FUNERAL CELESTE

FUNERAL CELESTE

abril 4, 2019 12 Por Ana Palacios

Hace unos días, mi compañero de letras Josep Mª Panadés publicó en su blog Cuaderno de bitácora, la entrada El negocio de la muerte. Os dejo aquí el enlace por si queréis husmear en su blog, merece la pena. http://jmcuadernodebitacora.blogspot.com/

Todos sabemos que desde tiempos ancestrales, los seres humanos han buscado la forma de ayudar a trascender el alma de sus muertos mediante rituales. Al ser característicos de cada cultura y estar basados en la espiritualidad y la religión, algunos de estos cultos podemos encontrarlos extraños, perturbadores e incluso macabros, pero no olvidemos que también las prácticas que nosotros utilizamos pueden resultar estrafalarias para otros.

Por ejemplo, diré que hace unos años escuché en la radio la entrevista que hicieron a una persona de la que no recuerdo su nombre. Procedía del Tíbet y era evidente que tenía una gran preparación. En un momento dado le preguntaron sobre el funeral celeste. Era la primera vez que oía hablar de esto y he de reconocer que lo que explicó me impresionó en exceso. Luego reflexioné y comprendí que yo haría lo mismo si hubiera nacido allí. No voy a reproducir en qué consiste el entierro celestial, si alguien está interesado en saber de lo que hablo, solo tiene que buscarlo en Internet.

En nuestra cultura no gusta hablar de la muerte, pese a que todos sabemos que es lo único seguro que tenemos en la vida y se ve “normal” pagar grandes cantidades por el sepelio de un ser querido; consentir que se talen dos árboles para sacar la madera de un ataúd; poner las mejores galas, incluso joyas, a los que se van y también convertir las cenizas en diamantes. No me negaréis que todo ello es tan respetable, como absurdo, si lo pensamos detenidamente.

Cuando decidí acompañar a mis padres en el tramo final de su vida, leí bastante sobre este tema, aprendí a ver la muerte desde otra vertiente y aproveché mis clases de yoga para compartir lo aprendido. He de decir que muchas alumnas me lo agradecieron, ya que, llegado el momento, pudieron enfrentarse a la despedida de las personas queridas con más serenidad.

Para no tener que ocuparme de estos menesteres en momentos tan difíciles, visité tres tanatorios solicitando un catálogo con los productos y servicios que ofrecían. Deseaba tenerlo todo decidido con antelación. No fue posible, siempre me decían que esa información se reservaba para cuando ocurría el desenlace. Prefiero no hacer comentarios al respecto, no serían nada positivos.

Intenté ser coherente con mi forma de pensar y, cuando llegó el día, me aproximé todo lo que pude a lo que, según mi criterio, debía hacer, pero por mucho que lo intenté no conseguí salirme de los patrones marcados por otros.

Todo fue muy correcto, pero, ante el estupor de quien nos atendió, prescindí de recordatorios y de la publicación de esquelas; tampoco quise corona, solo un ramo con 13 rojas rojas, el color y el número que más gustaban a mi padre. Elegí un féretro sencillo y de aristas redondeadas, de entre los que entraban en la póliza de decesos que tenía contratada y decidí que lo envolvieran en un sudario. Después llevé su ropa a un comedor social para que fueran aprovechadas por personas necesitadas.

Hice por él todo lo que pude en vida y, cuando ya no hubo vuelta atrás, intenté favorecer la salida de su alma, creando en mi casa un ambiente de respeto y recogimiento con incienso natural, la luz de una vela y música apropiada. Creo poder decir que mi padre se fue rodeado de paz y del amor de su más cercana familia.

¿Por qué comparto esto?

Porque muchas veces antes de criticar determinados hechos merecería la pena preguntarnos si colaboramos nosotros a ellos, en este caso a que el negocio de la muerte sea un negocio redondo.

Últimamente son noticia los fraudes de algunas funerarias y aunque detesto el engaño, la estafa y el enriquecimiento injusto de estos negociantes, he de reconocer que cuando lo escuché no me sorprendió. Visto lo que nos rodea…

Considero que la incineración o el entierro debería hacerse bien directamente o bien en cajas biodegradables y con precios asequibles.

Reflexionemos, tras el desenlace, el organismo que vemos ya es un cascarón vacío que lo único que necesita es convertirse en tierra. Si alguien considera que hay algo más, cualquier oración o recuerdo hecho en la intimidad le llegará al ser querido, pero, hasta donde yo sé, ellos ya están en otra dimensión y debemos dejarles libres para que puedan hacer su camino.

¡Feliz reflexión!