LA EVOLUCIÓN DE LA SEMILLA

 

No sé de donde vengo ni sé hacia donde voy.

Aunque aparentemente libre, no tengo capacidad de decisión; fuerzas externas me mueven; he dejarme llevar.

Siento que estoy descendiendo hasta que, en un momento dado, algo me detiene.

Pasa el tiempo, llegan las lluvias; la tierra se ablanda y me acoge; estoy tranquila, poco o nada puedo hacer, salvo esperar…

El caparazón que me protege es, al mismo tiempo, el muro que me aísla.

Continúo pasiva, aunque mi sensibilidad va despertando; ya percibo el amanecer, el cálido abrazo del sol y también el ocaso.

Una fuerza desconocida está despertando en mi; una fuerza interior que invita a la expansión.

Desconozco el resultado, tengo miedo. He de romper la coraza que siempre me ha protegido, pero es una fuerza irreprimible que me impulsa al movimiento.

Es hora de buscar luz, he de salir, ¡salgo!

Poco a poco voy percibiendo el entorno.

¡No estoy sola! Descubro otras plantas;  somos diferentes, pero tenemos mucho en común: todas buscamos la luz, nos alberga la misma tierra y nos  calienta el mismo sol.

Voy creciendo en altura y en fuerza.

He dejado de ser la intrépida y vulnerable semilla germinada. Siento dentro de mí un gran potencial por desarrollar.

No sé cual es mi meta, tal vez pueda ofrecer flores y frutos o, tal vez,  mi humilde servicio quede reducido a dar cobijo a las aves que se acerquen y sombra al incansable peregrino.

Que el nuevo año nos permita desarrollar nuestro potencial de capacidades y cualidades.

Feliz reflexión!

ANIMALES CON CORAZÓN (IV)

 

CAPÍTULO CUARTO: NUESTRO NUEVO HOGAR

En la “casa-cuna” de acogida estábamos como en el cielo. Nos trataban con mucho cariño y nos lo pasábamos “pipa” subiendo y bajando por una estructura especial que había para gatos, eso sí, cuando los gatos grandes no nos veían.

Pasaron los días y de nuevo vinieron aquellas personas que para nosotros eran especiales y que hablaban de cosas que no entendíamos. Tras los saludos,  salieron a vernos y se asombraron de lo mucho que habíamos crecido. Todos fueron muy cariñosos y especialmente la que nos había adoptado, que estaba deseosa de llevarnos con ella.

Cuando llegó el momento de marcharse, se acercaron con algo parecido a una caja con ruedas y con mucho cuidado nos metieron dentro a mi hermana Luna y a mí. Nunca habíamos ido en una cosa así, no nos gustó mucho pero echaron un líquido dentro de la caja que nos fue relajando y marchamos los dos con nuestra nueva “amita” y otra compañera del grupo, que también le gustaban los gatos, pero que por razones de espacio no podía adoptar ninguno. Por el camino, aunque un poco adormilados, recordábamos a la pareja de ángeles que nos había cuidado tan bien y a Blanquita, nuestra hermana pequeña, que había quedado sola, pero que, como ya sabéis, también la habían adoptado. Nos despedimos de ella, como lo hacemos los gatos y emprendimos nuestro camino en la vida. No olvidéis que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias y eso los animales lo sabemos muy bien.

La singular caja en la que íbamos, ahora sé que se llama transportín, rodaba por la calles impulsada por el brazo de nuestra nueva “amita”, que iba tan inquieta o más que nosotros.

-¡Ay, señor!. He adoptado dos gatos. -Se repetía en silencio.

Finalmente llegamos a la casa, pero no vimos nada, porque directamente nos llevó a una habitación, abrió el transportín y nos dejó en libertad. Allí no había estructuras, como en la otra casa, pero había cojines, bolsas para escondernos y bonitas cajas de cartón para dormir, aunque no nos pusimos a descansar hasta que no tuvimos todo bien olisqueado e impregnado con nuestro olor.

De vez en cuando se abría un poquito la puerta y asomaba la cabeza nuestra nueva “amita” y al momento volvía a cerrarse al comprobar que estábamos bien, Creo que durmió ella menos que nosotros. Desde entonces esa habitación es nuestro refugio.

A la mañana siguiente, nuestra “amita” abrió la puerta de la habitación y nos invitó a salir. Estábamos un poco temerosos ¡todo era nuevo! Allí no había tantos juguetes, pero vimos a dos personas que nos miraban con mucho cariño y enseguida supimos que tanto ellas como nosotros íbamos a estar muy bien.

En esta foto estamos dentro de una bolsa muy bonita que nos preparó, pero un día a Luna le dio por rascar con sus uñas y la destrozó; buenos he de decir que yo también colaboré un poco.

Una noche, decidimos ponerles nombre para distinguir a nuestras nuevas “amitas” y, aunque no sea muy original, decidimos llamarlas “Osa mayor” y “Osa menor”, porque las dos tienen el cabello blanco y más o menos la misma altura, pero una tiene más edad que la otra, porque es su mamá. ¡tiene suerte de poderla disfrutar todavía!

Mi hermana Luna os contará más cosas sobre ellas, pues ya me está diciendo que si cuento todo yo, ella no tendrá cosas para contar, así que aquí termino este capítulo, que trata del inicio de nuestra vida en adopción, de la suerte que hemos tenido con estas dos almas con cabello blanco que nos han adoptado y de lo agradecidos que estamos con todos los que, anteriormente, nos protegieron y nos cuidaron.

Hola a todos, soy Luna. Algunos os preguntaréis la razón por la que no escribo yo; bien, pues no lo hago porque mi hermano siempre ha ejercido de hermano mayor y algún privilegio debía tener, así que él se expresa antes y yo me expresaré después.

Será una visión algo distinta, pues cada animal tenemos nuestra propia personalidad. 

A Sol le gusta comer de todo y con tal de que lo acaricien y pueda hacer sus escapadas a casa de los vecinos ya está contento. Yo también soy feliz, pero soy un poco más rarita con la comida y me gusta mucho observar, ya podéis ver en la foto que mi mirada es penetrante, bueno, todo lo que puede ser la mirada de una gata.

Ahora, mi aspecto ha cambiado un poco, el pelo del lomo se ha oscurecido y parece que se me cae menos, nuestras “amitas” estaban preocupadas porque no sabían que lo estaba cambiando.

El próximo capítulo tratará sobre “La llamada de la naturaleza” y estoy segura que os gustará.

Gracias por vuestras visitas y comentarios. Os esperamos.

 

CUENTA CONMIGO

CUENTA CONMIGO

“Cuenta conmigo”, como ya sabéis, es el nombre de mi blog. Si he de ser sincera, me cuesta admitir que esté escribiendo en un blog y sobre él. Pero todos sabemos que: “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…”

Me resistí mucho a tener un blog; era algo así como abrir una ventana a mi intimidad; finalmente, di el paso pensando que nadie vería más de lo que yo enseñara, y aquí estoy, compartiendo con vosotr@s mi lento caminar por la vida y por mi humilde blog.

Hay quien dice, supongo que en broma, que me he convertido en una bloguera, pero no se es bloguera por el mero hecho de tener un blog, al igual que no se es  escritora por ser autora de un pequeño libro y estar “gestando” otro. Soy realista!. Disfruto escribiendo y ahora tengo un blog, pero ser escritora o bloguera, para mí, tienen otra connotación.

Sophie, Sol, Luna y yo agradecemos mucho vuestras visitas, tanto las que hacen comentarios, como las que no. Como ellos son, por ahora, los verdaderos protagonistas del blog, cada día les digo: merece la pena continuar porque nos siguen visitando y ellos, a su manera y con entusiasmo, me siguen inspirando.

Somos conscientes de que “no todos los que entran en el blog lo leen ni todos los que leen entran en el blog”, pero aún así estamos más que satisfech@s con las visitas recibidas, que ya se acercan a las dos mil y el blog acaba de cumplir un mes.

Como estamos en época estival, no queremos molestar más, así que FELIZ VERANO y,

¡GRACIAS POR VISITARNOS!    ¡ES HERMOSO SABER QUE ESTÁIS AHÍ!