CUESTIÓN DE SENSIBILIDAD

CUESTIÓN DE SENSIBILIDAD

julio 30, 2019 34 Por Ana Palacios

Antes de abrir la puerta para adentrarse en otra dimensión dirigió la mirada cargada de tristeza e incomprensión hacia aquella multitud alterada y ruidosa de parientes lejanos ataviados con ropas.

No faltan voces afirmando que visitan esta clase de instalaciones para admirarlos de cerca, aunque tal vez lo dicen porque no pueden justificar de otra forma el hecho de verlos privados de libertad. Si tal aseveración fuera cierta, serían considerados embajadores de sus respectivas especies y podríamos aprender junto a ellos una lección sobre la evolución y el destino compartido de todos, pero, pese al disfraz de interés científico y divulgación, la esencia siempre es la misma: unos se entretienen y ganan dinero a costa del encierro y sufrimiento de otros.

Aquel día el aburrimiento habitual se vio interrumpido por la caída de un niño de tres años al foso y por los ensordecedores gritos de los espectadores. Su curiosidad natural hizo que se acercara, agarrara del brazo a la criatura y lo arrastrara por el recinto ¿Qué otra cosa podía hacer?. Pero sus gestos fueron interpretados como una amenaza y, aunque ni él mismo podría asegurar cuál hubiera sido su siguiente reacción, diré sin temor a equivocarme que para acabar con la vida del niño solo hubiera necesitado segundos…

De nada sirvió que fuera un admirado gorila joven, de espalda plateada, de cerca de 180 kilos de peso y de nombre Harambe. El pequeño salió ileso y el homínido fue abatido a balazos.

Hace unos días tuve que acompañar a unas personas a visitar el zoo y el aquarium de la ciudad en la que vivo. Al salir propicié una interesante charla en la que expuse mi tristeza y la profunda necesidad que sentía de pedir perdón a los animales por el aburrimiento, hacinamiento, soledad y privación de libertad a que les sometemos.