeles de acogida pasamos casi dos meses y nos cuidaban muy bien, pero, diez gatos en un piso, son demasiados gatos… Les tomamos cariño y ellos a nosotros, aún sabiendo que tenían que buscarnos un nuevo hogar.

Curiosamente, los gatos grandes que vivían en la casa, no se alegraron al vernos, nos bufaban y desde el primer momento dejaron claro que ellos eran los dueños de aquel territorio.

En el silencio de la noche se hacían más evidentes nuestros miedos.

-¿Qué pasará con nosotros? -Decía mi hermana pequeña, algo angustiada.

-Seguro que estaremos bien -le decía yo, aunque no lo tenía tan claro como aparentaba.

Mi hermano atigrado, confirmaba mis palabras, tal vez, para disminuir el temor de nuestra hermana.

La siamesa, con sus ojos redondos y azules, nos miraba y apenas decía nada; creo que a ella, nuestras palabras no la engañaban.

…………………………………..

 

Creo que la ternura y el amor no distinguen si el corazón del que brotan está sostenido por cuatro patas o por dos. Por favor, disculpad mi falta de objetividad, ésta es solo la opinión de un gato común y nada versado en ciencias profundas.

Os esperamos la próxima semana, que publicaremos el capítulo de la adopción.

Arrumacos de Sol y Luna