RETAZOS DE UNA VIDA

RETAZOS DE UNA VIDA

Como otros muchos niños, el protagonista de esta historia, junto a su hermana, fue testigo presencial, protagonista y víctima de una época en la que la sinrazón, las intrigas y la violencia cabalgaban tanto de norte a sur, como de este a oeste del país.

Por aquel entonces, era difícil encontrar algo con que llenar el estómago, si pertenecías a la clase humilde de la sociedad. Pero en un momento dado, el destino sorprendió a la familia ofreciéndole la oportunidad de hacerse cargo de la barca de un pequeño pueblo, hecho que supuso una tregua a la difícil situación por la que estaban atravesando.

Si hasta ese momento, poco más que el miedo, el hambre, la incertidumbre y la soledad fueron sus compañeros, en esta época de bonanza, una frondosa arboleda, un caudaloso río y cientos de pájaros que habitaban en el entorno se convirtieron en sus amigos.

De vez en cuando, algún juego compartido con otros niños del cercano pueblo, pero lo cotidiano, lo habitual era la incomunicación humana en medio de un idílico lugar.

Con apenas ocho años, tuvo que hacerse cargo de un pontón para pasar al otro lado del río a las personas que lo solicitaban, por ser el camino más corto entre dos pueblos. Su hermana cuidaba de la madre enferma y de la casa; su padre pasaba la barca y hacía algún esporádico trabajo, cuando alguien lo solicitaba.

El amanecer llegaba cada mañana acompañado del canto de los pájaros que marcaba el ritmo de sus infantiles jornadas.

Cuando llegaba la noche, caían rendidos en un colchón de paja y eran los sonidos de las aves e insectos de hábitos nocturnos quienes los acunaban.

La falta de otros estímulos o quizás el entorno privilegiado permitieron al niño desarrollar su fantasía.

Un día se sorprendió imaginando que se comunicaba con todos aquellos pájaros que diariamente le acompañaban. Ellos le contaban sus experiencias y el niño se adentraba en un mundo que le gustaba más que aquel que la vida le había mostrado.

Había pájaros que migraban a lugares lejanos y, cuando regresaban, le contaban vivencias difíciles de aceptar.

Los que permanecían en el lugar, unos anidaban a ras de suelo y allí tenían sus experiencias; otros anidaban en árboles o en lugares altos y, curiosamente, sus vivencias se diferenciaban de los anteriores mucho más que sus trinos.

Él escuchaba a todos y de todos aprendía, pero con el tiempo comprendió que cada pájaro le contaba la realidad que había vivido y fue aprendiendo que en la vida todo es relativo y que nadie está en total posesión de la verdad.

El niño fue creciendo, las circunstancias que rodearon su infancia forjaron su carácter solitario e inconformista y en su interior fue germinando la semilla del idealismo.

Más tarde, descubrió con cierto dolor, que la práctica siempre es más difícil que la teoría, que los hombres no siempre viven conforme a las ideas de las que hablan y quizás comenzó a intuir que la vida no es un fin, sino un camino.

Sus dos grandes aficiones fueron la música y el ciclismo.

No podía ser de otra manera, porque música al fin y al cabo era lo que los pájaros ofrecían diariamente a sus infantiles oídos.

Si por aquel entonces hubiera existido el vuelo libre seguramente lo hubiera practicado; pero, como esto no existía, le gustaba correr en bicicleta, pues tenía aptitudes para ello y el deporte le ofrecía libertad; pero un grave accidente le quitó la oportunidad.

En otro momento de su vida y con cierta nostalgia volvió a recurrir a su imaginación y pensó en construir un espacio en su jardín-huerto para que múltiples aves pudiesen cobijarse en él y, tal vez, volver a comunicarse con ellas.

Su fantasía, por razones evidentes, no pudo llevarse a cabo y entonces, cuando su cabello negro azabache ya no poblaba su cabeza, cuando de nuevo la soledad se convirtió en su inseparable compañera, encontró tiempo para leer y reflexionar sobre ciertos matices de su accidentada vida y descubrir la diferencia que hay entre causa y efecto, entre filosofía y práctica, entre creencia e hipótesis, entre la inconsciencia y la reflexión.

Hoy, la compañera de vida del protagonista de esta historia ya pasó a otra dimensión y él espera que llegue su momento en la sobria habitación de una buena residencia de ancianos, al otro lado de los Pirineos, porque le faltan las fuerzas para alzar el vuelo y atravesarlos.

Curiosamente, para su cumpleaños le han regalado un comedero de aves con el que da de comer a los pájaros que se acercan a su ventana y pasa los días escribiendo versos a su esposa para decirle, tal vez, lo que nunca le dijo en vida; también toca el laúd, lee y escucha música en una tablet y está aprendiendo a utilizar un ordenador y, cuando le queda tiempo, entra en mi humilde blog.

Os dejo estos versos salidos del corazón de un idealista de 87 años. ¡Mi tío!

A Laura

Un día me levanté
con el corazón partido
al ver que con quién soñé
ya no estaba conmigo.

***

Soñé que estaba aquí
sentada al lado mío
y cuando abrí los ojos
vi el espacio vacío.

***

Te imagino diciendo:
arregla la cama,
cierra la puerta del baño
y así, mientras te obedezco,
pienso que estás a mi lado.

EL AGUA Y LA ORILLA

EL AGUA Y LA ORILLA

Un día más, discurría el agua, un tanto perdida, cuando por fin preguntó a la orilla:

—¿Qué puedo hacer para ser tu amiga? Te siento tan cerca y a la vez tan distante…

La orilla le respondió:

—Si deseas ser mi amiga, no te detengas y sigue adelante.

—No te comprendo —dijo el agua, extrañada—. Yo desearía quedarme siempre contigo.

La orilla le advirtió:

—Si te detienes, impedirás que las aguas que vienen detrás puedan hacer su camino; inundarán las tierras y ahogarán las plantas que crecen en ellas.

Sin embargo, si sigues tu curso, darás vida a los campos; miles de florecillas saldrán a tu encuentro, las mariposas podrán revolotear sobre ellas y todos disfrutaremos de la placidez que produce el sonido de tus aguas.

Pero, además, no has de temer, porque yo estaré siempre contigo, no te abandonaré hasta que llegues al mar y, allí, ya no me necesitarás.

El agua, emocionada, acarició a la orilla suavemente y prosiguió su camino. Había comprendido el mensaje. Se sentía feliz, no estaba sola y, además, había descubierto que el discurrir de sus aguas tenía un sentido.

Desde aquel día el agua y la orilla permanecen unidas de tal forma que, aún siendo dos entes diferentes, se perciben como si de uno solo se tratase, porque cuando hay amor, las diferencias desaparecen.

¡Feliz reflexión!

CONFIANZA

 CONFIANZA

Hay maestros que la definen como un misterio y tratan de darnos una idea de ella diciendo que si imaginamos el amor como una circunferencia, el centro de ésta sería la confianza.

Si un maestro dice ésto ¿qué puedo decir yo? No, no voy a hacer una gran disertación sobre la confianza, porque dudo que sea capaz de explicar con claridad lo que pretendo,  aún así, intentaré animarte a llevarla de compañera en tu caminar por la vida.

En el libro “El Principito” hay una frase muy conocida que dice: “Lo esencial es invisible a los ojos del hombre” y para mí, la confianza es esencial y también invisible a los ojos del hombre, porque solo puede percibirse desde el vacío y el silencio interior.

-¿Confianza en qué? -Podría decirme alguien y yo, con humildad, respondería:

-Confianza en la Vida, confianza en tu verdadero “Yo” y confianza en la Ley.

Confianza en la Vida, porque ésta es como una escuela en la que venimos a aprender y por ella debemos pasar sin “apegarnos a ningún pupitre”, solo descubriendo cual es el nuestro y, desde él, ir avanzando.

Confianza en nuestro verdadero “Yo”, porque, hasta donde yo sé, que tampoco es que sea mucho, no somos únicamene el organismo, ni las emociones ni los pensamientos; somos un “alma”, un “espíritu”, una “esencia”, un “Yo” (cada cual que elija el nombre con el que mejor lo entienda); y las envolturas con las que, habitualmente, nos identificamos son solo el equipo necesario para recorrer nuestro camino, para realizar nuestra andanza.

Confianza en la Ley, porque la verdadera libertad nace del conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la vida. El conocimiento de la Ley es el que permite fluir con libertad.

Otras enseñanzas dicen que vivir con confianza sería algo así como, migrar como una nube o fluir como el agua. Me parece preciosa la frase y de pronto, imagino que soy una nube surcando el firmamento o agua fluyendo por el cauce y cuando algún obstáculo parece detenerme, escucho una voz que parece salir del propio impedimento y que dice suavemente, pero con rotundidad: no te detengas, avanza, avanza…

La verdadera confianza conlleva despreocupación, comprensión de que no hay fracaso, que todo está planeado para lo mejor, liberación del miedo, la ansiedad, la envidia, la desesperación.

Para no extenderme demasiado, acabaré con la conocida frase de una película: “Al final todo estará bien y si no lo está, es que no es el final”.  Podríamos recordar esta frase de vez en cuando, porque solo regando y abonando la semilla de la confianza podrá crecer en nuestro interior y cuando la sintamos dentro, aunque sea por un breve instante, sabremos que existe sin necesidad de más explicación, porque:

“La confianza es la evidencia de las cosas no vistas”

Feliz reflexión!!!