LA MUÑECA DE TRAPO

 

Pobre víctima de la sinrazón, ¡qué pena de verte! Tus manos vacías, tu mirada ausente y el hambre y el frío enturbian tu mente.

Hace apenas nada perdiste a tu madre, hoy vagas por los caminos, polvorientos y anegados, de la mano de tu padre.

Una pequeña mochila, cuelga de tu espalda; apenas contiene nada, pues con tu corta edad hasta de recuerdos estás falta y de los que guardas, algunos están confusos y otros prefieres no recordarlos.

Si pudieses leer lo que estoy escribiendo, sin duda precisarías: mi mochila no está vacía, dentro llevo a “Clarita”.

Sí, ahí guardas a Clarita, tu muñeca de trapo, único recuerdo de lo que antes tuviste, de lo que antes fuiste, de lo que un día existió, roto por el odio, el afán de poder, la avaricia y la incomprensión.

Tienes razón pequeña, dentro de la mochila va tu pequeña muñeca, hecha con cariño por tu madre, poco antes que la enfermedad, acelerada tal vez por un gran temor, la hicieran emprender su último viaje.

Esa muñeca te colmó de dicha el día del cumpleaños. Tu madre se había esmerado, tal vez presintiendo que sería su último regalo…

Hoy, la proteges en la mochila, según dices, para que no se fatigue, aunque tal vez sea para tenerla cerca de tu corazón, para que en un momento extremo de cansancio no se abran tus dedos y caiga sin remisión.

¡Pobre pequeña…! ¿Qué harías tu sin Clarita? Vagar por la oscuridad, que por algo se llama Clarita, tu pequeña muñeca, tu amiga y único vínculo de unión maternal.

Guarda bien a tu muñeca, que no se pierda, para que siempre haya en tu vida una chispa de luz y un poquito de amor.

Y cuando seas mayor, pequeña, no nos guardes rencor, por esa gran “sinrazón”, que te ha robado la infancia y tal vez la juventud.

Perdónanos pequeña y habla con tu muñeca, a quien también pido perdón, porque en el forzado viaje se le rompió un poco el traje y también se le manchó.

PERDÓN Y ESPERANZA

PERDÓN Y ESPERANZA

Ayer recibí mensajes queriendo saber que estaba bien tras el atentado producido en Barcelona; yo también los envié a familiares y amigos. Cada vez que recibía o enviaba uno pensaba en la angustiosa espera de aquellos que enviaban mensajes o hacían llamadas que nunca serían contestadas…¡Cuánto dolor causa el odio, el fanatismo y la sinrazón…!

Hoy no tenía pensado publicar ninguna entrada en mi blog, pero teniendo en cuenta que circularán por la red, casi con seguridad, toda clase de mensajes llenos de dolor y de rabia, quiero enviar el mío basado en dos palabras: PERDÓN y ESPERANZA.

Sé que no fui yo quien condujo la furgoneta que produjo la masacre y tampoco quien planeó el atentado, aún así, tengo un cierto regusto amargo en mi boca… A estas alturas de mi vida ya sé que no hace falta disparar un arma ni conducir un vehículo mortífero para dañar, ya soy consciente de mi responsabilidad ante la sociedad que me rodea y de la que formo parte, ya conozco que con cada pensamiento negativo, con cada emoción de odio o de rabia, con cada acción basada en el egoísmo, con cada silencio guardado, cuando debí hablar y con cada palabra hiriente contribuyo a que el mundo en el que vivo sea como es.

Por esta razón, hoy a través de este corto escrito quiero públicamente pedir perdón a todos, a las víctimas, a sus familiares y amigos, a los que están asustados y también, aunque pueda parecer extraño, a los causantes del dolor, porque soy una de las gotas que forman parte de la ola arrebatadora y destructora llamada humanidad.

Tras pedir perdón, tengo la esperanza de que las víctimas descansarán en paz y que los que quedamos, algún día, encontraremos el camino de la cordura, de las correctas relaciones, el amor, el respeto y la paz.

Que así sea.