EL TAUTOGRAMA

Sophie tiene por costumbre escribir sus sueños, después ambas los comentamos a través de encuentros. Éste es el primero que publico en el blog y tanto a ella como a mí nos haría ilusión que os gustara. Ya nos diréis.

 

SUEÑO DE SOPHIE

— Sophie, ¿qué es esto? —le pregunté

—Es un tautograma. Aquel día, estaba muy afectada por lo que había soñado y deseaba jugar con las palabras. Me gustaría que lo escribieras.

—Será un placer —le contesté — y comencé a escribir.

«PLEITO POPULAR»

Pueblo: Pozonegro

Profesional: Petronio

Presuntos pirateadores: Parsimonia, Prudencia, Prometeo.

Público

Presidente portavoz

Parecía perfecto, pacientemente premeditado, preconcebido, pero Petronio proclamó poseer pruebas poderosas, pertinentes. Presentó públicamente: pistolas, pelucas, pasaportes pirateados, papiros, placas pintadas, perfumes, partituras para piano.

Procedió pausadamente, paso por paso, prudentemente, profesionalmente.

Propuso perdón para Parsimonia, protección para Prudencia, pero pidió prisión para Prometeo.

Parsimonia, pletórica, palmoteó.

Prudencia, particularmente, parecía preocupada.

Prometeo, personaje pudiente, profirió palabras provocadoras, pero posteriormente pidió perdón, prometió, parloteó, palideció.

Portentosa proclamación popular porque Petronio persuadió por preclaro.

Pausa.

Presidente portavoz: proposición pertinente, procédase.”

……………………..

—No está mal Sophie.

—Estaría mejor si esa celeridad se diera en la realidad.

—Totalmente de acuerdo, Sophie. Al parecer habías soñado que estabas ante un gran jurado.

—Sí, era un jurado especial,

—¿En calidad de qué estabas? —le pregunté.

—No lo sabía, pero el jurado me intimidaba.

—¿Por qué? Eres una persona normal, no eres estafadora ni tampoco criminal.

—Eso decía mi abogado defensor.

De pronto la expresión de Sophie se ensombreció y comenzó a susurrar una letanía de preguntas, de las que, por su tono, solo éstas pude captar:

¿Qué hace para evitar el hambre que a medio mundo asola?

¿Cómo colabora para fomentar la unidad de la raza humana?

¿Hizo daño a alguien con sus pensamientos, deseos o acciones?

¿Qué hace para impedir la manipulación, la corrupción y el maltrato?

—Eran cuestiones tan sencillas, tan cotidianas las que me preguntaban —dijo Sophie elevando un poco su tono de voz — y, aún así, no sabía qué responder, no encontraba las palabras.

—Sophie, tu condena fue especial —dije, tras respetar unos instantes de silencio.

—No podía ser de otra manera, provenía de un jurado especial.

—¿Qué decía exactamente la sentencia?

—“Queda invitada a reflexionar sobre las preguntas formuladas y a trabajar en favor de la humanidad. Se hace constar que solo quedará liberada de su responsabilidad si lo hace de forma voluntaria, sin fuerza ni coacción”.

—¿Qué te pareció la sentencia, Sophie?.

—Me pareció justa, apropiada y práctica. En general, las prisiones suponen una carga para la sociedad y los culpables, puede que cumplan su condena pero salen pensando igual.

—¡Cuánta razón tienes Sophie!

ANIMALES CON CORAZÓN (IX)

CAPÍTULO NOVENO: NUESTROS VECINOS

 

Hoy dedico el capítulo a compartir con vosotros la “visión gatuna” que tenemos de nuestros vecinos, partiendo de que todos son buenas personas y amantes de los animales.

Empezaré por los de la casa, a cuyo patio va de excursión mi hermano Sol. Estos vecinos tienen dos hijos: la hija es  una joven guapa, que estudia y le gusta el deporte. Un día que estábamos los dos asomados a su patio nos hizo fotos y salimos en Facebook (creo que se dice así, aunque en realidad no entiendo lo que es). Hay veces que viene con amiguitas a casa y ponen música marchosa; nosotros no sabemos bailar, pero disfrutamos escuchando y mirando.

El hijo es algo mayor que su hermana, también es alto y guapo, estudia y le encanta la música. Toca muy bien la guitarra y  ayer nos sorprendió con otro instrumento que no sabemos como se llama, pero que produce unos sonidos muy fuertes y raros; escuchamos un rato, pero después decidimos retirarnos hasta que consiga mejorar (ya sabéis que los gatos tenemos el oído muy delicado). A este vecino, virtuoso de la música, también le gusta cantar y se atreve con todo: lírica, baladas, rap o reggaetón (veis que estoy puesta al día) y aunque no lo haga muy bien, le pone tanta pasión, que solo por eso ya hay que escucharle.

Tenemos otros vecinos a los que vemos y escuchamos cuando están en sus terrazas; les miramos con mucha curiosidad, pero no podemos saltar tan alto, aunque nos gustaría, porque hay un niño, que a veces ha venido a visitarnos, al que le gustan muchos los gatos. Ellos tienen un perro que no ladra y es muy bueno.

Estos vecinos también tienen otro hijo mayor que estudia para cocinero, de esos de “alta cocina”, él no ha venido a jugar con nosotros, pero quizás un día traiga alguna delicia de las que hace y nos la dejen probar. No hay que perder nunca la esperanza, aunque “Osa menor” es muy estricta con eso de las comidas, nos dice que hay que tener control, no entendemos muy bien lo que significa, pero si ella lo dice será verdad.

En la otra terraza, que da a nuestro patio, viven otros vecinos que acaban de convertirse en papás de una niña pequeñita muy guapa. Nosotros estamos muy contentos, porque seguro que pronto se asomará a nuestro patio y, como a los niños les gustan los animales, tal vez venga algún día y podamos jugar juntos un rato.

Hay más vecinos, pero sus terrazas no dan a nuestro patio, así que no los vemos tanto. Un día vino una niña a conocernos y a enseñarnos su mascota, un hermoso perrito blanco. Nos gustaría jugar con él, aunque ya sabemos que no podemos jugar con todas las mascotas de la comunidad.

A propósito de mascotas, Fiona, la gata de los vecinos, ha vuelto ya de sus vacaciones y hace unos días nos dio otro susto. Suerte que “Osa menor” oyó sus impresionantes maullidos y salió al patio corriendo y no pasó nada. Le han ido muy bien las vacaciones a la condenada gata, porque está más ágil y saltó la pared sin dificultad. Ésto es bueno para ella, pero para nosotros no.

Nuestra amita también se dio cuenta de lo ágil que había vuelto Fiona, así que cambió un armario de sitio para ponérselo más difícil. Por ahora no ha vuelto a pasar a nuestra casa, parece que el cambio ha hecho efecto, pero Sol, siempre está de excursión, si no pasa por un lado lo hace por otro, no hay quien lo detenga. 

Para ilustrar un poco el capítulo de hoy pondré alguna foto del día que “Osa menor” hizo cambios en el patio para dificultar las excursiones gatunas. La verdad es que nosotros pusimos mucho interés en examinar los cambios y en ayudarla, aunque no sé si lo conseguimos. Vosotros ¿qué opináis?

Voy a terminar recordando a los niños que piden a sus papás una mascota, que los animales no somos juguetes, que somos seres vivos y que necesitamos cariño, cuidados y atenciones. Así que, ya sabéis, si queréis una mascota antes tenéis que aprender a ser responsable.

Hasta la próxima semana y, como siempre, gracias por visitarnos.

PERDÓN Y ESPERANZA

PERDÓN Y ESPERANZA

Ayer recibí mensajes queriendo saber que estaba bien tras el atentado producido en Barcelona; yo también los envié a familiares y amigos. Cada vez que recibía o enviaba uno pensaba en la angustiosa espera de aquellos que enviaban mensajes o hacían llamadas que nunca serían contestadas…¡Cuánto dolor causa el odio, el fanatismo y la sinrazón…!

Hoy no tenía pensado publicar ninguna entrada en mi blog, pero teniendo en cuenta que circularán por la red, casi con seguridad, toda clase de mensajes llenos de dolor y de rabia, quiero enviar el mío basado en dos palabras: PERDÓN y ESPERANZA.

Sé que no fui yo quien condujo la furgoneta que produjo la masacre y tampoco quien planeó el atentado, aún así, tengo un cierto regusto amargo en mi boca… A estas alturas de mi vida ya sé que no hace falta disparar un arma ni conducir un vehículo mortífero para dañar, ya soy consciente de mi responsabilidad ante la sociedad que me rodea y de la que formo parte, ya conozco que con cada pensamiento negativo, con cada emoción de odio o de rabia, con cada acción basada en el egoísmo, con cada silencio guardado, cuando debí hablar y con cada palabra hiriente contribuyo a que el mundo en el que vivo sea como es.

Por esta razón, hoy a través de este corto escrito quiero públicamente pedir perdón a todos, a las víctimas, a sus familiares y amigos, a los que están asustados y también, aunque pueda parecer extraño, a los causantes del dolor, porque soy una de las gotas que forman parte de la ola arrebatadora y destructora llamada humanidad.

Tras pedir perdón, tengo la esperanza de que las víctimas descansarán en paz y que los que quedamos, algún día, encontraremos el camino de la cordura, de las correctas relaciones, el amor, el respeto y la paz.

Que así sea.

¿AGRADECER O PROHIBIR?

¿AGRADECER O PROHIBIR?

Hace unos días, una amiga me envió un mensaje proponiendo hacer una petición colectiva al Ayuntamiento, instando a éste a cumplir las ordenanzas municipales. Me pareció una buena idea, pero, sin poderlo evitar, me puse a reflexionar y llegué a esta conclusión: ciertamente, hemos de exigir los derechos que tenemos como ciudadanos, que para algo pagamos nuestros impuestos, pero ¿dónde queda nuestro grado de responsabilidad?

Un día, al pasar por una calle cercana a mi casa, descubrí un simpático, pequeño y singular letrero colgado de una ventana baja. El letrero decía: “gracias por no permitir que su perro orine en mi ventana”.

Me gustó el letrero y pensé ¡qué diferente sería vivir rodeados de pequeños letreros “agradeciendo” omotivando”,  a vivir rodeados de letreros “prohibiendo”. Cuando agradecemos es porque la otra persona hace algo bien o como es de esperar en un lugar “civilizado”. Cuando se prohíbe es porque la barbarie que nos rodea supera los mínimos esperados, no entiende el término gracias y dudo que el de la prohibición.

Vivimos en una ciudad cosmopolita, hermosa, agradable y tolerante, pese a lo que algunos puedan opinar (estoy hablando de Barcelona, por si alguien que lea esta entrada no lo sabe) pero a muchos nos gustaría que sus calles estuvieran más limpias de lo que están. He de reconocer que desconozco como está el resto, pero, salvo algunas excepciones, no creo que haya mucha diferencia. Es más, estoy segura que es una epidemia que no solo afecta a esta bella ciudad.

Todos hemos visto, seguramente más de un vez, como aprovechando la parada de un semáforo, por arte de magia se abre la puerta de un coche y una hábil mano vacía el cenicero en mitad de la calle; vemos a diario excrementos de perro dejados hallá donde el pobre animal tuvo a bien depositar; vemos y sufrimos en el día a día las miles de colillas que algunos “generosos fumadores” lanzan con gran destreza en la calle o medio hunden en la playa; también podemos observar miles de manchitas en el suelo, de origen aparentemente desconocido, pero que provienen de los chicles que tiran a diario otros “generosos conciudadanos” (de alguna manera hay que llamarlos) y también quiero mencionar, aunque sea de pasada, porque es muy temprano y acabo de desayunar, esos regalos de “fluido corporal segregados por las vías respiratorias y expulsados por la boca” con gran habilidad. Eso sin mencionar las bolsas de basura dejadas en las papeleras y también tiradas en lugares de acampada, etc, etc.

Amigos, ésto el Ayuntamiento no lo puede arreglar, como mucho puede limpiar más nuestras calles y aleccionar o multar a los que infringen las ordenanza, pero hasta que el ciudadano no comprenda que cuando sale de la puerta de su casa, está compartiendo un espacio común con otros conciudadanos y hasta que no sienta el deseo de colaborar, de aportar, de añadir algo para hacer de nuestro barrio, de nuestra ciudad o del mundo en general un lugar más confortable y mejor, no tendremos más remedio que soportar esa cosecha que tanto prolifera: la suciedad, no solo a nivel físico, sino también a nivel emocional y mental.

La educación, desde mi humilde opinión, no empieza en las escuelas, sino en las familias y yo he visto a muchas mamás y papás dejar que el peque vaya sentado en el tren o el metro con sus “patitas” apoyadas en el asiento, mientras personas mayores, estaban de pie buscando un apoyo para no perder el equilibrio. ¡Qué cada cual saque sus propias conclusiones…!

Todos tenemos derecho a tener animales, a fumar, a tomar chicles, a sentarnos en los bancos, etc, etc, pero, por favor, vivamos como ciudadanos y recordemos que nuestro derecho acaba donde empieza el de los demás.

La cosecha que tenemos hoy es consecuencia de la siembra de ayer y la siembra de hoy, sin duda alguna, la recogeremos mañana.

Gracias amiga por mandarme el mensaje, gracias por ser como eres y, porque sin saberlo, me inspiraste para escribir esta entrada en mi blog.

Ilustro la entrada con la imagen refrescante de una playa limpia y vacía. Lo opuesto ya lo sufrimos cada día.

Feliz reflexión!!!

LOS NO INVITADOS

LOS NO INVITADOS

La fiesta ya había empezado cuando llegué. Nada más bajar de la limusina que me transportaba un precioso edificio me recibió.

Traspasada la puerta principal fui conducida a un amplio salón. Magníficos floreros adornaban una estancia, coronada de brillantes luces que se reflejaban en las joyas de damas elegantemente vestidas. Sus parejas, adinerados señores, cuya honorabilidad se presumía sin necesidad de ser acreditada, vestían de rigurosa etiqueta, como manda el protocolo.

Música ambiental, conversaciones banales, miradas de complicidad. Todos los allí presentes “sabían”, incluida yo que, aunque de forma inconsciente, algo también “sabía”.

Grandes mesas, preparadas con gusto, ofrecían, sobre manteles de un blanco inmaculado, los mejores manjares y bebidas que jamás había degustado.

Todos comían y bebían, yo también lo hacía. Todos sonreían y todos sabían que los otros también “sabían”, de ahí una cierta incomodidad, más o menos disimulada y siempre controlada, muy bien controlada.

En un breve instante, que nunca debió producirse, vi en esta onírica fiesta unas manos que, con timidez, asomaban por debajo del pulcro e impoluto mantel. Mis párpados no se cerraron cuando debieron hacerlo.

Las manos harapientas, acabadas de descubrir, temerosamente recogían las migajas que dejaban caer los comensales de la fiesta y algún que otro pisotón, que pasaba inadvertido para el que pisaba.

Mis ojos permanecían abiertos y yo me preguntaba ¿por qué los párpados no se cerraron impidiendo la visión? ¿cuándo compré la entrada que me permitió asistir a tan elegante gala?

Cuando desperté, hice un día de ayuno, lo necesitaba y reflexioné sobre el hambre y sobre sus responsables, sobre mi propia responsabilidad, sobre el despilfarro, sobre la manipulación, la corrupción y el engaño.

Feliz reflexión!