UNA DECISIÓN TARDÍA

UNA DECISIÓN TARDÍA

En aquellos momentos no recordaba nada, ni siquiera dónde estaba. Solo sabía que estaba desorientada, agitada, obnubilada.

Sí, se encontraba ante una plaza, pero ¿había paseado alguna vez por aquella plaza? Un sudor frío la envolvía, no se ubicaba.

La gente pasaba y no la miraba, ella los miraba y apenas los veía, se sentía cansada, excesivamente cansada, desfondada.

Decidió avanzar, sin elegir dirección y al moverse sintió un dolor que la mareaba y fue aquel dolor que le permitió intuir algo de lo que pasaba.

La nube que ocultaba la verdad pareció disolverse un poco; su estómago hizo arcadas y sus piernas temblaban.

-¿Qué es ésto que resbala por mi cara? -Se preguntó, mientras se tanteaba. La mano cambió de color, se vistió de rojo escarlata.

Fue en aquel momento, cuando la cruda realidad se hizo evidente.

La había estado acechando, cual depredador, oculto y agazapado, hasta que la tuvo a su alcance y entonces salió con la rapidez y la fuerza de un animal impulsado a matar; vomitaba palabras que la salpicaban, que mancillaban su honor y a la vez la golpeaba con rabia.

Había ocurrido otras veces, pero siempre en la intimidad; esta vez era distinto, no lo podría ocultar…

Su visión solo alcanzaba a ver sombras y una sombra se le acercó.

-Señora ¿necesita ayuda? -le preguntó.

No pudo responder. Las fuerzas la abandonaron. Se desmayó, pero aún llegó a escuchar el sonido de la sirena de una ambulancia que se acercaba ¿sonará quizás por mí? -se preguntó

Después, todo se precipitó, apenas oyó una dura aseveración: “aquí, por favor, está mujer está perdiendo mucha sangre, ha sido brutalmente golpeada”.

Antes de que una nube mucho más densa la envolviera, un pensamiento cruzó su mente: “Si no hubiera ocultado tanto tiempo su maltrato…, si hubiera tomado antes la decisión…”

………..

En recuerdo de la última víctima de la violencia doméstica y de todas las que la han precedido.

Por una sociedad en la que se condenen todas las facetas del maltrato y no solo se regulen los derechos sino que también se articulen las medidas necesarias para que puedan ser ejercidos sin temor a perder la vida en ello.

“LOS DÍAS DE…”

“LOS DÍAS DE…”

A través del mensaje de una amiga, he sabido que hoy se celebra el “día de los abuelos” y, como padezco del “síndrome de la reflexión”, que es algo parecido al síndrome de las piernas inquietas, pero en relación a la mente, sin poderlo evitar me he puesto a “reflexionar”.

¿Por qué celebramos “los días de…?. Si me guardas el secreto, te diré que tengo un cierto grado de perversión y me encantaría que el síndrome que padezco se le contagiara a alguien más, por eso de que “mal de muchos consuelo de tontos”.

Volviendo a “los días de…”. Hoy al parecer se celebra el día de los abuelos ¡Pobres abuelos si solo se reconoce su mérito un día…! Nunca saben si dispondrán de tiempo para ellos, porque la mayoría tienen “dedicación exclusiva”, es decir, que las veinticuatro horas están disponibles por si los necesitan. Celebrar el día de los abuelos, no voy a decir que esté mal, pero ni un solo día hay que olvidad el cariño que ofrecen y el esfuerzo que hacen y están dispuestos a hacer por sus hijos y por sus nietos.

Otros “días de …” que se celebran:

“Día de la madre y día del padre”. ¿Cuándo una madre o un padre dejan de ejercer como tal?

“Día de la mujer trabajadora”. ¿Hay algún día que la mujer no trabaje? ¿Por qué no tienen los hombres un día del hombre trabajador? porque eso ya “se les supone”.

Alguien puede estar pensando, que soy una exagerada y que se festeja para recordar los logros conseguidos por la mujer. Tal vez tenga razón y yo esté equivocada, porque mi padre ya de niña me decía: “hija mía eres más rara que una pelota cuadrada” .

“Día de los enamorados”; otro día tonto como el que más, desde mi humilde opinión, claro está.

Así podría ir enumerando unos cuantos más “días de…”, con los que no me identifico absolutamente nada. En determinados casos, desde mi humilde opinión, son puro esnobismo, en otros casos una justificación y en todos un invento de la sociedad consumista para que compremos ese día un detalle, cuando no hay mejor detalle que recordar, reconocer y agradecer cada día la generosidad de unos padres, el esfuerzo de los abuelos, el trabajo sin interrupciones de la mujer, etc. etc

No nos dejemos manipular, si se nos concede celebrar “un día de…”, es que, en realidad, los 364 días restantes es dudoso el reconocimiento que tenemos de ese derecho; a quienes realmente se les reconoce no necesitan recordarlo mediante “un día de…”.

Y como yo también tuve abuelos, aprovecho para poner aquí la poesía que hice a uno de ellos. Estos sencillos versos surgieron, hace muchos años, en un autobús que hacía la línea Barcelona-Zaragoza; yo estaba ya sentada y vi que venía un señor mayor, bastante apurado porque la hora de salida estaba próxima. Cuando lo vi, me recordó a uno de mis abuelos, así que busque un papel y un bolígrafo en mi bolso y me puse a escribir, mientras unas lágrimas se deslizaban silenciosas por mis mejillas.

Tu ausencia
Hicieron que te recordara,
su cuerpo enjuto,
su boina calada,
sus manos torpes y algo deformadas.
Abuelo! Quise decir,
pero la voz no me salió,
sabía que no eras tu,
que era solo una ilusión.
Y es que te fuiste, abuelo,
sin escucharme decir lo mucho que te quería,
te fuiste y me dejaste,
un gran vacío en la vida.
Hoy, superada ya tu ausencia,
mitigado ya el dolor,
quiero decirte:
Abuelo ¡te quiero!, ¡Adiós!.