EL RENACIMIENTO

EL RENACIMIENTO

 

Hoy mi reflexión la he ligado al arte pero, como no es una entrada sobre “Historia del arte”, solamente daré unas pocas “cinceladas” para que quien esté interesado tome el cincel en sus manos y comience a dar forma a su propia obra.

No hace falta ir al un diccionario etimológico para saber que la palabra “renacimiento” significa “renacer”, bien pues el Renacimiento, como fenómeno cultural surgido en Italia en el siglo XV, y cuya característica esencial era su admiración por la antigüedad greco-romana, significó “volver a dar vida” (renacer)  a los ideales que habían servido de inspiración a los clásicos, representando el paso del mundo Medieval al mundo Moderno.

Para llevar a cabo el trabajo que me propongo partiré de una obra mundialmente conocida y reconocida que, a mi humilde entender, es el “summum” de la perfección.

La escultura en cuestión, símbolo del Renacimiento italiano, es el  “David” de Miguel Ángel, esculpida durante los años 1501 – 1504, en un solo bloque de mármol blanco en el que existían diversas fracturas y que tiene más de 5 metros de altura y pesa 5,5 toneladas. ¡Ahí es nada!

La obra representa al David bíblico que se enfrenta y vence al gigante Goliat, solo con algunas piedras y su inteligencia, llegando a convertirse después en el Rey David.

La genialidad de Miguel Ángel es que supo plasmar en una obra, aparentemente sin acción, el triunfo de la inteligencia humana sobre la fuerza física bruta.

Musculoso, bello, con lo ojos fijos en el objetivo, el ceño fruncido, gran concentración, movimiento contenido, el David de Miguel Ángel es considerado el ejemplo perfecto de una escultura en posición de contrapposto (posición de estar de pie con una pierna soportando el peso total del cuerpo mientras que la otra pierna está relajada), permitiendo esta dicotomía encontrar el equilibrio al conflicto emocional entre relajación y tensión, entre el descanso y el estado de alerta para cualquier acción.

La cara de David tiene una mirada seria, penetrante, equilibrada e impregnada de fuerza, capaz de intuir al enemigo mostrando plena auto-confianza, una virtud muy apreciada en el hombre renacentista.

Se dice que la escultura tiene unas desproporciones hechas por Miguel Ángel intencionadamente subrayando con ellas los medios necesarios para ganar una gran batalla: concentración e inteligencia (representada por una cabeza excesivamente grande) y la ponderación en la acción (representada por unos brazos muy largos y unas manos también desproporcionadas)

Al parecer, Miguel Ángel no quiso “vestir” con ninguna prenda esta escultura porque la desnudez simbolizaba al hombre en armonía con la naturaleza, aunque, según dicen, en un principio la escultura contenía algunos elementos de oro en su base que se excluyeron posteriormente y que simbolizaban la nobleza, el esplendor, la sabiduría, la magnanimidad, el poder y la luz en el hombre. Según dicen, el gran artista reconocía que en el interior de cada bloque de mármol había un alma latente cubierta por trozos de piedra y que él, con su trabajo, solo la recuperaba.

Vista la grandeza de esta obra y de su artista, sin ningún afán de compararnos con él, os invito a que, en algún momento de calma, nos imaginemos como un bloque de mármol en el que hay deterioros sufridos, en algún caso, tal vez por la acción de otros, pero en todo caso por nuestra propia ignorancia, negatividad, malos hábitos, odios, repulsas, incomprensiones y un largo etcétera.

Cada vez que decimos “yo soy así”, huimos del esfuerzo que hemos de hacer para evolucionar, para permitir que aflore ese ser cuyo potencial sigue esperando ser activado.

No imagino a Miguel Ángel diciendo ante el descomunal bloque de mármol que no podía hacer nada digno porque estaba fracturado y tenía perforaciones, él con su esfuerzo y conocimiento supo sacar de las imperfecciones la gran obra que hoy todos admiramos.

De aquella gloriosa etapa han pasado aproximadamente 500 años y, sin poderlo evitar, me pregunto qué haría el artista florentino hoy ante del bloque de mármol.

¿Encontraría en la sociedad actual valores dignos de representar en su impresionante obra o volvería a representar los valores inspiradores de los clásicos de la época grecorromana?

Los valores dominantes en la sociedad actual son fáciles de resumir: el deterioro de la capacidad de convivencia entre los seres humanos y de éstos con la naturaleza, la competitividad, el egoísmo y los valores de la ética del mercado, es decir: la naturaleza y el ser humano son “inútiles” salvo que se puedan transformar en capital al ser explotados.

Ante el superfluo y desmedido consumismo, el egoísmo humano permitiendo que medio mundo muera de hambre, mientras el otro medio tira la comida, la manipulación, la violencia, el maltrato, la corrupción y su aceptación, lo tengo claro, Miguel Ángel optaría por modelar la misma escultura, porque no puedo ni quiero imaginar una que represente los principios que rigen hoy nuestra sociedad.

Sí, ya sé que hay muchas personas y grupos que están trabajando a favor de la evolución, y que lo bueno hace menos ruido que lo malo, pero aún así, estaría bien reflexionar y trabajar nuestro propio bloque de mármol para que, con perseverancia y muchas “cinceladas”, podamos llegar a convertirnos en reyes de nuestras propias vidas, consiguiendo que la razón dirija nuestra emociones y podamos vencer algún día a los grandes gigantes que hoy nos manipulan.

Con esperanza,

Feliz reflexión!

TRISTEZA

TRISTEZA

No pensaba escribir nada sobre este tema, pero es difícil permanecer en silencio ante determinadas situaciones. Creo que tengo las ideas claras y durante todos estos días he intentado y, más o menos conseguido, que las emociones no se adueñaran de mí, pese a ello hoy la tristeza invade mi corazón.

Por primera vez en tres años he sentido alegría de que mi padre no viviera. Fue uno de los adolescentes que formaron la llamada “Quinta del biberón”. No voy a entrar en detalles, quien quiera entender ya puede hacerlo. Son muchas las cosas que he oído contar sobre la “contienda”, prefiero llamarla así, y ayer, todas de golpe, las recordé.

Entonces eran “los rojos o republicanos” y “los nacionales”, hoy son los “independentistas” y los nacionalistas”. Los nombres poco importan el hecho es que, por la incompetencia de quienes viven de la política, los ciudadanos de a pie vuelven a estar divididos; división entre amigos, división entre familias, división entre vecinos.

Desde que me permito mirar a través de las ventana de las redes sociales puedo ver un odio y una sinrazón que yo ya creía superada, pero me equivocaba. Dicen que la verdadera evolución del ser humano es muy lenta y una y otra vez, tal afirmación, se pone en evidencia.

Hay personas que necesitan “desfogarse” y aprovechan cualquier oportunidad para hacer detonar su emoción; puede ser la religión, la política, los toros, el fútbol o no importa qué. El caso es vomitar la rabia que los corroe. Mientras tanto quienes viven del fútbol, los toros, la religión, la política, se frotan las manos desde sus casas o sus despachos.

“A por ellos” gritaban unos. ¿A por quién? -pregunto yo. Catalunya ha acogido y sigue acogiendo a miles de personas de todos los lugares. Quién no se siente bien supongo que se va, otros muchos nos hemos quedado. La mayoría de los que están diciendo improperios contra esta tierra nunca han vivido en ella. Solo saben lo que dicen los manipuladores de turno. Nunca me he sentido discriminada, tengo amigos catalanes, vecinos catalanes, he tenido jefes catalanes y siempre me he sentido tratada como persona, independientemente de mi lugar de nacimiento.

No estoy por la independencia, me atrevo a decirlo públicamente, pero tampoco me representan, la mantilla, los toros, las procesiones ni la pandereta.

Por otro lado, también circula por las redes mucha rabia contra la policía nacional y la guardia civil, cuando ellos solo son unos mandados ¿pensáis que no estarían mejor en su tierra y en su casa? Puede que defiendan ideas contrarias, pero están aquí “puteados” perdonadme la expresión y, aunque justo es reconocer que emplearon más fuerza de la necesaria, considero que no es hacia ellos hacia donde hay que dirigir las miradas, sino hacia los que, desde los despachos, dan la orden y los mandan.

No fui a votar, porque, como digo, no estoy por la independencia, pero entiendo que las leyes no son inamovibles, que la sociedad cambia y que las normas han de adecuarse al sentir de esa sociedad.

Por poner un ejemplo: cuando alguien considera que ha de separarse de su pareja, no siempre consigue hacerlo de común acuerdo, aunque eso sería lo ideal; a veces, los intereses de cada parte son opuestos y entonces una parte toma en solitario la decisión y esa posibilidad hoy ya está regulada; pese a ello, cuando la otra parte no lo entiende o no lo acepta emplea la fuerza y leemos la noticia: “una víctima más de violencia doméstica”. Siempre es así, cuando colapsan diferentes ideas o bien se llega a un acuerdo desde la razón o se llega al enfrentamiento desde la emoción.

Disculpad los que no penséis igual, pero como ciudadana yo también tengo derecho a expresar mi opinión. Insisto, no estoy por la independencia, pero entiendo que este país necesita un cambio y si un día la pregunta se formula en otros términos, evidentemente y desde el más pleno convencimiento, ejerceré mi derecho al voto, aunque muchos consideren que no tengo derecho a ello.

Hoy me siento triste, porque los políticos de turno, una vez más, han jugado a ser magos y nos han embaucado haciéndonos mirar hacia donde a ellos les interesa para que no descubramos su juego.

Mi más profundo respeto hacia quienes no piensan igual y mis mejores deseos hacia los heridos.

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

Estamos viviendo un periodo de cambios importantes y convulsos; vemos constantemente escenas lamentables, indignas de una sociedad, en apariencia, democrática y respetuosa con los derechos fundamentales. Una sociedad en la que, muchas veces, los cambios pretendidos están enfocados más hacia intereses partidistas que hacia la búsqueda de un mundo más justo.

Hermann Hesse, entre otras valiosas obras escribió “Mi credo”, en el que decía: No se consigue nada afirmando que la guerra, el capital y el nacionalismo son malos. Es preciso sustituir esos falsos ídolos por un “credo”.

Su credo lo explicaba diciendo: que era algo que escuchaba en su interior, cuando estaba despierto; que no obedecía a razones ni podía llegarse a él por la fuerza; que solo era posible sentirlo y que, pese a su apariencia absurda, la vida tenía un sentido. Su credo, decía, no era un credo basado en dogmatismos, ni el credo de ninguna religión, era el credo de un hombre en estado de evolución y de cambios; un credo en el que se establecía una alianza entre la fe y la razón, pues la fe ciega solo es posible sacrificando la razón y Hesse entendía que ésta era el don más preciado del hombre.

Los años han pasado y no estaría demás que hoy nos preguntásemos ¿cuál es nuestro“credo”?

El capitalismo, el materialismo, el individualismo, el egoísmo y un sinfín de “-ismos” más, han sido y siguen siendo para muchos, los grandes ídolos. El deseo de tener (tanto tienes, tanto vales) de aparentar, de permanecer inalterables ante el paso del tiempo, el afán de poder, la ignorancia, el orgullo, la pasividad, la pereza mental, parecen ser el leitmotiv de nuestra sociedad; pese a todo, no faltan voces que claman un cambio, que buscan un credo.

Seguramente, a muchos nos gustaría destruir esos falsos ídolos que nos tienen cogidos y engañados; hemos descubierto que lejos de llenar nuestras vidas, las aniquilan; estamos hartos, desesperados, “tocados y casi hundidos” y digo casi, porque quizás haya una salida: la de sustituir los falsos ídolos por un credo, una aspiración, un ideal, que pueda servir de antídoto contra toda esa apatía, conformismo, polarización y absurdas críticas que envuelven hoy a nuestra sociedad.

Hesse nos anima a mirar en nuestro interior y cree que solo será posible la convivencia pacífica, las correctas relaciones, mirándonos como hermanos y no como extraños.

Hay sistemas de pensamiento que invitan a la reflexión y no a la creencia, a la libertad y no a la opresión, a la unidad y no al sectarismo, al amor y no a la repulsión.

La búsqueda de la verdad, debería ser nuestro “modus vivendi”, pero ¿cuál es la verdad? La Verdad que necesitamos (desde mi humilde punto de vista) es aquella que nos permita conocer la realidad desde la perspectiva del raciocinio, de la reflexión y no desde la manipulación y la creencia ciega de pequeñas y medias verdades impuestas.

Nuestros ojos, acostumbrados al oscurantismo impuesto, apenas tienen capacidad para ver la realidad, miramos mucho, pero vemos poco; para poder ver hay que hacerlo desinteresadamente; casi siempre miramos desde el punto de vista de nuestros intereses, de nuestros deseos y por eso juzgamos y rechazamos. Pocas veces podemos observar el alma de las cosas, el alma de los hombre, porque pocas veces observamos sin esperar nada, por pura y simple contemplación.

Si contemplamos un bosque como tal, veremos su grandeza, su majestuosidad, su belleza. Si miramos ese mismo bosque con fines comerciales nos perderemos lo esencial y solo veremos las dimensiones que tiene, si los árboles son jóvenes o viejos y la madera que podremos conseguir de él.

No podemos quedarnos en la simple crítica; hemos de buscar una alternativa, un credo, un sistema de pensamiento libre de ficciones que nos ayude evolucionar y a encontrar la Verdad.

Con esperanza,

Feliz reflexión!

COMO EVITAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

COMO EVITAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

Dado que estamos en agosto, periodo vacacional para unos y de regreso al trabajo para otros, me parece oportuno escribir una entrada sobre el “síndrome postvacacional” o “depresión postvacacional”: estado de ansiedad que se produce cuando acaban las vacaciones, los viajes, el descanso o tiempo libre y hay que volver al trabajo, a la vida activa, a la rutina.

No pretendo frivolizar sobre el tema; en primer lugar porque el sufrimiento es algo que no me invita a ello y en segundo lugar porque hace bastantes años sufrí una depresión; aclarado ésto, decir que solo trato de compartir uno de los “remedios” que cambiaron mi vida, por si puede ayudar a alguien. No necesita receta médica y puede servir para otras dolencias similares, eso sí, requiere decisión y voluntad de cambio.

Es muy evidente que estamos manipulados y que nos llevan por caminos equivocados; en relación al tema de hoy, juzgad vosotros mismos, los mensajes con los que nos bombardean pretenden hacernos creer que siempre podemos mantenernos jóvenes, ser felices y estar guapos ¡difícil tarea ésta! No me extraña que haya tanta depresión…

La felicidad solo es un estado emocional y, como tal, es cambiante, no un estado perpetuo que se pueda alcanzar haciendo o teniendo tal o cual cosa; no obstante hacia esa meta nos conducen ofreciéndonos: sabrosas comidas, coches potentes y vistosos, dinero fácil, diversión sin límites, vacaciones, viajes, etc, etc . Hoy ya parece “misión imposible” vivir sin todo ésto.

Por el contrario, nadie nos anima a descubrir la alegría, que es una cualidad esencial, sentida mentalmente. No interesa que las personas pensemos, que reflexionemos, interesa que vivamos en el emocional, porque así es mucho más fácil la manipulación. Aunque el tema es mucho más complejo, creo que con esta pequeña pincelada ya se puede ver que hay que vigilar hacia dónde nos conduce el camino por el que nos llevan.

Volviendo al “síndrome postvacacional”, te presento esta sencilla reflexión: si quien disfruta de vacaciones se deprime cuando éstas acaban ¿cómo de deprimido puede estar el que, por unas razones u otras, no puede disfrutarlas? Y si volver al trabajo produce ansiedad ¿cual es el grado de ansiedad que pueden tener todos los que por enfermedad no pueden trabajar o los que buscan trabajo y no lo encuentran?

También es cierto que podrías contestarme que a ti no te importa cómo se sientan los demás, pero de eso ya hablaremos otro día. Aún así quiero decirte que si tu caso es éste, no continúes leyendo, ésta entrada no te va a ofrecer nada. Por el contrario, para el que tenga cierto grado de conciencia, de empatía, de compasión hacia los seres que le rodean, ahí va un “remedio” barato y eficaz:

APRENDAMOS A MIRAR EL LADO POSITIVO DE LA VIDA. APRENDAMOS A VALORAR Y AGRADECER LO QUE TENEMOS ¡QUÉ NO ES POCO!

Seamos positivos y la alegría se irá instalando en nosotros y cuando esa cualidad anide en nuestro interior, disfrutaremos con lo que tengamos y si encontramos un “limón”, saborearemos la limonada y no sufriremos pensando lo buena que estaría una naranjada.

Termino esta entrada con un cuento, que seguramente todos conocéis, porque es un clásico. Lo escuché cuando era niña y nunca lo he olvidado.

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ

Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó de una rara dolencia. Tras aplicarle todos los remedios a su disposición, el rey no mejoraba. Cierto día llegó a palacio un anciano que decía conocer la enfermedad y el tratamiento. El anciano dijo: El rey sólo podrá sanar si se pone la camisa de un hombre feliz.

Reunidos los sabios de la corte, llegaron a la conclusión de que el hombre más feliz del reino debía ser el más rico y poderoso, así que fueron en su busca, pero este respondió:

_¡Ya quisiera yo ser feliz! pero no descanso, no duermo, siempre estoy preocupado pensando en los ladrones y en lo que me cuestan los guardias que vigilan mis propiedades.

Entonces, decidieron buscar al hombre más sabio, por cuanto al ser sabio debería ser feliz, a lo que éste contestó:

_Precisamente por ser sabio no puedo ser feliz. Cuanto más amplios son mis conocimientos soy más consciente de lo mucho que desconozco y eso me llena de insatisfacción.

Después mandaron llamar al hombre más fuerte y saludable del reino, creyendo que la salud y vigor físico implicaban la felicidad, pero éste les respondió:

_¿Cómo piensan que puedo ser feliz? Para mantenerme sano y fuerte me he de privar de los manjares que más me apetecen y hacer ejercicios extenuantes. Además, mi salud y fuerza es pasajera, pues ya hay jóvenes que pronto serán más fuertes que yo.

Ante estas respuestas, los emisarios del rey decidieron, enviar mensajeros a todos los rincones del reino en busca del hombre feliz.

La búsqueda fue infructuosa y, cuando los emisarios estaban de regreso, pararon a descansar cerca de una montaña solitaria y descubrieron a un ermitaño que vivía en una cueva. Le pidieron agua y el hombre les ofreció compartir también los escasos alimentos que tenía. Los emisarios le preguntaron:

-¿Cómo puede vivir tan solitario y en estas condiciones tan miserables?

A lo que el hombre contestó:

-Yo aquí vivo feliz, no necesito más y disfruto de lo que tengo.

Los emisarios, sorprendidos, le dijeron:

– Nuestro rey está muy enfermo y sólo se podrá curar si se pone la camisa de un hombre feliz, por favor ¡déjenos su camisa!

Pero para sorpresa de ellos ¡EL HOMBRE FELIZ NO TENIA CAMISA!

 

Disfruta de tus vacaciones y ¡Feliz reflexión!!!

“LOS DÍAS DE…”

“LOS DÍAS DE…”

A través del mensaje de una amiga, he sabido que hoy se celebra el “día de los abuelos” y, como padezco del “síndrome de la reflexión”, que es algo parecido al síndrome de las piernas inquietas, pero en relación a la mente, sin poderlo evitar me he puesto a “reflexionar”.

¿Por qué celebramos “los días de…?. Si me guardas el secreto, te diré que tengo un cierto grado de perversión y me encantaría que el síndrome que padezco se le contagiara a alguien más, por eso de que “mal de muchos consuelo de tontos”.

Volviendo a “los días de…”. Hoy al parecer se celebra el día de los abuelos ¡Pobres abuelos si solo se reconoce su mérito un día…! Nunca saben si dispondrán de tiempo para ellos, porque la mayoría tienen “dedicación exclusiva”, es decir, que las veinticuatro horas están disponibles por si los necesitan. Celebrar el día de los abuelos, no voy a decir que esté mal, pero ni un solo día hay que olvidad el cariño que ofrecen y el esfuerzo que hacen y están dispuestos a hacer por sus hijos y por sus nietos.

Otros “días de …” que se celebran:

“Día de la madre y día del padre”. ¿Cuándo una madre o un padre dejan de ejercer como tal?

“Día de la mujer trabajadora”. ¿Hay algún día que la mujer no trabaje? ¿Por qué no tienen los hombres un día del hombre trabajador? porque eso ya “se les supone”.

Alguien puede estar pensando, que soy una exagerada y que se festeja para recordar los logros conseguidos por la mujer. Tal vez tenga razón y yo esté equivocada, porque mi padre ya de niña me decía: “hija mía eres más rara que una pelota cuadrada” .

“Día de los enamorados”; otro día tonto como el que más, desde mi humilde opinión, claro está.

Así podría ir enumerando unos cuantos más “días de…”, con los que no me identifico absolutamente nada. En determinados casos, desde mi humilde opinión, son puro esnobismo, en otros casos una justificación y en todos un invento de la sociedad consumista para que compremos ese día un detalle, cuando no hay mejor detalle que recordar, reconocer y agradecer cada día la generosidad de unos padres, el esfuerzo de los abuelos, el trabajo sin interrupciones de la mujer, etc. etc

No nos dejemos manipular, si se nos concede celebrar “un día de…”, es que, en realidad, los 364 días restantes es dudoso el reconocimiento que tenemos de ese derecho; a quienes realmente se les reconoce no necesitan recordarlo mediante “un día de…”.

Y como yo también tuve abuelos, aprovecho para poner aquí la poesía que hice a uno de ellos. Estos sencillos versos surgieron, hace muchos años, en un autobús que hacía la línea Barcelona-Zaragoza; yo estaba ya sentada y vi que venía un señor mayor, bastante apurado porque la hora de salida estaba próxima. Cuando lo vi, me recordó a uno de mis abuelos, así que busque un papel y un bolígrafo en mi bolso y me puse a escribir, mientras unas lágrimas se deslizaban silenciosas por mis mejillas.

Tu ausencia
Hicieron que te recordara,
su cuerpo enjuto,
su boina calada,
sus manos torpes y algo deformadas.
Abuelo! Quise decir,
pero la voz no me salió,
sabía que no eras tu,
que era solo una ilusión.
Y es que te fuiste, abuelo,
sin escucharme decir lo mucho que te quería,
te fuiste y me dejaste,
un gran vacío en la vida.
Hoy, superada ya tu ausencia,
mitigado ya el dolor,
quiero decirte:
Abuelo ¡te quiero!, ¡Adiós!.

LOS NO INVITADOS

LOS NO INVITADOS

La fiesta ya había empezado cuando llegué. Nada más bajar de la limusina que me transportaba un precioso edificio me recibió.

Traspasada la puerta principal fui conducida a un amplio salón. Magníficos floreros adornaban una estancia, coronada de brillantes luces que se reflejaban en las joyas de damas elegantemente vestidas. Sus parejas, adinerados señores, cuya honorabilidad se presumía sin necesidad de ser acreditada, vestían de rigurosa etiqueta, como manda el protocolo.

Música ambiental, conversaciones banales, miradas de complicidad. Todos los allí presentes “sabían”, incluida yo que, aunque de forma inconsciente, algo también “sabía”.

Grandes mesas, preparadas con gusto, ofrecían, sobre manteles de un blanco inmaculado, los mejores manjares y bebidas que jamás había degustado.

Todos comían y bebían, yo también lo hacía. Todos sonreían y todos sabían que los otros también “sabían”, de ahí una cierta incomodidad, más o menos disimulada y siempre controlada, muy bien controlada.

En un breve instante, que nunca debió producirse, vi en esta onírica fiesta unas manos que, con timidez, asomaban por debajo del pulcro e impoluto mantel. Mis párpados no se cerraron cuando debieron hacerlo.

Las manos harapientas, acabadas de descubrir, temerosamente recogían las migajas que dejaban caer los comensales de la fiesta y algún que otro pisotón, que pasaba inadvertido para el que pisaba.

Mis ojos permanecían abiertos y yo me preguntaba ¿por qué los párpados no se cerraron impidiendo la visión? ¿cuándo compré la entrada que me permitió asistir a tan elegante gala?

Cuando desperté, hice un día de ayuno, lo necesitaba y reflexioné sobre el hambre y sobre sus responsables, sobre mi propia responsabilidad, sobre el despilfarro, sobre la manipulación, la corrupción y el engaño.

Feliz reflexión!

EL PLANETA MÁGICO

Hace unos cuantos años, una estrella fugaz surcaba el firmamento, cuando observó un pequeño y misterioso planeta. No pudo resistirse a su magnetismo y decidió posarse en él.

Pronto descubrió que el lugar era hermoso, pero también un tanto extraño. Sus habitantes parecían robots, llevaban siempre las manos ocupadas, caminaban deprisa, miraban mucho pero parecían no ver nada, a veces reían a carcajadas, pero su sonrisa era forzada y parecía congelada.

En el recorrido por este planeta, la estrella se encontró con un ser que por su aspecto parecía estar sobrado de edad y  se le acercó confiando que, con la sabiduría que dan los años, él podría contarle la historia de aquel curioso lugar .

El anciano le confió que según contaban sus antepasados, hacía muchos, muchos años, el planeta era conocido con el nombre de “Planeta Mágico”, porque tenía una gran belleza y un fuerte poder de atracción.

 Por aquel entonces -prosiguió diciendo el anciano, en este lugar vivían unos seres invisibles que comenzaban a trabajar justo cuando las estrellas y la luna hacían su aparición. Eran seres mágicos, se decía que vivían en los bosques, pero nadie los vio nunca, solo se sabía que existían, que trabajaban con entusiasmo por los demás y que siempre estaban alegres, pues, al anochecer, parecía escucharse una dulce música, de origen también desconocido.

La vida en el planeta transcurría de forma placentera, pero una noche, cuando estos fantásticos seres estaban realizando su trabajo, empezó a soplar un fuerte viento; ellos dejaron sus tareas y esperaron ¡algo estaba ocurriendo! Entonces el Gran Viento habló y dijo: queridos amigos, ¡cuán importante es vuestro trabajo! pero nadie valora vuestro esfuerzo ni son conscientes de vuestra existencia, tal es su grado de engreimiento. A partir de ahora, partiréis a otro lugar, donde vuestra ayuda es necesaria y tal vez sea más valorada.

Acabado su trabajo y cuando todavía la luna brillaba, nuestros amigos marcharon a un lugar muy, muy lejano, tan lejano, que a él solamente se puede acceder a través del silencio.

El planeta, a partir de aquel momento dejó de ser mágico; sin la ayuda y la inspiración de aquellos seres invisibles, sus habitantes estaban desorientados y, sin tardar mucho, todo se convirtió en un caos.

Pero, ya dice el refrán que, “a río revuelto, ganancia de pescadores” y esos momentos de confusión fueron aprovechados por seres de otros lugares, donde reinaban las tinieblas y empezaron a planear qué podían hacer para aprovecharse de aquel desorden y se les ocurrió una idea que pusieron en acción.

Para empezar, los convocaron a todos diciéndoles que ellos iban a sacarles de aquel caos y que iban a modernizar el planeta con máquinas que harían más fácil su vida.

Los habitantes de aquel curioso lugar estaban muy contentos y comprobaron que efectivamente, las máquinas contribuían a que su vida fuera más placentera, pero pronto estos aparatos se volvieron imprescindibles, hasta tal punto que poco a poco los lugareños de aquel hermoso planeta perdieron la capacidad de realizar las operaciones más simples sin la ayuda de una máquina; también fueron perdiendo la costumbre de hablar mirándose a los ojos para constatar lo que decían sus palabras; el arte de reunirse en familia por el simple placer de hacerlo y para contar historias también desapareció y ahora se reunían, como mucho, para comer y en actos fúnebres, pero siempre conectados a su máquina, como quien necesita oxígeno para respirar. Se había perdido el placer por la lectura y ahora, con la vista solo se escaneaba, fijándose en las formas, pero sin acceder a la esencia contenida entre sus líneas. Los niños ya no jugaban en las calles, pues a muy temprana edad ya se conectaban y su aspiración más elevada era ser famoso para vivir bien sin preocuparse por nada y sí, en en aquella sociedad los ancianos también sobraban.

Los seres que provenían de las tinieblas consiguieron su objetivo. La gran mayoría de los lugareños  no era consciente de lo que había perdido, de lo que ciertas máquinas representaban, porque no tenían tiempo para pensar y sin saberlo se convirtieron en masas, masas robotizadas y por tanto manipuladas.

Poco a poco los habitantes de este singular planeta olvidaron que tenían vida interior y solo se movían por impulsos externos y el llamado planeta mágico perdió la capacidad que lo caracterizaba, la capacidad de amar, de sonreír, de colaborar y se convirtió en un enjambre de robots buscando un mito o una máquina a quien adorar.

Pasaron los años y todavía hoy el Gran Viento espera pacientemente que los habitantes de aquel lugar, alcen los ojos y sean conscientes de que están siendo manipulados, de que son seres libres, de que la libertad es un derecho inherente y que ser libre significa tener capacidad de elección.

La estrella, que había quedado absorta con el relato del anciano, vio como una lágrima resbalaba por su mejilla. Ella, lo envolvió con su luz y le dio las gracias. El anciano también se las dio, porque le había dado la oportunidad de contar la tragedia que asolaba a su planeta.

…………………………………

El espíritu humano debe prevalecer sobre la tecnología”. Albert Einstein

 

¡DESPIERTA!

¡DESPIERTA!

-¡Despierta! ya es hora de levantarte -parecía decir el reloj.

Así, día tras día, año tras año, casi toda una vida, el reloj va recordando: ¡Despierta!

Y hoy, que ya madrugo por propia decisión y que ya no me altera su alarma, hoy me pregunto: ¿Querría decirme algo más el reloj? ¿Hay acaso algún otro letargo del que debo despertar? Se referirá al hecho de:

– ¿Vivir mecánicamente?

– ¿Ser presa de la manipulación y callarme por comodidad?

– ¿No levantar con fuerza mi voz ante la injusticia y la corrupción?

– ¿Arrastrarme por la vida, en lugar de caminar por ella con dignidad?

Hasta hoy, solo con oír su alarma ya me levantaba.

Es hoy, con el paso de los años, cuando me paro a pensar ¿Será que el despertador, con su insistencia, quiere recordarme que hay otro despertar?

Querido y viejo reloj ¿A qué despertar me llamas?

¡Feliz reflexión!

 

 

 

UNA TELEVISIÓN ESPECIAL

 

UNA TELEVISIÓN ESPECIAL

Morfeo sorprendió a Sophie, navegando por el océano de sus pensamientos y decidió conducirla a un hermoso salón, donde ella era el centro de todo.

Sí, Sophie se vio convertida en una televisión especial que, en aquel momento, se sentía muy triste.

-¿Por qué estaba tan triste, si era el centro de la casa? -se preguntaba.

El salón era espacioso, hermosas cortinas lo adornaban, detalles aquí y allá; una cálida alfombra confería a la estancia un ambiente acogedor y un sofá moderno y confortable parecía observarla.

Verdaderamente, era una privilegiada, ocupaba un lugar destacado en la sala; todos se reunían en torno a ella, bueno todos ya no, ahora otras televisiones más jóvenes estaban salpicadas por la casa.

Desde los ventanales podía contemplarse un amplio espacio verde. En aquella época del año, los días crecían, las plantas también crecían, los habitantes de la casa, solo algunos crecían, otros ya se encogían.

Era un ambiente agradable donde vivía ¿por qué pues estaba triste? Y descubrió que su tristeza no venía de fuera, su tristeza era una tristeza interna, como si tuviera un cerebro y un corazón entre los circuitos.

Cualquier hora era peligrosa, pero ciertas horas eran excesivamente peligrosas…

Si pudiera decir la verdad que conocía…

Si no se viera obligada a ofrecer mentiras…

Pero no, ella estaba allí justo para eso, ella era un arma de manipulación y por esta razón estaba triste, porque a esta televisión no le gustaban las armas, ni la manipulación. Ella deseaba ofrecer noticias de hechos reales, programas para que la audiencia practicara la reflexión, para despertar el ingenio, para fomentar valores y alcanzar un mundo mejor.

Es cierto, ahora ya no anunciaba tabaco, eso ya se acabó, pero aún anunciaba productos que hacían enfermar, bebidas y comidas adictivas, programas de cotilleo, mensajes subliminales que invitaban a obtener lo que quieres pronto y rápido, sin necesidad de esforzarse para triunfar.

Y veía a su audiencia, un público reducido al que había aprendido a amar y se entristecía cuando los veía enfermar por quedarse catatónicos ante ella, por dejarse manipular, porque se tragaban su basura sin apenas rechistar. El cuerpo de su público se iba ensanchando, su cerebro empequeñecía y ella los observaba y en silencio sufría.

Nuestra protagonista, en el momento oportuno, aprovechó un cortocircuito y dejó de manipular.

Feliz reflexión!!!