ANIMALES CON CORAZÓN (IV)

 

CAPÍTULO CUARTO: NUESTRO NUEVO HOGAR

En la “casa-cuna” de acogida estábamos como en el cielo. Nos trataban con mucho cariño y nos lo pasábamos “pipa” subiendo y bajando por una estructura especial que había para gatos, eso sí, cuando los gatos grandes no nos veían.

Pasaron los días y de nuevo vinieron aquellas personas que para nosotros eran especiales y que hablaban de cosas que no entendíamos. Tras los saludos,  salieron a vernos y se asombraron de lo mucho que habíamos crecido. Todos fueron muy cariñosos y especialmente la que nos había adoptado, que estaba deseosa de llevarnos con ella.

Cuando llegó el momento de marcharse, se acercaron con algo parecido a una caja con ruedas y con mucho cuidado nos metieron dentro a mi hermana Luna y a mí. Nunca habíamos ido en una cosa así, no nos gustó mucho pero echaron un líquido dentro de la caja que nos fue relajando y marchamos los dos con nuestra nueva “amita” y otra compañera del grupo, que también le gustaban los gatos, pero que por razones de espacio no podía adoptar ninguno. Por el camino, aunque un poco adormilados, recordábamos a la pareja de ángeles que nos había cuidado tan bien y a Blanquita, nuestra hermana pequeña, que había quedado sola, pero que, como ya sabéis, también la habían adoptado. Nos despedimos de ella, como lo hacemos los gatos y emprendimos nuestro camino en la vida. No olvidéis que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias y eso los animales lo sabemos muy bien.

La singular caja en la que íbamos, ahora sé que se llama transportín, rodaba por la calles impulsada por el brazo de nuestra nueva “amita”, que iba tan inquieta o más que nosotros.

-¡Ay, señor!. He adoptado dos gatos. -Se repetía en silencio.

Finalmente llegamos a la casa, pero no vimos nada, porque directamente nos llevó a una habitación, abrió el transportín y nos dejó en libertad. Allí no había estructuras, como en la otra casa, pero había cojines, bolsas para escondernos y bonitas cajas de cartón para dormir, aunque no nos pusimos a descansar hasta que no tuvimos todo bien olisqueado e impregnado con nuestro olor.

De vez en cuando se abría un poquito la puerta y asomaba la cabeza nuestra nueva “amita” y al momento volvía a cerrarse al comprobar que estábamos bien, Creo que durmió ella menos que nosotros. Desde entonces esa habitación es nuestro refugio.

A la mañana siguiente, nuestra “amita” abrió la puerta de la habitación y nos invitó a salir. Estábamos un poco temerosos ¡todo era nuevo! Allí no había tantos juguetes, pero vimos a dos personas que nos miraban con mucho cariño y enseguida supimos que tanto ellas como nosotros íbamos a estar muy bien.

En esta foto estamos dentro de una bolsa muy bonita que nos preparó, pero un día a Luna le dio por rascar con sus uñas y la destrozó; buenos he de decir que yo también colaboré un poco.

Una noche, decidimos ponerles nombre para distinguir a nuestras nuevas “amitas” y, aunque no sea muy original, decidimos llamarlas “Osa mayor” y “Osa menor”, porque las dos tienen el cabello blanco y más o menos la misma altura, pero una tiene más edad que la otra, porque es su mamá. ¡tiene suerte de poderla disfrutar todavía!

Mi hermana Luna os contará más cosas sobre ellas, pues ya me está diciendo que si cuento todo yo, ella no tendrá cosas para contar, así que aquí termino este capítulo, que trata del inicio de nuestra vida en adopción, de la suerte que hemos tenido con estas dos almas con cabello blanco que nos han adoptado y de lo agradecidos que estamos con todos los que, anteriormente, nos protegieron y nos cuidaron.

Hola a todos, soy Luna. Algunos os preguntaréis la razón por la que no escribo yo; bien, pues no lo hago porque mi hermano siempre ha ejercido de hermano mayor y algún privilegio debía tener, así que él se expresa antes y yo me expresaré después.

Será una visión algo distinta, pues cada animal tenemos nuestra propia personalidad. 

A Sol le gusta comer de todo y con tal de que lo acaricien y pueda hacer sus escapadas a casa de los vecinos ya está contento. Yo también soy feliz, pero soy un poco más rarita con la comida y me gusta mucho observar, ya podéis ver en la foto que mi mirada es penetrante, bueno, todo lo que puede ser la mirada de una gata.

Ahora, mi aspecto ha cambiado un poco, el pelo del lomo se ha oscurecido y parece que se me cae menos, nuestras “amitas” estaban preocupadas porque no sabían que lo estaba cambiando.

El próximo capítulo tratará sobre “La llamada de la naturaleza” y estoy segura que os gustará.

Gracias por vuestras visitas y comentarios. Os esperamos.

 

CUENTA CONMIGO

Abrazo: Caricias silenciosas que la soledad disuelven; almas que se encuentran, miedos que se pierden.

 

CUENTA CONMIGO

“Cuenta conmigo”, como bien indica su nombre, es un blog que nace con la idea de compartir. Tardé, tal vez demasiado, en decidirme, pero hoy estoy aquí compartiendo mi lento caminar por la vida y por este “papel en blanco” que, pacientemente, espera el goteo de palabras que sobre él voy derramando, unas veces con más acierto que otras.

La mayoría de los relatos publicados son de tipo reflexivo, otros aportan ciertos toques de humor y otros tratan sobre “animales con patas”, pero, sea cual sea el fondo de los escritos, siempre tienen un lenguaje sencillo y una actitud positiva.

Si quieres saber algo más entra en “sobre mí” y si te interesa la reflexión, el respeto tanto por las personas como por los animales y temas similares, no te quedes en la puerta, visita el blog y lee mis entradas.

Sophie, protagonista de varios de mis relatos, a la que presenté ayer “en sociedad”, así como  Sol y Luna, mis dos gatitos adoptados son, por ahora, los personajes más importantes de este blog y cada día les digo: merece la pena continuar porque nos siguen visitando y ellos, a su manera y con entusiasmo, me siguen inspirando.

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