EN BUSCA DEL EQUILIBRIO

EN BUSCA DEL EQUILIBRIO

abril 17, 2019 6 Por Ana Palacios

Hace unos días, una persona conocida a través de las redes sociales me mandó un mensaje al correo electrónico, con el que quedé tan sorprendida como agradecida.

Estas son parte de sus letras:

La impresión que tengo a veces al leer tus escritos es que eres demasiado correcta, demasiado formal, sobre todo cuando denuncias situaciones que te indignan, te contienes, creo, en aras de los buenos modales y la corrección. Y está bien, no hay que perder las maneras por mucho que nos indigne una injusticia, pero creo que podrías permitirte subir un punto el volumen. A veces estás a punto de hacerlo, se intuye, pero no. Prevalece la corrección en las formas, y eso le quita fuerza a la emoción que, seguro, bulle en tu interior.

A mí, personalmente, me gusta muchísimo más cuando das tu opinión sincera, cuando escribes desde el corazón, como en éste último post, hablando abiertamente de un tema tan silenciado en nuestra sociedad como la muerte, o cuando expresas el sufrimiento de cuidar a un ser querido, sabiendo cual va a ser el resultado de tu entrega, y aceptándolo a pesar de ello. Me gusta cuando denuncias la falsedad y la hipocresía de esta sociedad y, para mi gusto, aún eres demasiado suave con ella.

Pero es difícil mantener el equilibrio y decir lo que una piensa y siente sin herir a nadie, y sin que nadie se sienta personalmente ofendido. Difícil, por no decir imposible, en estos tiempos que corren. La única forma sería mantenerse en silencio, no decir nada, no opinar sobre nada, e incluso así, seguro que hay quien se ofendería por el silencio.

Tras darle las gracias por lo que considero un regalo, diré que tiene razón en cuanto a que intento ser comedida para no ofender a nadie, pero no es por educación, ni porque deseo ser correcta en las formas, sino por otra razón que voy a intentar explicar.

Yo también pasé por mi época de rebeldía ¡faltaría más! Fumaba cuando no me dejaban (entonces no se conocían los porros, el botellón ni otras sustancias hoy tan de moda); usaba la bicicleta de mi padre aunque lo tuviera prohibido; también me pintaba las uñas, sabiendo que les disgustaba. Curiosamente, desde hace años mis manos lucen con las uñas limpias y cortas, aunque las largas y pintadas sean sexys, como decía una compañera del trabajo.

A lo largo de los años evolucionamos o sería de desear y cambiamos de gustos, de hábitos, de forma de ser, de lecturas, de amigos, etc, etc.

A veces, nos dormimos en los laureles y la vida se encarga de ponernos en acción. En una época de letargo, en la que ya me parecía saberlo todo, me esperaba un día a la vuelta de una esquina con el siguiente mensaje:

—Tienes que examinarte de reválida.

—¿Qué? ¡Pero si ya superé mis exámenes! —respondí yo.

—Sí, pero ahora tienes que demostrar que sabes llevar a la práctica la teoría aprendida.

Reconozco que superé la prueba con apenas un cinquillo, pero pasado el tiempo volví a encontrarla y de nuevo me dijo:

—Has de presentarte a selectividad.

Sé que no hay escape, así que esta vez me esforcé para alcanzar una buena nota, aunque la dificultad de algunos temas hace difícil conseguirla.

En nuestro último encuentro la vida me puso como deberes descubrir el verdadero significado de unas cuantas palabras escritas en mayúscula, entre ellas: Amor, Confianza, Libertad, Equilibrio, Respeto, Silencio, Vida, Muerte.

Con mucho esfuerzo, voy adentrándome en la esencia de estos términos, adaptando mi vida a lo que voy descubriendo, para ver si evito tener otro encuentro y verme obligada a superar un máster.

Dicho esto, aclararé que me hierven las entrañas ante el maltrato, la corrupción y el engaño; también cuando escucho a ciertos comentaristas en la televisión; cuando algunas personas hablan con pasión sobre programas que ensucian hasta el aire que respiramos; cuando los políticos convierten el arte de gobernar en un juego de magia, haciendo buenas representaciones, consiguiendo que miremos hacia donde a ellos les interesa para, al final, dejarnos boquiabiertos y engañados; cuando las noticias dicen que se está intentando llegar a otros planetas y el que vivimos lo estamos destruyendo; cuando se califica de cultura y tradición prácticas de maltrato; cuando percibo el poder de la manipulación y cuando tras un severo deterioro propio de sus casi 96 años, solicito una revisión del grado de dependencia de mi madre y en lugar de concederle una hora más, le reducen una hora y cuarto. ¿Cómo no me voy a indignar?

Sí, amigos, me hierve la sangre por estos y otros muchos hechos, pero mi trabajo consiste en mantener el equilibrio, en no permitir que la rabia y el odio aniden en mi interior y en no transmitir estos virus mortales a través de mis letras. Necesitamos de la fuerza de nuestras emociones, pero considero que las riendas las ha de llevar nuestra mente.

Esta es la verdadera razón por la que mis escritos son como son y terminan casi siempre con una puerta abierta a la esperanza.

Gracias por haber llegado hasta aquí.