EL SUEÑO DE SOPHIE

 

El sueño de Sophie

Sophie deseaba ser protagonista de un libro, pero como éste tal vez nunca vea la luz y ahora dispongo de un blog, aprovechando que hoy estamos de celebración de cumpleaños en la familia, le ha parecido que era un buen momento para presentarla “en sociedad”

Sophie es sensible y mordaz, comprensiva y crítica, buscadora de respuestas que la conduzcan a la verdad. Le duele la injusticia, no comprende las guerras, trasgrede los convencionalismos y a ambas nos une una relación especial.

***

—Sophie, ¿por qué tanto interés en ser protagonista de un libro?

—Me gusta que me abracen.

—Si esa es la razón, te puedo abrazar yo.

—Tu trabajo es escribir. Los lectores al leerlo, me abrazarán.

—¿Y si no te abrazan?

—Lo volveremos a intentar.

—Sophie, tu vida es muy sencilla ¿qué voy a contar? —le digo con cariño, asombrada por su rotundidad.

—No cuentes anécdotas; no cuentes lo que todos ven; cuenta mis sueños, mis reflexiones, penetra en mi interior.

—¿Puedo? —le pregunté.

—Me pongo en tus manos —contestó.

—No sé si seré capaz de hacer posible tu sueño —dije un poco indecisa.

Y Sophie, muy sagaz, con una sonrisa en los labios, me susurró:

—Si no lo intentas, nunca lo sabrás.

Empecé a escribir con bastantes dudas, algunas todavía me acompañan, pero Sophie tenía un sueño y asumí la responsabilidad de que, a través de la lectura, la pudieran abrazar.

Los encuentros con Sophie tratan sobre sueños y reflexiones, éste, aunque pueda parecer inapropiado para publicarlo el día de su presentación, lo hago por un motivo especial y cuando determinadas personas lean la entrada lo entenderán.

El pequeño y querido Rex

—Sophie, en este sueño, soñaste que eras la muerte. Debió de ser difícil.

—Estaba deprimida, todos me rechazaban.

—¿Qué sentiste?

—Mucha soledad.

—Es normal Sophie, nadie se quiere marchar.

—Cuando se nace, incluso antes de nacer, ya se empieza a morir. La muerte no arrebata la vida a nadie, es la enfermedad, los accidentes, la vejez lo que causa el desenlace, en el sueño yo estaba allí para ofrecer mis brazos y que pudieran descansar.

—Visto así, Sophie, tienes razón y entiendo tu desazón. ¿Qué ocurrió en el sueño? ¿Te rechazaron?

—Varias veces, pero en este caso concreto no. Solo los que rodeaban al pequeño Yorkshire, que debía partir por enfermedad. Él estaba preparado, pero los que le cuidaban no.

—¿Qué ocurrió?

—Tuve que soportar una gran presión. Les dolía perder al pequeño animal y además tenían remordimiento por aplicarle la eutanasia.

—¿Tú crees que procedía tenerlos?

—No, porque no había solución. El pequeño Rex, como así se llamaba, los miraba a todos para hacerles comprender, pero ellos no podían, sus emociones lo impedían.

—¿Lloraban?

—Sí, le querían mucho y pasó por los brazos de todos en una interminable rueda de abrazos y despedidas.

—Y ¿ qué hacías tú?

—La emoción cortaba la respiración y allí estaba yo, callada, viéndolos sufrir y sin poder hacer nada. Suerte que él estaba preparado y sabía que yo lo esperaba.

—¿Finalmente pasó?

—Sí, cuando le inyectaron la solución, su joven dueña lo tenía en brazos. De pronto ella dijo, ya no está aquí, y en aquellos momentos fui yo quien lo abrazó.

—Me ha emocionado el sueño, Sophie.

—Hay que estar preparado para el último viaje, pocos lo están. Todos festejas nacer y es ahí cuando empezamos a morir.

***

—Sophie, a propósito del sueño ¿qué es para ti la vida?

—La vida es flujo y movimiento. También la podríamos definir como un camino de evolución, aunque para muchos, más que un camino, la vida es una noria que gira en torno a lo que se puede tener, obtener o adquirir y, si es posible, sin esfuerzo.

—¿Por qué crees que hay tanto egoísmo y tantos apegos?

—Porque la atención se dirige erróneamente hacia el aspecto materia, en lugar de hacia el aspecto conciencia. Existe un gran apego a lo inferior, como si ésto fuera la única realidad.

—¿Podrías explicar un poco más el tema de la evolución de la conciencia?

—Evolucionar consiste en una serie de liberaciones de lo inferior para alcanzar lo superior.

—Sophie, si la vida es un camino, ¿qué es para ti la muerte?

—Es el tránsito de un tramo, en apariencia conocido, hacia otro tramo desconocido. Hasta donde yo sé, la muerte, como generalmente se entiende, no existe. La muerte es una transición de un estado de conciencia a otro y en ella nos despojamos de las envolturas gastadas en encarnación. La vida es una continuidad ininterrumpida.

—¿Por qué en nuestra cultura se teme tanto a la muerte?

—Tememos en la medida en que estamos identificados con las envolturas, vivimos mecánicamente y sin haber descubierto nuestro verdadero Ser.

—Sophie, esta visión tan profunda no todo el mundo la comparte.

—Tampoco hemos de esperarlo, porque una visión más profunda siempre parece ilógica a una lógica más simple. Reflexiona sobre ésto.

—Lo haré, —respondí y así terminó nuestro encuentro.

CARTA A MI PADRE

CARTA A MI PADRE

Querido y recordado papá.

Hoy hace tres años que un tsunami encharcó tu cerebro, billete necesario y suficiente para emprender un particular viaje hacia lugar cierto, aunque desconocido. Desde entonces, y poco a poco, nos vamos acostumbrando a vivir sin tu presencia. Quedamos muy tristes, aunque aceptando el proceso, porque lo que termina es la forma, no la vida de la forma.

Tu organismo, deteriorado por la edad y por los pequeños, pero repetidos ictus  que te daban, ya no ofrecía la oportunidad de nuevas experiencias para el desarrollo de tu conciencia. Finalmente, fue el día ocho, de un caluroso mes de agosto, durante la hora de la siesta, cuando el gran tsunami llegó sin avisar; fue en esos momentos, pero podía haber sido en otros, pues la enfermedad y la muerte no hacen vacaciones, forman parte del proceso de la vida.

Decidí no llevarte al hospital, hice lo que me gustaría que hiciesen conmigo. Nada de pruebas, de medicamentos, nada de alargar la vida artificialmente, nada de “estaciones” impersonales y frías para emprender el gran viaje. ¡Qué mejor que una “estación” conocida: tu cama, tu casa y tu más cercana familia!. Traté de ser coherente con mis ideas, solo música para el alma, la llama de una vela encendida y el aroma del sándalo quemado, sin olvidar el amor de los que te rodeábamos. Por tu cuerpo ya nada podía hacer, intenté facilitar el tránsito a tu alma.

Tras tu partida y, desde el apego a la forma, descubrí el significado de dos sencillas palabras “siempre” y “nunca”. ¡Con que facilidad e imprecisión las pronunciamos…!  ¡ Qué difícil es comprender lo ilimitado a través de una mente limitada…! Pese a ello, sé que, aunque tu forma física ya no esté, tu esencia permanece en algún plano de la existencia.

Descansa en paz, papá, los que te quisimos no te olvidamos.

Al igual que yo perdí a mi padre, cuando  faltaban dos meses para que cumpliera 94 años, hay muchas personas que han perdido y pierden diariamente a seres queridos mayores, jóvenes, por enfermedad, accidente, vejez, etc. No tengo el antídoto para detener ni siquiera mitigar el dolor que se siente. El duelo ha de hacerse, cada cual a su manera, pero me atrevo a exponer el título y el autor de unos libros que hablan sobre este tema y que nos han ayudado a muchas personas a tener una visión distinta de eso que llamamos “muerte” y que sería más adecuado, desde mi punto de vista, llamarlo “transición” . Seguramente, habrá muchos más libros y tal vez mejores, pero solo puedo compartir los que conozco.

Por si te interesan y te pueden ayudar, los libros a los que me refiero son éstos:

  • “La Muerte: un amanecer”, de Elisabeth Kübler-Ross.
  • “Sobre la muerte y los moribundos”, de Elisabeth Kübler Ross
  • “Crónica de un acompañamiento”, de Meurois-Givaudan
  • “La Muerte: una gran aventura”, de Djwhal Khul, Recopilación
  • “El libro tibetano de la vida y de la muerte”, de Sogyal Rimpoché

 

Que, tanto los que se van, como los que quedamos, encontremos el Camino que nos ha de conducir de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real, de la muerte a la Inmortalidad.