UN HECHO QUE ALTERÓ MI VIDA

UN HECHO QUE ALTERÓ MI VIDA

mayo 20, 2018 14 Por Ana Palacios

 

 

 

UN HECHO QUE ALTERÓ MI MONÓTONA VIDA

No puedo presumir de mis medidas, según los cánones de belleza, pues soy casi tan ancho como largo, pese a ello y visto lo que hay, no tengo razones para quejarme.

Albergué en mi interior a una surtida variedad de seres vivos, presumía de ellos en primavera, aunque cuando llegaba el caluroso verano muchos de ellos desaparecían, otros se recuperaban en otoño y permanecían medio aletargados en invierno hasta que llegaba de nuevo la época de floración; ahora que ya he superado unos cuantos años sé que las cuatro estaciones son necesarias y por todas ellas he de pasar.

Pero no quiero hablar del tiempo, que eso ya lo hacen muy bien los meteorólogos, hoy quiero hablar de un hecho inesperado que me ocurrió hace algo más de un año.

Mi vida transcurría en aparente tranquilidad, aunque también algo aburrida, todo ha de decirse, cuando me vi sorprendido por la presencia de dos curiosos animales ¿os podéis imaginar? yo estaba acostumbrado a los tranquilos seres del reino vegetal.

Ciertamente, me sorprendió verles y temí por mi integridad, hasta que comprendí que los pobres animales estaban tan inquietos y asustados como yo.

Ahora ya somos amigos, a ellos les gusta estar conmigo y a mi me proporcionan un toque de diversión con sus aparentes reflexiones, sus cabriolas y sus juegos.

Si alguien tiene gatos sabrá que estos animales disfrutan con cualquier cosa; una pequeña hormiga les hace permanecer como estatuas rato y rato esperando lo imposible, es decir, que salga por donde entró y se emocionan de tal forma con los insectos que es divertido observarlos. También es cierto que esto lo digo yo, pero sería interesante conocer otras opiniones, jeje, porque cuando saltan para cazar una mosca no calculan la caída y si ésta se produce sobre una planta la dejan plana como una lechuga, aunque por suerte, tras los cuidados oportunos, con el tiempo, se recupera.

Tienen una gran curiosidad, todo lo husmean y, a veces, parece imposible que puedan entrar en un determinado hueco, caja o bolsa, pero aplanan su cuerpo de tal forma que acaban metiéndose.

Nunca imaginé que iba a disfrutar tanto con unos gatos. Antes me visitaban pequeños pájaros, pero ahora solo algún arriesgado osa acercarse a determinadas horas, los otros parece que han buscado un territorio más seguro.

Os muestro unas fotos para que nos conozcáis a los tres. El rubio se llama Sol, le encanta estirarse, recibir caricias y pasar a casa de los vecinos. La siamesa es Luna, observadora, inquieta, lista y tan curiosa que no se pierde detalle de lo que pasa en el patio contiguo, eso sí, sin arriesgarse a pasar.

Bueno, he de decir que nunca antes había narrado mis vivencias y reconozco que apenas tienen relevancia, pero tampoco se puede esperar mucho del patio de una casa de ciudad, que cuando llueve se moja como los demás.