¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

¿CUÁL ES NUESTRO CREDO?

Estamos viviendo un periodo de cambios importantes y convulsos; vemos constantemente escenas lamentables, indignas de una sociedad, en apariencia, democrática y respetuosa con los derechos fundamentales. Una sociedad en la que, muchas veces, los cambios pretendidos están enfocados más hacia intereses partidistas que hacia la búsqueda de un mundo más justo.

Hermann Hesse, entre otras valiosas obras escribió “Mi credo”, en el que decía: No se consigue nada afirmando que la guerra, el capital y el nacionalismo son malos. Es preciso sustituir esos falsos ídolos por un “credo”.

Su credo lo explicaba diciendo: que era algo que escuchaba en su interior, cuando estaba despierto; que no obedecía a razones ni podía llegarse a él por la fuerza; que solo era posible sentirlo y que, pese a su apariencia absurda, la vida tenía un sentido. Su credo, decía, no era un credo basado en dogmatismos, ni el credo de ninguna religión, era el credo de un hombre en estado de evolución y de cambios; un credo en el que se establecía una alianza entre la fe y la razón, pues la fe ciega solo es posible sacrificando la razón y Hesse entendía que ésta era el don más preciado del hombre.

Los años han pasado y no estaría demás que hoy nos preguntásemos ¿cuál es nuestro“credo”?

El capitalismo, el materialismo, el individualismo, el egoísmo y un sinfín de “-ismos” más, han sido y siguen siendo para muchos, los grandes ídolos. El deseo de tener (tanto tienes, tanto vales) de aparentar, de permanecer inalterables ante el paso del tiempo, el afán de poder, la ignorancia, el orgullo, la pasividad, la pereza mental, parecen ser el leitmotiv de nuestra sociedad; pese a todo, no faltan voces que claman un cambio, que buscan un credo.

Seguramente, a muchos nos gustaría destruir esos falsos ídolos que nos tienen cogidos y engañados; hemos descubierto que lejos de llenar nuestras vidas, las aniquilan; estamos hartos, desesperados, “tocados y casi hundidos” y digo casi, porque quizás haya una salida: la de sustituir los falsos ídolos por un credo, una aspiración, un ideal, que pueda servir de antídoto contra toda esa apatía, conformismo, polarización y absurdas críticas que envuelven hoy a nuestra sociedad.

Hesse nos anima a mirar en nuestro interior y cree que solo será posible la convivencia pacífica, las correctas relaciones, mirándonos como hermanos y no como extraños.

Hay sistemas de pensamiento que invitan a la reflexión y no a la creencia, a la libertad y no a la opresión, a la unidad y no al sectarismo, al amor y no a la repulsión.

La búsqueda de la verdad, debería ser nuestro “modus vivendi”, pero ¿cuál es la verdad? La Verdad que necesitamos (desde mi humilde punto de vista) es aquella que nos permita conocer la realidad desde la perspectiva del raciocinio, de la reflexión y no desde la manipulación y la creencia ciega de pequeñas y medias verdades impuestas.

Nuestros ojos, acostumbrados al oscurantismo impuesto, apenas tienen capacidad para ver la realidad, miramos mucho, pero vemos poco; para poder ver hay que hacerlo desinteresadamente; casi siempre miramos desde el punto de vista de nuestros intereses, de nuestros deseos y por eso juzgamos y rechazamos. Pocas veces podemos observar el alma de las cosas, el alma de los hombre, porque pocas veces observamos sin esperar nada, por pura y simple contemplación.

Si contemplamos un bosque como tal, veremos su grandeza, su majestuosidad, su belleza. Si miramos ese mismo bosque con fines comerciales nos perderemos lo esencial y solo veremos las dimensiones que tiene, si los árboles son jóvenes o viejos y la madera que podremos conseguir de él.

No podemos quedarnos en la simple crítica; hemos de buscar una alternativa, un credo, un sistema de pensamiento libre de ficciones que nos ayude evolucionar y a encontrar la Verdad.

Con esperanza,

Feliz reflexión!

UNA DE BOMBEROS

¡UNA DE BOMBEROS!

Con la velocidad de una Harley, con la fuerza de un tornado, con el ímpetu arrasador de un fuego activado, trascurren nuestras vidas en esta sociedad que “aquél, ése, éste, tú y yo” hemos construido.

Ni la hermosa y potente Harley, ni el destructor tornado, ni el poder arrasador del fuego tienen la menor posibilidad de detenerse a pensar ¿qué estoy haciendo? No, ellos no pueden pensar, ellos hacen bien su trabajo: correr, destruir, quemar. Solo el hombre dispone de esa capacidad, pero se está haciendo todo lo posible para que la perdamos.

Hace unos días, todos pudimos ver un pequeño vídeo, en el que un bombero avanzaba hacia un incendio y al mismo tiempo hacía público lo que pensaba. No estoy segura si el vídeo, en cuestión, era real o era un montaje, pero en cualquier caso, decía “verdades como puños” y daban ganas de correr a su lado a sofocar las llamas diciéndole a gritos: no estás solo, nosotros estamos contigo, porque lo que tú defiendes, exponiendo tu vida, nos pertenece a todos.

Es fácil decir que un incendio es obra de un pirómano o de alguien malintencionado y yo con firmeza pregunto ¿por qué cada día hay en nuestra sociedad más pirómanos, más maltratadores, más acosadores, más drogadictos, más depresivos, más…? ¿Por qué está tan “tarada” nuestra sociedad? ¿Qué hacemos o dejamos de hacer para que ésto ocurra? ¿En qué nos estamos equivocando?.

Bomber@s y otros grupos de rescate, médic@s, enfermer@s, maestr@s, asistent@s sociales, investigadores y similares son profesionales cuyo diario hacer pasa desapercibido para el resto de los mortales, salvo cuando hacen algo “notable” y salen en el telediario. Entonces la noticia vuela, se difunde por las redes sociales, pero con la misma rapidez que se conoce, desaparece del panorama y cae en el olvido.

Por el contrario, hay otras “profesiones” o “formas de vivir” (de alguna forma hay que llamarlas) que día tras día tienen resonancia en los medios de comunicación. No voy a nombrar ninguna, porque ya las conocéis y porque mi blog no está pensado para atacar a nadie, sino para invitar a la reflexión.

¿A quién llamas cuando tienes un accidente o hay una catástrofe?

¿A quién acudes cuando estás enfermo?

¿Quién mitiga tu dolor?

¿Quién educa a tus hijos?

¿A quién debes todos los avances que nos facilitan la vida?

¿De qué sirven, en estos casos, los “mitos” que cada día son noticia?.

¿Dónde ha quedado ya el impacto que produjo el vídeo del bombero o del médico que hizo una intervención que parecía sacada de un libro de “ciencia-ficción”?

¿Dónde ha quedado el saber hacer de aquel maestro o profesor que te impulsó a ser lo que hoy eres?

Tal vez  haya quedado olvidado en algún recóndito lugar de tu cerebro, eso suponiendo que hubiera llegado hasta allí, porque hoy las noticias y las imágenes avanzan como el fuego, impactan en nuestras entrañas y luego otras las sustituyen y así día tras día, sin que seamos capaces de detenernos a profundizar en lo que leemos, en lo que vemos, en lo que nos cuentan y nosotros, sin reflexionar, creemos.

El verano supone un trabajo extra para los bomberos, a los que dedico este escrito, así como a todos esos profesionales que con su silencioso e innegable esfuerzo, sin buscar ser noticia, contribuyen a fomentar la cultura, mejorar la salud y conseguir un mundo más justo y mejor.

Feliz reflexión!!!

UNA TELEVISIÓN ESPECIAL

 

UNA TELEVISIÓN ESPECIAL

Morfeo sorprendió a Sophie, navegando por el océano de sus pensamientos y decidió conducirla a un hermoso salón, donde ella era el centro de todo.

Sí, Sophie se vio convertida en una televisión especial que, en aquel momento, se sentía muy triste.

-¿Por qué estaba tan triste, si era el centro de la casa? -se preguntaba.

El salón era espacioso, hermosas cortinas lo adornaban, detalles aquí y allá; una cálida alfombra confería a la estancia un ambiente acogedor y un sofá moderno y confortable parecía observarla.

Verdaderamente, era una privilegiada, ocupaba un lugar destacado en la sala; todos se reunían en torno a ella, bueno todos ya no, ahora otras televisiones más jóvenes estaban salpicadas por la casa.

Desde los ventanales podía contemplarse un amplio espacio verde. En aquella época del año, los días crecían, las plantas también crecían, los habitantes de la casa, solo algunos crecían, otros ya se encogían.

Era un ambiente agradable donde vivía ¿por qué pues estaba triste? Y descubrió que su tristeza no venía de fuera, su tristeza era una tristeza interna, como si tuviera un cerebro y un corazón entre los circuitos.

Cualquier hora era peligrosa, pero ciertas horas eran excesivamente peligrosas…

Si pudiera decir la verdad que conocía…

Si no se viera obligada a ofrecer mentiras…

Pero no, ella estaba allí justo para eso, ella era un arma de manipulación y por esta razón estaba triste, porque a esta televisión no le gustaban las armas, ni la manipulación. Ella deseaba ofrecer noticias de hechos reales, programas para que la audiencia practicara la reflexión, para despertar el ingenio, para fomentar valores y alcanzar un mundo mejor.

Es cierto, ahora ya no anunciaba tabaco, eso ya se acabó, pero aún anunciaba productos que hacían enfermar, bebidas y comidas adictivas, programas de cotilleo, mensajes subliminales que invitaban a obtener lo que quieres pronto y rápido, sin necesidad de esforzarse para triunfar.

Y veía a su audiencia, un público reducido al que había aprendido a amar y se entristecía cuando los veía enfermar por quedarse catatónicos ante ella, por dejarse manipular, porque se tragaban su basura sin apenas rechistar. El cuerpo de su público se iba ensanchando, su cerebro empequeñecía y ella los observaba y en silencio sufría.

Nuestra protagonista, en el momento oportuno, aprovechó un cortocircuito y dejó de manipular.

Feliz reflexión!!!