CONSULTA A MADAME SANTAL

CONSULTA A MADAME SANTAL

octubre 3, 2019 4 Por Ana Palacios

Hace unos meses, mi compañera de letras, Estrella, me invitó a visitar a Madame Saltal. He de decir que cuando entré en aquel ambiente no me sedujo demasiado, no tenía el cuerpo para villancicos en aquellos momentos, pero me quedó dentro el gusanillo y un dija dije ¿por qué no intentarlo? y un tanto escéptica comencé a escribir sin saber bien qué decir a tan prestigiosa vidente. Pasado el verano y reuniendo las pocas fuerzas que me quedaban, decidí dar el paso.

Aquí os dejo mi primera consulta y su respuesta. Añadir que sus consejos me han ido tan bien que ya he vuelto a visitar a tan singular personaje.

***

Admirada Madame Santal.

No sé si su consultorio es el lugar adecuado para solicitar la ayuda que necesito, no obstante decido dirigirme a usted antes que a otros desconocidos profesionales.

Madame, de un tiempo a esta parte, tengo sensaciones que me tienen preocupada. A veces pienso que estoy soñando y que al despertar volveré a la normalidad, otras veces creo que he sido hechizada por algún aprendiz de mago que se divierte a mi costa.

Intentaré explicarme.

Como ya sabrá, la vida pasa a una velocidad vertiginosa; la tecnología adelanta que es una barbaridad; hoy prima la forma sobre el contenido, el envoltorio sobre la esencia y yo me siento perdida en algún recodo del camino, sin entender hacia dónde vamos.

Hasta los diseñadores de ropa parecen trastornados. Hace unos días decidí comprarme unos vaqueros, hoy llamados jeans, y comprobé que los vendían rotos, eran tan estrechos que parecían hechos para gacelas y ahora, eso que ante llamábamos tiro, lo han reducido a la mínima expresión y dejan el ombligo al descubierto.

Pero eso no es todo, la semana pasada me salió en el hombro una mancha que picaba como un demonio. Decidí visitar al especialista y nada más verme preguntó:

—¿Hay animales en su casa?

Pensé decirle que éramos cuatro, pero ante el temor a que no lo comprendiera, respondí:

— Sí. Tengo dos gatos.

No me gustó nada la cara que puso, hecho que me hizo sospechar que el efecto del hechizo llegaba hasta allí. ¿Qué culpa tienen mis peluditos? Duermen en su habitación y están sanos y lustrosos.

Me aplico cada día la pomada recetada y, por suerte, ya casi no hay picazón, porque no estoy dispuesta a dejar de acariciar a mis gatos ni a prescindir de sus arrumacos.

No piense que tengo manía persecutoria ni algo por el estilo, me considero una persona positiva y con sentido del humor, pero hay veces que desearía vivir en la cima de una montaña alejada de noticias y del mundanal ruido.

—¿Es grave mi dolencia, Madame Santal?

Por favor, cuando sus ocupaciones lo permitan, ayúdeme a superar este posible hechizo.

Afectuosamente,

Una hechizada.

***

Respuesta para una hechizada

Admirada y bienvenida sea usted a mi consultorio, me complace su visita al depositar su confianza en la excelencia sin igual de mis múltiples dones, por lo que le puedo asegurar que no ha errado en su elección.  Ni siquiera mencione a la competencia, que con indecencia acaban con la paciencia de más de uno y por supuesto, ya no tienen perdón.

¡Oh! ya sé lo que siente y presiente al estar ausente, aunque presente… ¡Por la sabiduría que me otorga mi Rayo Dorado, claro que está hechizada! No se preocupe por nada, ni siquiera por estar durmiendo sin almohada, a plena luz del día y de la noche ¡qué derroche de energía malgastada!

Cierto que la vida pasa y nos sobrepasa… En fin, que no me extraña nada, que se sienta perdida en la «jungla» de asfalto, sin comprender el rumbo de este mundo absurdo.
¡Oh, los disoñadores! quise decir diseñadores de ropa, qué fauna tan estrambótica, convertida en robótica, una pena, penita, pena, verlos de acá para allá tintineando sus tacones con plataforma, tal que monedas de cambio dándose de bruces al caer.
Si, esos jeans de inauditos precios, presentan un aspecto igual de increíble, vamos que ni siquiera parecen nuevos, sino sacados de un contenedor de ropa usada y mal lavada. La comprendo perfectamente al mencionarme a las gacelas, para las que semejantes «dislocadodores» parece ser que se inspiran al crear sus «disloques», sin tiro que valga o dejándolo tan mínimo, para que esas galgas y gacelas luzcan orgullosas sus ombligos… Déjeme que la tranquilice, porque ante semejantes locuras, mejor rebuscar en el baúl de la abuela para encontrar ropa muy variada, normalita y de toda la vida.

Alude también a una inoportuna mancha en su hombro, muy molesta, con aspecto sospechoso y que su dermatólogo no la observó con buenos ojos, lo cual yo también corroboro, procediendo de donde viene.
¡Claro! ¿Qué culpa tienen sus lindos gatitos y por qué va a dejar de acariciarlos?… Sin embargo, existe un problema que hay que atajar, porque permanecer tanto tiempo hechizada no es una bobada, sino una grave dolencia. Ahora tome nota de mis consejos.

Aproveche este otoño para ir a coger setas al monte, entre ellas debe encontrar unas específicas de color verde como el trigo verde, verde limón, con un sombrerito de damisela tornasolado y de color negro. Ya sé perfectamente que son una variedad extrañísima, pero que la podemos solventar de la siguiente manera: coja una seta común y corriente, échele un chorrito de limón encima y luego una infusión de menta, póngala al sol unos minutos hasta que brille y finalmente rocíe la parte superior con tinta de calamar, de esta forma ya tiene la seta milagrosa en sus manos; repita el proceso con el resto de las setas.

Seguidamente sitúese en un lugar tranquilo y luminoso de la casa, queme unas barritas de incienso, ponga una música adecuada para meditar y cierre los ojos. Ahora imagínese un lugar maravilloso lleno de paz y ponga en práctica las técnicas de respiración para relajarse completamente. Visualícese llena de luz por todas partes, como una inmensa esfera luminosa y compruebe si todos sus canales energéticos están conectados. Lentamente estire cada extremidad de su cuerpo y abra poco a poco los ojos.
Regrese a la cocina para prepararse una deliciosa tortilla de setas o un salteado de setas, siguiendo los pasos de las recetas de la abuela Manuela y deguste cada bocado, masticándolo con cuidado. No se olvide de pronunciar al mismo tiempo: «bocato di cardinale è il migliore dei mortali per esorcizzare i mali».
Cuando acabe, vaya a su jardín para acariciar a sus gatitos, comprobará que ahora la miran asombrados, justo entonces experimentará ese instante mágico de plena felicidad.

¡Bendecidos saludos y mucha suerte!