ANIMALES CON CORAZÓN (VII)

CAPITULO SÉPTIMO:  SOL SE DESPIDE Y LUNA TOMA LA PALABRA

A partir de este capítulo, será mi hermana Luna la que os dará su punto de vista sobre los acontecimientos, pero antes de despedirme quiero dejaros unas fotos que ponen de manifiesto mis rasgos más sobresalientes, según el parecer de mis “amitas”.

Dicen que soy “valiente” y “mimosón”; lo de valiente quizás porque salto mucho ¡eso sí que lo hago bien! y porque me aventuro, tal vez demasiado, a descubrir nuevos espacios y a meterme en ellos, pero ya quedó claro en el capítulo anterior que valiente, lo que se entiende por valiente, no soy .

Lo de mimosón es porque me gusta mucho que me acaricien, sobre todo la barriga. Nosotros nos lamemos, pero los masajes hechos por las manos de nuestras “amitas” me hacen sentir en las nubes; además, cuando me acarician dicen palabras en un tono de voz, que a primera vista, podrían parecer sin sentido, pero conmueven mi corazón.

Los rasgos de mi hermana son distintos, ella no se pierde detalle de nada, en cuanto algo se mueve ya está con el ojo medio abierto y, claro, se entera de muchas más cosas que yo y también dicen que tiene algo de “psicóloga”, si es que ésto se puede decir de un gato, pero eso ya lo iréis viendo en sus escritos.

Aunque a partir de ahora yo no escriba, estaré pendiente de vuestras visitas y comentarios. Mil gracias a todos, Miau, miau.

***

Queridos niños y mayores, ya me conocéis, soy Luna y ahora seré yo la que acudiré a la cita semanal.

Empezaré explicando el por qué del nombre de nuestras dos “amitas”: “Osa mayor” y “Osa menor”. Como ya os dijo Sol les pusimos un nombre para poderlas distinguir en nuestras conversaciones gatunas, pero ¿por qué ese nombre? Bueno, para empezar, os recordaré que somos gatos y mucha “lógica” no tenemos, pero, partiendo de lo que hay, decidimos ponerles ese nombre porque un día escuchamos decir que alguien o algo era tierno como un “osito de peluche” y llegamos a la conclusión, acertada o no, de que los osos eran tiernos, así que decidimos que a nuestras “amitas” las llamaríamos “osas” porque son muy tiernas y lo de “mayor y menor”, ya lo imagináis, porque la una es la mamá de la otra.

A “Osa mayor”, nosotros la vemos bien, aunque la verdad es que apenas se mueve de su sillón, camina con una muleta y solo sale a la calle acompañada. Este invierno como éramos pequeñitos nos poníamos los dos en su regazo y “Amita menor” nos hacía fotos y también nos hizo a los tres una poesía que podéis leer en este blog, en la categoría de poesía. Nuestra “amita” no es poeta, pero le pone buena intención.

En esta foto estamos con “Osa mayor” y como podéis ver, mi hermano Sol duerme como un lirón y yo estoy traspuesta, pero también atenta a lo que pasaba, por eso sé lo de la foto y la poesía.

Como os digo, “Osa mayor” se pasa muchas horas sentada en un sillón que casi se puede convertir en cama y allí sentadita lee, hace sopa de letras y cruzadas en una cosa que llamáis “tablet”, es una aparato muy raro, que nos descoloca un poco, pues a veces salen voces de ella y por mucho que miramos y buscamos no vemos a nadie.

Otras veces, “Osa-mayor”, coge un librito, que siempre tiene cerca y se pone a leer un poco, enseguida saca un pañuelo y se lo lleva a los ojos. Os preguntaréis la razón, pero si seguéis leyendo pronto lo comprenderéis.

Cuando vinimos a esta casa, que ahora ya consideramos nuestra, vimos que a la que hoy llamamos “Osa menor” le gustaba jugar mucho con el ordenador, ahora ya sabemos que se llama así. Nosotros saltábamos encima de la mesa y también queríamos jugar con él, pero ella sin enfadarse nos lo impedía.

Un día, el saltarín de mi hermano, saltó desde el suelo y aterrizó justo en las teclas de ese aparato y empezaron a salir letras y signos muy  raros; nuestra “amita” se asustó porque pensó que le había borrado lo que estaba escribiendo y entonces algo preocupada nos explicó que esa rayita que parpadea en la pantalla se llama “cursor” y aunque se mueva no se puede coger y también nos dijo que no debíamos jugar con el ordenador, porque ella estaba escribiendo relatos y se los podíamos borrar.

Pese a ser humana, se explicó tan bien que lo entendimos a la primera y los dos decidimos ayudarla, aunque eso no quiere decir que hayamos cesado en el intento de coger esa rayita que no cesa de parpadear.

Dicho y hecho, para nosotros fue fácil, pues ya sabéis que desde tiempos remotos a los gatos nos han atribuido poderes mágicos, así que nos pusimos manos a la obra (tal vez debería decir, patas a la obra) y al poco tiempo el sueño de nuestra “amita Osa menor” empezó a tomar forma y publicó un pequeño libro de relatos y cuentos, titulado “Más allá de las palabras”.

Bien, pues ése es el librito que emociona a “Osa mayor”. Aunque ella no lo dice, nosotros creemos que casi siempre lee el primer relato, pues al parecer se refiere a su marido, que también se fue con los ángeles, como nuestra madre, y a ella le gusta recordarlo. Debió de ser una buena persona, pues “Osa menor” cuando lo escribía siempre tenía el pañuelo cerca y se secaba los ojos y la nariz. Nosotros como éramos muy pequeñitos no sabíamos por qué lo hacía, ahora ya sabemos que lloraba porque sentía la misma pena que sentíamos nosotros cuando vimos que ya no volveríamos a ver nunca a nuestra mamá.

Pero no quiero terminar con tristeza mi primer relato, así que sacar lo positivo de él: la felicidad que la adopción proporciona a un animal huérfano o abandonado y el cariño y la ternura que nosotros regalamos, eso sí, a nuestra manera. Tampoco hay que perder de vista que somos animales, pero que si habitamos en el planeta, nuestra existencia está justificada y que la comprensión y el cariño hacia el mundo animal nos enriquece y beneficia a todos.

No olvidéis que la próxima semana tenemos otra cita. Quería decir, a modo de sugerencia, que, además de nuestras vivencia, “Osa menor” publica otras cosas en el blog que también podéis encontrar interesantes, ella las ofrece como un regalo. ¡Gracias por vuestra fidelidad!