EL NIÑO Y LA SOMBRA

Que la Luz descienda a la Tierra

 

Este cuento se desarrolla en un tenebroso lugar, donde sus habitantes vagan sin cesar en busca de luz, un concepto desconocido para ellos.

En un principio, la vida del clan transcurría sin grandes alteraciones, hasta que en un inesperado momento todo cambió. Agad, el consejero del clan, enfermó. La duda surgió.

Sobre él recaía la responsabilidad de conducir al clan, pero esto ahora era imposible. Agad carecía de todo signo de vitalidad. Y, de repente, la duda se convirtió en miedo.

Todos emitían sonidos sin alcanzar la comunicación; tanto los hombres, como las mujeres se desplazaban sin sentido ni dirección. Estaban asustados porque la supervivencia sin el guía era impensable.

Olvidado e inmerso en la vorágine, un niño observaba asustado. La tragedia asolaba a su pueblo y él no sabía qué hacer.

Ante tal situación de impotencia y soledad el pequeño buscaba una solución, pero ésta no se presentaba.

El tiempo transcurría lentamente sin la existencia del concepto de horas, de días, ni de noches. De pronto, la idea se posó en la mente del niño, con la delicadeza de una mariposa; sus ojos se humedecieron, pero sintió algo sublime en su interior.

Sí, lo tenía claro, él solo era un niño, sin apenas amigos con quien jugar y sabía que, sin el amado consejero, la vida de todos peligraba.

Permaneció acurrucado y en silencio, imaginando que Agad sanaba, que volvía a conducir el clan y que, finalmente, alcanzaban el objetivo.

El cansancio se apoderó del niño y se perdió en un profundo sueño.

A través del estado de ensoñación, visitó otros lugares, se comunicó con otros seres y penetró en el camino que le condujo a la luz (la luz de la que hablaba el enfermo Agad); también descubrió, con alegría, que en aquel mundo de luz, todos disfrutaban de la compañía de una amiga que llamaban sombra.

Pasado un tiempo, el niño despertó desorientado, recordaba el sueño con nitidez, pero, de nuevo, le envolvían las tinieblas.

Ahora, reinaba el silencio, el clan parecían tranquilo. Era evidente que la situación había cambiado. ¿Qué había ocurrido?

El consejero había sanado y, con esfuerzo, un día encontró el camino que les condujo a la luz.

Desde aquel momento, tanto el pequeño protagonista de este relato, como todos los demás, disfrutaron de la compañía de su sombra y lo más importante, adquirieron la capacidad de distinguir entre la verdadera realidad y la penumbra.

***

En homenaje a los que no se conforman; a los buscadores de la luz; a los que dedicaron, dedican y dedicarán su esfuerzo y su tiempo a mejorar la Humanidad: Sócrates, Platón, Pitágoras, Copérnico, Galilei, Arquímedes, Einstein, Pasteur, Fleming y muchos más.

Mis mejores deseos para este nuevo  año y para siempre.