ESCRIBIENDO MI PROPIA HISTORIA

Aprovechando que mañana se celebra el Día Internacional del Libro, así como la festividad de San Jorge (Diada de Sant Jordi en Catalunya, donde existe una hermosa y conocida tradición y que San Jorge -San Chorche en aragonés- es el patrón de Aragón) en esta entrada os regalo un tomo de mi vida y una rosa. Deseo que os gusten.

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Hizo falta que la vida me pusiera ante una difícil situación para que descubriera a mi particular dragón. Esta peligrosa bestia que habitaba en mi interior, se nutría de bajas emociones y expresiones negativas y tan habituada estaba a convivir con ella, que desconocía que era su prisionera.

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Como desde mi punto de vista, la actual existencia representa un eslabón en la larga cadena de la evolución humana, tan solo os puedo mostrar el presente tomo, cuyo primer capítulo comienza con el azaroso movimiento de dos intrépidos gametos, que ávidos de experiencias, comienzan un juego amoroso, se funden y generosamente me permiten entrar en escena.

Mi primer nombre fue “cigoto”, poco después fui un “embrión” y más tarde un “feto”. ¡Vaya nombres! —pensé yo. Pero no voy a opinar, la ciencia es la ciencia y el nombre ¿qué más da?

Tras nueve meses de acogedora cautividad, decidí aventurarme, no dejé pasar ni un día más; necesitaba luz, llenar mis pulmones de aire, explorar el exterior.

Fue más fácil de lo que esperaba, tuve que esforzarme pero el propio entorno me ayudó; sus paredes se contraían y se aflojaban y eso facilitó el recorrido. Finalmente lo conseguí.

Cuando por fin vi la luz estaba algo confusa, pero comprobé que me estaban esperando y que mi llegada les alegraba. Pero, ¡ay, señor! de pronto, sin tiempo para adaptarme al medio, me cogieron, me zarandearon y mis pequeñas nalgas calentaron.

Nada pude decir, salvo llorar, ¡no era justo tratar así a quien acababa de llegar!

Al escuchar mi llanto todo cambió. ¡Quizás les impresione! Me limpiaron y con mi desnudez ya cubierta, tras acariciarme un poco, me dejaron descansar. Uf!, por fin algo de calma.

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Mientras me sumergía en la lectura de mis propias vivencias, fui recordando algunas cosas y se hicieron evidentes otras. No faltaban momentos divertidos, momentos de encuentros, de amores y de esperanza, pero también momentos de desamores, de llanto y de soledad; momentos inolvidables y otros, sin esencia para recordar.

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En mi lucha contra la feroz alimaña, humildemente, reconozco que he perdido muchas batallas, pero hoy puedo decir que, aunque nuestra particular guerra continúa, la situación ha cambiado porque está muy debilitada por inanición.

No ha sido un trabajo fácil, sino un largo camino de esfuerzos y tropezones, de superación de obstáculos y endulzar sinsabores, pero la historia cambio de rumbo y, ya con cierto grado de emancipación, voy escribiendo las páginas de este libro desde una nueva perspectiva.

La redacción se hizo menos jocosa, pero más veraz. Ya no habla de culpables, sino de responsabilidad.

Las pasiones más fuertes, dieron paso a sentimientos de amor y el pensamiento crítico, en comprensión derivó.

Soy consciente que en la actualidad el feroz dragón solo está debilitado, pero también que si no le proporciono alimento algún día desaparecerá y yo podré alcanzar mi ansiada libertad.

Como ya he dicho, mi historia no empezó en este libro ni en él acabará, porque se han de escribir muchos tomos para que un ser pueda desarrollar todo su potencial.

Y cuando deba acabar el tomo que hoy os ofrezco, me daré por satisfecha si algún tramo logré avanzar y con la mente fija en la cumbre, mostraré mis manos vacías, cerraré lentamente mis ojos y quedamente diré, por si alguien puede escuchar, “continuará”.

Tres palabras concluirán el libro: “Soltar, silencio y paz”.

 

La rosa de la amistad

EL NIÑO Y LA SOMBRA

Que la Luz descienda a la Tierra

 

Este cuento se desarrolla en un tenebroso lugar, donde sus habitantes vagan sin cesar en busca de luz, un concepto desconocido para ellos.

En un principio, la vida del clan transcurría sin grandes alteraciones, hasta que en un inesperado momento todo cambió. Agad, el consejero del clan, enfermó. La duda surgió.

Sobre él recaía la responsabilidad de conducir al clan, pero esto ahora era imposible. Agad carecía de todo signo de vitalidad. Y, de repente, la duda se convirtió en miedo.

Todos emitían sonidos sin alcanzar la comunicación; tanto los hombres, como las mujeres se desplazaban sin sentido ni dirección. Estaban asustados porque la supervivencia sin el guía era impensable.

Olvidado e inmerso en la vorágine, un niño observaba asustado. La tragedia asolaba a su pueblo y él no sabía qué hacer.

Ante tal situación de impotencia y soledad el pequeño buscaba una solución, pero ésta no se presentaba.

El tiempo transcurría lentamente sin la existencia del concepto de horas, de días, ni de noches. De pronto, la idea se posó en la mente del niño, con la delicadeza de una mariposa; sus ojos se humedecieron, pero sintió algo sublime en su interior.

Sí, lo tenía claro, él solo era un niño, sin apenas amigos con quien jugar y sabía que, sin el amado consejero, la vida de todos peligraba.

Permaneció acurrucado y en silencio, imaginando que Agad sanaba, que volvía a conducir el clan y que, finalmente, alcanzaban el objetivo.

El cansancio se apoderó del niño y se perdió en un profundo sueño.

A través del estado de ensoñación, visitó otros lugares, se comunicó con otros seres y penetró en el camino que le condujo a la luz (la luz de la que hablaba el enfermo Agad); también descubrió, con alegría, que en aquel mundo de luz, todos disfrutaban de la compañía de una amiga que llamaban sombra.

Pasado un tiempo, el niño despertó desorientado, recordaba el sueño con nitidez, pero, de nuevo, le envolvían las tinieblas.

Ahora, reinaba el silencio, el clan parecían tranquilo. Era evidente que la situación había cambiado. ¿Qué había ocurrido?

El consejero había sanado y, con esfuerzo, un día encontró el camino que les condujo a la luz.

Desde aquel momento, tanto el pequeño protagonista de este relato, como todos los demás, disfrutaron de la compañía de su sombra y lo más importante, adquirieron la capacidad de distinguir entre la verdadera realidad y la penumbra.

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En homenaje a los que no se conforman; a los buscadores de la luz; a los que dedicaron, dedican y dedicarán su esfuerzo y su tiempo a mejorar la Humanidad: Sócrates, Platón, Pitágoras, Copérnico, Galilei, Arquímedes, Einstein, Pasteur, Fleming y muchos más.

Mis mejores deseos para este nuevo  año y para siempre.

¿QUÉ ES LA VERDAD?

¿QUÉ ES LA VERDAD?

Hay quien describe la VERDAD como una experiencia directa e intransferible; como una percepción espontánea e instantánea sin intermediarios; como una expansión del SER Interno imposible de describir.

Si conociéramos la respuesta a la pregunta del título, alcanzaríamos la “seguridad” necesaria para vivir felices, alegres, gozosos, completos, porque la Verdad nos permitiría comprender el pasado, nos proporcionaría un futuro y nos permitiría utilizar todo nuestro potencial en el presente. Pero los cinco sentidos y el intelecto no son suficientes para descubrir la verdad que está detrás de las apariencias.

No tengo el conocimiento ni la sabiduría necesaria para poder dar una respuesta a la pregunta formulada, así que, como ya has vuelto de vacaciones con energía renovada, te ofrezco unas sencillas frases por si quieres reflexionar.

* El conocimiento de la Verdad es progresivo,  aunque podamos alcanzar una verdad, siempre habrá otra verdad mayor esperando ser descubierta.

* La humildad es la clave para aprender. Sócrates, uno de los más grandes filósofos, llegó ha decir: “Solo sé que no sé nada”, indudablemente este maravilloso axioma revela una gran sabiduría.

* “Querer, Saber, Osar y Callar”. Generalmente el Sabio habla poco pero dice mucho, no pierde las energías en discusiones banales, sino que permanece en silencio; aunque ese “silencio” no quiera decir callar, sino permanecer en calma interior mientras se habla, pues es tan malo hablar cuando hay que callar, como callar cuando hay que hablar.

*¡Hombre conócete a ti mismo y conocerás a  Dios y al  Universo del que formas parte!
¿Quién es este “sí mismo” que debemos conocer? ¿Nuestro carácter, nuestros defectos y cualidades?… No, si conocerse fuese únicamente eso, los Sabios nunca habrían inscrito este precepto en el frontispicio de un Templo. Este conocimiento también es necesario, pero resulta insuficiente. Conocerse es mucho más que eso, conocerse a “sí mismo” es reconocer nuestro verdadero SER, más allá de cualquier especulación intelectual o racional, más allá de cualquier sospecha o suposición de nuestra personalidad .

* El verdadero problemas del ser humano es que no sabe quién es, si un cuerpo de barro o un espíritu inmortal.

Feliz reflexión!!!

EL PLANETA MÁGICO

Hace ya muchos años, una estrella fugaz surcaba el firmamento, cuando observó un pequeño y misterioso planeta. No pudo resistirse a su magnetismo y decidió posarse en él.

Pronto descubrió que el lugar era hermoso, pero también un tanto extraño. Sus habitantes parecían robots, llevaban siempre las manos ocupadas, caminaban deprisa, miraban mucho pero parecían no ver nada, a veces reían a carcajadas, pero su sonrisa era forzada y parecía congelada.

En el recorrido por este planeta, la estrella encontró a un ser que, por su aspecto, parecía estar sobrado de edad y  se le acercó esperando que, con la sabiduría que dan los años, él podría explicarle la historia de aquel curioso lugar.

El anciano, muy amablemente, le confió lo siguiente:

Según contaban mis antepasados, tiempos atrás, el planeta era conocido con el nombre de “Planeta Mágico”, porque tenía una gran belleza y un fuerte poder de atracción.

Por aquel entonces, prosiguió diciendo el anciano, en este lugar vivían unos seres invisibles que comenzaban a trabajar justo cuando las estrellas y la luna hacían su aparición. Eran seres mágicos, se decía que vivían en los bosques, pero nadie los vio nunca, solo se sabía que existían, que trabajaban con entusiasmo por los demás y que siempre estaban alegres, pues, al anochecer, parecía escucharse una dulce melodía, de origen también desconocido.

La vida en el planeta transcurría de forma placentera, pero una noche, cuando estos fantásticos seres estaban realizando su trabajo, empezó a soplar un fuerte viento; ellos dejaron sus tareas y esperaron ¡algo estaba ocurriendo! Entonces el Gran viento habló y dijo: “Queridos amigos, ¡cuán importante es vuestro trabajo! aunque nadie lo valore ni sea consciente de vuestra existencia. A partir de ahora, partiréis a otro lugar, donde vuestra ayuda es necesaria y tal vez sea más valorada”.

Acabado su trabajo y cuando todavía la luna brillaba, nuestros amigos marcharon a un lugar muy, muy lejano, tan lejano, que a él solamente se puede acceder a través del silencio.

Al parecer, fue en este momento que el planeta dejó de ser mágico; sin la ayuda y la inspiración de aquellos seres invisibles, sus habitantes estaban desorientados y, pronto, todo se convirtió en un caos.

Pero, como bien dice el refrán: “A río revuelto, ganancia de pescadores” y esos momentos de confusión fueron aprovechados por seres de otros lugares, donde reinaban las tinieblas y empezaron a planear qué podían hacer para aprovecharse de aquel desorden y se les ocurrió una idea que pusieron en acción.

Para empezar, los fueron convocando prometiéndoles que ellos iban a sacarles de aquel caos y que iban a modernizar el planeta con máquinas que harían más fácil su vida.

Los habitantes de aquel curioso lugar estaban muy contentos y comprobaron que, efectivamente, las máquinas contribuían a que su vida fuera más placentera, pero pronto estos aparatos se volvieron imprescindibles, hasta tal punto que poco a poco se perdió la capacidad de realizar las operaciones más simples sin la ayuda de una máquina; también se fue perdiendo la costumbre de hablar mirándose a los ojos para constatar lo que decían las palabras, así como el arte de reunirse en familia por el simple placer de hacerlo y para contar historias, ahora se reunían para comer y, en ocasiones, para asistir a actos fúnebres, pero siempre conectados a su máquina, como quien necesita oxígeno para respirar.

El placer por la lectura ya ni se recordaba, porque ahora con la vista solo se escaneaba fijándose en las formas, pero sin acceder a la esencia contenida en las palabras.

Los niños ya no jugaban en las calles, pues a muy temprana edad ya se conectaban y su aspiración más elevada era ser famoso para vivir bien sin preocuparse por nada y, en aquella sociedad, los ancianos sobraban.

Los seres que provenían de las tinieblas consiguieron su objetivo. La gran mayoría de los lugareños  no era consciente de lo que había perdido, de lo que ciertas máquinas representaban, porque no tenían tiempo para pensar y sin saberlo se convirtieron en masas robotizadas y por tanto manipuladas.

Poco a poco los habitantes de este singular planeta olvidaron que tenían vida interior y solo se movían por impulsos externos y el llamado planeta mágico perdió la capacidad que lo caracterizaba, la capacidad de amar, de sonreír, de colaborar y se convirtió en un enjambre de robots buscando un mito o una máquina a quien adorar.

Pasaron los años y todavía hoy el Gran Viento espera pacientemente que los habitantes de aquel lugar, alcen los ojos y sean conscientes de que están siendo manipulados, de que son seres libres, de que la libertad es un derecho inherente y que ser libre significa tener capacidad de elección.

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La estrella, que había quedado absorta con el relato del anciano, vio como una lágrima resbalaba por su mejilla. Ella, lo envolvió con su luz y le dio las gracias. El anciano también se las dio, porque le había dado la oportunidad de contar la tragedia que asolaba a su planeta.

¡Feliz reflexión!